Alessia es hielo, poder y control absoluto. Tras la sospechosa muerte de su padre, dirige un imperio multimillonario donde no se permiten las debilidades. Matteo es un genio informático humilde y brillante, un becado universitario ajeno a la crueldad de la alta sociedad. Dos mundos opuestos que colisionan en una alianza digital inquebrantable... y una atracción posesiva que ninguno puede frenar.
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Capítulo 10: El Contrato Internacional y el Brillo del Genio
Tras el incómodo y silencioso encuentro en el pasillo, Matteo se refugió en su laboratorio de ciberseguridad, intentando enfocar su mente en las líneas de código para olvidar el calor del beso de la noche anterior y el imponente escote de Alessia. Sin embargo, apenas habían pasado dos horas cuando la secretaria de la presidencia entró con una orden directa: la Signorina Romano lo necesitaba de inmediato en la principal sala de juntas del piso cuarenta.
Al entrar, Matteo sintió el peso de las miradas. La sala estaba ocupada por una delegación de inversionistas de una poderosa corporación tecnológica de Tokio. Pero lo que realmente le dio un vuelco al estómago a Matteo fue ver al hombre sentado a la derecha de Alessia.
Se trataba de Enzo Moretti, un nuevo y joven socio de apenas 25 años que acababa de inyectar una millonaria suma de capital en la empresa. Enzo era el heredero de un imperio hotelero; un tipo alto, de cabello castaño perfectamente peinado, mandíbula cincelada y vestido con un traje italiano hecho a medida que gritaba dinero y sofisticación. A diferencia de la timidez de Matteo, Enzo desbordaba una confianza arrogante y no ocultaba en absoluto su descarado interés por Alessia, lanzándole miradas sugerentes y sonrisas cómplices cada vez que podía.
En juego estaba un nuevo y multimillonario contrato de desarrollo de software. Frente a las dudas de los inversionistas extranjeros sobre la vulnerabilidad del sistema ante posibles ataques, Alessia se puso de pie, atrayendo la atención de todos con su andar dominante.
—Señores, la seguridad de nuestra infraestructura no es una promesa, es un hecho —sentenció Alessia con voz firme, fijando sus ojos verdes en el joven ingeniero—. Y para demostrarlo, les presento a nuestro Director de Ciberseguridad, el señor Matteo. Él ha diseñado personalmente el blindaje algorítmico de este proyecto.
Antes de que Matteo pudiera avanzar, Enzo soltó una risa ligera y condescendiente, cruzándose de brazos mientras miraba a Matteo de arriba abajo.
—Vaya, Alessia, no me habías dicho que tu experto era un chico tan joven. Espero que sus algoritmos sean más fuertes que su timidez —provocó Enzo, buscando lucirse frente a ella y menospreciar al muchacho.
Un ardor desconocido y punzante golpeó el pecho de Matteo. Eran celos puros. Ver a Enzo tan cerca de Alessia y tratándola con tanta familiaridad encendió algo dentro del genio informático. Acomodándose los nuevos anteojos metálicos con firmeza, Matteo avanzó hacia la pantalla principal, dejando atrás los nervios. Su orgullo intelectual se activó al máximo.
Con una elocuencia impecable y una voz fría que sorprendió a la propia Alessia, Matteo desglosó la arquitectura del software. Explicó con tecnicismos avanzados y una brillantez aplastante cómo los protocolos de encriptación cuántica que había desarrollado hacían que el sistema fuera completamente impenetrable, refutando con datos duros cada una de las dudas y dejando a Enzo completamente callado y en ridículo frente a los japoneses.
Los inversionistas extranjeros comenzaron a asentir con profunda admiración.
—Impecable. Es una obra de arte de la ingeniería informática —declaró el líder de la delegación, poniéndose de pie para firmar el contrato multimillonario.
Enzo, tragándose su orgullo herido, se puso de pie de inmediato y se acercó a Alessia, ignorando a Matteo.
—Un éxito rotundo, hermosa. Esto merece que lo celebremos tú y yo esta noche con una cena privada en mi nuevo hotel —le dijo Enzo en un tono seductor, buscando su aprobación.
Matteo, que estaba guardando sus notas, apretó los puños y bajó la mirada, sintiendo una opresión dolorosa en el pecho. Estaba convencido de que un hombre refinado y rico como Enzo encajaba mucho mejor en el mundo de Alessia que él.
Sin embargo, Alessia, que había leído perfectamente la tensión en el aire y había disfrutado en secreto de los celos de su tierno ingeniero, le dedicó a Enzo una sonrisa fría y protocolaria, dando un paso sutil para alejarse de él.
—Te agradezco la oferta, Enzo, pero esta noche ya tengo planes de celebración muy importantes —respondió Alessia con voz firme, cortando de tajo las intenciones del joven socio—. Si me disculpan, tengo asuntos que cerrar con mi Director de Ciberseguridad.
Una vez que los inversionistas y un frustrado Enzo se retiraron, la sala quedó en un silencio absoluto. Matteo exhaló un suspiro, con la timidez regresando a su cuerpo, pero manteniendo esa mirada azul un poco herida.
Alessia caminó lentamente hacia él, haciendo resonar sus tacones. Su vestido negro y su mirada divertida lo desarmaron. Se detuvo a escasos centímetros y le tocó sutilmente el brazo.
—Estuviste brillante, Matteo. Y veo que no solo defiendes muy bien mis sistemas, sino también lo que es tuyo... —susurró ella con una sonrisa atrevida y cargada de malicia, habiendo notado perfectamente sus celos—. Como te dije, esta noche vamos a celebrar nosotros dos. Y no acepto un no por respuesta.