Segunda parte de Mi hijo tendrá otro padre.
Tras su partida, Laura construye una vida tranquila junto a Marcos, quien la acompaña con ternura durante los meses de embarazo, dándole la paz que tanto anhelaba. Poco a poco, Xander logra acercarse con respeto y paciencia, formando parte de esa nueva etapa sin exigir nada a cambio, demostrando con hechos que ha aprendido la lección. Sin embargo, con el paso del tiempo, los pequeños detalles que antes hacían especial a Marcos empiezan a desaparecer, hasta que Laura descubre que le ha sido infiel.
A pesar de los intentos de él por recuperarla, la presencia de Yina —una persona que no permitirá que vuelva a lastimarla— lo hace imposible. Ante esta nueva realidad, Xander ve surgir la oportunidad que tanto había esperado: demostrar que su amor es verdadero y constante, y luchar por recuperar el lugar que le corresponde junto a la mujer que ama y a su hijo, sabiendo que esta vez deberá ganárselo día tras día.
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Capitulo 12
Esa tarde llovía con fuerza, y Marcos llamó diciendo que no podría pasar por ella como habían acordado, porque se le había antojado quedarse en casa y no quería mojarse. Minutos después, sonó el timbre: era Xander, con un paraguas grande y una bolsa con comida caliente.
—Vi el pronóstico y pensé que no tendrías ganas de salir —dijo entrando despacio, sacudiendo suavemente el agua—. Traje lo que te gusta: la sopa ligera que recomendó el médico y pan tierno. No te preocupes, no me quedaré más de lo necesario.
Mientras le servía en la mesa, Laura no pudo evitar decir bajito:
—Marcos acaba de decir que no viene porque no quiere mojarse. Tú en cambio has venido atravesando toda la lluvia.
Xander se detuvo un instante, pero no sonrió ni dijo nada en favor propio. Solo respondió con calma:
—Yo no hago esto para que lo compares con nadie, Laura. Solo hago lo que creo que corresponde. Antes yo también pensaba que solo había que estar cuando todo iba bien, cuando yo ganaba algo o cuando me convenía. Pero aprendí que estar ahí significa estar también cuando llueve, cuando hay cansancio, cuando no hay nada que celebrar.
Ella lo miró con asombro, reconociendo que esa forma de ser era algo que nunca hubiera esperado de él.
—Antes tú eras igual —admitió ella—. Solo aparecías cuando tenías tiempo libre, cuando yo no te estorbaba. Ahora pareces otro hombre.
—No soy otro —corrigió él suavemente—. Solo he aprendido que tu tiempo y tu bienestar no son un regalo que yo te hago, sino algo que mereces siempre, sin condiciones. No sé si algún día podré estar en tu vida del todo, pero mientras me dejes estar cerca, será así: sin prisas, sin esperar nada a cambio, y cuando me necesites, no cuando yo quiera.
Cuando se marchó, Laura se quedó pensando: no había buscado ponerlos uno frente al otro, pero la diferencia era tan clara como el día y la noche. Mientras uno seguía eligiendo su comodidad primero, el otro había aprendido a poner el bienestar de ella por encima de todo.
Se sentó frente al plato aún humeante, y el contraste no era solo en lo que hacían, sino en lo que sentían al hacerlo. Marcos solía decir que su tiempo era valioso, que cada minuto tenía un propósito y que solo lo dedicaba a cosas que le reportaran algo; Xander, en cambio, le entregaba su tiempo sin preguntar qué obtendría a cambio, como si el simple hecho de verla tranquila fuera suficiente recompensa.
—Antes creí que el amor era tener a alguien que te brinde seguridad y te proteja —pensó en voz baja, acariciando su vientre—. Ahora veo que la verdadera protección es que alguien no te deje sola cuando las cosas se ponen difíciles, ni cuando le cuesta esfuerzo quedarse a tu lado.
No buscaba que uno fuera perfecto ni que el otro fuera malo, pero ya no podía ignorar lo evidente: mientras Marcos la trataba como algo que ya tenía asegurado y al que no debía cuidar más, Xander la trataba como algo valioso que debía ganarse cada día, incluso con los gestos más pequeños. Y esa diferencia era lo que más le hacía dudar de todo lo que había creído encontrar al principio.