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El Arte De La Ausencia

El Arte De La Ausencia

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Venganza / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

El arte de la ausencia es la historia de Valentina, una arquitecta que descubre que su esposo y su hermana planean declararla loca para robarle su herencia. En lugar de derrumbarse, decide observar, reunir pruebas y construir una venganza silenciosa. Desde el engaño y la traición más profunda, Valentina se reinventa en una isla remota, transformando el dolor en libertad y su talento en un refugio para otras mujeres.

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CAPÍTULO 4: LA HERMANA PERFECTA

Camila llegó al día siguiente con una cesta de mimbre y una sonrisa de dentista. La cesta contenía frutas, una botella de vino tinto y un pastel de chocolate que ella misma había horneado, según dijo. Valentina sabía que no era cierto. Camila no había horneado un pastel en su vida, ni siquiera para su propio cumpleaños. La cesta venía de la pastelería francesa de la esquina, y el vino era el mismo que Nicolás guardaba en la bodega para las visitas importantes.

—Hermana —dijo Camila al entrar, con los brazos abiertos y la voz untada de miel—. Te he echado tanto de menos.

Se abrazaron en la entrada de la casa. Valentina sintió el perfume de Camila, ese floral intenso que usaba para ocultar el olor a tabaco. Sintió también la presión de sus brazos, un poco más fuerte de lo necesario, como si quisiera asegurarse de que ella seguía allí, atrapada en el abrazo.

—Pasa —dijo Valentina, y su voz sonó cansada, deliberadamente cansada.

Camila entró con paso ligero y se instaló en la cocina como si fuera su casa. Abrió la nevera, sacó una botella de agua, sirvió dos vasos sin preguntar. La familiaridad de sus gestos dolía más que cualquier traición. Habían crecido juntas. Habían compartido cuarto, secretos, la muerte de su madre. Y ahora Camila estaba allí para ayudarle a su marido a encerrarla en una clínica.

—Nicolás me dijo que no te sientes bien —dijo Camila, apoyando los codos sobre la isla de la cocina—. Que has estado rara.

Valentina se sentó frente a ella y tomó el vaso de agua sin beber. Giraba el líquido con movimientos circulares, observando cómo las burbujas subían a la superficie.

—Estoy cansada —dijo—. Pero no es nada.

—No me mientas, Vally. Soy tu hermana.

El apodo la golpeó como un puñetazo. Vally. Así la llamaba su madre cuando estaban solas. Así la llamaba Camila cuando quería algo de ella, cuando necesitaba dinero, cuando necesitaba un favor. Nunca la llamaba Vally por cariño. Siempre por interés.

—Es verdad —insistió Camila—. Estoy preocupada por ti. Por eso he venido. Nicolás me dijo que el doctor cree que necesitas... ayuda.

La palabra "ayuda" flotó en el aire como una pluma envenenada.

—¿Qué tipo de ayuda? —preguntó Valentina, y levantó la mirada para encontrarse con los ojos de su hermana.

Camila sostuvo su mirada. No parpadeó. Era una mujer entrenada en la mentira, habituada a decir una cosa y pensar otra.

—Tal vez necesites descansar un tiempo —dijo Camila, y su tono era tan suave que casi parecía compasivo—. Un lugar tranquilo donde puedas recuperarte. Donde te cuiden.

—¿Como una clínica?

Camila se tomó un momento antes de responder. Ese momento lo dijo todo.

—Quizás —respondió—. Pero solo si tú quieres, claro. Solo si crees que te haría bien.

Valentina asintió lentamente. Fingió considerar la propuesta, fingió que le dolía aceptarla. Pero su mente trabajaba a toda velocidad, registrando cada palabra, cada gesto, cada pausa. Camila estaba siguiendo el guion al pie de la letra. La cesta, el vino, el pastel, la conversación sobre clínicas. Todo estaba diseñado para hacerla sentir que la idea venía de ella misma.

—No sé —dijo Valentina—. Me da miedo.

Camila se levantó de la silla y rodeó la isla para sentarse a su lado. Tomó su mano, la apretó con fuerza, y sus ojos se llenaron de una ternura que habría sido conmovedora si no fuera tan falsa.

—No tengas miedo —dijo—. Estaré contigo. Siempre. No te dejaré sola.

Valentina sintió el calor de los dedos de su hermana contra los suyos. Recordó cuando eran niñas y Camila le tenía miedo a la oscuridad, y ella se sentaba en el borde de su cama hasta que se dormía. Recordó cuando su madre murió y Camila lloró durante tres días seguidos, y ella la sostuvo sin soltarla. Recordó todos los momentos en que fue su hermana mayor, su protectora, su refugio. Y entendió, con una claridad que le quemaba el pecho, que Camila no recordaba ninguno de ellos. O si los recordaba, no le importaban.

—Está bien —dijo Valentina—. Hablaré con Nicolás.

Camila sonrió. Era la sonrisa del triunfo, aunque ella creía estar disimulándola. Su mano se relajó sobre la de Valentina, y su respiración se hizo más ligera. Había cumplido su misión. Ahora solo quedaba esperar.

—¿Quieres que te lleve a cenar? —ofreció Camila—. Hay un restaurante nuevo cerca de tu estudio. Podemos ir las dos, como antes.

Valentina sabía que no era una cena. Era una trampa. El "episodio público" que Nicolás había mencionado en el correo. Camila la llevaría a un lugar lleno de gente, provocaría una escena, y luego testificaría que su hermana había perdido el control.

—Me encantaría —dijo Valentina—. ¿A qué hora?

—A las nueve. Te recojo.

Camila se levantó, recogió su bolso y se despidió con otro abrazo. Esta vez fue más breve, más ligero. Ya había hecho su trabajo. Ya no necesitaba esforzarse tanto.

Cuando la puerta se cerró tras ella, Valentina se quedó sola en la cocina con la cesta de mimbre, el pastel sin abrir y el vino sin descorchar. Se levantó, abrió la nevera y guardó todo sin mirarlo. Luego subió a su estudio, cerró la puerta con llave y sacó el cuaderno secreto del cajón.

Escribió:

"Paso 3: Camila me llevará a cenar esta noche. Planeará una escena pública. Debo controlarla y grabarla. No caer en su provocación. Convertir su trampa en mi prueba."

Luego guardó el cuaderno y se sentó frente al plano del museo. Pero no dibujó. En lugar de eso, abrió su teléfono y buscó el número que hacía meses no usaba. El número de Mateo, el hacker. El único hombre fuera del círculo de Nicolás que le debía un favor.

Marcó el número. Al otro lado, una voz grave contestó al segundo tono.

—¿Quién habla?

—Soy Valentina —dijo ella, y su voz sonó más firme de lo que esperaba—. Necesito tu ayuda. Y necesito que sea rápido.

Hubo un silencio. Luego, la voz de Mateo respondió:

—¿Cuánto?

—No es dinero —dijo Valentina—. Es un intercambio. Tú me ayudas, y yo diseño la casa que siempre quisiste. Sin preguntas.

Mateo rió al otro lado. Era una risa ronca, como la de alguien que ha visto demasiado para sorprenderse.

—Trato hecho —dijo—. ¿Cuándo empezamos?

—Ahora —respondió Valentina, y colgó.

Esa noche, a las nueve en punto, Camila llegó a la puerta de su casa con el coche brillante y el mismo perfume floral. Valentina la esperaba en la entrada, vestida con un jersey gris y pantalones negros. Sin joyas. Sin maquillaje. La imagen de una mujer cansada, frágil, lista para ser manipulada.

Camila la miró y sonrió.

—Vamos, hermana —dijo—. Esta noche será especial.

Valentina subió al coche. Mientras Camila conducía hacia el restaurante, mientras hablaba sin parar de tonterías, Valentina metió la mano en el bolsillo de su jersey y tocó el borde metálico de su reloj inteligente. La grabación ya estaba en marcha. Y con ella, la primera pieza del caso contra su hermana perfecta.

—Sí —dijo Valentina, y su voz era un susurro que Camila no alcanzó a escuchar—. Será especial.

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Maria Elena Ortega
no es inseminación ❓🤭☺️🤣
Maria Elena Ortega
ella dice es su relato q por primera vez ella soño con el mar, pero en capítulo anteriores ella ya había soñado con el mar , ella se iba ese otro día para la isla y han pasado 3 días , incoherencias 🤭
Geraldina Zaldivar
Me tiene en suspenso, pero ya días no leía una historia tan buena.
Gabriela Arron
y que eran adivinas q llegaron a la isla las mujeres??🤭
Gabriela Arron
no sé iba a la esla al otro día?? y paso 3 días cuando el volvió....
Gabriela Arron
y porque él no ha hecho nada después que ella lo amenazó q sabía todo....
Gabriela Arron
cómo q el hijo no era de Nicolás? había sido por inseminación entonces...
Gabriela Arron
y que pasó en la cena?? si iba para allá...
Aracelis León García
buena la historia sin ta nto drama no fastidiosa
Aracelis León García
ajá el hijo no era de él la drogó y le metió un hombre en la cama o inciminación artificial
Aracelis León García
jamás desempacar a alguien estando sola o solo porque te pueden matar
Gabriela Arron: pensé q era otro el plan ... no exponerlo así!!
total 1 replies
Gabriela Arron
porque no reviso el cajón cuando el no estaba....
Maris Benitez
Interesante comienzo 👏👏👏
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