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Mi Sexy Jefe Es el Padre de Mi Enemiga

Mi Sexy Jefe Es el Padre de Mi Enemiga

Status: En proceso
Genre:CEO / Amor prohibido / Romance de oficina
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

Estaba desesperada. A punto de perder mi carrera por no poder pagar la matrícula, acepté ser la asistente personal del imponente Nicolas Donovan. Él es todo lo que intimida: cuarenta y tres años, poder absoluto y una mirada tan oscura que me desnuda el alma. La tensión entre nosotros es un fuego a punto de estallar cada vez que nos encerramos en su oficina. Pero el infierno se desató cuando vi ese portarretratos en su escritorio. Nicolas es el padre de Vanessa, mi peor enemiga. Entregarme a él significa arriesgarlo todo. ¿Pero... cómo me resisto al hombre que ya logró dominarme?

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 5: EL RETRATO DE LA INFAMIA

Chloe Bennett

El olor a café cargado y a sándalo se había convertido, en menos de una semana, en el aroma de mi nueva rutina. La Torre Donovan me asfixiaba, pero el dinero que ya veía reflejado en mi cuenta me daba el oxígeno suficiente para soportarlo.

Nicolas Donovan era un tirano implacable, un hombre que no pedía las cosas, las exigía con un tono que me hacía temblar las piernas si lo escuchaba por demasiado tiempo. Pero yo era eficiente. Jodidamente eficiente. Estaba dispuesta a ser la sombra perfecta con tal de mantener a flote mi vida.

Era sábado por la tarde. El piso cuarenta y cinco estaba desierto, sumido en un silencio sepulcral que solo se rompía por el zumbido del aire acondicionado. Nicolas me había ordenado organizar los archivos físicos de las auditorías de los últimos tres años, aquellos que, por estricta confidencialidad, no se subían a ninguna nube digital.

—Señorita Bennett, estaré en la sala de juntas del piso inferior resolviendo una crisis con los inversores de Tokio. No quiero interrupciones. Cuando termine con los balances de Rusia, déjelos en mi escritorio —había dicho antes de salir, acomodándose los puños de su traje gris con esa elegancia felina que me hipnotizaba.

Había algo magnético en su frialdela, una tensión que flotaba entre nosotros cada vez que me acortaba la distancia en su oficina. Intentaba ignorarlo, recordar que solo era mi jefe, pero mi cuerpo parecía tener memoria propia de la descarga eléctrica que sentía cada vez que me miraba con esos ojos azules.

Terminé de grapar el último informe ruso a las cinco de la tarde. Con los papeles apretados contra el pecho, caminé hacia la pesada puerta de madera oscura de su despacho presidencial. La empujé suavemente. El espacio estaba a oscuras, solo iluminado por la luz grisácea del cielo nublado de la tarde que entraba por el gigantesco ventanal.

Caminé con paso silencioso sobre la alfombra, disfrutando de la extraña paz de su ausencia. Me acerqué al imponente escritorio de cristal negro y coloqué los informes exactamente en el centro, perfectamente alineados.

Me disponía a dar la vuelta para marcharme cuando mi manga se enganchó ligeramente con la esquina de un archivador de cuero. Al tirar con cuidado para soltarme, arrastré un pequeño objeto que estaba semioculto detrás de la pantalla de su computadora.

El objeto cayó de costado sobre el cristal. Era un portarretratos de plata labrada, colocado de espaldas hacia las visitas, de modo que solo Nicolas pudiera verlo desde su sillón de cuero.

"Vaya, Chloe, no debiste hacer eso" me recriminé en un susurro, sintiendo una punzada de culpa por fisgar en su privacidad.

Estiré la mano para enderezarlo. Mis dedos rozaron el marco de plata fría. Gire el portarretratos para colocarlo en su posición original, y en cuanto mis ojos se posaron en la fotografía digital de alta resolución, el aire se me congeló por completo en la garganta.

El mundo se detuvo. Sentí como si el suelo del piso cuarenta y cinco se abriera bajo mis pies, dejándome caer al vacío.

En la imagen, un Nicolas Donovan un poco más joven sonreía con una rigidez extraña, con un brazo rodeando protectoramente los hombros de una chica rubia. Una chica de sonrisa caprichosa, ojos cargados de maldad y una chaqueta de diseñador.

Vanessa.

Era Vanessa Donovan. La misma que hace días atrás me había destrozado la laptop en el campus. La misma que me había humillado frente a toda la universidad llamándome muerta de hambre. La misma que me odiaba con la fuerza de mil soles porque mis notas perfectas eclipsaban sus millones.

—No... no, no, no... esto no puede ser real —un gemido de puro pánico escapó de mis labios.

El corazón comenzó a golpearme las costillas con una violencia salvaje, sorda, asfixiante. Mis manos empezaron a temblar tanto que el portarretratos resbaló de mis dedos, volviendo a impactar contra el cristal con un golpe seco que resonó como un trueno en la oficina vacía.

Donovan. El apellido. La inmensa fortuna. El orgullo desmedido. Todo encajó en mi cabeza con la fuerza de un choque de trenes. El gran CEO multimillonario, el hombre imponente y pasional que me quitaba el sueño, el diablo al que le había firmado un contrato de confidencialidad inquebrantable... era el padre de mi peor enemiga.

—Dios mío —ahogué un sollozo, llevándome las manos a la boca.

El pánico se transformó en terror puro. Si Vanessa me descubría aquí, si se enteraba de que la "huérfana invisible" estaba manejando la agenda privada de su padre, usaría todo su poder para destruirme. Le diría que yo era una trepadora, inventaría cualquier asquerosidad para que me despidieran y, con la cláusula de penalización de mi contrato, Nicolas me demandaría por millones. Estaría arruinada de por vida. Iría a la cárcel. Perdería mi carrera, mi futuro, todo.

Sentí que las paredes de la oficina se me echaban encima. El aroma a sándalo ya no era embriagador, era el olor de mi propia trampa. Tenía que huir. Tenía que recoger mis cosas y desaparecer de la Torre Donovan antes de que la bestia regresara de su reunión.

Justo cuando di un paso hacia atrás, con los ojos fijos en la foto de Vanessa que parecía burlarse de mí desde el escritorio, el sonido metálico del ascensor privado de la oficina rompió el silencio.

Las puertas se abrieron al fondo del pasillo. Pasos firmes, pesados y decididos comenzaron a acercarse a la entrada del despacho.

Era él. Nicolas había vuelto.

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Agripina Botines
y no hay continuidad de la lecto novela??
Zuleima Chavez
muy buena pero no deberían publicar si está incompleta
Celeste Godoy: Hola, gracias por darle una oportunidada la novela/Drool/ pero, a los escritores nos conviene subir por partes ya que ganamos por la retención de lectores y en lo que va de la publicación de la novela hasta ahora estoy actualizando a un ritmo constante y diario. /Shy//Shy//Shy/
total 1 replies
Agripina Botines
buena trama...pero nos deja esperando más capítulos....
Celeste Godoy: Hoy en la noche se viene /Chuckle/
total 1 replies
Zuleima Chavez
excelente
Celeste Godoy: MUCHAS GRACIAS REINA♥️♥️♥️♥️✨️
total 1 replies
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