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PECADO EN EL DESIERTO ATADA AL JEQUE

PECADO EN EL DESIERTO ATADA AL JEQUE

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Malentendidos / Matrimonio arreglado
Popularitas:11.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

**Una noche de hotel con un extraño salvó su orgullo... hasta que descubrió que ese extraño era el hombre dueño de su vida.
Serena sabía que su libertad tenía fecha de caducidad. Para salvar el legado de su padre, debía casarse con un despiadado y poderoso Jeque al que jamás había visto. Como último acto de rebeldía, decide entregarse a una noche de pasión desenfrenada en Nueva York con un desconocido imponente y de ojos magnéticos. Una noche donde no hubo nombres, solo fuego.
Al amanecer, ella huye creyendo que el secreto quedará enterrado. Pero la pesadilla comienza horas después, en la reunión forzada para conocer a su prometido. Sentado a la cabecera de la mesa, con una sonrisa fría y calculadora, se encuentra Zayd Al-Maktoum. El Jeque no solo es su futuro esposo por contrato... es el mismo hombre con el que rompió todas las reglas la noche anterior. Zayd no tolera la insubordinación, y ahora que sabe que su prometida es la hermosa ladrona que huyó de su cama.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 11

Las tres horas que Zayd me concedió no fueron una tregua; fueron una cuenta atrás orquestada para desmantelar mi cordura.

El coche negro me dejó en la entrada de mi edificio de apartamentos en Tribeca. El conductor no se bajó para abrirme la puerta, pero en cuanto puse un pie en la acera, comprendí que no hacía falta. Dos hombres corpulentos, vestidos con trajes oscuros idénticos y auriculares apenas visibles en sus orejas, se posicionaron a ambos lados del portal. No me miraron con hostilidad, pero sus posturas militares y sus mandíbulas rígidas me enviaron un mensaje cristalino: *No estás volviendo a casa, Serena. Solo estás yendo a recoger tus cadenas.*

Subí en el ascensor sintiendo que las paredes de metal se cerraban sobre mí. Al entrar a mi apartamento, el silencio me recibió como una bofetada. Este era mi espacio. El loft que había decorado con bocetos de mis propios diseños textiles, telas de seda de colores brillantes colgadas en maniquíes y velas aromáticas que aún olían a vainilla y sándalo. Todo lo que había construido con mi esfuerzo, independiente del imperio corrupto de mi padre, estaba ahí. Y tenía ciento ochenta minutos para meterlo en una maleta de mano.

—Piensa, Serena. Piensa —me insté a mí misma, tirando del moño tirante que me estiraba las sienes. El cabello oscuro cayó en cascada sobre mis hombros, dándome un respiro físico, pero no mental.

Tenía que haber una salida. Una rendición civil no podía ser tan absoluta en pleno siglo XXI. Fui directa a mi escritorio, cogí el teléfono y marqué el número de Chloe, mi mejor amiga y abogada especializada en contratos corporativos. Si alguien podía encontrar un vacío legal en el monstruoso documento de cuarenta y cinco páginas de los Al-Maktoum, era ella.

El teléfono sonó una, dos, tres veces.

—¿Serena? —la voz de Chloe sonó agitada—. Dios mío, iba a llamarte ahora mismo. ¿Qué demonios está pasando?

—Chloe, necesito tu ayuda desesperadamente. El contrato con el Jeque Al-Maktoum... no es lo que pensábamos. Mi padre cometió un fraude federal y Zayd me está chantajeando. Me obliga a subir a su avión privado hoy mismo para ir a su reino. Tiene los fondos retenidos y...

—Serena, detente —me interrumpió Chloe, y su tono de voz, habitualmente enérgico y seguro, goteaba un miedo que me congeló la sangre—. No puedo ayudarte.

—¿Qué? ¿De qué estás hablando? Eres mi amiga, Chloe. Eres la mejor abogada que conozco.

—Esta mañana, a las once en punto, dos hombres del bufete internacional que representa a la familia real Al-Maktoum entraron en la oficina de mis socios —explicó, con la voz temblorosa—. Compraron el cincuenta y uno por ciento de las acciones de nuestra firma en un pago al contado. Ahora mismo, técnicamente, trabajo para ellos. Mi jefe me llamó a su despacho y me entregó una orden de confidencialidad y un acuerdo de no intervención explícito sobre cualquier asunto relacionado con la familia Luna. Si muevo un solo dedo por ti, Serena... no solo perderé mi licencia, sino que arruinarán a mi familia. Me dijeron que saludara a la "futura reina". Lo siento. Dios, lo siento tanto...

La línea se cortó con un pitido sordo.

Sostuve el teléfono junto a mi oreja durante varios segundos, escuchando la nada. El alcance de los tentáculos de Zayd era aterrador. No solo controlaba el banco de mi padre, los fiscales de Nueva York y los contratos comerciales; había comprado el bufete de mi mejor aliada en cuestión de minutos solo para asegurarse de que yo no tuviera un hombro en el que apoyarme.

Caminé hacia la ventana que daba a la calle, sintiendo un sudor frío recorrer mi columna. Miré hacia abajo. Los dos guardias de traje oscuro seguían allí, estáticos en la acera. Pero al levantar la vista hacia el edificio de enfrente, un destello metálico en la azotea me llamó la atención. Un hombre con binoculares me observaba directamente.

Zayd no me estaba vigilando cada hora; me estaba vigilando cada minuto, cada segundo. Su seguridad controlaba mis comunicaciones, mis movimientos y mi entorno. Estaba en una pecera, y el Emir del desierto observaba cada uno de mis giros desesperados con una sonrisa de suficiencia desde su oficina.

Con las manos temblando de rabia e impotencia, saqué una maleta rígida de color negro del armario. Comencé a lanzar ropa dentro sin mirar: unos vaqueros, blusas de seda, un par de vestidos sencillos y mis herramientas de dibujo. Mientras doblaba una bata de satén encaje negro, mi mente me traicionó de nuevo. La textura de la tela suave me recordó el roce de las sábanas grises del *The Peninsula*. Recordé cómo Zayd me había levantado en vilo, cómo sus manos grandes habían apretado mis glúteos mientras me clavaba contra la madera del escritorio hacía apenas unas horas en la sala de juntas.

*«El precio de tu rebeldía acaba de subir, Serena... me vas a pertenecer en cuerpo, mente y alma»*, su voz ruda y autoritaria volvió a resonar en mi cabeza, provocándome un estremecimiento involuntario. Odiaba el control que ejercía sobre mi vida, pero odiaba aún más la humedad traicionera que brotaba entre mis muslos con solo evocar su cercanía. Mi cuerpo era un maldito traidor. Deseaba al monstruo que me estaba secuestrando legalmente.

Un golpe firme en la puerta principal interrumpió mis pensamientos. El tiempo se había agotado.

Cerré la cremallera de la maleta con fuerza, me ajusté la chaqueta del traje azul marino y caminé hacia la entrada. Al abrir, no encontré a los guardias de la acera. Encontré al mismísimo Jeque Zayd Al-Maktoum.

Se había quitado el saco gris marengo; ahora vestía únicamente la camisa blanca a medida, con las mangas remangadas hasta los antebrazos, revelando la piel bronceada, cubierta de un vello oscuro y masculino, y unos tendones tensos que delataban su fuerza física. Los dos primeros botones seguían abiertos, mostrando el inicio de su pecho hercúleo. Su sola presencia redujo el tamaño de mi loft a nada. El olor a maderas caras y tabaco dulce inundó mi espacio vital, borrando el aroma a vainilla de mis velas.

—Puntual —dijo, recorriendo mi apartamento con una mirada analítica antes de fijar sus iris ámbar en mi rostro—. Me alegra ver que has decidido ser razonable, Serena.

—No soy razonable, Zayd. Estoy indefensa, que es muy diferente —respondí, clavándole una mirada llena de veneno—. Compraste el bufete de Chloe. ¿De verdad era necesario llegar a ese extremo? ¿Tanto miedo tienes de que una mujer busque defensa legal?

Zayd dio un paso hacia el interior, obligándome a retroceder. Su sonrisa fue una caricia helada.

—No es miedo, nena. Es eficiencia —dijo, con su barítono profundo resonando en las vigas de madera del techo—. En los negocios, como en la guerra, se eliminan todas las variables de resistencia antes de iniciar la marcha. Tu amiga es una excelente abogada, pero ahora sus talentos están al servicio de mi corona. Deberías estar agradecida; al menos sé que está bien pagada.

—Eres un tiranicidio andante —siseé, cruzándome de brazos para evitar la tentación de abofetear esa perfecta y afilada mandíbula.

Zayd no se ofendió. Al contrario, acortó la distancia entre nosotros con un movimiento felino. Su cuerpo masivo quedó tan cerca que pude sentir el calor que emanaba de su pecho. Bajó la vista hacia mis labios, que temblaban de pura indignación.

—Me han llamado cosas peores, mi hermosa ladrona —susurró, inclinándose un poco, su aliento cálido golpeando mi rostro—. Pero ninguna de las personas que me insultó tenía el privilegio de llevar mi anillo o de gemir mi nombre en la oscuridad. Vámonos. El cielo de Nueva York se está volviendo aburrido.

Hizo una señal con la mano y uno de sus guardias entró de inmediato, recogiendo mi maleta como si fuera una pluma. Zayd colocó su mano grande en la pequeña de mi espalda, un toque firme y posesivo que me empujó hacia el pasillo. La presión de su palma a través de la tela de mi saco me recordó que, sin importar a dónde fuera o a quién intentara llamar, él siempre estaría un paso por delante.

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Milcaris
Nació en bebé 🍼😍
Milcaris
Yo pensando que ni lo iban a extrañar. Que tuviera un feliz viaje en su descanso 🤭🤭
Milcaris
Que piensen en el bebé y nada más 🥰
PATUBELA
DESPIERTA BELLO DURMIENTE, TU CHICA SE ESCAPA 🫣
PATUBELA
No me digan que otra vez van a parar en segunda base 🤦🏻‍♀️😒
PATUBELA
No es el momento para locuras
PATUBELA
Recapacita Serena, vas a perjudicar a Zayd, y si él pierde su poder no podrá ayudar a tu papá. piensa mejor las cosas
PATUBELA
me preocupa que con su escape, Serena deje mal parado a Zayd y pierda su derecho al trono🤦🏻‍♀️
PATUBELA
ojalá Serena lo comprenda 🙄
PATUBELA
Es demasiado riesgoso...si la secuestran?🫣
PATUBELA
No te aflijas, deja que Zayd haga su trabajo y espera que te de una explicación
PATUBELA
Amiga, mejor ve a buscar marido a otra parte, aquí el título de jequesa no está vacante. OOPS!!🤭
PATUBELA
y la pobre Serena oliendo a lomo de camello 🤦🏻‍♀️que desastre!!🙄
PATUBELA
y usted no se metaque nadie le está pidiendo su opinión ni consejo, limítese a sus labores de ama de llaves, que su sobrino está grandecito para decidir con quien mezcla su sangre. TIRANOSAURIA ASQUEROSA!! 😤
Lacarvel
Se sintió tan corta 🫠 y tan hermosa, gracias por esta historia tannn lindaaaa.
PATUBELA
Serena tienes que atacar con todo y atrapar a ese Princeso...no se lo vas a dejar fácil a la bruja ofrecida 😤
PATUBELA
exótica tu abuela 😤😤 bruja igualada!!
Lacarvel
El amor gana y florece 🥰🥰🥰🥰🥰 desde que sten unidos como familia todo lo otro se combate
Yura Ran
🥰👌 gracias
Milcaris
Me encanta y alegra que todo esté fluyendo en ellos de manera natural. Ahora sí vamos a disfrutar de muchos días de una pareja feliz.
Yura Ran: hermosa 🥰👌novela
total 1 replies
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