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Me Mató La Curiosidad, Otra Vez

Me Mató La Curiosidad, Otra Vez

Status: Terminada
Genre:Romance / Reencarnación / Época / Completas
Popularitas:278.1k
Nilai: 5
nombre de autor: LunaDeMandala

Cuando la curiosidad te quita tu primera vida.. significa ¿que deberías cambiar? Vesta no lo cree.

*Está novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**

NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Conde Dupont

El viaje de regreso a la mansión Dupont estuvo lleno de suspiros felices.

Vesta iba sentada junto a la ventana del carruaje, abrazando la caja de dulces como si fuera un tesoro.

Y sonriendo.

Mucho.

Demasiado.

La doncella sentada frente a ella parecía haber envejecido diez años en una sola tarde.

—Señorita...

—¿Sí?

—No vuelva a hacer eso.

—¿Qué cosa?

—Todo.

Vesta parpadeó.

—Pero salió bien.

—¡No salió bien! ¡Casi la atropellan soldados armados!

—Pero el duque Reed me salvó.

—¡Ese no es el punto!

Vesta apoyó la mejilla sobre una mano y miró soñadora por la ventana.

[El duque Reed...]

[¿Cómo alguien puede verse tan serio y tan atractivo al mismo tiempo?]

La doncella cerró los ojos.

—Por favor... no vuelva a perseguir situaciones peligrosas.

Vesta sonrió inocentemente.

—Lo intentaré.

La respuesta no tranquilizó en absoluto a la pobre mujer.

Sin embargo, apenas llegaron a la mansión, uno de los mayordomos se acercó con rapidez.

—Señorita Vesta.

—¿Sí?

—El conde desea verla inmediatamente en su despacho.

La sonrisa de Vesta disminuyó un poco.

[Oh.]

[Esa frase nunca trae buenas noticias.]

El despacho del conde Vance Dupont era amplio y elegante.

Grandes estanterías llenas de libros.

Documentos organizados cuidadosamente.

Una chimenea encendida que combatía el frío de Sunderland.

Y detrás del escritorio...

Su padre.

Vance Dupont levantó la mirada en cuanto ella entró.

Era un hombre atractivo pese a la edad.

De expresión severa por costumbre más que por carácter.

Los recuerdos heredados le dijeron a Vesta algo importante.

Su padre la amaba profundamente.

Simplemente...

No siempre sabía demostrarlo sin parecer demasiado serio.

—Padre.

—Siéntate, Vesta.

Ella obedeció.

Y apenas tomó asiento...

—¿En qué estabas pensando?

Vesta se encogió ligeramente.

Ah.

Ya había comenzado.

El conde suspiró.

Se masajeó el puente de la nariz.

Y cuando volvió a hablar, su voz no transmitía enojo.

Transmitía preocupación.

—¿Sabes lo asustado que estuve cuando me informaron que estabas cerca del operativo de la Casa Reed?

Vesta bajó la mirada.

—Padre...

—Pudiste salir herida.

—Lo sé.

—Pudiste haber sido alcanzada durante la persecución.

—Sí.

—Vesta.

La joven levantó lentamente la vista.

Y vio algo que suavizó su corazón.

Preocupación genuina.

Miedo.

El miedo de un padre que ya había perdido a su esposa y no soportaría perder también a su hija.

—No sé qué habría hecho si te hubiera ocurrido algo.

Vesta sintió un pequeño nudo en la garganta.

Porque en su vida anterior...

Nadie había esperado su regreso aquella tarde.

Pero ahora...

Había personas preocupándose por ella.

Personas que la querían.

Se levantó lentamente de la silla.

Rodeó el escritorio.

Y abrazó suavemente a su padre.

El conde quedó inmóvil.

Sorprendido.

—Lo siento.. Tendré más cuidado.

El hombre tardó unos segundos antes de corresponder al abrazo con torpeza.

—Eso espero.

Luego aclaró la garganta.

Recuperando parte de su compostura.

—Y hay otro asunto.

Vesta regresó a su asiento.

—¿Cuál?

El conde la observó.

—Me informaron que hablaste con el duque Reed.

Vesta se quedó quieta.

—¿Qué tan rápido circulan los chismes en este reino?

El conde ignoró la pregunta.

—Vesta.

—Sí, padre.

—El duque Reed es un hombre respetable.

[¡Lo sabía!]

—Pero también es considerablemente mayor que tú.

[Diez años aproximadamente.]

—Y su vida es complicada.

[¿Más misterioso todavía?]

—Quizás deberías concentrarte en jóvenes más cercanos a tu edad.

Vesta tuvo un mal presentimiento.

—Como quién?...

—El hijo del barón Shaw.

Los recuerdos aparecieron inmediatamente.

Un joven presumido.

Maleducado con los sirvientes.

Convencido de que su apellido lo hacía superior.

Su principal talento era gastar el dinero de su padre.

Vesta sonrió con rigidez.

—Ah.

—O el hijo del conde Krastov.

Otro recuerdo.

Arrogante.

Perezoso.

Convencido de que el mundo existía para entretenerlo.

Cruelmente honesto cuando despreciaba a quienes consideraba inferiores.

Vesta sintió un escalofrío.

[¿La antigua yo quizás habría considerado atractivos a esos muchachos?]

[La nueva yo definitivamente no.]

Le sonrió a su padre.

—Padre.

—¿Sí?

—Aprecio mucho tu preocupación.

El conde asintió.

—Pero creo que prefiero conocer personas por cómo son y no sólo por su edad o posición.

Vance Dupont la miró largamente.

Y una vez más se sorprendió.

Su hija estaba cambiando.

No sabía por qué.

Pero aquel cambio no parecía malo.

—Prometo ser más cuidadosa.. De verdad.

—Bien.

—Y también he estado pensando en otra cosa.

El conde arqueó una ceja.

—¿Qué sucede?

Vesta entrelazó las manos sobre su regazo.

—Quiero hacer algo útil.

—¿Útil?

—Sí.

El hombre frunció ligeramente el ceño.

—¿Te refieres a bordado?

—No.

—¿Tejido?

—No.

—¿Pintura?

—Tampoco.

El conde la observó con creciente confusión.

—Entonces... ¿qué deseas hacer?

Vesta pensó en los niños que había visto en el pueblo.

En las personas comunes.

En la criada que había llorado en los recuerdos de la antigua Vesta.

En todas las veces que la niña rubia había ignorado el sufrimiento ajeno simplemente porque no le afectaba.

Y luego pensó en su vida anterior.

En lo rápido que todo podía terminar.

Levantó la mirada.

Y sonrió.

—Quizás podría ayudar al pueblo.

El silencio llenó el despacho.

El conde la miró.

Parpadeó.

Y volvió a mirarla.

—...¿Perdón?

—Quiero ayudar.

—¿Ayudar?

—Sí.

—¿Tú?

Vesta hizo un pequeño puchero.

—¿Es tan sorprendente?

—Un poco.

Muchísimo, en realidad.

La antigua Vesta jamás habría mostrado interés por algo semejante.

Pero la joven frente a él parecía sincera.

—No sé exactamente cómo.. Tal vez haya aldeas que necesiten apoyo. Escuelas. Orfanatos. Personas mayores. Algo.

Sus ojos verdes brillaron con entusiasmo.

—Quiero intentarlo.

El conde permaneció en silencio durante varios segundos.

Luego apoyó lentamente una mano sobre el escritorio.

—Entonces investiga.

Vesta abrió mucho los ojos.

—¿De verdad?

—Busca una causa que te interese.

—¿En serio?

—Visita algún pueblo.

—¿No está bromeando?

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro del conde.

—Preséntame tus ideas.

Vesta se quedó inmóvil.

Y luego se levantó tan rápido que casi derribó la silla.

—¡Lo haré!

El conde soltó una breve risa.

La primera en mucho tiempo.

—Pero primero piensa bien lo que deseas hacer.

—¡Sí, padre!

Y salió prácticamente corriendo del despacho.

Cuando finalmente llegó a su habitación, cerró la puerta y se dejó caer sobre la cama.

Miró el techo.

Y sonrió.

Había muerto siendo una mujer común y curiosa.

Había despertado siendo Vesta Dupont.

Hermosa.

Rica.

Querida por su familia.

Había conseguido una futura invitación para tomar el té con un duque peligrosamente atractivo.

Y ahora...

También tenía la oportunidad de hacer algo bueno.

No porque quisiera que la admiraran.

Ni porque necesitara limpiar su imagen.

Sino porque podía hacerlo.

Porque tenía tiempo.

Recursos.

Privilegios.

Y una segunda oportunidad.

Se llevó una mano al pecho.

Sintiendo el latido firme de su corazón.

[En mi primera vida sólo intenté ser feliz.]

Una sonrisa suave apareció en sus labios.

[Pero quizás...]

[Pueda ser feliz haciendo felices a otros también.]

Luego giró sobre la cama, abrazando una almohada.

Y sus mejillas se pusieron ligeramente rojas.

[Aunque eso no significa...]

[Que vaya a renunciar al duque Reed.]

Enterró el rostro en la almohada para contener un chillido.

[Porque puedo ser hermosa.]

[Puedo ser rica.]

[Puedo convertirme en una buena persona.]

Y también...

Sus ojos verdes brillaron con traviesa determinación.

[Puedo intentar conquistar al duque más guapo de Sunderland.]

Después de todo, Vesta Dupont había decidido vivir esta segunda vida sin arrepentimientos.

Y si el destino insistía en poner oportunidades maravillosas frente a ella...

Pensaba aprovecharlas todas.

1
Lourdes Garcia
Gracias por esa imaginación infinita y la alegría que transmites en cada entrega
Diosa
Mi bello y rudo duque te llegó quien te dominé 🤣🤣🤣
Diosa
🤣🤣🤣 todo tuyo bebé 🤣🤣🤣
Diosa
🤣🤣🤣🤣 bloqueada completamente la pobre 🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Nata
Muy linda la historia me encantó demasiado
Nata
Santo Dios todos de una sola camada como decía mi abuelo jajajaja hay no pobres se nota que se traían pero artas ganas 🤭🤭🤭🤣🤣
Diosa
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 muero de risa 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Diosa
Vesta hizo fue un lago de babas 🤣🤣🤣🤣
Diosa
🤣🤣🤣🤣 se bloqueó mi querida chismosilla🤣🤣🤣🤣
Diosa
Como debe ser no sé puede esperar menos de nuestros bellos duques 🤭🤭🤭
Diosa
obvio niña 🤣🤣🤣🤣
Nata
jajajaja hay no enserió hasta viene a sonar Aaron 🤣🤣 jajajaja ese sela quito al templo
Nata
jajajaja ya me imagino esos tipos de asuntos importantes que atender 🤭🤣🤣
Nata
entonces logro su cometido sin querer queriendo, ya se agarro el león rojo para ella sólita 🤭🤭🤣🤣🤣🤣
Nata
hay no esta si la saco del estadio 🤣🤣🤣🤣 ni en momentos como estos deja su afición más peligrosa que la mando para ese mundo 🤣🤣🤣
Nata
jajajaja pues esa loca trae loco a otro 🤣🤣🤣
Nata
jajajaja una gallina furiosa 🤣🤣
Nata
jajajaja ella viene lo más enfada sin ánimos de coquetear o de enamorar y mara acá mi amigo de gustos exóticos que eso es lo que más le fascinó y atrajo 🤭🤣🤣🤣🤣🤣
Nata
jajajaja el pobre pájaro que tenía la culpa y como así que el otro quiere un hijo esto si me dejo procesando
Nata
auxilio llamen a las emergencias la estamos perdiendo por favor soldada caída que alguien se apiade de ella y venga a socorrerla por favor 🤣🤣🤭
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