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¡AUXILIÓ! Soy Un Ceo, No Un Papá

¡AUXILIÓ! Soy Un Ceo, No Un Papá

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / CEO / Romance / Completas
Popularitas:15.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Ethan Vance lo tenía todo: millones en el banco, trajes de diseñador a medida y una lista interminable de mujeres hermosas dispuestas a pasar la noche con él. Su vida era perfecta, libre de compromisos y, sobre todo, libre de niños. Para Ethan, los bebés eran "pequeñas alarmas ruidosas que arruinaban la diversión".
Pero el destino tiene un sentido del humor bastante retorcido.
Una madrugada, tras una noche de fiesta descontrolada, Ethan regresa a su lujoso penthouse y encuentra un paquete inesperado junto a su sofá: una canasta de mimbre con una bebé de pocos meses y una nota que cambiará su vida para siempre.
El hombre que es capaz de cerrar tratos multimillonarios con una sola mirada, ahora está al borde del colapso nervioso porque no sabe cómo abrir un pañal autoadhesivo y su costosa camisa de seda acaba de ser bautizada con saliva (y algo peor).

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 15

A la medianoche, el penthouse era una fortaleza en silencio. En el piso de abajo, Marcus vigilaba los monitores de circuito cerrado mientras dos anillos de seguridad patrullaban el perímetro exterior y un tercero custodiaba la entrada del pasillo privado. Mia dormía profundamente, ajena a la tormenta que se avecinaba.

En su habitación principal, Ethan se estaba ajustando los gemelos de plata de su camisa negra. Vestía un traje de diseñador hecho a medida, rigurosamente oscuro, que se ajustaba a sus hombros imponentes. En el bolsillo interior de su saco guardó la tarjeta magnética del halcón dorado. Estaba obsesionado. Saber con certeza absoluta que Mia era su hija había transformado su prudencia empresarial en una fiera necesidad de cazar cualquier cabo suelto. No iba a esperar a que sus analistas encontraran respuestas en una pantalla; iba a bajar él mismo al nido de víboras.

Justo cuando tomaba las llaves de su coche deportivo, la puerta de su habitación se abrió de golpe.

Julia estaba de pie en el umbral, con los brazos cruzados y una mirada que echaba chispas. Seguía usando sus pantalones de mezclilla y una camiseta cómoda, pero su postura era la de un general a punto de fusilar a un desertor.

—¿A dónde cree que va, señor Vance? —siseó Julia en un susurro furioso, cuidando de no despertar a la bebé—. ¿Clasificación de negocios a las doce de la noche vestido como si fuera a un funeral de la mafia?

—No es de tu incumbencia, Julia. Vuelve a la cama —respondió Ethan, intentando pasar por su lado con su habitual tono de superioridad.

Julia le plantó una mano en el pecho, deteniéndolo en seco. La firmeza de su toque hizo que Ethan diera un respingo.

—Es perfectamente mi incumbencia desde que el bienestar de Mia depende de que usted siga respirando —le espetó ella, con los ojos encendidos—. Sé perfectamente lo que hace. Encontró algo en esa canasta, llamó a Marcus para blindar el lugar y ahora va a cometer la estupidez de ir al *Black Falcon* solo. No puede dejar a su hija sola ante el peligro, Ethan. Si a usted le pasa algo en ese antro de criminales, ¿quién va a protegerla? ¿Cree que sus millones van a firmar los papeles de adopción desde una tumba?

Ethan apretó la mandíbula, sintiendo que el uso de su nombre de pila por segunda vez le golpeaba el orgullo, pero la lógica de Julia era implacable. Se quedaron a milímetros de distancia, desafiándose con la mirada en una discusión acalorada donde la tensión se podía cortar con un cuchillo.

—No voy a quedarme de brazos cruzados esperando a que vengan por ella —gruñó Ethan, acercándose más a ella—. Tengo que ir. Es la única forma de conseguir el nombre de la madre y saber a qué nos enfrentamos.

Julia lo miró fijamente por tres segundos eternos. Luego, soltó un suspiro largo y se pasó una mano por el rostro.

—Bien. Pero no va a ir solo. Yo voy con usted.

Ethan soltó una carcajada seca, incrédulo.

—¿Tú? Por favor, Julia. Es un club exclusivo de la alta sociedad subterránea. No te dejarían pasar ni de la acera con esos tenis.

—Entonces asegúrese de usar su dinero para conseguirme algo mejor —respondió ella, con una sonrisa desafiante y decidida—. Marcus está abajo. Hay tres anillos de seguridad cuidando a Mia; está más segura aquí que en el banco central. Y usted necesita una coartada. Un hombre solo levantando sospechas en la zona VIP es un blanco fácil. Dos millonarios excéntricos gastando una fortuna... eso es invisible. Muévase, señor Vance. Llame a esa boutique de lujo que atiende las veinticuatro horas. Tenemos una cita.

...

Una hora más tarde, el coche deportivo de Ethan se detuvo frente a la entrada discreta del *Black Falcon*, oculta tras la fachada de un exclusivo hotel boutique en el centro de la ciudad. El aparcacoches corrió a abrir la puerta del copiloto.

Ethan bajó primero, abotonándose el saco. Caminó hacia el otro lado del auto y abrió la puerta para Julia. Cuando ella deslizó la pierna hacia afuera, el mundo pareció detenerse para el CEO.

Julia lucía sencillamente espectacular.

La boutique de emergencia había hecho milagros, pero era ella quien le daba vida al vestido de noche de seda negra que llevaba. Tenía un escote sutil, se ceñía a su cintura con una elegancia criminal y caía hasta sus tobillos con una caída perfecta. Su cabello, usualmente amarrado en un moño descuidado, caía ahora en ondas oscuras sobre sus hombros descubiertos, y sus labios llevaban un labial rojo intenso que atraía toda la atención.

Ethan la miró con ojos completamente diferentes por primera vez. Sintió un golpe seco en el estómago, un chispazo de calor que no tenía nada que ver con los negocios ni con la seguridad de su hija. El tiburón se quedó sin palabras, devorándola con la mirada mientras ella aceptaba su mano para salir del auto.

—¿Qué pasa, señor Vance? —susurró Julia, acercándose tanto que su perfume de rosas y sándalo inundó los sentidos de Ethan—. ¿Se le olvidó cómo respirar o es que mi "origami industrial" de vestido lo dejó impresionado?

Ethan tragó saliva, recuperando la compostura a duras penas, aunque sus ojos seguían fijos en sus labios rojos.

—Estás... aceptable, Julia —mintió con una voz más ronca de lo normal—. Intenta no hablar demasiado para no romper el personaje de heredera excéntrica.

—Lo mismo digo, "amor" —le devolvió ella, pasando su brazo por el de él con una familiaridad eléctrica—. Vamos a gastar tus millones.

Entraron al club. El ambiente por dentro era una mezcla de opulencia oscura y peligro latente: música lounge a bajo volumen, luces de neón dorado, paredes de terciopelo y hombres de negocios de aspecto turbio bebiendo whisky junto a mujeres de la alta sociedad.

Para mantener las apariencias frente a las miradas curiosas de los socios, Ethan deslizó su mano de la cintura de Julia hacia su espalda baja, sintiendo la suavidad de la seda y el calor de su piel. Julia se tensó un milímetro, pero de inmediato se apegó más a su costado. Caminaron hacia la barra principal, donde un barman con chaleco los recibió con una reverencia.

—Dos copas de *Dom Pérignon Rose* —ordenó Ethan, sin parpadear, dejando caer una tarjeta de crédito de titanio sobre la barra para demostrar opulencia inmediata.

El barman sirvió el costoso champán rosado en dos copas de cristal fino. Ethan tomó una y se la extendió a Julia, sus dedos rozándose deliberadamente en el proceso. El contacto mandó una corriente de estática directo a sus pechos.

—Por el éxito de la operación —susurró Julia, alzando la copa, sus ojos oscuros brillando bajo las luces doradas del club.

—Por mantener a salvo lo que es mío —respondió Ethan, mirándola fijamente antes de dar un sorbo al líquido rosado.

A través del reflejo del gran espejo de la barra, Ethan vio la ranura del lector magnético que daba acceso a las oficinas privadas del subsuelo, custodiada por dos guardias que parecían estatuas de piedra. Sustrajo la tarjeta negra con el halcón dorado del interior de su saco, ocultándola en la palma de su mano.

La mirada que compartió con Julia en ese momento ya no era la de un jefe y una empleada. Estaban metidos en la boca del lobo, el peligro real los rodeaba y el juego de fingir ser una pareja pasional estaba empezando a confundirse peligrosamente con la realidad.

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Nairobis Cardozo Portillo
Hermosa historia gracias autora ❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
🤭🤭🤭🤭
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Gracias me encantó 🥰🥰
Maria Mongelos
Mía va estar bien cuidada y protegida con ellos
Maria Mongelos
Qué bueno pudieron comprobar toda la mentira, Mia ahora ya no corre peligro y está donde debe
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️
Nubia Jaramillo
me está gustando la historia
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏👏 les llegó la hora de pagar
Limaesfra🍾🥂🌟
aaah al fin la paz pa esta flia🤩😍
Limaesfra🍾🥂🌟
bien ahi👏👏👏👏👏
Limaesfra🍾🥂🌟
oooh🔥🔥🔥🔥
Limaesfra🍾🥂🌟
mamma mia cuando seas mia🤣🤣🎶🎶
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Esto se llama madures me encanta estas mujeres
Nairobis Cardozo Portillo: Concuerdo contigo
total 2 replies
Maria Mongelos
Gracias por los capítulos querida autora 💕 está muy buena la historia 💕
Maria Mongelos
Pobre Mia, tan chiquita y ya la quieren matar por el poder
Maria Mongelos
Emocionante capítulo, lleno de adrenalina
Maria Mongelos
Está muy emocionante, Ethan va a responder con todo para salvar a la mamá de Mia
Maria Mongelos
Ethan no dejes que esto te desanime, no caigas en los juegos de esta gente, por algo la madre de Mia te la dejó para que la protejas
mariela
Esa gente Black Falcon me se va a cansar de joderle la vida a Ethan y a Julia pero ellos aunque se estudien cualquier cuestionario van a decir la verdad que sienten uno del otro.
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