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La Elegida Del Capo

La Elegida Del Capo

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Mafia / Mujeriego enamorado
Popularitas:26.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesenia Stefany Bello González

Arianna Falcone creyó que la muerte de Lucio Castelli, capo de la Sagrada Familia, significaría por fin su libertad. Se equivocó.

Con la organización al borde de una guerra interna, su padre pretende utilizarla otra vez y casarla con el hombre que consiga hacerse con el poder.

La única salida es Nino Farina.

Tiene veinte años, una sonrisa fácil y la violencia corriendo por las venas. Para impedir que los antiguos capitanes de Lucio recuperen el control, deberá tomar la Sagrada Familia. Y Arianna puede darle la legitimidad que necesita.

La solución: un matrimonio por contrato.

Seis meses. Habitaciones separadas. Ninguna obligación. Y una cláusula que le permite a Arianna marcharse cuando quiera.

No es amor. Solo una alianza.

Hasta que Arianna descubre junto a Nino todo aquello que nunca sintió con su primer marido: curiosidad, deseo y seguridad.

Porque esta vez no será elegida sin poder decidir.

Esta vez, ella también elegirá.

NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cláusula décimo cuarta

Arianna

—Debo decir, señorita Falcone, que este es el primer contrato que reviso que es tan favorable para mi cliente —dice mientras lee el documento y bebe café—. Hay cosas que podemos mejorar. Algunas cláusulas innecesarias y otras repetitivas, pero, en términos generales, todo está diseñado para protegerla a usted.

—¿Segura? —pregunto mientras me muevo incómoda en el asiento de cuero de Fabiano—. Sé que quizá estoy hablando desde una herida del pasado, pero cada vez que un hombre me involucra en un contrato termina mal.

La mujer deja la taza sobre el escritorio.

Se llama Giulia Rinaldi.

Tiene unos cuarenta años, un traje color crema perfectamente planchado y el tipo de expresión que me hizo confiar en ella desde que entró al despacho.

Principalmente porque no conoce a Fabiano.

No trabaja para los Conti.

No trabaja para los Farina.

Y cuando le pregunté quién pagaría sus honorarios respondió:

—El señor Farina. Pero yo trabajo para usted.

Me gustó.

—Precisamente por eso revisaremos cada página —dice—. Y si algo no le gusta, se elimina. Si algo no entiende, no firma. Y si en cualquier momento decide que ya no quiere casarse, me levanto, recojo mis cosas y nos vamos.

Asiento.

Fabiano cumplió su palabra.

Un abogado mío.

O, en este caso, una abogada.

Elegí una mujer deliberadamente.

No porque crea que todos los hombres son iguales.

Hace tiempo dejé de creer eso.

Simplemente quería que, por una vez, hubiera alguien sentado a mi lado.

No frente a mí.

Giulia vuelve a bajar la mirada.

—Empecemos por lo económico.

Me tenso un poco.

—No necesito que me paguen por casarme con él.

—No dice eso.

—Parece eso.

—Dice que usted tendrá independencia económica. —Hace girar el documento hacia mí—. Se abrirá una cuenta bancaria únicamente a su nombre. El señor Farina deberá depositar mensualmente la cantidad estipulada mientras dure el matrimonio. Ese dinero será suyo y no tendrá obligación de justificar en qué lo utiliza.

Miro la cifra.

Después vuelvo a mirarla.

—¿Eso es mensual?

Giulia sonríe.

—Sí.

—¿Están locos?

—Probablemente. No es materia de mi especialidad.

Se me escapa una risa.

Vuelve a señalar el papel.

—También tendrá una tarjeta de crédito asociada a una cuenta del señor Farina —continúa.

—Eso lo vi.

—¿Quiere modificar el límite?

—No aparece ninguno.

—Porque no tiene un límite establecido entre ustedes.

Parpadeo.

—¿Puedo gastar lo que quiera?

—Contractualmente, sí. Evidentemente la entidad bancaria tendrá sus propias condiciones operativas, pero el señor Farina se obliga a pagar todos los consumos efectuados por usted y renuncia expresamente a pedir explicaciones sobre ellos.

La miro.

—¿No puede preguntarme qué compré?

—Puede preguntárselo como persona.

—¿Y yo puedo mandarlo al demonio?

La sonrisa de Giulia aumenta.

—En términos generales, sí.

Me apoyo contra el respaldo.

Eso... Eso es interesante.

—¿Y no puede quitarme la tarjeta si se enfada conmigo?

—No.

—¿Bloquearla?

—No.

—¿Reducir el dinero de la cuenta?

—No unilateralmente.

—¿Aunque discutamos?

—Aunque discutan.

Algo extraño se instala en mi pecho.

No debería impresionarme tanto. Pero crecí viendo cómo mi padre controlaba cada moneda que gastaba mi madre.

Después Lucio hizo exactamente lo mismo conmigo.

Dinero para ropa si él aprobaba la ropa.

Dinero para comprar la comida del hogar. Alimentos que él aprobaba.

No sé cuántas veces estuve en el pasillo de los chocolates sufriendo por no poder llevar conmigo una caja de bombones de pistachos, mis favoritos.

Ese dinero nunca fue realmente mío.

Libertad condicionada a mantener contento a un hombre.

Miro nuevamente aquella cifra.

—Está bien.

Giulia pasa la página.

—En caso de término del matrimonio, recibirá además una compensación económica.

Veo el número.

Esta vez me incorporo.

—Eso es absurdo.

—Es considerable.

—Podría comprar una casa —digo.

—Varias, dependiendo de dónde quiera vivir.

—No puedo aceptar esto.

—Sí puede.

—Giulia.

—Arianna. —Es la primera vez que utiliza mi nombre—. La finalidad de esta cláusula no es pagarle por haber estado casada. Es garantizar que cuando el acuerdo termine usted no dependa del señor Farina, de su padre, de los Conti ni de ninguna otra persona para comenzar una vida independiente.

Me callo.

Ella toca suavemente el documento.

—Si dentro de seis meses usted quiere irse a Roma, estudiar, comprar una vivienda o desaparecer durante un año en alguna isla, debe poder hacerlo porque lo decidió, no porque alguien tenga que financiarla —continúa.

Trago la bola dolorosa en mi garganta.

—Oh.

—Por eso le aconsejo no tocar esa cláusula.

—Está bien.

—Excelente. —Pasa otra página—. Su padre tampoco podrá recibir ninguna compensación, participación, cargo, territorio, porcentaje, propiedad o beneficio económico derivado directa o indirectamente de esta unión.

Eso me gusta mucho más.

—Quiero que eso quede más fuerte.

Giulia levanta la mirada.

—¿Más fuerte?

—Quiero que diga que no puede negociar usando mi nombre.

—Podemos incorporarlo.

—Ni pedir puestos para personas cercanas a él.

Empieza a tomar notas.

—Bien.

—Ni recibir dinero de Nino.

—Perfecto.

—Ni propiedades.

—También.

Pienso.

—Ni favores.

Su bolígrafo se detiene.

—“Favores” es jurídicamente demasiado amplio.

—Encuentre una palabra jurídicamente menos amplia que signifique exactamente eso.

Esta vez se ríe.

—Lo haré.

Me gusta cada vez más.

Continuamos.

Puedo mantener mi apellido.

Puedo estudiar.

Trabajar.

Viajar.

Tener mis propias cuentas.

Elegir dónde vivir.

La residencia de Nino aparecerá legalmente como domicilio matrimonial si es necesario, pero no tengo obligación de dormir allí.

Tendré seguridad asignada, pero puedo solicitar que los escoltas mantengan distancia mientras no exista una amenaza concreta.

Nino no podrá impedir que vea a ninguna persona.

No podrá revisar mi teléfono.

Ni mi correspondencia.

Ni mis cuentas.

Ni tomar decisiones médicas por mí mientras pueda tomarlas yo misma.

Cada cláusula resulta tan extraña que empiezo a sospechar que no fue Fabiano quien las pidió.

—¿Quién redactó estas condiciones?

Giulia hojea la primera página.

—El primer borrador llegó desde los abogados del señor Farina.

—¿Nino pidió todo esto?

—Hay anotaciones.

—¿De él?

—Parece que sí.

Eso me sorprende.

—¿Qué anotaciones?

Giulia duda.

—Son comunicaciones entre abogado y cliente.

—Soy la otra parte del contrato.

—Buen intento.

Sonrío.

—Tenía que probar.

Sigue pasando páginas.

Entonces encuentro una frase.

Y dejo de escucharla.

Leo una vez. Después otra.

CLÁUSULA DÉCIMO CUARTA.

No existirá obligación marital alguna de carácter afectivo, físico o sexual entre los contrayentes, quedando excluida durante la vigencia del acuerdo cualquier clase de intimidad propia de una relación matrimonial.

Frunzo el ceño.

—Esta no.

Giulia deja de hablar.

—¿Perdón?

Toco el papel.

—Quiero quitar esta cláusula.

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Suleima Dominguez Guzman
Yesenia unos super capítulos pero no nos dejes así otro capítulo más
Nairobis Cardozo Portillo
Excelente historia emocionante, divertida e interesante la recomiendo ❤️👏👏
Yesenia Bello González: Gracias por leer y por la puntuación 💛 😊 💕 🙌 💜 ♥️ 💛
total 1 replies
Nairobis Cardozo Portillo
Ary estás celosa con 🤭
Nairobis Cardozo Portillo
Nino no te engañes tienes sentimientos por Ary y ese matrimonio es para siempre ❤️❤️
Alondra Cristel Reynoso Romero
Creen que Niño acepte que se está enamorando de Ary??? 🤭🤭
Kim Nava
lo que se comerá de aquí en adelante la Ary
Kim Nava
haaaaa esto es tan lindo enamorada de una relación que no existe en la vida real😩
Alondra Cristel Reynoso Romero
Esoooo!!! 🥳🥳😍
Alondra Cristel Reynoso Romero
Esta niña tiene agallas!!! Y me encanta!!! 🥳
Kim Nava
jajajajajaj iguales a los padres 😂😂
Nino pero si en su momento se pondrá más difícil muchos quieren la Sagrada Familia a si que esperemos no seas tan orgulloso y tomes la palabra de tu padre con la ayuda de todos
Alondra Gomez
primero eran 4 organizaciones y ahora 10
Isabel Balbuena
siiiii🥰🥰🥰🥰 🔥🔥🔥
Isabel Balbuena
bien hecho Ary eres valiente y te mereces esto ambos lo merecen 🥰🥰🥰🥰
Isabel Balbuena
oowww🥰🥰🥰
yasmira
maratón!!!!!
Paola castro
si niña ya le diste luz verde ahora el libro va a quedar chiquito a la para de Nino
a disfrutar al bombocito de Farina
Kary Monte
siiiiiii🎉🎉🎉🎉🎉 emosionadisima
🥺🥺🥺 nino tan tierno con tanta espera 💪💪💪Ary muy bien
ya no se contengan desaten todo su amor 💗💗💗💗 porque dense cuenta es amor un amor real del bueno sincero puro hermoso 😌
Isabel Balbuena
siiii y mucho fue muy bueno aclarar eso con el y por eso está asustado jaja 🥰🥰
Isabel Balbuena
siii claro que lo fue te proyectaste querías ser tu 🥰🥰
Gabi Carreño
ahhhhhhhh!! 🤭 que belloooosss.... esto se pone interesante..... autora pon a volar esa imaginación tan hiper creativa que tienes .... porque mis espectativas son altas.... inspírateeeeeee.....
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