Selena era una joven de 19 años que convivía con sus padres y sus dos hermanos: Celia, una adolescente de 15 años, y Samuel, un joven de 23 años que se encontraba viviendo en el extranjero con su esposa. Su padre, Santiago, había casado a Samuel a la edad de 20 años, y ahora estaba decidido a encontrar una pareja para Selena. La persona elegida para contraer matrimonio con ella era Carlos Fernández, un joven proveniente de una familia adinerada.
Santiago no tenía dificultades económicas, ya que disponía de una buena situación financiera, pero su objetivo era asegurarse de que sus hijos formaran parte de familias acomodadas a través de sus matrimonios. Esta insistencia por parte de Santiago en unir a sus hijos con personas de buenas posiciones económicas reflejaba su deseo de mantener un estatus social elevado, lo cual se había convertido en una prioridad para él, independientemente de lo que sus hijos pudieran desear. De esta manera, estaba decidido a casar a Selena, sin considerar s
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capítulo 22
Selena se disponía a salir de la habitación, pero Fernando la detuvo preguntándole: ¿Por qué sigues en esta habitación?.
Selena le respondió: Pensé que no había ningún problema, ya que tú dijiste que no volverías a casa en varios días. Por eso decidí quedarme aquí. Pero si te molesta, podría cambiarme a la otra habitación en este mismo instante.
Fernando, sin embargo, le contestó con otra mentira: No, no hay necesidad. Deja todo como está. Mis padres vienen mañana y solo estarán aquí por dos días. Después de eso, yo me iré con Yuly y tendrás la casa solo para ti, así que no hay problema.
Selena suspiró y dijo: Está bien.
Finalmente, Fernando agregó: Ah, y otra cosa, debes ir a la empresa.
Selena se dio la vuelta y le preguntó a Fernando por qué. Fernando le respondió que tenía que renunciar a su trabajo, ya que su padre quería que ella estuviera al instante en la empresa, y que ahora que venía su familia, debía asistir.
Selena replicó que solo estaría allí por dos días, así que podría solicitar permiso para ausentarse y así podría acompañarlo y ayudarlo en cualquier cosa. Después, cuando ellos se fueran, podría regresar a su puesto de trabajo.
Fernando, con tono de seriedad, le dijo que no creía que le concedieran permiso cada vez que sus padres vinieran de visita. Selena reflexionó sobre lo que él había dicho y se dio cuenta de que tenía razón, así que decidió que hablaría con su jefa el lunes para ver qué podía hacer.
Fernando aprobó su decisión y le dijo que le parecía bien. Sin embargo, cuando Selena salió, lo hizo con un semblante triste, consciente de las complicaciones que su situación laboral podría acarrear.
Eran casi las seis de la tarde y Fernando aún no había salido de casa. Selena, sintiéndose un poco sorprendida por esta situación, decidió que sería un buen momento para salir a caminar. Antes de hacerlo, subió a su habitación para buscar su bolso y ponerse unos zapatos cómodos.
Al entrar en la habitación, encontró a Fernando acostado en la cama, absorto en su celular. Mientras él seguía mirando la pantalla, Selena se agachó para tomar su bolso y sus zapatos. Al notar lo que había agarrado, Fernando levantó la vista y, con curiosidad, le preguntó:
—¿Vas a salir?
Selena, sintiendo que necesitaba un poco de aire fresco, respondió:
—Sí, voy a dar una vuelta. Estoy agotada de estar encerrada tanto tiempo.
Fernando, con un tono sarcástico, comentó:
—¿Vas a ver a tu novio?
Selena, algo sorprendida por el comentario, aclaró:
—No, está ocupado.
Fernando, manteniendo su tono irónico, le dijo:
—Bueno, parece que no puedes verle la cara por lo que pasó anoche.
Selena, con una expresión de tristeza en el rostro, miró a Fernando y le dijo: Por eso no has salido de casa, Fernando, porque no puedes enfrentar a tu novia, Yuly, debido a lo que sucedió anoche. Lo siento, no quise dejarte así. Con estas palabras, salió rápidamente de la habitación, dejando a Fernando sorprendido por su reacción.
Fernando, atónito ante lo que acababa de escuchar, no pudo evitar reírse y decidió seguirla. Desde la parte superior de las escaleras, la llamó con voz alta: ¡Selena!
Selena se detuvo al escuchar su voz, se giró y lo vio bajar las escaleras. Entonces dijo.
Fernando dijo, Entonces, voy a caminar contigo. Así podremos pensar en cómo enfrentar a Jose y a Yuly ahora.
Al escuchar esto Selena quedó parada, Fernando sonrió y respondió: ¡Vamos, caminemos!
Selena salió de casa con paso decidido, y Fernando la seguía de cerca. Sin poder contenerse, ella lo miró y le preguntó con cierta indignación: ¿Por qué haces esto?. Fernando respondió con calma: Solo quiero saber cómo harás para mirarle a tu novio a la cara después de lo que pasó anoche.
Mientras Selena continuaba su camino, manteniendo una distancia entre ellos, Fernando no se separaba de su lado. Con un tono firme, ella le dijo: Vuelve a casa, Fernando. No quiero que estés a mi lado. Él, algo confundido, replicó: ¿Por qué?.
Selena se detuvo en seco y lo miró, frustrada. ¿Qué sentido tiene esto? Simplemente olvida lo que ocurrió, le pidió. Fernando, sin embargo, esbozó una sonrisa y le contestó: Quien realmente necesita olvidar esa noche eres tú. Yo no tengo ningún recuerdo de eso, solo quiero observar tu reacción cuando te encuentres con tu novio.
¡Eres malo, Fernando!, exclamó Selena con una mezcla de reproche y diversión. Fernando, en respuesta, simplemente sonrió, sin tomar en serio el comentario. Selena continuó su camino con paso firme, mientras él la seguía a su lado. Caminaron durante un buen rato, y poco a poco Fernando fue sintiendo la fatiga acumularse. Después de un momento, Fernando se detuvo y, mirando hacia atrás, le dijo: Espera, hemos estado caminando bastante. Vamos a tomarnos algo.
Selena le sonrió, con un guiño de complicidad, y añadió: Ya estás cansado, así que está bien, vamos.
Ambos se dirigieron hacia una bodega que tenían a la vista, donde pidieron una bebida para refrescarse. Selena se sentó en un banco cercano y Fernando, sintiendo el peso del cansancio, la siguió, dejándose caer en el asiento junto a ella.
De repente, el teléfono de Selena sonó, rompiendo el momento de tranquilidad. Era su hermana, que llamaba entre sollozos. Selena, al reconocer la voz de su hermanita, respondió con cariño: Hola, mi hermanita linda.
Desde el otro lado de la línea, Celia, aún llorando, le dijo: Hermana...
Selena miró a su hermana preocupada y le preguntó: ¿Por qué estás llorando?.
Celia, con lágrimas en los ojos, le respondió: Hermana, mamá tuvo un accidente y está muy mal en la clínica. Ella quiere verte a ti y a nuestro hermano.
Al escuchar esto, Selena se sintió como si el tiempo se detuviera. Con voz temblorosa, preguntó: ¿Cuándo ocurrió esto?.
Celia bajó la mirada y respondió: Fue la semana pasada.
Selena, claramente confundida y angustiada, exclamó: ¿Qué? ¿Por qué no me avisaron antes?.
Celia suspiró, sintiéndose atrapada entre el dolor y la preocupación: Papá no quiso decirte nada. apenas te habías ido unos días antes y no quería molestarte, pero la verdad es que mamá no está mejorando.
De repente, Selena sintió cómo las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos y, llena de desesperación, dijo entre sollozos: ¡Iré inmediatamente para allá! Hermana, mantén la calma.
Celia, un poco más tranquila, le advirtió: Hermana, papá no sabe que te avisé. Por favor, no digas nada al respecto.