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¿Mi Esposo Resultó Ser Mi Amante?

¿Mi Esposo Resultó Ser Mi Amante?

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Romance / Posesivo / Completas
Popularitas:381.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

​Anna es la definición de pragmatismo. Aceptó casarse con un extraño hace tres años solo para cumplir el deseo de su abuela, bajo la condición de que cada uno viviera su vida por separado. Para ella, David es solo un nombre en un acta de matrimonio y una transferencia mensual. David, por su parte, es un titán de los negocios, un hombre cuya posesividad solo es superada por su hermetismo; para él, Anna es un "trámite" lejano que vive en otra ciudad... o eso creía.

​Todo cambia en una noche de copas y luces de neón. En una exclusiva discoteca, dos desconocidos se atraen magnéticamente. Anna, decidida a dejar de ser la "esposa de papel", se entrega por primera vez a un extraño de ojos gélidos y manos posesivas. David queda obsesionado con la mujer que desapareció al amanecer
El enredo estalla cuando David decide que esa "desconocida" debe ser suya, sin saber que ya lo es legalmente

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capitulo 22

​El silencio en la mansión se había vuelto un parásito que devoraba el oxígeno. Tras la frialdad de David, Anna sentía que su propia piel se volvía de cristal: transparente e ignorada. Por eso, cuando la invitación de Arturo Varga llegó a su correo personal —un evento privado de lanzamiento tecnológico en un ático con vista al río—, su mente analítica no buscó una excusa para rechazarlo. Buscó una razón para sobrevivir.

​—No necesito el permiso de un hombre que ni siquiera me mira al hablar —susurró Anna frente al espejo, ajustándose unos pendientes de oro blanco que parpadeaban como estrellas frías.

​Eligió un vestido de seda color champán, de corte lencero, que se deslizaba sobre sus curvas con una ligereza peligrosa. No era la armadura azul medianoche de la "esposa de papel", ni el disfraz de la "amante fugitiva". Era ella: Anna, la mujer que David Bianchi había decidido enterrar bajo un contrato.

​Al llegar al evento, Arturo la esperaba cerca de la entrada. No llevaba la rigidez de un esmoquin, sino un traje de lino oscuro sin corbata, con los primeros botones de la camisa abiertos. Al verla, su sonrisa no fue de triunfo empresarial, sino de una apreciación genuina que hizo que Anna, por primera vez en días, relajara los hombros.

​—Anna. Sabía que la seda te rendiría pleitesía esta noche —dijo Arturo, tomando su mano y, en lugar de un beso protocolario, rozó con sus pulgares los nudillos de ella en una caricia lenta—. Estás radiante. Y lo mejor de todo: pareces libre.

​—La libertad es una cuestión de perspectiva, Arturo —respondió ella, permitiendo que él la guiara hacia la terraza, lejos del ruido de los inversores—. Pero hoy, la perspectiva desde este ático es refrescante.

​Arturo no la llevó a hablar con los CEOs más influyentes. La llevó a un rincón donde un barman preparaba cócteles con infusión de lavanda. Durante la siguiente hora, Arturo fue un torbellino de encanto. No le habló de proyecciones de mercado ni de la deuda de los Bianchi. Le contó anécdotas ridículas sobre sus inicios en la bolsa, le hizo bromas sobre la seriedad casi patológica de los banqueros presentes y, sobre todo, la escuchó.

​—Eres brillante, Anna —dijo Arturo, inclinándose hacia ella mientras compartían una risa por un comentario mordaz que ella hizo sobre un competidor—. Tienes esa chispa analítica, sí, pero hay un fuego bajo esa lógica que David es demasiado ciego para ver. Él está tan ocupado vigilando las puertas de su castillo que no se ha dado cuenta de que la reina ya está fuera, conquistando el mundo por su cuenta.

​La sensualidad de Arturo era fluida, casi lúdica. A diferencia de la posesividad asfixiante de David, Arturo la hacía sentir deseable como mujer, no como una propiedad. Sus dedos rozaron el antebrazo de ella para enfatizar un punto, y Anna no se tensó. Sintió un calor agradable, una validación que su espíritu hambriento absorbía como tierra seca.

​—¿Sabes qué es lo que más me gusta de ti? —preguntó Arturo, bajando la voz. Se acercó tanto que ella pudo oler su perfume cítrico y masculino—. Que no necesitas que nadie te valide. Pero me encantaría ser el hombre que te recuerde, al menos una vez al día, que este contrato matrimonial es la mayor pérdida de tiempo de la historia financiera. Podrías tenerlo todo, Anna. Sin máscaras. Sin hielos.

​Anna bebió un sorbo de su cóctel, sintiendo la mirada de Arturo sobre sus labios. Era una sensación embriagadora. Se sentía vista. No como un "trámite", no como un "error de una noche", sino como una mujer poderosa y atractiva.

​—David cree que soy una máquina —confesó Anna, su voz suavizada por la confianza que Arturo le inspiraba—. Y a veces, yo también lo creo. Es más fácil no sentir cuando el hombre con el que vives te trata como a un mueble.

​Arturo dejó su copa en una mesa lateral y tomó las dos manos de Anna entre las suyas. El gesto fue firme, protector.

—No eres una máquina. Eres el activo más valioso de esta ciudad, y no hablo de dinero. David está cometiendo el error de su vida al alejarse de ti. Y yo... yo no soy tan tonto como él, Anna.

​En ese momento, Arturo no intentó besarla. Fue más sutil. Deslizó una mano por su brazo hasta su hombro, acariciando la piel desnuda con una lentitud que hizo que Anna soltara un suspiro contenido. Fue una promesa, un "estoy aquí", que resonó en el vacío que David había dejado.

​—Si alguna vez decides que ya no quieres ser el fantasma de los Bianchi —susurró Arturo cerca de su oído—, recuerda que yo siempre he preferido la realidad. Y tu realidad, Anna, es fascinante.

​Anna regresó a la mansión a medianoche, con las mejillas ligeramente encendidas y una sonrisa que no recordaba haber usado en meses. Arturo le había recordado que ella era deseable, que su risa tenía valor y que había un mundo fuera del contrato donde ella no era invisible.

​Al cruzar el vestíbulo, vio a David sentado en la oscuridad del salón, con una copa de whisky en la mano. Él no encendió la luz, pero la intensidad de su mirada gris la alcanzó desde las sombras.

​—Llegas tarde —dijo David, su voz cargada de una amargura que intentaba ocultar tras la frialdad.

​—Llego exactamente cuando quería llegar, David —respondió Anna, subiendo las escaleras sin detenerse—. He tenido una noche excelente. Resulta que, fuera de estas paredes, sigo siendo una mujer que la gente disfruta conocer.

​David apretó el cristal de su copa hasta que sus nudillos blanquearon. El rastro del perfume de Arturo, ligero pero presente, llegó a sus narices. La culpa que sentía por "traicionar" a su amante empezó a ser devorada por un monstruo mucho más antiguo y violento: los celos. Anna ya no era la esposa sumisa que esperaba en casa; era una mujer que empezaba a brillar en brazos de su rival, y David, atrapado en su propia red de mentiras y frialdad, se dio cuenta de que el hielo que había construido para alejarse de ella estaba empezando a congelarlo solo a él.

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Modestina Fonseca Sierra
me encantó la historia un buen final muchas gracias por escribir historias bonitas felicidades
Nancy Villanueva
Muy buena la historia.....Felicidades autora excelente historia gracias esperando otra novela bendiciones 👏👏👏👏👏🌹🌹🌹💕💕
Modestina Fonseca Sierra
interesante guau que guerra
Primi Mendez
muchos enredó cansador esta novela 😡😡
Primi Mendez
Era que en la firma de contrató de matrimonio sólo fue su abogado entonce como hay fotografía de ellos 🤗🤗
Primi Mendez
muchos dar vuelta ya cansa 🙄
Maria Soto Schiller
Una novela complicada en su redacción con muchas inconsistencias pero debo reconocer que los últimos capítulos fueron muy coherentes con la trama...
jacquelinne reyes
empezó bien y ya aburre como es eso de que no sabe quién que se parece y bla bla tanta larga loque hace es aburrir
Maria Soto Schiller
tiene mas enredos que un plato de tallarines y lo peor creados por la propia escritora, ni ella sabe como empezó la novela....se conocian no se conocian??? él no estuvo en su propia boda pero estuvo ¿? la primera vez que se vieron sin saber quienes eran, ella no llevaba antifaz, ella fue con una amiga pero ahora dice que sí está con antifaz, sin nonbrar otras .....Esta novela es una locura de inconsistencias...🤭🤭😂😂😂😂
Maria Soto Schiller
ya me está cansando tanta ridiculez, creo que dejaré de leerla, es una estupidez tras otra...
Maria Soto Schiller
insisto en que las escritoras revisen el contenido antes de publicar, siempre hay errores de fechas, lugares, etc..
Primi Mendez: escritora eso que te cuestiona dile que vaya a buscar otro sin error 🤗
total 1 replies
Maria Soto Schiller
insisto en que las escritoras revisen el contenido antes de publicar, siempre hay errores de fechas, lugares, etc..
Elsy Pasos
En el capitulo 22 ella llega a casa. Y en el. 23 el la busca.
La escritora comfunde al. Lector
Milcaris
Él sabe que son la misma persona solo que le está siguiendo el juego y ella si siente tantos celos entonces que muestre frente a él ese fuego que tiene guardado y deje su hielo para la empresa
Maria Soto Schiller
jajaja 👏 porque no conocen el Internet, solo son trabajocolicos 🤣🤣 viven en un submundo..
Mirta Bernaccki
m aburrió. No leo más!!!!!!!!!!
Mirta Bernaccki
cómo va a recordar la mirada de ella si nunca la había visto. el día q se casó mando a un abogado a firmar el contrato. q enrredo escritora. fíjese bien las fechas así no confunde al lector
Fernanda Perez
gracias 🫂
Maritza
se supone que la cena era el día siguiente del encuentro en la disco y habla que tenía 3 días sin dormir buscándola, hay errores de tiempo
Maria Soto Schiller: Hay muchas incongruencias, menos mal la novela es corta...
total 1 replies
Fernanda Perez
cansa un poco que siempre estén peliando
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