Mi vida terminó con un susurro roto, traicionada por el hombre que amaba, y mi muerte fue solo el comienzo. Cuando abrí los ojos, el dolor de un pasado ajeno me golpeó, revelando una verdad brutal: no estaba en el cielo ni en el infierno, sino en el cuerpo de Bárbara Drax, una mujer hermosa, manipulable y suicida. Ahora, con una segunda oportunidad y la furia de dos almas, juro que los que tuvieron la osadía de usarnos pagarán por su crimen. El juego acaba de empezar, y esta vez, la reina soy yo.
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Prepárate, Renata. El juego acaba de empezar.
El frío de la pantalla no hacía juego con el ardor que sentía en mi pecho. "Estela Rudolf", "Accidente", "Muerte inesperada", "Misteriosa desaparición". Cada combinación de palabras clave, cada artículo, foro o vieja noticia que encontraba, era un callejón sin salida. Frustración era la única emoción que dominaba mi mente.
—Hasta ahora no había ni una sola especulación sobre mi muerte; ese desgraciado de Alex estaba actuando con bastante cuidado —me recosté en la camilla, con la vista cansada por la interminable búsqueda.
— Bárbara, increíblemente, el parásito de mi anterior marido ha resultado ser demasiado astuto e inteligente. Tengo que encontrar su debilidad para enterrarlo vivo.
La imagen de Renata, con su sonrisa perfecta y sus ojos calculadores, se proyectó en mi mente.
—Tranquila, Bárbara, no me he olvidado de ella. Renata pagará lo que te hizo; su castigo será muy satisfactorio.
—Renata... Tienes el control ahora, pero eso va a cambiar. Ya no es la misma Bárbara a la que te enfrentas; te arrebataré todo lo que te empeñaste en quitarme.
Comencé a buscar información relevante acerca de Renata: sus redes sociales, sus actividades, sus amistades. Necesitaba conocer al enemigo.
—Vaya, vaya. La vida de lujo no te ha sentado nada mal, ¿eh, prima? Pero cada historia tiene un punto débil. Y yo lo encontraré.
La pantalla brilló con la imagen sonriente de Renata, brindando con una copa de champán.
—Prepárate, Renata. El juego acaba de empezar.
Llamé a la persona que me ayudaría indirectamente con mi plan.
— ¿Laura? ¿Estás libre para hablar un minuto? —pregunté con firmeza, aunque la ansiedad me consumía.
La voz de Laura, siempre eficiente y un poco acelerada, contestó al otro lado.
— ¡Bárbara! Por supuesto, cariño. Siempre tengo un minuto para mi estrella. ¿Todo bien? Pensé que estarías de luna de miel…
— Sucedieron ciertos percances, por lo cual tendré que regresar al trabajo antes de lo previsto. Te llamé porque quería pedirte algo personal, pero que tiene que ver con mi carrera.
Un breve silencio se instaló. Laura, acostumbrada a las quejas sobre horarios o las peticiones de vacaciones, detectó un matiz diferente de inmediato.
— ¿Personal… pero de la carrera? Me intrigas. Dime, ¿qué sucede? —preguntó Laura con cautela.
— Laura, necesito que me consigas esa campaña de trajes de baño. La que rechazamos hace unos meses. La de Samantha.
Al otro lado de la línea, Laura pareció atragantarse con sus propias palabras. Casi pude visualizar su rostro, con las cejas fruncidas en incredulidad.
— ¿La campaña de Samantha? Bárbara, ¿estás segura de lo que me estás pidiendo? Recuerda que fue una decisión muy meditada. Dijiste que no encajaba con tu imagen, que…
— Lo sé, Laura. Lo recuerdo perfectamente. Y también recuerdo que Renata la tomó; consideró que es hora de explorar un poco más en mi imagen.
— Ah… ya veo. Entiendo. Pero, Bárbara, esa campaña ya está en marcha. Las fotos de Renata ya están por todas partes. No podemos simplemente…
— No quiero la campaña actual. Quiero la próxima campaña. Quiero que hables con la marca y les hagas saber que Isabela está disponible y muy interesada en ser su imagen para la siguiente temporada de forma exclusiva.
El silencio de Laura fue más largo esta vez; sí que sabía cómo aumentar mis nervios. La Bárbara de antes era un tanto insegura con ciertas campañas; era Laura quien la terminaba convenciendo, pero ahora llegaba una nueva era. La nueva Bárbara explotaría su imagen, cerrándole las puertas de las grandes campañas a Renata y reduciéndola a pequeñas campañas sin importancia.
— Esto… esto es inesperado, Bárbara. Pensé que tu enfoque era más bien hacia… digamos, roles dramáticos o marcas de alta costura con un perfil más conservador. Pero, la verdad, me gusta. Me gusta verte con estas ganas; no pensé que el matrimonio te sentaría tan bien.
— Quizás solo necesitaba un pequeño empujón, explorar nuevos horizontes —no podía contener mi sonrisa; ya quería ver la cara de Renata al ser reemplazada.
— ¡De acuerdo! Me encanta esta energía, Bárbara. Es un desafío, sí, pero uno que estoy más que dispuesta a tomar. Hablaré con ellos de inmediato. Haré lo que sea necesario. ¿Hay algo más? ¿Algún otro horizonte que quieras explorar?
— Por ahora, eso es todo. Pero mantente atenta, Laura. Porque esto es solo el principio.
— ¡Me parece perfecto! Te mantendré informada. Y de nuevo, me alegra ver esta faceta tuya.
Corté el teléfono y mi sonrisa de satisfacción era cada vez más intensa.
— Esa marca no rechazaría tener la primicia de Bárbara posando en traje de baño, querida prima. Ya quiero ver tu reacción al ser reemplazada.