Fama, dinero, miles de seguidores… Ian lo tiene todo. Y su mánager se asegura de que nada ni nadie arruine su carrera. Hasta que entra una nueva integrante al equipo: ella.
Dicen que es fría, que es profesional, que es incapaz de experimentar ninguna emoción. Para ella, maquillar a la celebridad más grande del momento es solo un trabajo más.
Pero Ian no está acostumbrado a ser invisible para nadie. Lo que empieza como curiosidad pronto se convierte en un reto: hará lo que sea para sacarle una sola reacción, aunque eso signifique poner en riesgo su propia estabilidad y descubrir que su mundo perfecto tiene mucho menos sentido que esa chica que no siente nada.
NovelToon tiene autorización de Daniela escalante Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPITULO 13 DE REGRESO AL TRABAJO
Llegó por fin el lunes, y aunque había descansado tres días completos en compañía de mis padres, todavía sentía una ligera sensación de pesadez en la cabeza, como si mi cuerpo y mi mente estuvieran adaptándose a algo nuevo que apenas comenzaba a entenderse. Me desperté temprano, con suficiente tiempo para prepararme con calma, tal como me gustaba hacer.
Me puse un pantalón ancho de color azul Klein, de tela suave pero con caída elegante, y una blusa blanca de la misma marca, sencilla pero bien cortada, que resaltaba mi figura sin llamar demasiado la atención. Para calzarme, elegí unos tenis blancos limpios y cómodos. Recogí mi cabello en una coleta alta y firme, que me dejaba la cara totalmente despejada. Sin embargo, al mirarme al espejo, vi claramente la marca: un moretón violáceo en la sien izquierda, resultado del golpe al caerme cuando me desmayé en la entrada del hospital. Se notaba mucho, oscuro y visible a simple vista. Para disimularlo un poco, me puse mis lentes de montura delgada y apliqué un poco de corrector y delimitador de contorno, logrando un acabado minimalista: sin excesos, solo lo justo para verme arreglada y profesional, ya que ese día teníamos que viajar hasta Romorulan para una presentación importante, y todo debía salir perfecto. Además, me sentía todavía un poco cansada, así que no quería usar nada pesado ni incómodo.
Bajé al estacionamiento y me subí al Mercedes que mi padre me había dejado: me prohibió terminantemente manejar mi Lamborghini durante unos días, por si me volvía a dar ese dolor fuerte o un mareo repentino, y quería que llevara un vehículo más estable y seguro. En el bolsillo del pantalón llevaba también las pastillas que me recetó el médico, listas por si sentía cualquier molestia en cualquier momento.
Al llegar a la empresa, entré caminando con paso firme y seguro, con la espalda recta y esa postura que hacía que pareciera que iba caminando por una pasarela, aunque solo estuviera cruzando la recepción. Mostré mi gafete a la entrada y me dirigí hacia los elevadores. Apenas iba a presionar el botón cuando las puertas se abrieron y salieron varias personas: primero la secretaria, luego Jovany, y justo detrás de ellos, Ian. También venía un hombre mayor, vestido con traje muy elegante y aire de autoridad: era uno de los productores más importantes de la compañía.
—Buenos días a todos —dije con voz clara y educada, mirando a cada uno por igual.
Todos respondieron al saludo con amabilidad, excepto Ian: se limitó a mirarme de arriba abajo, deteniendo la vista unos segundos en mi rostro, especialmente en la zona del moretón que intentaba ocultar, pero no dijo nada, solo asintió levemente con la cabeza y mantuvo esa expresión seria y distante que solía usar.
En cuanto el productor me vio bien de cerca, se detuvo en seco, me observó con mucha atención y de pronto comenzó a hablar en voz alta, casi gritando con entusiasmo y sorpresa:
—¡Pero mira qué presencia tienes! ¡Tienes una cara perfecta para ser modelo! ¡Qué rasgos tan definidos, qué porte! —exclamó, sacando de inmediato su billetera y entregándome una tarjeta de presentación entre sus dedos—. Toma esto, ven a mi oficina cuando quieras, te quiero para una sesión de fotos de campaña, te aseguro que te irá muy bien, tienes todo lo que buscamos.
Me quedé parada, sosteniendo la mirada con total tranquilidad, sin alterarme ni sentirme halagada, y con voz firme y serena le respondí:
—No, gracias. No me gusta ser el centro de atención, prefiero estar en un segundo plano y cumplir con lo que sé hacer.
Vi cómo la secretaria, Jovany y hasta Ian miraban la escena con sorpresa: no era todos los días que alguien rechazaba una propuesta así, viniendo de alguien tan influyente. El productor se quedó con la mano extendida unos instantes, luego sonrió y guardó la tarjeta respetando mi decisión.
Las puertas del elevador se cerraron y seguimos subiendo. El bajo en el piso 15, pero nosotros teníamos que ir al piso 18, donde estaban los camerinos y salas de ensayo. Cuando salí, caminé con pasos largos y seguros por el pasillo, pero a los pocos segundos escuché que Jovany me llamaba desde atrás:
—¡Melissa!
Me detuve y me giré para verlo acercarse con una sonrisa tranquila.
—Oye —me dijo cuando estuvo cerca—, debes saber algo: ese hombre no le da su tarjeta ni hace esa invitación a cualquiera. Es un honor que te lo haya dicho.
Me quedé mirándolo unos segundos, y por primera vez en mucho tiempo, una sonrisa natural, sin fingir, sin forzarla, se dibujó en mis labios, pequeña pero sincera.
—Claro que no soy cualquiera —le respondí con calma, y él se rió comprendiendo mi seguridad.
Pero antes de que pudiéramos seguir hablando, apareció Ian a su lado, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón negro, mirándome con ese aire de superioridad y comentando en voz alta:
—Vaya, ¿dónde se ha visto que el artista tenga que ir por detrás de su propia empleada? Deberías ir al frente, como corresponde.
Lo miré con frialdad, sin bajar la mirada, y le contesté sin rodeos:
—Qué odioso eres cuando quieres, ¿lo sabías?
Él levantó una ceja, sorprendido y al mismo tiempo divertido por mi respuesta, y dio un paso más hacia donde estaba yo, quedando muy cerca. Llevaba un atuendo totalmente negro: camisa ajustada, pantalón de mezclilla oscura y chaqueta del mismo tono, que hacía resaltar más su estatura y su figura.
—Bueno, basta de discusiones —intervino Jovany antes de que la tensión subiera más—. Vamos a la sala de ensayo, tenemos que repasar las canciones antes de partir hacia Romorulan. Melissa, recuerda que debes tener lista también la ropa que usará para la presentación de esta tarde, todo debe estar impecable para cuando lleguemos allá.
Asentí con calma, guardando en mi mente cada detalle, y mientras caminábamos hacia la sala, sentía cómo esa ligera presión en la cabeza volvía a aparecer levemente… pero esta vez, al tenerlo tan cerca, no era solo dolor: era algo más, una sensación extraña, nueva, que no podía definir todavía, pero que me hacía recordar cada palabra que el doctor me había dicho en el hospital.