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Selena Y El Don De Las Tinieblas

Selena Y El Don De Las Tinieblas

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Matrimonio contratado / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:2.1M
Nilai: 4.9
nombre de autor: Edna Garcia

Traicionada por su propia hermana y sacrificada como moneda de cambio por su familia, Selena Sanches vio cómo sus sueños de amor se derrumbaban cuando Ingrid falsificó sus exámenes prenupciales.
Considerada “estéril”, Selena fue descartada por Cássio Álvarez, el hombre que juró amarla y con quien iba a casarse… pero él decidió casarse con Ingrid sin dudarlo.

Humillada y sin apoyo, Selena creyó que nada podía empeorar, hasta que su padre la ofreció como esposa al misterioso y temido Henrico Garcês, un mafioso al que nadie jamás se atrevía a mirar a los ojos. Un hombre que vive en las sombras, rodeado de rumores, poder… y peligro.
Ahora, unida a un desconocido que inspira tanto miedo como fascinación, Selena deberá descubrir si este matrimonio forzado será su ruina…
o su salvación.

NovelToon tiene autorización de Edna Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

La cena de esa noche parecía diferente.

La mesa estaba impecable, adornada con velas y vajilla fina. Hermínia se esmeró, percibiendo un ambiente más ligero entre la pareja. Selena llegó primero, con un vestido sencillo pero delicado, que realzaba su belleza natural. Henrico llegó poco después, con una camisa negra, con los primeros botones abiertos, revelando un poco de la piel morena de su pecho.

Esta vez, no mantuvo la distancia habitual.

—La cena está preciosa — comentó, con una sonrisa casi tímida.

Selena, sorprendida, respondió:

—Agradéceselo a Hermínia, ella tiene buen gusto.

Henrico sirvió el vino y completó:

—Y a ti... por tu presencia.

Los dos sonrieron, y el ambiente que antes era pesado se transformó en algo más tranquilo.

Durante la cena, Henrico fue gentil, escuchó a Selena hablar sobre cosas simples: el jardín, la casa, los libros que le gustaba leer. La observaba con atención, como si cada palabra de ella fuera una pieza de un rompecabezas que él finalmente comenzaba a entender.

—Eres diferente a las mujeres que he conocido — dijo en cierto momento. —Ellas hablaban mucho, pero decían poco. Tú hablas poco, pero dices mucho.

Selena desvió la mirada, levemente sonrojada.

—Tal vez porque he aprendido a guardar lo que siento.

Henrico apoyó la copa de vino y respondió:

—No necesitas guardar nada aquí. Quiero oírte.

Aquella frase, simple, atravesó a Selena como un toque suave.

Ella solo sonrió en respuesta.

Después de la cena, los dos subieron las escaleras en silencio.

Selena entró en la habitación primero, arreglando distraídamente los cojines, intentando no demostrar su nerviosismo. Henrico tomó una toalla y fue directo al baño.

El sonido del agua de la ducha llenó el ambiente. Selena se sentó en el borde de la cama, con el corazón acelerado.

“Él debe estar cansado... se dormirá pronto”, pensó.

Pero cuando Henrico salió del baño, el aire pareció desaparecer de la habitación.

Vestía solo un bóxer rojo, el cabello aún mojado, el cuerpo definido y la mirada tranquila, pero llena de intensidad.

Selena se levantó de inmediato.

—Yo… voy a darme una ducha también — murmuró, intentando disimular el rubor que subió a sus mejillas.

Henrico solo asintió, con una leve sonrisa en la comisura de los labios.

—Siéntete cómoda.

Ella entró en el baño rápidamente y cerró la puerta con llave. Se quedó allí, parada, apoyándose en el lavabo, intentando controlar su corazón.

“¿Por qué estoy así? Él es mi marido... pero parece un extraño”.

Abrió la ducha y dejó caer el agua, demorándose más de lo necesario.

En el fondo, esperaba que, cuando saliera, él ya estuviera durmiendo.

Pero Henrico sabía exactamente el motivo de la demora.

Y esperó calmadamente, acostado sobre la cama, con un libro abierto en las manos.

Cuando Selena finalmente salió del baño, vestida con una bata clara, el olor a jabón y lavanda se extendió por el aire.

Henrico levantó los ojos del libro y sonrió.

—Pensé que habías huido.

Selena sonrió, medio avergonzada.

—Pensé que ya estabas durmiendo.

—No podría — respondió. —Creo que todavía teníamos algo de qué hablar.

Ella vaciló.

—¿Sobre qué?

Henrico se levantó, acercándose despacio.

—Sobre nosotros.

Selena dio un paso hacia atrás, nerviosa, pero Henrico solo se detuvo frente a ella, sin tocarla.

—He estado pensando en lo que me contaste... sobre Cássio.

Ella lo encaró, tensa.

—Quiero saber una cosa, y quiero que me respondas con sinceridad — dijo él, con la voz baja, profunda. — ¿Ya te has relacionado con él?

Selena abrió los ojos, el rostro ardiendo.

—Henrico… ¿por qué esa pregunta?

—Porque necesito saber el tipo de mujer que tengo a mi lado.

Ella respiró hondo, sintiendo el peso de la pregunta.

—Si es eso lo que quieres saber... — dijo por fin, encarándolo —, no, nunca.

Henrico permaneció en silencio, la mirada fija en la de ella.

—Nunca tuve una relación más seria con Cássio... ni con hombre alguno — confesó. —Mis relaciones nunca pasaron de caricias, besos... nada más allá de eso.

Henrico se quedó inmóvil por un instante, asimilando.

—Entonces… tú eres…

Selena asintió, avergonzada.

—Sí. Aún soy virgen.

Henrico respiró hondo. La revelación lo tomó por sorpresa.

De repente, se sintió dividido entre el deseo y el respeto.

—Entiendo — dijo finalmente, en un tono más suave. —Y te agradezco por ser sincera conmigo.

Selena desvió la mirada, intentando esconder su vergüenza.

Pero Henrico levantó su rostro con delicadeza, obligándola a encararlo.

—Selena… — murmuró. —Prometí que sabría el momento correcto… y no pretendo romper esa promesa.

Él se acercó, con el rostro a pocos centímetros del de ella.

Selena contuvo la respiración.

Henrico rozó sus labios con los de ella —un toque leve, casi un susurro— y se alejó solo lo suficiente para mirarla a los ojos.

—Este es el comienzo... — dijo. —Cuando estés lista, no necesitaré preguntar.

Selena quedó inmóvil, con el corazón latiendo con fuerza, sintiendo el sabor dulce y breve del primer beso.

—Siéntate en la cama. — Dijo en un tono autoritario, y Selena, a pesar de no entender nada, se sentó.

—Para ser sincero, me alegra que no hayas pertenecido a ningún hombre todavía. — Henrico dice esto, y luego besa a Selena nuevamente.

Henrico quita la bata de Selena, que intenta sujetarla para impedirlo, pero él comienza a besar su cuello, con delicadeza.

—Si quieres, prometo parar, pero siento que lo deseas.

—¡Henrico, te pedí un tiempo!

—Te daré ese tiempo, solo quiero hacerte sentir placer, prometo no ir más allá.

Selena no entendía lo que en realidad quería hacer con ella, así que no lo impidió, pues sabía que no serviría de nada huir, tarde o temprano eso tendría que acabar sucediendo, al fin y al cabo ahora estaban casados, solo esperaba que Henrico fuera paciente con ella.

Él se deshizo de su bata, apartó el tirante de su babydoll y comenzó a acariciar sus senos con las manos, luego colocó la boca y comenzó a succionar su pezón, chupando con delicadeza.

Selena comenzó a sentir sensaciones extrañas de placer nunca antes sentidas.

—¡Abre las piernas!

—Henrico, creo que aún no es el momento correcto.

—Selena, no quieras engañarme, soy experimentado, sé que estás excitada y me deseas, no voy a consumar el acto entre nosotros hoy, solo quiero probarte, experimentarte.

Selena abrió las piernas, él apartó su shortdool hacia un lado y comenzó a acariciar sus partes íntimas.

La sensación era increíble, Selena no tenía cómo negar que estaba sintiendo un placer intenso con aquel hombre acariciándola.

Los gemidos bajos se empeñaban en salir, dejándola avergonzada.

—Eso mismo, suéltate, no sientas vergüenza, puedes gemir a gusto, sé que estoy haciéndote sentir placer.

Selena entonces, echó la cabeza hacia atrás, cayó acostada en la cama. Henrico se deshizo de sus prendas íntimas, y aún arrodillado al lado de la cama, colocó las dos piernas de Selena en su hombro, y comenzó a acariciar su intimidad con placer, y voluntad.

En un movimiento circular sobre su clítoris, horas penetrando su lengua en la pequeña entrada aún virgen de Selena, arrancaba fuertes gemidos de ella.

Henrico sintió cuando Selena estaba a punto de explotar.

Ella llegó a jalar la cabeza de él para que no parara.

Y ahí sí Selena explotó en un delicioso orgasmo.

Ahora ella estaba acostada, sobre la cama intentando recomponerse.

Esa fue la sensación más rica y maravillosa que ya sintió en toda su vida.

—Como prometí, seré paciente, por hoy es todo, ahora iré al baño, necesito calmar al chico aquí.

Henrico dijo estas palabras, tomando su miembro por debajo de su bóxer, que estaba armado.

Él entró al baño, se cepilló los dientes, y se masturbó pensando en Selena, en la visión de sus senos maravillosos, y de su intimidad.

Él quedó sin entender, pues estaba muy excitado por aquella mujer, logró batir el tiempo récord, eyaculó en menos de un minuto masturbándose.

Henrico apagó la lámpara, se acostó a su lado y, antes de cerrar los ojos, completó en voz baja:

—Buenas noches, mi esposa.

Selena sonrió en la oscuridad, sin saber con certeza lo que estaba sintiendo.

Pero, por primera vez, se durmió en paz.

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yudith del carmen betancourrt abanes
jajaja este hombre parece un caballo desbocado no tiene freno no para nadie no tiene filtra para adelante para allá
yudith del carmen betancourrt abanes
me facina ésta historia
yudith del carmen betancourrt abanes
excelente historia muy buena narración en verdad felicito de corazón a la escritora sigue escribiendo buen argumento todo va muy fae excelente👏👏👏👏👏👏👏👏
yudith del carmen betancourrt abanes
tienes una nueva oportunidad aprovéchala al máximo
yudith del carmen betancourrt abanes
hay un dicho hoy por ti y mañana por mí nada dura para siempre
yudith del carmen betancourrt abanes
éso señores sé buscaron su muerte
yudith del carmen betancourrt abanes
éso te pasa por desprecial a tu hija todo tiene su final nada dur😭 para siempre 🤣
yudith del carmen betancourrt abanes
éso te pasa por desprecial a tu hija
yudith del carmen betancourrt abanes
me encantó esta historia espectacular te felicito escritora cada capítulo mejor que el otro y esa entrada que tuvieron este pan impresionante un fuerte abrazo y sigue así te deseo lo mejor de lo mejor
maria fernanda ortega ruiz
el karma llegó
Rachel James
🤭🤭🤭🤭👏👏👏
Rosa Elena Lozada
La traducción está un poco extraña .
Rosa Elena Lozada
Así es, pienso que la dueña era la madre y esa es la única razón por la que el.miserable Rodrigo se quedó con Selena.
yudith del carmen betancourrt abanes
excelente me gusta que sé lleven bien
yudith del carmen betancourrt abanes
me encanta excelente té felicito
maria fernanda ortega ruiz
Huy huy se acerca tormenta jjjjjj haber cómo sale Ingrid 🤣🤣
Magdalena Molina Rojas
Felicidades autora linda novela de princio a fin Sigue adelante escribiendo más novelas y compartelas con tus seguidores.
Marjorie Rosa
Bellísima me encantó
Rosa Elena Lozada
El que tiene rabo de paja no se acerca a la candela, los Vieiras se acercaron al fuego y salieron quemados
Rosa Elena Lozada
Rodrigo todavía tiene instinto de "padre" hacia la hijastra en cambio para su hija no hay ni muestra de arrepentimiento, es un desgraciado.
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