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Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Status: Terminada
Genre:CEO / Diferencia de edad / Casada con el millonario / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:299.4k
Nilai: 4.5
nombre de autor: Vivi

Camila Sandoval lo dio todo por su matrimonio, hasta que encontró a Mauricio con Valeria Beltrán en su propia cama. Él esperaba lágrimas y otra oportunidad. Camila le entregó los papeles del divorcio, reclamó lo que le correspondía y se marchó sin mirar atrás.
Poco después, Gabriel Beltrán, el padre de Valeria, apareció para disculparse. Era mayor que Camila, poderoso y peligrosamente atento. Lo que comenzó como una disculpa pronto se convirtió en una atracción imposible de ocultar.
Su relación desató un escándalo. Si Camila se casaba con Gabriel, la amante de su ex se convertiría en su hijastra y el hombre que la traicionó terminaría siendo su yerno.
Pero Gabriel ocultaba algo más inquietante: no se había enamorado de Camila después del divorcio. Llevaba años observándola y esperando que fuera libre.
Camila creyó que lo había elegido. Tal vez Gabriel la había elegido mucho antes.

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Capítulo 20

Capítulo 20

Valeria encogió los hombros ante el grito de su padre.

Su mirada comenzó a esquivarlo.

—Mi dinero también será de Mauricio. Estamos a punto de casarnos. ¿Para qué separar tanto las cosas?

—Entonces…

Gabriel avanzó despacio hasta quedar frente a Mauricio. Lo observó desde arriba, con una frialdad que le hizo bajar la cabeza.

—¿Pretendes que Valeria pague toda la boda? ¿Tú no aportarás un solo peso?

Una gota de sudor descendió por la mejilla de Mauricio.

Abrió la boca.

—Señor Beltrán, no es eso. Valeria fue quien quiso…

—¡La pagaremos entre los dos! —interrumpió ella, recuperando un poco de valor—. Papá, no tienes por qué preocuparte. Mi Mau me trata muy bien. Podría pagar una boda o diez. Nuestro dinero estará junto. No importa de qué cuenta salga.

Las manos de Mauricio temblaron a los costados.

—Señor Beltrán, durante el divorcio le entregué a Camila la mayor parte de mis bienes…

Gabriel lo interrumpió.

—Lo poco que conservaste no alcanzaría ni para comprar un baño en Residencial Los Encinos. ¿Y aun así pretendes instalarte en ese departamento?

—¡Papá!

Valeria corrió a colocarse delante de Mauricio. Tenía los ojos enrojecidos.

—¿Por qué lo acorralas de esta manera? Él es muy capaz. Yo fui quien quiso esa propiedad. Camila lo menosprecia y yo solo quise demostrarle que se equivoca. ¿Por qué no puedes comprenderlo?

—Porque cuando yo no tenía nada y pasé años difíciles…

Gabriel se volvió, dándole la espalda. Su voz fue baja y tranquila.

—Nunca viví del dinero de una mujer.

Valeria palideció.

Movió los labios varias veces, pero no logró responder.

Mauricio sintió que caía en un pozo helado. Los ojos de Gabriel parecían dos cuchillas capaces de atravesarlo hasta el hueso.

—¿Por qué se quedaron callados? —preguntó Gabriel—. Hace un momento tenían mucho que decir.

—Nosotros… —Valeria tragó saliva—. Solo queríamos que Camila dejara de mirarnos por encima del hombro. Por eso pensamos que podíamos… contar contigo.

—Contar conmigo —completó Gabriel—. Con el dinero de tu padre.

Se volvió hacia ella.

—Quieres un departamento, yo lo pago. Quieres una boda, yo la pago. Cuando nazca el bebé, también esperarás que yo pague todo. Mauricio no tendrá que hacer nada. Le bastará con decirte palabras bonitas para vivir del esfuerzo de los Beltrán. ¿A eso le llamas amor verdadero?

Valeria se mordió los labios con obstinación.

—Mi Mau no es así.

—Señor Beltrán, yo…

La voz de Mauricio temblaba.

—Sé que cometí errores, pero lo que siento por Valeria es sincero.

—¿Sincero?

Gabriel volvió a cortarlo.

—¿Cuánto vale tu sinceridad? ¿Treinta millones de pesos? ¿O los quinientos mil que no querías pagarle a tu exesposa?

Las lágrimas de Valeria desbordaron por fin.

—¡Papá, ya basta! ¡Llevo a tu nieto en el vientre! ¿Así vas a tratarme? ¿Quieres que mi hijo nazca sin una familia completa?

—¿Yo soy quien se está excediendo?

La mirada de Gabriel se volvió completamente fría.

—Fuiste a perjudicar a Camila a mis espaldas y usaste el apellido Beltrán para cerrarle puertas de trabajo. ¿Creíste que no me enteraría?

Las pupilas de Valeria se contrajeron.

—¿Daniela Nava te lo contó?

La rabia la hizo temblar. Tenía que haber sido Daniela.

—Daniela no tiene nada que ver. Escúchame bien, Valeria Beltrán. Si vuelves a usar tu posición como mi hija para presionar a alguien, actuaré como si no tuviera hija.

Gabriel apuntó hacia ella con un dedo.

—¿Vas a desconocerme por una extraña? Perfecto. Entonces yo también puedo vivir como si no tuviera padre.

Valeria asintió con furia.

Gabriel la miró con incredulidad.

La había criado con sus propias manos. La cuidó desde niña y le entregó todo.

Ahora, por un hombre, ella no dejaba de pedir propiedades y era capaz de decir que ya no lo reconocía como padre.

—¿Qué acabas de decir?

—Que prefieres defender a una extraña y humillar a tu propia hija. ¡Así que ya no eres mi padre!

Valeria terminó la frase a gritos y rompió en llanto.

Mauricio corrió a abrazarla.

—No hables así. Estás alterada.

Valeria hundió el rostro en su cuello.

—Mi papá ya no me quiere. Ya no me quiere.

Gabriel regresó detrás del escritorio y se sentó. Su voz recuperó la calma.

—No te entregaré el departamento de Residencial Los Encinos. Si quieren casarse, no se los impediré. Como máximo, puedo darte el departamento de dos recámaras que tengo al oriente de la ciudad. Vale ocho millones de pesos y quedará únicamente a tu nombre.

Miró a Mauricio.

—Firmarán capitulaciones matrimoniales con separación absoluta de bienes. Mauricio no tocará ninguna propiedad, inversión ni cuenta que esté a tu nombre. Yo pagaré la boda, pero el presupuesto no superará un millón quinientos mil pesos.

—¿Solo ocho millones?

Valeria no podía creer lo que oía.

—Papá, ¿crees que soy una limosnera?

—Si no te satisface, puedes conseguir algo por tu cuenta.

Gabriel abrió un expediente sin levantar la vista.

—O pedirlo a la familia de tu prometido. Si ustedes se aman tanto, imagino que los Zamora aportarán por lo menos lo mismo que tú.

Su mirada fría pasó sobre Mauricio.

Él permaneció de pie con el rostro oscuro.

Desde el principio supo que Gabriel no era fácil de engañar, pero nunca imaginó que el viejo zorro llegaría tan lejos.

¿Un departamento de dos recámaras al oriente de la ciudad?

¿Ocho millones?

La única hija de los Beltrán se casaría con una cantidad que ni siquiera se acercaba a lo que él esperaba recibir.

Primero tenía que casarse; ya mostraría su enojo después.

Después se convertiría en el yerno de Gabriel. Algún día, toda la fortuna terminaría en manos de Valeria. Ella era ingenua y confiaba por completo en él. Le bastaría con convencerla poco a poco para administrar todo.

Un matrimonio no debía distinguir entre lo tuyo y lo mío.

Sería natural que el esposo manejara los bienes de su mujer.

—Señor Beltrán —dijo con dificultad—, la casa no importa. Valeria y yo podemos vivir donde sea. Si es necesario, rentaremos un departamento. Quiero compartir mi vida con ella, no quedarme con una propiedad.

Gabriel lo observó con una mirada capaz de ver detrás de todas sus palabras.

—Entonces renten. Ya no les daré el departamento de ocho millones. Ustedes buscarán dónde vivir y yo les aportaré veinte mil pesos al mes para la renta.

Mauricio perdió el color.

—¡Papá! —protestó Valeria—. ¿Cómo puedes hacernos esto? Estoy embarazada. ¿Quieres que viva en una casa rentada?

—Mauricio acaba de decir que estaría dispuesto.

Él apretó los dientes.

—Estoy dispuesto.

—¡Mau! ¿Estás loco? ¿Cómo voy a vivir rentando mientras estoy embarazada?

—Ya no digas nada.

Mauricio tomó su mano y bajó mucho la voz.

—Saldremos adelante sin las cosas de tu padre. Yo cuidaré de ti. Algún día entenderá nuestro amor y nos aceptará.

Valeria contempló su expresión.

Una mezcla de tristeza e injusticia le oprimió el pecho.

Se volvió hacia Gabriel y lo miró con odio.

—¿De verdad quieres obligarnos a llegar tan lejos? Está bien. Me iré con Mauricio sin pedirte nada. Toda Ciudad de México se burlará de ti por haber perdido a tu única hija. Entonces vas a arrepentirte.

Gabriel dirigió los ojos hacia Mauricio.

—Llévatela y váyanse.

Presionó el botón rojo del escritorio.

—Daniela, acompaña a las visitas.

—Sí, señor Beltrán.

La voz de Daniela Nava sonó más baja que de costumbre.

Valeria permaneció en su sitio. Quería seguir discutiendo.

Mauricio le sujetó la mano con tanta fuerza que comenzó a dolerle.

—Disculpe la molestia. Nos retiramos.

Gabriel no levantó la cabeza.

—Está bien.

Mauricio arrastró a Valeria hacia la salida.

Ella todavía intentó soltarse.

—Espera. Déjame hablar otra vez con mi papá…

—Ya basta —murmuró él—. Vámonos.

La puerta se cerró de golpe detrás de los dos.

Valeria lloró durante todo el camino desde la oficina hasta el estacionamiento.

—Mi papá es un necio. No entiende nada.

Se sentó en el asiento del copiloto con el maquillaje corrido. Al cerrar la puerta, continuó sollozando.

Mauricio tomó el lugar del conductor.

Una sombra de impaciencia cruzó por sus ojos, pero extendió la mano y le dio unas palmadas suaves en la espalda.

—Ya no estés triste. Tu papá sigue enojado. No discutiremos con él ahora.

—¡No le importo! —gritó ella—. Llevo a su nieto y aun así nos humilla. No quiso darnos una casa decente y no dejó de insultarte.

Mauricio guardó silencio.

Se acomodó y apretó el volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos.

—No voy a olvidar lo que dijo.

Valeria percibió su enojo y logró contener un poco las lágrimas.

—Mau, mi amor, no dejes que te lastime.

—No me refiero a eso. No permitiré que vivas humillada por estar conmigo. Tu padre puede despreciarme, pero voy a demostrarle que se equivoca.

Mauricio hizo una pausa.

—Solo debes pensar con cuidado qué haremos si rompes por completo con él.

—¿Qué quieres decir?

Mauricio reprimió la furia que llevaba dentro.

—Quiero que firmemos primero el acta de matrimonio y hagamos la fiesta después. Una vez casados, podré darte estabilidad a ti y al bebé.

Tomó la mano de Valeria.

—Siempre dices que nuestro amor es verdadero. ¿Qué tiene de malo formalizarlo? Cuando tu padre vea que ya estamos casados, ¿de verdad podrá dejarte para siempre?

Su tono era paciente y persuasivo.

—Rentaremos un lugar hasta que nazca nuestro hijo. Después iremos a verlo con el bebé. Cuando tenga a su nieto en brazos, quizá acepte todo. En cuanto firmemos, ya no necesitaremos la aprobación de nadie.

Las palabras tocaron de lleno la obstinación de Valeria.

Levantó la cabeza.

—Tienes razón. Nos amamos y no necesitamos la aprobación de nadie. No perdamos la cita del Registro Civil.

Un destello apareció en los ojos de Mauricio.

Luego fingió dudar.

—¿Recuerdas que, cuando creíamos que tu padre aprobaría la boda, apartamos una cita para hoy? Ya hicimos el curso prematrimonial y reuní nuestras identificaciones, los comprobantes de domicilio y las constancias del Registro de Deudores Alimentarios Morosos. El expediente está listo. Pero la copia certificada de tu acta de nacimiento sigue en la caja fuerte de tu padre. Sin ella no podremos completar el trámite.

—Yo puedo conseguirlos.

Valeria se mordió los labios.

Conocía cada rincón de la casa donde había crecido.

Gabriel guardaba la documentación familiar en una caja oscura dentro del cajón inferior del escritorio. El código era la fecha de nacimiento de su hija.

—Llévame a la casa. Rápido.

Mauricio arrancó.

El vehículo recorrió las avenidas a toda velocidad y entró en la propiedad de los Beltrán.

Los empleados vieron a Valeria cruzar la puerta con el rostro furioso y no se atrevieron a detenerla.

La encargada de la casa salió a recibirla.

—Señorita Valeria, ¿ya comió? Dígame qué se le antoja y se lo preparo.

—No hace falta, doña Rosa.

Valeria subió directamente.

Entró al estudio de Gabriel con el corazón golpeándole las costillas.

La puerta no estaba cerrada. Cuando él se encontraba en casa, mantenía el estudio bajo llave. En su ausencia, doña Rosa entraba a limpiar y solía dejarlo apenas entornado.

Valeria encontró la caja en el último cajón y marcó su fecha de nacimiento.

La tapa se abrió.

Sacó la copia certificada de su acta de nacimiento y el sobre con los documentos necesarios para el trámite. Le temblaban las manos cuando los escondió dentro del abrigo.

Cerró la caja, regresó el cajón a su lugar y salió.

Todo duró menos de dos minutos.

En cuanto Valeria entró a la casa, el teléfono de Mauricio vibró.

Era Teresa.

—Mamá.

—¿Cómo les fue? ¿Arreglaron todo con los Beltrán? ¿Qué pasó con el departamento de Residencial Los Encinos?

Mauricio le explicó que Gabriel solo ofreció una propiedad de ocho millones y exigía separación de bienes.

Al final añadió con indiferencia:

—No aceptamos. Decidimos casarnos primero. Valeria fue por sus documentos. No habrá fiesta por ahora ni recibiremos otra casa o apoyo económico de su padre.

La carcajada de Teresa explotó al otro lado de la línea.

Se rio hasta quedarse sin aire.

—¡Por algo eres mi hijo! Siempre supe que eras brillante. Gabriel podrá creerse muy listo, pero no puede ganarnos. Casarse primero es perfecto. Sin fiesta, no gastamos. Ni siquiera tendremos que dar regalos de boda y aun así entrarás en esa familia.

Teresa casi chillaba de alegría.

—Cuando ya estén legalmente casados y el embarazo de su hija sea imposible de ocultar, tendrá que aceptarlos. ¡Este negocio nos salió redondo!

Mauricio sonrió sin apartar la mirada de la puerta.

—No te emociones todavía. Gabriel no se quedará de brazos cruzados.

—¿Qué puede hacer? Su hija es la que se entrega voluntariamente. No la obligamos.

A Teresa no le importaba la falta de una casa.

Lo único que veía era que no pagarían un peso para conseguir una nuera rica. Tarde o temprano, la fortuna de los Beltrán caería en manos de su hijo.

—Sabía que lo lograrías. Otros hombres gastan todo lo que tienen para casarse. Tú conquistaste a la heredera de los Beltrán sin pagar nada. Cuando firme, ya será tu esposa. Nosotros decidiremos cómo se hacen las cosas en la familia.

—En cuanto salga, iremos a nuestra cita en el Registro Civil.

Mauricio mantuvo los ojos fijos en la casa.

Una niña rica y mimada era demasiado fácil de manipular.

Bastaban unas cuantas frases para llevarla adonde él quisiera.

—Sí. Háganlo de inmediato —insistió Teresa—. Después de firmar, Gabriel ya no podrá obligarlos a separarse. Valeria está embarazada de su nieto. A ver si se atreve a llevarla a abortar. Ustedes son adultos, se aman y se casarán por voluntad propia. Ni todo el poder de los Beltrán puede impedir que el Registro Civil los una.

—Mamá, después de la boda tendrás que tratarla con paciencia. Está embarazada de nuestro hijo.

Mauricio vio una figura aparecer en la puerta principal y bajó la voz.

—Luego hablamos. Ya viene.

—Claro. Ve por ella. Estaré esperando las buenas noticias.

Teresa apenas podía contener su entusiasmo.

Mauricio guardó el teléfono.

Toda la ambición desapareció de su rostro antes de que Valeria llegara al automóvil. Ella solo encontró a un hombre con el ceño fruncido y la mirada llena de preocupación.

—¿Los conseguiste? —preguntó con ternura.

Valeria se dio unas palmadas sobre el bolsillo.

—Sí. Vamos al Registro Civil. Todavía llegamos a la cita.

Mauricio le acarició el cabello.

—Gracias por confiar tanto en mí, amor. Prometo tratarte bien toda la vida. Te cuidaré y nunca permitiré que vuelvas a sufrir. Te amo de verdad.

A Valeria le ardió la nariz y estuvo a punto de llorar otra vez.

—Yo también te elegí para toda la vida, Mau. Convertirme en tu esposa será lo mejor que me haya pasado.

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Maria Solorzano
Definitivamente, a eso se le llama karma 🤷🙄
Maria Solorzano
Perfeccionista dice 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣 le están es duro a Rebeca por metiche y ni aún con señas entiende 🤦🤷🤣🤣🤣🤣🤣
Miryam Garcia
Mi opinión...
una mente muy débil, es muy fuerte perder un hijo lo digo desde la experiencia, pero ahí muchas formas de salir adelante, tu decides cual tomas, nadie hobliga a nadie a nada, ella eligió el camino fácil, por su orgullo, pensó q siempre sin importar lo q hiciera ni la edad q se tuviera su papá debía estar ahí y no es así ella es adulta, viajo, conoció los 2 lados de la moneda y eligió.... Tu no puedes humillar, pordebajear, y menos preciar a tus padres y esperar q sigan ahí sin chistar y aun así el seguía asando su mensualidad, y no poca... Como no pensar en ese bb y su futuro???? No se no debió terminar así pero fue lo q ella eligió.
Gardenia Omaña
Por esa sencilla razón, Ami me gustan mayores 🥰
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣👏
Hiradia Cohen
La enfermera es Valeria se va a robar los niños
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣👏👏
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣buenísima historia 😂
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣🤣 buenísimo 🤣🤣
👏👏👏👏🤣
Mile
Gritos de emoción 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Lala González
😂😂🤭
Nayarith Ocampo
par de víboras las dos pero una salió más víbora que la otra 🤣🤣🤭
Liliana Bonilla
🤣🤣🤣😂😂😂son geniales juntos
Paula Giaccaglia
quiero imaginar que éste machismo en la historia es muy exagerado!!! que la vergüenza de ser separada, que los padres no van a aceptar, que se va a casar con panza de embarazada, que la vergüenza, y bka bla bla, siglo 19 parece
Laura Schmal
y encima gastó en las cerezas jajajaja
Mile
Vieja babosa🤢
Mile
Vuelvo y lo repito... Definitivamente para pendeja no se estudia 🙄🙄🙄
Rita Coba
muchas felicidades esctidora exelente final dónde uvo de todo amor rencor tristeza pero el amor logro todo🌹❤️👋
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 no sé de dónde sacará tantas ideas chistosas autora, pero me encantan y rio mucho con tu novela 🤣🤣🤣🤣🤣👍 gracias por compartir tu hermoso talento felicidades por eso también 👍❤️
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