Una apuesta. Un engaño. Un precio imposible de olvidar.
Porque hay decisiones que cambian la vida para siempre.
NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 9 La noticia que creí que nos salvaría
Por fin llegó el día en que me atreví a estar completamente segura.
Esperé a que mi casa quedara en silencio, cerré bien la puerta del baño y me quedé allí de pie, sosteniendo ese pequeño test entre mis manos mientras el tiempo parecía haberse detenido por completo.
Conté los segundos uno a uno, con el corazón latiéndome tan fuerte que temía que se oyera por toda la casa, rogando al cielo que fuera verdad, que esa pequeña esperanza que llevaba días sintiendo en el pecho se hiciera realidad.
Cuando al final miré hacia abajo y vi las dos líneas claras, nítidas y bien marcadas, solté un sollozo entrecortado y me deslicé hasta el suelo, abrazándome a mí misma.
Estaba embarazada.
Iba a tener un hijo de Leonardo.
Una parte de los dos que viviría para siempre.
Me quedé allí sentada un buen rato, acariciando suavemente mi vientre y dejando que las lágrimas de alegría corrieran por mis mejillas.
En mi mente no cabía duda:
esa noticia era justo lo que necesitábamos para arreglar todo lo que últimamente se sentía roto entre nosotros.
Esos silencios suyos, esa distancia que había aparecido de la nada, esa tristeza en sus ojos...
todo desaparecería en cuanto él lo supiera.
Sería nuestra oportunidad de empezar de nuevo, de demostrarle que lo que habíamos construido era real y eterno.
Con mucho cuidado, limpié el test, lo guardé dentro de un pequeño sobre de papel blanco y lo escondí en el bolsillo más profundo de mi bolso, como si fuera el tesoro más valioso que existía sobre la tierra.
Pasé el resto de la tarde imaginando cómo decírselo, buscando las palabras perfectas, soñando con el momento en que me abrazaría y diría que era la mejor noticia que había recibido en su vida.
Esa tarde nos vimos como siempre, y aunque él llegó con esa expresión de cansancio y culpa que ya empezaba a reconocer, yo sentía que nada podía apagar la luz que llevaba dentro.
Caminamos despacio por el parque, y yo no dejaba de mirarlo de reojo, con una sonrisa que no podía ocultar, segura de que muy pronto todo volvería a ser como al principio:
Él volvería a mirarme con amor, volvería a decirme que yo era su mundo, y juntos empezaríamos a planear la vida de esa pequeña criatura que venía en camino.
Con mis dieciséis años y el corazón todavía lleno de fe en sus promesas, no se me ocurrió ni por un segundo que algo pudiera salir mal.
Estaba convencida de que un hijo nacido de todo ese amor que yo le había entregado no podía traer nada más que felicidad.
No tenía ni idea de que mientras yo guardaba el regalo más hermoso que podía darle, él guardaba la verdad más cruel que jamás podría haber escuchado.
Mientras yo soñaba con un futuro a su lado, él solo pensaba en cómo ocultar su pasado.
Yo creía que esa noticia nos salvaría a los dos; jamás imaginé que en realidad sería la que me mostraría la peor pesadilla de mi vida.
Al despedirnos esa noche, le dije que mañana tenía algo muy importante que contarle, y él solo asintió, sin saber que al día siguiente mi mundo se partiría en mil pedazos.