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Perdona, yo no mendigo amor

Perdona, yo no mendigo amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Fantasía / Mujer despreciada / Viaje a un juego / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: 𝕯𝖍𝖆𝖓𝖆𝖆𝟕𝟐𝟒

Belvina Laurent lo tenía todo: belleza, un apellido poderoso y un esposo que cualquiera envidiaría. Pero Alden Virel, el CEO más frío de la ciudad, jamás la vio como algo más que un contrato. Ella suplicaba su atención. Él la ignoraba. Y entre ambos, una mujer llamada Seraphina sonreía desde las sombras.

Hasta que un día, Belvina dejó de perseguirlo.

Sin lágrimas, sin escenas, sin súplicas. La mujer que despertó esa mañana ya no era la misma. Su mirada era distinta. Su voz, afilada. Y la frase que le dedicó a Alden le heló la sangre:

"No mendigo amor."

Ahora es él quien no puede dejar de observarla. Quien busca excusas para estar cerca. Quien siente que algo se le escapa entre los dedos cada vez que ella le da la espalda.

Pero Belvina ya tomó una decisión: no va a humillarse por nadie. Ni siquiera por el hombre que, sin saberlo, está empezando a amarla de verdad.

Mientras tanto, Seraphina no piensa rendirse. La mujer que se esconde detrás de una sonrisa perfecta guarda secretos que podrían destruir a toda la familia Astera. Y está dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias.

En esta guerra entre orgullo, obsesión y deseo, solo hay una regla: el amor no se mendiga.

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14. No mendigo amor

—¿Divorcio? —Alden repitió, casi sin voz.

Sus labios se curvaron apenas, pero los dedos se endurecieron a un costado de su cuerpo.

—¿Crees que puedes sobrevivir allá afuera sin mí?

—Por supuesto que sí —respondió Belvina sin vacilar.

Su tono era firme, sin necesidad de elevarlo. Y justamente por eso se sentía más rotundo.

—Estoy acostumbrada a valerme sola. Antes, ahora... no hay mucha diferencia.

Irguió el cuerpo.

—Con lo que soy capaz de hacer ahora, estoy segura de que puedo mantenerme sola.

La mirada de Alden se afinó levemente.

—¿Tan segura estás? —Su voz descendió—. Todo este tiempo has vivido de tus padres... y después de mí.

Belvina alzó la barbilla apenas.

—Puedo.

Tomó aire despacio y continuó con más calma.

—No quiero vivir atada a algo que me aprisiona. Y menos con alguien que solo me tiene como... una formalidad.

La frase se cortó un instante.

—Prefiero estar sola que con un hombre que nunca me dio un lugar de verdad.

Alden repitió despacio, casi deletreando.

—Formalidad...

El tono era plano, pero algo empezaba a desplazarse en su interior.

—¿Entonces por eso los contrataste a ellos?

Dio un paso más cerca.

—¿Para demostrar que puedes vivir sin restricciones? ¿O...

La comisura de sus labios se elevó un poco.

—...para exigir algo que nunca recibiste de mí?

Belvina se mantuvo en su sitio. Su expresión apenas cambió.

—Si quisiera algo, no lo buscaría de ti.

—¿Ah, sí?

Alden se quitó el saco sin más. Los botones de la camisa se abrieron uno a uno; sus movimientos eran calmados... demasiado calmados para una situación como esta.

—¿Qué estás haciendo? —Belvina retrocedió un paso. Por reflejo.

Alden no respondió de inmediato. Se acercó.

—Darte lo que te corresponde —su voz descendió, grave—. Para que no sientas que solo eres una esposa en el papel.

El tono era bajo, se sentía más como presión que como seducción.

Belvina se quedó callada una fracción de segundo. La línea de esos hombros. Los brazos bien formados. El pecho que se iba revelando con cada botón que se abría.

Reflejo.

Pero fue solo eso. Su conciencia la jaló de vuelta al instante.

No seas idiota.

Recordaba con claridad cómo Alden había tratado a la Belvina original todo ese tiempo.

Frío. Distante. Como si ella nunca hubiera existido realmente.

Belvina desvió la mirada. Tomó un respiro corto.

—No necesito eso.

Retrocedió otro paso, pero su espalda tocó el borde del escritorio. No había más espacio.

Alden se detuvo justo delante de ella.

—Hace un rato, allá —continuó con voz baja—, parecías muy curiosa. Ahora aquí estoy.

La distancia entre ellos era excesiva. Excesivamente corta.

Belvina tomó aire despacio y lo soltó. No era miedo; era más bien... que no estaba preparada para este giro.

—No estoy jugando —dijo, intentando mantener el tono neutro.

Una línea tenue se dibujó en los labios de Alden.

—Yo tampoco.

—Entonces... —El rostro de Belvina se vació de expresión. Pero su mano apretaba el borde de su propia ropa—. Aléjate de mí. Yo... no te deseo.

Alden bajó levemente el rostro.

—¿Ya olvidaste? —Su voz era baja, más pesada que de costumbre—. ¿Quién venía una y otra vez a mi cuarto... sin que nadie se lo pidiera?

La frase no fue fuerte. Pero bastó para ejercer presión.

La comisura de los labios de Belvina se curvó levemente. Sin ofensa.

—Eso fue antes —respondió con ligereza. Breve, pero trazando una línea clara de separación.

Alden frunció el ceño apenas.

Belvina alzó la barbilla.

—¿Creías que iba a seguir así para siempre? —prosiguió—. Esperando. Persiguiendo. Mendigando tu atención.

Su tono se mantuvo sereno. Pero cada palabra iba... dirigida.

—No se trata de eso —interrumpió Alden.

—Justamente se trata de eso —replicó Belvina—. No estás enojado porque toqué a otro hombre.

Hizo una pausa breve.

—Estás enojado porque no eras tú quien tenía el control.

Belvina continuó, más bajo:

—Creías que nunca me iría. —La comisura de sus labios se elevó apenas—. Que me quedaría aquí... amándote hasta consumirme.

Alden no la interrumpió. Pero su mandíbula se bloqueó.

—¿Y ahora? —prosiguió Belvina—. Cambié.

Lo miró sin vacilar.

—Eso es lo que te perturba.

Dio un paso corto hacia delante. Esta vez no retrocedía.

—No soy la Belvina de antes.

La frase no fue fuerte. Pero fue tajante.

—No voy a rebajarme solo porque eres guapo. O porque lo tienes todo.

Se detuvo. Y añadió, despacio pero claro:

—No mendigo amor.

Belvina se desplazó un poco, abriendo distancia.

—Así que... vete.

Su tono era ligero. Casi despreocupado.

—No voy a entregarme a alguien que nunca me ha deseado de verdad.

Alden no se movió. No porque estuviera sorprendido, sino porque... algo que no reconocía se agitaba dentro de él.

Soltó una risa sin sonido. Breve. Sin humor.

—¿No mendigas? —repitió.

Su cabeza se inclinó un poco, como reevaluando a la mujer frente a él.

—Interesante.

Dio un paso adelante. No para presionar, pero sí para borrar la distancia que ella acababa de crear.

—Pero te equivocas en una cosa, Belvina. —Su voz era más baja ahora—. No soy yo el que perdió el control.

Su dedo se elevó ligeramente. No tocó; solo quedó suspendido en el aire entre ambos.

—Tú eres la que empezó a jugar con algo que no entiende.

Su tono se mantuvo sereno. Pero esta vez... había una advertencia dentro.

—Y si crees que esto se trata solo de quién persigue a quién... —hizo una pausa. Sus labios sonrieron, pero sus ojos permanecieron inexpresivos.

—Te vas a decepcionar.

Retrocedió un paso, concediendo espacio. Pero no era una rendición.

—¿Divorcio? —repitió una vez más, ahora más bajo.

—Inténtalo.

La frase era simple. Pero evidentemente no era un permiso.

Su mano se elevó. No con brusquedad. Pero sí lo suficiente para detener el movimiento de Belvina antes de que pudiera alejarse.

—Si quieres salir de este matrimonio —continuó—, primero asegúrate de saber... qué es lo que dejas atrás.

La frase cayó despacio. Pero pesada.

Belvina no retrocedió. Sin embargo, algo cambió en su mirada. No era vacilación; era más bien... la conciencia de que este juego había entrado a otro nivel.

—¿Una amenaza? —dijo con calma.

Alden negó apenas.

—Una oferta.

Algo se tensó entre ellos, a punto de quebrarse en cualquier momento.

Belvina alzó la barbilla un poco.

—Si esa es tu forma de retener a alguien —dijo con frialdad—, te equivocas de persona.

La mirada de Alden no cambió. Pero algo en su interior... se desplazó.

—Belvina —su voz era más baja ahora.

No era una advertencia. Tampoco una orden. Era más bien... algo que empezaba a escapar de su propio control.

Y eso, por primera vez, resultaba más peligroso que cualquier cosa que hubiera hecho antes.

—¿Qué? —Belvina alzó la barbilla aún más—. ¿Crees que no me atrevo a divorciarme de ti?

Y por primera vez,

Alden no tuvo una respuesta inmediata.

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