NovelToon NovelToon
UN TORBELLINO DE DOBLE LÍO

UN TORBELLINO DE DOBLE LÍO

Status: En proceso
Genre:Familia mágica
Popularitas:425
Nilai: 5
nombre de autor: Alexa Rodríguez Murillo

Tras la muerte de su esposa en un accidente automovilístico, Tomás Rojas, un padre trabajador de clase media, intenta sacar adelante a su única hija, Emma, de once años.
Su hogar nunca está en silencio.
Está lleno de perros, gatos, gallinas y, sobre todo, un gallo tan inteligente como problemático llamado Pelé, el verdadero cómplice de Emma.
Ninguna niñera soporta más de unos días.
Las travesuras de Emma y sus animales convierten la casa en un desastre constante.
Mientras Tomás trabaja durante largas jornadas para mantener el hogar, Emma esconde una enorme tristeza detrás de cada broma.
Todo cambia cuando llega Lucía, una joven huérfana que acepta ser su nueva niñera.
Lejos de regañarla, comprende el dolor que Emma lleva dentro y le enseña que sanar no significa olvidar.
Mientras tanto, Tomás conoce a Valeria, una mujer viuda con un hijo llamado Mateo, de nueve años.
Mateo y Emma conectan desde el primer instante como si siempre hubieran sido hermanos.

NovelToon tiene autorización de Alexa Rodríguez Murillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: La segunda niñera

La mañana siguiente a la renuncia de Patricia comenzó como casi todas las mañanas en la casa de los Rojas.

Con ruido.

Muchísimo ruido.

A las cinco y treinta, cuando la mayor parte del barrio seguía sumida en un profundo sueño, un sonido atravesó la tranquilidad de la calle.

—¡Quiquiriquí!

Pelé había decidido que el amanecer merecía una bienvenida digna.

No importaba si era lunes.

No importaba si llovía.

No importaba si Tomás había regresado agotado del taller la noche anterior.

Para Pelé, anunciar la salida del sol no era un capricho.

Era una misión.

O, al menos, eso parecía creer él.

—Pelé... —murmuró Tomás desde su habitación, cubriéndose la cabeza con la almohada—. Algún día voy a enseñarte el maravilloso invento de dormir cinco minutos más.

Desde la ventana llegó otra respuesta.

—¡Quiquiriquí!

Como si el gallo hubiera entendido perfectamente el reclamo y quisiera dejar claro que no pensaba negociar.

Tomás abrió los ojos y se quedó mirando el techo.

Por un instante, los recuerdos lo llevaron a otra época.

Cuando Mariana aún llenaba aquella casa con su presencia.

Ella siempre era la primera en despertar.

Preparaba café.

Cantaba mientras cocinaba.

Y cuando Pelé era apenas un pollito, se reía diciendo que aquel gallo tenía más personalidad que muchas personas.

—Ese gallo tiene carácter —decía entre risas.

Tomás sonrió con nostalgia.

Había recuerdos que dolían.

Pero, al mismo tiempo, eran como un abrazo capaz de mantener vivo el amor.

La sonrisa desapareció al escuchar unos pasos apresurados por el pasillo.

—¡Papá!

La puerta se abrió de golpe.

Emma apareció con el cabello completamente despeinado y los ojos brillando de emoción.

—Pelé hizo algo increíble.

Tomás cerró los ojos un segundo.

Cada vez que Emma pronunciaba esa frase, significaba que la tranquilidad había abandonado la casa.

—¿Qué hizo ahora?

La niña sonrió con inocencia.

—Depende.

—¿Depende de qué?

—De si para ti es algo malo... o algo muy divertido.

Tomás soltó un suspiro resignado.

—Emma...

Ella señaló hacia el patio.

—Tienes que verlo.

Sin muchas esperanzas de encontrar algo normal, se levantó y la siguió.

Al salir al jardín, se quedó inmóvil.

Las cinco gallinas caminaban en perfecta fila alrededor del césped.

Hasta ahí, todo parecía normal.

El problema era que cada una llevaba una pequeña cinta de color anudada al cuello.

Y, delante de todas, caminaba Pelé.

Erguido.

Orgulloso.

Con la misma autoridad de un general inspeccionando a sus tropas.

Tomás miró a su hija.

—¿Quieres explicarme qué está pasando?

Emma se encogió de hombros.

—Creo que Pelé organizó una reunión.

—¿Una reunión?

—Sí.

—¿De gallinas?

—Y de animales en general.

Tomás respiró hondo.

A veces tenía la sensación de que vivir con Emma era como despertar cada día dentro de una película cuyo guion nadie se había molestado en entregarle.

—¿Y las cintas?

Emma observó a Pelé.

—Creo que son para identificar a los miembros del grupo.

Pelé caminó con aún más orgullo.

Como si estuviera confirmando la teoría.

Tomás tomó una de las cintas entre sus dedos.

—Emma... tenemos que hablar sobre algunas cosas.

—¿Sobre qué?

—Sobre tener animales... normales.

La niña frunció el ceño.

—Ellos son normales.

—Emma, un gallo no debería dirigir gallinas como si fueran soldados.

Ella sonrió.

—Eso lo dices porque todavía no conoces bien a Pelé.

Tomás estuvo a punto de responder.

Pero guardó silencio.

Porque, en el fondo, entendía perfectamente lo que ocurría.

Emma quería a aquellos animales porque habían llenado el enorme vacío que dejó Mariana.

Eran compañía.

Refugio.

Y, en muchos momentos, la única forma que la niña encontraba para no sentirse sola.

Después del desayuno, el teléfono sonó.

Era la agencia que lo ayudaba a encontrar una nueva niñera.

—Señor Rojas, tenemos otra candidata disponible.

Tomás recorrió la sala con la mirada.

Max dormía plácidamente sobre el sofá.

Copito descansaba dentro de una caja que claramente no le pertenecía.

Misha observaba todo desde una repisa.

Y Pelé caminaba detrás de él con la expresión de quien escuchaba atentamente la conversación.

—¿Tiene experiencia? —preguntó Tomás.

—Sí. Ha trabajado varios años cuidando niños.

Tomás dudó unos segundos.

—¿Sabe manejar animales?

Del otro lado hubo un breve silencio.

—Bueno... no mencionó nada sobre eso.

Tomás cerró los ojos.

Aquello era un detalle importante.

Muy importante.

Pero tampoco podía darse el lujo de seguir rechazando opciones.

—Que venga.

La segunda niñera se llamaba Verónica.

Llegó un martes por la mañana.

Era una mujer hermosa de mediana edad, elegante, organizada y transmitía una seguridad casi impecable.

Al entrar en la casa observó cada rincón con atención.

—Bueno... parece que aquí sobra la energía.

Tomás sonrió con cierta incomodidad.

—Créame... más de la que imagina.

Emma permanecía de pie junto a Pelé.

Miraba a Verónica con una mezcla de curiosidad y desconfianza.

No le desagradaban las personas nuevas.

Simplemente había aprendido algo demasiado pronto.

Todas terminaban marchándose.

Y cuando alguien siempre acaba yéndose, resulta más fácil no encariñarse.

—Hola, Emma —saludó Verónica con amabilidad.

—Hola.

—Me dijeron que te gustan mucho los animales.

—Sí.

—Yo también tuve mascotas.

Emma acarició el cuello de Pelé.

—¿Alguna vez tuviste un gallo?

Verónica parpadeó.

—No.

Emma respondió con absoluta naturalidad.

—Entonces no sabes mucho de mascotas.

Tomás tuvo que morderse los labios para no reír.

—Emma...

—Solo dije la verdad.

Las primeras horas transcurrieron con una tranquilidad inusual.

Demasiado tranquila.

Y eso preocupaba a Emma.

Porque conocía perfectamente a Pelé.

Cuando el gallo permanecía en silencio...

Era porque estaba pensando en algo.

Pelé observaba a Verónica desde el patio.

Sin apartar la vista.

Como si estuviera evaluando cada uno de sus movimientos.

Emma se acercó despacio.

—Pelé...

El gallo giró la cabeza.

—Necesito saber una cosa.

Pelé dio un pequeño paso hacia ella.

—¿La quieres aquí?

El gallo inclinó ligeramente la cabeza.

Emma sonrió.

—Yo tampoco.

No porque Verónica le cayera mal.

En realidad, parecía una buena persona.

Pero todas las personas nuevas llegaban con la misma intención.

Ordenar la casa.

Cambiar las rutinas.

Decirle qué debía hacer.

Y Emma no estaba dispuesta.

Porque nadie...

Absolutamente nadie...

Podía reemplazar a Mariana.

El plan comenzó esa misma tarde.

Aunque Emma jamás lo llamó "plan".

Ella prefería decir:

—Es solo una pequeña prueba.

Pero, en realidad, era una estrategia perfectamente organizada.

Primero necesitaba la ayuda de Pelé y la de los demás

Aunque, siendo sinceros, ellas hacían exactamente lo que querían.

—Muy bien —susurró Emma mientras todos estaban reunidos en el patio—. Solo tenemos que hacerle entender que esta casa... no es para cualquiera.

Pelé dio un par de vueltas por el patio, como si estuviera pensando.

Max lo siguió de cerca, atento a cada uno de sus movimientos.

Los gatos, acomodados sobre la cerca, observaban la escena con esa calma misteriosa que solo ellos tenían.

Las gallinas picoteaban el suelo sin darse cuenta de que algo estaba por ocurrir.

Emma respiró hondo.

Si aquel plan salía bien, todo podría cambiar.

Era una idea descabellada.

Pero las mejores aventuras casi siempre empezaban así.

Lograr que Verónica pensara que aquel trabajo era demasiado complicado.

Lo que Emma jamás imaginó fue que Pelé decidiría llevar la misión mucho más lejos de lo previsto.

Al día siguiente comenzó la ofensiva.

Verónica llegó temprano.

Todo parecía completamente normal.

Hasta que quiso prepararse un café.

Al abrir el cajón de la cocina descubrió que no había una sola cuchara, Emma los había puesto en otro lugar donde no lo viera Verónica.

Revisó todos los cajones que pudiera abrir.

Y a lo lejos sobre la tapa de una olla  había un papel escrito con letras infantiles.

"BUSCA MEJOR".

Verónica respiró hondo.

Miró alrededor.

Emma estaba sentada leyendo un libro como si nada ocurriera.

—Emma.

—¿Sí?

—¿Sabes algo de esto?

La niña levantó la vista.

—No.

Era una mentira.

Y una bastante poco convincente.

Pero Verónica decidió dejarlo pasar, pensando que ya mas tarde le preguntaría a Tomás.

Al final del día encontró su bolso salpicado y cubierto de huellas de barro en el patio.

Cuando creyó que por fin tendría unos minutos de tranquilidad en el jardín, una de las gallinas decidió caminar tranquilamente sobre sus piernas.

—¡Ay!

La gallina reaccionó de inmediato. Batió las alas con un frenesí contagioso, lanzó varios cacareos escandalosos y emprendió una carrera desesperada por el patio, como si creyera que el peligro la perseguía de cerca.

Emma tuvo que girarse para ocultar la sonrisa.

Sin embargo, lo peor aún estaba por suceder.

El escándalo fue suficiente para que Pelé entrara en acción. Batió las alas con energía, infló el pecho y salió corriendo detrás de Verónica. Sin pensarlo dos veces, comenzó a picotearla en las piernas y a perseguirla por todo el patio, obligándola a correr mientras él parecía disfrutar cada segundo de la persecución.

—¡Señor Rojas! —gritó Verónica.

Tomás salió del taller al escuchar los gritos.

La escena era completamente absurda.

Verónica corría desesperada.

Pelé iba detrás con absoluta determinación.

Max ladraba como si aquello fuera el mejor espectáculo del año.

Emma intentaba contener la risa.

Tomás se llevó una mano al rostro apenado.

—Pelé...

El gallo se detuvo en seco.

Miró a Tomás.

Luego dio media vuelta con total dignidad y se alejó caminando lentamente.

Como si absolutamente nada hubiera pasado.

Aquella misma tarde, Verónica tomó una decisión.

—Señor Rojas... creo que este trabajo no es para mí.

Tomás no insistió.

Aunque una parte de él sintió una profunda tristeza.

Otra persona que se iba.

Otra persona incapaz de quedarse.

Cuando Verónica cruzó la puerta, Emma la observó desde la ventana.

Había conseguido lo que quería.

Sin embargo...

No sentía alegría.

Solo un pequeño vacío.

Porque cada despedida despertaba el mismo recuerdo.

La despedida que más le dolía.

La de su mamá.

Tomás encontró a su hija sentada en silencio.

—Emma...

Ella no respondió.

—¿Estás feliz?

La niña negó lentamente con la cabeza.

—No.

Tomás la miró sorprendido.

—Pensé que querías que se fuera.

Emma abrazó sus piernas.

—Sí...

Hizo una pausa antes de continuar.

—Pero todas las personas terminan yéndose, papá.

Tomás sintió un nudo en la garganta.

Aquellas no eran palabras propias de una niña de diez años.

Eran las palabras de alguien que había aprendido demasiado pronto el significado de perder a quien más amaba.

Se arrodilló frente a ella.

—Yo no me voy.

Emma levantó la mirada.

Sus ojos buscaban una certeza imposible.

—Prométemelo.

Tomás recordó la última promesa que le hizo a Mariana.

Y, por un instante, sintió miedo.

Porque sabía que existían promesas que no dependían únicamente del amor.

Aun así, tomó aire y respondió con firmeza.

—Te lo prometo.

Emma lo abrazó con fuerza.

Desde el patio volvió a escucharse el sonido inconfundible de Pelé.

—¡Quiquiriquí!

Los dos giraron la cabeza.

El gallo permanecía sobre un pequeño montículo de tierra.

Erguido.

Orgulloso.

Como si acabara de ganar la batalla más importante de su vida.

Tomás dejó escapar una risa cansada.

—Creo que tu gallo está celebrando.

Emma sonrió por primera vez en varios días.

Una sonrisa pequeña.

Pero completamente sincera.

—Él sabe que ganó.

Tomás todavía no podía imaginarlo.

Pero aquella pequeña sonrisa era el comienzo de algo mucho más grande.

Porque, poco a poco, entre travesuras, animales, caos y recuerdos, Emma empezaría a reencontrarse con la alegría.

Aunque, antes de que eso sucediera...

Tendría que llegar la tercera niñera.

Y Pelé...

Pelé aún guardaba muchas ideas bajo sus plumas.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play