Para asegurar su presidencia de la prestigiosa compañía de chocolates familiar, el arrogante Gerson accedió a unir su vida legalmente a la de Hellen. Ella era una heredera millonaria a quien él y su madre despreciaban profundamente por considerarla ingenua, pero cuyo capital era indispensable para sus ambiciones. Sin embargo, el destino cambió de rumbo aquella mañana, cuando Hellen se desplomó inexplicablemente tras beber un té que su propia suegra le había preparado...
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Capítulo 9
Observo los bocetos de la nueva campaña sobre mi escritorio de cristal, pero mis ojos se desvían por un segundo hacia la puerta interconectada que da al despacho de Gerson. Mis emociones son un territorio en guerra desde hace días. No puedo ignorar el pulso acelerado de mi propio corazón cada vez que él me mira, ni la forma en que me defendió ante su madre. Siento que una atracción profunda, un sentimiento que se parece peligrosamente al amor, está empezando a echar raíces dentro de mí. Sin embargo, mi mente analítica levanta de inmediato una muralla de frialdad: no puedo olvidar lo mal que se portó, su desprecio inicial, ni el hecho de que amaneció en la cama de otra mujer tras nuestra boda. No voy a entregar mi dignidad tan fácil.
El sonido de la puerta principal de mi oficina interrumpe mi debate interno. Mi secretaria asoma la cabeza, visiblemente emocionada.
—Señora Hellen, el inversionista internacional para la campaña premium acaba de llegar. Está en el despacho del señor Gerson y solicita conocer formalmente a la persona que llevará a cabo su proyecto.
Me pongo de pie de inmediato, aliso las solapas de mi traje sastre me miro en el espejo veo todo perfecto, avanzo con paso firme. Cruzo la puerta de comunicación interna y entro al despacho de mi esposo.
Gerson está de pie junto a su escritorio, conversando con un hombre joven, de una sofisticación impecable y rasgos extranjeros. Es un empresario imponente, acostumbrado a los negocios de las altas esferas. En cuanto entro, la conversación entre ellos se detiene en seco. El cliente se gira hacia mí y sus ojos se abren con una sorpresa que no se molesta en ocultar. Queda completamente deslumbrado en un segundo.
—Gerson...
murmura el inversionista, sin apartar la vista de mi rostro
—no me habías dicho que la directora de la campaña era una mujer tan... fascinante.
—Le presento a Hellen
responde Gerson. Su voz suena cortante, con una rigidez rígida que reconozco de inmediato.
El cliente da un paso hacia mí, toma mi mano con una elegancia desbordante y deposita un suave beso en el dorso.
—Un absoluto placer, Hellen. Soy Christian Dumont. He estado revisando las notas preliminares que enviaste esta mañana y debo decir que tu visión para el mercado premium es revolucionaria.
—El placer es mío, señor Dumont
Respondo, manteniendo mi postura erguida y una sonrisa ladina, cargada de seguridad
—La línea de chocolates Evans necesita una identidad que evoque poder y exclusividad. Si vamos a conquistar el mercado internacional, no podemos ofrecer menos que la perfección.
Comenzamos a discutir los detalles del proyecto en torno a la mesa de juntas del despacho. Cada palabra que sale de mi boca, cada propuesta financiera y estratégica que expongo, parece dejar a Christian más loco y cautivado. Él asiente con entusiasmo, me mira fijamente a los ojos y busca mi aprobación en cada punto, ignorando casi por completo la presencia de Gerson.
De reojo, observo a mi esposo.
Gerson se ha quedado de pie a un costado de la mesa, y su rostro es un poema de pura furia. Tiene la mandíbula tan apretada que se le marca una línea rígida en la mejilla, y sus puños están cerrados dentro de los bolsillos de su pantalón. Sus ojos oscuros destilan un veneno gélido cada vez que Christian me sonríe. Gerson está hirviendo de celos, devorado por una rabia posesiva que no puede disimular. Ver a otro hombre de su mismo estatus cortejar mi intelecto y mi belleza lo está volviendo loco.
Tras una hora de intensa reunión, Christian cierra su tableta ejecutiva, se inclina hacia mí con una mirada intensa y una sonrisa sugerente.
—Hellen, tus ideas son una obra de arte
dice en un tono de voz suave, ignorando deliberadamente el ambiente tenso del lugar
—¿Qué te parece si seguimos con esta reunión en un hermoso restaurante privado que tengo en el centro de la ciudad? Una cena tranquila, donde podamos afinar el contrato sin tantas formalidades.
El aire en el despacho se congela. Un suspenso violento inunda la habitación.
Antes de que yo pueda articular una sola palabra, Gerson da un paso al frente, rompiendo su silencio con una agresividad que hace eco en las paredes.
—¡De ninguna manera!
Brama Gerson, con la voz cargada de una posesividad salvaje. Se para firmemente a mi lado, marcando territorio de una manera tan brusca que me estremece
— Ella es mi esposa. Hellen no puede andar saliendo a cenar así con hombres a solas. Los asuntos de la empresa de chocolates se discuten aquí, en horario de oficina.
Christian levanta las manos despacio, mostrando una calma diplomática que solo aviva el fuego de Gerson, aunque sus ojos brillan con diversión al ver el colapso del presidente de la compañía.
—Disculpa, Gerson.
Responde Christian con una sonrisa ligera
—Solo quiero hablar de negocios. No quise faltarle el respeto a tu matrimonio.
Me quedo completamente callada, atrapada en medio de los dos hombres. Por dentro, un torbellino de emociones encontradas me golpea el pecho. Ver a Gerson perder el control de esa manera, defendiendo su lugar como mi esposo ante otro hombre con tanta intensidad, hace que una oleada de satisfacción y cariño intente apoderarse de mí. Me gusta ver de rodillas su orgullo. Pero la advertencia en mi mente sigue despierta: «Recuerda quién es él, recuerda el dolor que te causó», No logro olvidar como me trataba, que solo se caso conmigo por veneficios, que aun ni me ha tocado, ni un beso, como se atreve a celarme, eso me tiene confundida. pero verlo así celoso, de mi tengo que reconocer que me volvió loca.
Miro a Christian, luego clavo mis ojos gélidos directamente en los de Gerson, quien me sostiene la mirada con una súplica silenciosa y desesperada oculta detrás de su furia, En su cara se podía ver qué decia no acepte.
El destino de la campaña, y el control sobre los sentimientos de mi esposo, están en la palma de mi mano.