Eimy jamás imaginó que una simple conversación por chat cambiaría su vida. Todo comenzó cuando conoció a un hombre que pertenecía al Ejército. Al principio solo eran mensajes, pero con el paso de los días nació una conexión especial que poco a poco se convirtió en amor. Después de muchas conversaciones, Eimy decidió darle una oportunidad a sus sentimientos y aceptar estar con él. Sin embargo, cuando pensaba que por fin había encontrado al hombre indicado, descubrió una verdad que jamás esperaba: él tenía esposa. Ahora Eimy deberá decidir si luchar por ese amor o alejarse antes de terminar con el corazón roto.
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Capítulo 15 — El mensaje de Bianca
Yo sabía que algo estaba mal con mi marido. Desde hacía días lo veía diferente. Leandro llegaba del trabajo, se encerraba con sus pensamientos y, cuando le llegaba un mensaje al teléfono, inmediatamente cambiaba de expresión.
Yo había intentado preguntarle varias veces qué estaba pasando, pero él siempre terminaba diciéndome que estaba cansado o que no quería discutir.
Pero esa tarde algo fue diferente.
Leandro estaba en la casa y recibió un mensaje. Miró el teléfono y luego se levantó para ir al baño. En medio de las prisas dejó el celular desbloqueado sobre la mesa.
Me quedé mirándolo.
Sabía que no debía hacerlo, pero la curiosidad y la desconfianza pudieron más.
Tomé el teléfono y entré a WhatsApp.
Comencé a revisar sus conversaciones hasta que encontré un contacto que me llamó inmediatamente la atención.
Amy ❤️
Sentí un nudo en el estómago.
Abrí la conversación.
Leí varios mensajes.
No necesitaba seguir leyendo para entender que aquella mujer era la razón por la que Leandro estaba tan diferente. Había mensajes cariñosos, conversaciones sobre Santa Marta y palabras que confirmaban que se habían conocido y que habían decidido darse una oportunidad.
Mi rabia aumentó.
—Con que esta era la razón... —murmuré.
Sentí que me temblaban las manos.
No quería seguir leyendo, pero terminé viendo más mensajes. Cuando finalmente cerré la conversación, ya tenía claro lo que iba a hacer.
Copié el número de Amy.
Guardé su contacto y, después de pensarlo unos segundos, abrí WhatsApp desde mi propio teléfono.
Escribí el primer mensaje.
—Eres una puta roba marido 😡. Deja a mi marido tranquilo.
La respuesta de Amy llegó poco después.
—¿Qué? ¿Estás loca o qué? 😒
Fruncí el ceño y respondí inmediatamente.
—Sabes perfectamente de quién hablo: de Leandro 😡.
Amy tardó unos segundos en contestar.
—¿Leandro? ¿Y tú quién eres?
—Soy Bianca, su esposa.
Al otro lado de la conversación, Amy quedó sorprendida.
—¿Su esposa? 😳
—Sí. Su esposa. Así que quiero que te alejes de él.
Amy respondió:
—A ver, mujer, primero bájale a la rabia porque yo no sabía que él tenía esposa.
—¡No te creo!
—Pues créeme, porque si yo hubiera sabido eso, las cosas hubieran sido diferentes.
—¿Entonces me vas a decir que nunca te contó que estaba casado?
—No, no me lo contó.
Bianca apretó los labios frente a la pantalla.
—Pues ahora ya lo sabes.
—Sí, ya lo sé.
—Entonces aléjate de él.
Amy respondió después de unos segundos.
—Mira, Bianca, yo no voy a pelear contigo. Pero tampoco me parece justo que me insultes por algo que yo no sabía.
—¡Usted se metió con mi marido!
—Yo conocí a Leandro en Santa Marta. Él fue quien se acercó a mí. Pero repito: yo no sabía que estaba casado.
—¿Y ahora qué?
—Ahora que sé la verdad, necesito hablar con él.
—No tienes nada que hablar con él.
—Eso lo decidiré yo.
Bianca volvió a escribir rápidamente.
—Te estoy diciendo que lo dejes tranquilo.
—Y yo te estoy diciendo que primero voy a hablar con él. Después tomaré mi decisión.
—¡No te quiero cerca de mi marido!
Amy respiró profundamente antes de responder.
—Entiendo que estés brava, pero no me hables así. Yo también estoy sorprendida con todo esto.
—Pues deberías estarlo.
—Lo estoy.
—Entonces déjalo.
Amy escribió:
—No sé qué te haya contado Leandro sobre nuestra relación, pero yo no voy a seguir discutiendo contigo por chat.
—¡Claro! Ahora te haces la víctima.
—No me estoy haciendo la víctima. Solo estoy diciendo que no sabía que él tenía esposa.
Bianca se quedó mirando el teléfono.
Aquello era precisamente lo que más le dolía: descubrir que Leandro había estado ocultándole algo a las dos.
Finalmente escribió:
—Solo quiero que entiendas una cosa: él es mi marido.
Amy respondió:
—Y ahora yo entiendo eso. Pero quien tiene que darte explicaciones es Leandro, no yo.
Bianca dejó el celular sobre la mesa.
La conversación había terminado, pero su rabia no.
Ahora sabía quién era Amy, sabía que Leandro le había ocultado su matrimonio y, sobre todo, sabía que aquella conversación no iba a quedarse solamente entre ellas.