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Renacer Contigo

Renacer Contigo

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Autosuperación / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

Un matrimonio nacido de un acuerdo silencioso parecía destinado a la distancia, hasta que una decisión amenazó con arrebatarles todo. Entre ruinas, lágrimas y un campo de tulipanes, David y Elena descubrirán que el amor verdadero no nace perfecto, sino que se construye cuando el mundo se desmorona. A veces, el invierno más frío de la vida es solo la antesala de un nuevo florecer. Esta es la historia de una promesa rota por el miedo, un diagnóstico que cambió sus destinos y un amor inquebrantable que, treinta años después, sigue respirando en el corazón de quienes más los aman.

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

18

### Meses después

#### Elena

—Este cuadro debería estar en la sala, es demasiado grande para esconderlo en la habitación —mencionó David señalando con la cabeza el enorme lienzo de nuestra boda.

Estábamos organizando nuestro nuevo hogar. Esta casa era un poco más grande, ubicada mucho más lejos del bullicio de la ciudad; un refugio totalmente nuevo para los dos.

—Creo que tienes razón. Iré por el taladro —le dije con una sonrisa.

Salí de la casa con pasos ligeros y encontré el carro de mudanza descargando las últimas cajas en la entrada. Fui en busca de la caja de herramientas al cobertizo. Estaba inmensamente feliz por lo que estábamos construyendo; habían pasado seis meses desde nuestra reconciliación, y cada día sentía que todo comenzaba a encajar a la perfección.

Para David, la vida había recuperado el sentido, aunque todavía había mañanas en las que podía ver destellos de tristeza cruzando su mirada. Pero yo siempre estaba ahí, dispuesta a sostenerlo para que no cayera cuando el mundo se le venía abajo. Ahora pasaba la mayor parte del día trabajando hombro a hombro con su padre en la empresa, intentando levantar lo que por poco termina en la quiebra. Lo veía esforzarse con una determinación que me llenaba de un orgullo profundo.

Cuando por fin encontré el taladro, lo tomé entre mis manos. Di media vuelta para regresar, pero de pronto, el mundo se detuvo de golpe.

Una punzada brutal atravesó mi sien. Mi cabeza comenzó a dar vueltas de forma violenta; me llevé las manos a los sienes y me dejé caer al suelo, sentándome en el piso antes de perder el equilibrio por completo. El dolor era tan agudo que me cortaba la respiración.

—¿Se encuentra bien, señorita? —preguntó el ayudante de carga, acercándose con preocupación para ayudarme a levantar.

Asentí de inmediato, apretando los ojos con fuerza mientras intentaba soportar la agonía.

—Sí... solo fue un mareo, un dolor de cabeza repentino —mentí con voz débil, incorporándome con torpeza para entrar rápidamente a la casa.

Con este, ya era el segundo episodio fuerte que me daba en el mes. Al principio lo atribuí al estrés de la mudanza y del trabajo, conformándome con tomar analgésicos, pero una parte de mí sabía que ya era hora de revisarme. Odiaba enfermarme, así que intenté convencerme de que solo era una migraña terca.

Al entrar a la sala, vi a David acomodando los estantes vacíos en la pared.

—Tu padre acaba de llamar; vendrán mañana a primera hora para ayudarnos a terminar con los muebles pesados —dijo él, girándose con una sonrisa.

Se acercó, me dio un corto beso en los labios y tomó el taladro de mis manos, deteniéndose al notar mi palidez. Sus ojos oscuros se clavaron en los míos.

—¿Estás bien? —su pregunta repentina me hizo dar un escalofrío que recorrió toda mi espalda. Algo en su tono hizo que mi corazón diera un vuelco extraño.

—Sí, eso creo... solo me volvió a dar ese dolor de cabeza —le resté importancia, obligándome a sonreír.

Él frunció el ceño de inmediato, dejando las herramientas a un lado y ayudándome a tomar asiento en el sofá.

—Descansa, has hecho demasiado esfuerzo hoy. Deja que yo termine con esto —insistió, visiblemente preocupado.

Fue a la cocina, regresó con una botella de agua fresca y me la entregó con las manos ligeramente inquietas.

—Mañana sin falta iremos al médico —sentenció con una autoridad suave que no admitía réplica, y yo me limité a asentir, rendida.

Pasamos el resto del día así: él trabajando en silencio y yo sentada, intentando ordenar algunos libros en los estantes bajos. Sin embargo, el dolor de cabeza no cedía; seguía ahí, agazapado en la base de mi cráneo, volviéndose cada vez más insoportable.

—Elena, no te ves nada bien —murmuró David al pasar por mi lado, entregándome una pastilla con un vaso de agua—. Mejor vamos al hospital de una vez.

—Iré mañana, te lo prometo. Se me pasará con esto, solo necesito dormir —le aseguré, dándole un beso rápido en los labios para calmarlo.

Me arrastré hasta la recámara y me quedé dormida en cuanto mi cabeza tocó la almohada, vencida por el cansancio y el dolor. Pero el sueño no trajo alivio; un mal presentimiento me carcomía por dentro. Yo casi nunca enfermaba, ni siquiera solía pescar resfriados comunes, lo que hacía que todo esto fuera profundamente anormal. El miedo comenzó a apoderarse de mí, un terror frío de que este dolor fuera el anuncio de algo irreparable.

Al día siguiente, David me dejó en la entrada del hospital. Tuvo que marcharse de inmediato porque su padre lo requería de urgencia para revisar unos contratos críticos en la empresa.

No me gustó la noticia, me mandaron a realizar más exámenes al día siguiente.

Así que ahí estaba yo, sola, con la mirada perdida en el techo blanco de la habitación clínica mientras el suero goteaba lentamente en mis venas. Mi corazón latía desbocado y mis manos no dejaban de temblar sobre las sábanas blancas.

—Vamos a terminar de realizar los chequeos, pero... te sugiero que llames a alguien para que te acompañe —me indicó el doctor con una voz pausada, mirándome fijamente a los ojos con una expresión cargada de una profunda y pesada tristeza.

Tragué saliva con dificultad, sintiendo la boca completamente seca. Esto no podía estar pasando.

—No quiero alarmar a nadie hasta estar completamente segura de lo que tengo —le supliqué, conteniendo las lágrimas que amenazaban con desbordarse.

—Bien, entonces vamos a continuar —respondió el médico con compasión, mientras la enfermera retiraba la vía del suero y me pedía que me pusiera de pie.

Caminamos de regreso a la consulta. Cada paso se sentía como si un cuchillo frío se clavara lentamente en mi piel. *No puedo estar enferma. No ahora. Él me necesita tanto como yo a él...*

Apenas crucé el umbral del consultorio el día anterior, me había desmayado; al despertar, el dolor en la cabeza era tal que los médicos decidieron hacerme una tomografía de emergencia. Ahora, el papel con los resultados estaba sobre el escritorio.

Una lágrima solitaria se desprendió de mis ojos al escuchar las palabras que tanto temía:

—No quiero darte un diagnóstico definitivo todavía, pero los escáneres muestran algo... Lo más probable es que sea un tumor cerebral. Tendremos que hacerte una serie de estudios más profundos para confirmar la naturaleza...

En medio del vacío ensordecedor que se abrió a mi alrededor, en mi cabeza solo resonaba un único y devastador pensamiento: *David no puede pasar por esto otra vez... Él no será lo suficientemente fuerte para soportarlo.*

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Betty Saavedra Alvarado
Kiary mi sobrina Aitana tiene las paredes con sus rayones de colores son sus princesas no se los borramos llora ahora le pegamos papel sábana Cortita muy emotiva y familiar un final bello David y Elena juntos con sus traviesos retoños un abrazo desde mi Piura Perú
Kiary Valverde: 🤭🤭 mi hijo me rayo toda la pared 😭 me tocó volver a pintar 🤣😃🤣
total 1 replies
Lectora con visión 🥰
me ha encantado, es una historia muy buena, demasiado sentimental 💗😭
Lectora con visión 🥰
quiero más 👏👏👏👏
Lectora con visión 🥰
por qué yo no consigo hombres como este 😭
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo muy familiar Elena y David van a se padres
Betty Saavedra Alvarado
Ahora a luchar juntos saldrán adelante porque se aman
Betty Saavedra Alvarado
Elena David tiene que estar contigo luchar juntos el es tu esposo
Betty Saavedra Alvarado
Kiary un capítulo muy bello y amoroso
Betty Saavedra Alvarado
Elena y David desean estar juntos se extrañan
Betty Saavedra Alvarado
David tienes que asumir tus responsabilidades
Betty Saavedra Alvarado
David Elena después del regreso del viaje a conversar para volver a casarse y vivir juntos
Betty Saavedra Alvarado
Una boda un comienzo de una nueva vida
Betty Saavedra Alvarado
Elena dijiste no ahora sí te gusta David
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
David tienes que ser fuerte mamá pronto partirá
Betty Saavedra Alvarado
Mi madre partió un Lunes 18 de Mayo fue de repente que cerró sus ojos ella se llevó un pedacito de mi corazón la extraño mucho
Kiary Valverde: un abrazo desde la distancia🫂
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
David la vida sigue Elena es más fuerte que tú
Betty Saavedra Alvarado
David eres un cobarde todos perdemos a nuestras madres y seguimos adelante
Betty Saavedra Alvarado
Elena tu lo amas David nada de nada
Betty Saavedra Alvarado
David Elena te ama y tú le pides el divorcio
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