Unas vacaciones de libertad era todo lo que Maya buscaba para escapar de una rutina asfixiante y de un novio que no la valoraba. Lo que nunca imaginó fue cruzarse con él: un hombre misterioso, de cabello oscuro y una mirada color miel tan magnética como peligrosa. Entre ellos, la atracción no fue normal; fue una obsesión instantánea. Fueron días y noches de una pasión ardiente, salvaje y sin reglas, bajo una única condición: no decirse sus nombres para que el sueño fuera eterno.
Pero los sueños terminan. Él desapareció primero, dejándola con el corazón acelerado y una realidad demoledora al regresar a casa. Tras enterarse de que estaba embarazada, su novio la abandonó de la peor manera, dejándola sola y señalada. Si no hubiera sido por el amor incondicional de su abuelo Walter, Maya no habría sabido cómo salir adelante.
Tres años después, el Destino los volvió a unir
NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 14: El reflejo de los ojos miel
El imponente vestíbulo de la empresa pareció congelarse bajo el peso de una atmósfera densa y asfixiante. Demian, cuya presencia solía intimidar a comités enteros de negocios, avanzó un paso hacia la carriola con una lentitud calculada, casi felina. Sus ojos fijos en la pequeña criatura destilaban una sospecha profunda, un presentimiento oscuro que le retorcía las entrañas de una manera que su mente lógica no alcanzaba a procesar. No había rastro del CEO implacable; en su lugar, un hombre desconcertado intentaba descifrar el rompecabezas que el destino le acababa de arrojar a los pies.
Al escuchar los pasos firmes que se aproximaban, la pequeña Cielo dejó de sacudir sus bracitos y levantó la carita con la curiosidad innata de sus dos años.
Fue en ese preciso instante cuando el universo de Demian se detuvo por completo.
La niña lo miró de frente, sin una pizca de miedo. Y ahí, bajo la luz clara de los ventanales del lobby, relucieron unos enormes, brillantes y feroces ojos color miel. Eran idénticos a los suyos. Tenían la misma fijeza, el mismo matiz dorado en el centro y esa mirada demandante que él veía cada mañana al reflejarse en el espejo. El impacto fue tan violento que Demian sintió un sordo dolor en el pecho; la respiración se le atoró en la garganta y dio un imperceptible paso atrás, como si el parecido físico de esa niña fuera un golpe directo al corazón. Su mente de treinta y tres años, siempre fría y calculadora, quedó en un blanco absoluto. Aquello no era una coincidencia. No podía serlo.
Al ver la devastación en el rostro de Demian y la forma en que devoraba con la mirada las facciones de su hija, un ataque de pánico puro y visceral se apoderó de Maya. El terror de que un hombre con tanto dinero, poder e influencias internacionales descubriera la verdad y utilizara sus recursos para arrebatarle a su pequeña Cielo la hizo reaccionar.
Con el instinto de una leona defendiendo a su cría, Maya cortó la distancia y se interpuso físicamente entre Demian y la carriola, bloqueándole por completo la vista de la bebé. Agarró el manubrio del cochecito con dedos rígidos y clavó sus ojos castaños en el rostro pálido del magnate, obligándose a sostenerle la mirada con una valentía desesperada.
—¿Qué estás mirando, Demian? Por favor, mantén la distancia —soltó Maya, con una voz que pretendía ser firme pero que vibraba con el hilo del miedo.
—Esa niña... —consiguió articular Demian, con la voz inusualmente ronca, intentando esquivar el hombro de Maya para volver a ver esos ojos—. Maya, esa niña tiene mis...
—Esa niña es mi hija —lo interrumpió ella de golpe, escupiendo las palabras antes de que él pudiera formular la pregunta que tanto temía—. Y no tiene absolutamente nada que ver contigo. Es hija de Camilo, mi exnovio. Nació poco después de que regresé de mis vacaciones. Supongo que comprenderás ahora por qué nuestra... "fantasía" no podía continuar. Tenía una vida y una familia que reconstruir aquí.
La mentira salió de los labios de Maya con una frialdad matemática, aunque por dentro sentía que el alma se le caía a pedazos.
Al escuchar el nombre de Camilo, el rostro de Demian se transformó por completo. Las facciones se le endurecieron y una oleada de celos destructivos, salvajes y posesivos le inundó el sistema. La sola idea mental de que Maya, su niña, la mujer que lo había vuelto loco de pasión en el Caribe y a quien había buscado sin descanso, hubiera regresado a los brazos de otro hombre de inmediato, entregándole su cuerpo y procreando un hijo con él, le causó una náusea de pura rabia. Los puños se le cerraron a los costados del traje oscuro con tanta fuerza que las costuras parecieron crujir. Quería destruir al tal Camilo. Quería borrar cualquier rastro de ese hombre de la vida de Maya.
Sin embargo, a pesar de la rabia que le nublaba el juicio, algo en su interior se negó a aceptar la mentira.
Demian dio un paso al frente, acorralando a Maya contra la carriola, obligándola a respirar su aliento cargado de furia contenida. Su intuición de hombre dominante y territorial le enviaba señales contradictorias a la cabeza; la lógica de las palabras de Maya chocaba de frente con el salvaje instinto que le gritaba que esa niña llevaba su sangre. Esos ojos miel no eran un capricho de la genética de un tercero. Eran suyos.
—¿De tu exnovio? —repitió Demian, bajando la voz a un susurro peligroso y arrastrado, con una fijeza letal en sus pupilas—. Me estás mintiendo, Maya. Lo veo en el temblor de tus manos y en la forma en que intentas esconderla de mí. Puedes decirme los nombres que quieras para intentar alejarme, pero esa niña me miró... y yo sé lo que vi.
—Piensa lo que quieras, señor Demian —sentenció Maya, sacando una fuerza que no sabía que poseía y empujando la carriola hacia adelante, obligándolo a hacerse a un lado—. Mi vida privada no está en el contrato de esta empresa. Buenas tardes.
Maya pasó por su lado a paso rápido, guiando a la niñera hacia la salida principal del edificio. Demian se quedó de pie en medio de la recepción, con el pecho subiendo y bajando con violencia, mirando cómo la silueta de la mujer que lo obsesionaba desaparecía tras las puertas de cristal junto a la pequeña Cielo. Los celos lo quemaban por dentro, pero la duda ya estaba sembrada en su mente, y Demian no era un hombre que se quedara con las dudas por mucho tiempo.