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El Secreto De Mi Tutor

El Secreto De Mi Tutor

Status: Terminada
Genre:Diferencia de edad / Romance / Malentendidos / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Todos creen conocer a Damian Varela… pero nadie conoce su verdadero secreto.
Elena solo necesitaba un tutor que la ayudara a superar una etapa complicada de sus estudios. Lo último que esperaba era descubrir que el hombre encargado de ayudarla llevaba una vida completamente diferente a la que aparentaba.
Una fotografía, una puerta entreabierta y un nombre que jamás debería haber escuchado harán que Elena empiece a investigar.
Mientras más descubre, más preguntas aparecen.
¿Quién es realmente Damian Varela?
Y, sobre todo… ¿qué hará cuando descubra que Elena conoce su secreto?

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: Rendición Mutua

El beso no terminó. Se transformó. Ya no era urgente ni desesperado: era profundo, devorador, como si quisieran fundirse en una sola alma. Damian no se apartó. Sus manos recorrían su espalda con avidez temblorosa, subiendo lentamente por su cuello hasta enredarse en su cabello, sosteniendo su rostro con una delicadeza que contradecía el fuego en sus ojos.

—Dios… eres perfecta —susurró contra sus labios entre besos—. Tiemblas entera… ¿es miedo o deseo?

—Todo a la vez —confesó ella, abrazándolo con más fuerza—. No sé lo que siento… solo sé que quiero estar más cerca. Más. Siempre más.

Damian gimió bajito y la atrajo contra sí con un movimiento seco, cerrando cualquier milímetro de distancia que quedara entre sus cuerpos. Elena sintió la dureza de su pecho, la firmeza de sus músculos, el latido desbocado que se sincronizaba con el suyo. Nada los separaba ya salvo la ropa… y eso era demasiado para ambos.

—Te haré daño si no me detengo —advirtió con voz rota, rozando su nariz con la suya—. Pierdo la cabeza contigo, Elena. No respondo por mí mismo.

—No te detengas —le suplicó, desabrochando con dedos torpes el cuello de su camisa—. Confío en ti. Confío en nosotros.

Damian cerró los ojos un instante, como si soportara un esfuerzo sobrehumano, y luego abrió los suyos sobre ella: oscuros, hambrientos, rendidos. —Eso es lo peor… que confías en mí. Y yo te traiciono cada vez que te toco así.

No se detuvo. Bajó la cabeza y besó su garganta, lamiendo la piel donde latía su pulso acelerado, y Elena arqueó la espalda soltando un gemido que se ahogó entre sus labios. Sus manos bajaron a sus hombros, apartando la tela lentamente, besando cada centímetro de piel que quedaba al descubierto con reverencia y hambre a partes iguales.

—Tan suave… tan dulce —murmuraba contra su piel mientras recorría su clavícula con la lengua—. Llevo meses soñando con esto. Con tu sabor. Con tu aroma. Con la forma en que respiras cuando te toco.

Elena no hablaba. No podía. Solo sentía: cada caricia era fuego puro que le recorría la sangre, cada beso una marca indeleble. Sus manos exploraban también, aprendiéndolo de memoria: la forma de sus hombros, el vello en su nuca, la marca de la media luna en su hombro que ahora besó con reverencia. Damian tembló bajo su contacto y la aferró más fuerte.

—Lo sabes —susurró contra su cabello—. Sabes quién soy. Lo que soy. Y aun así… me tocas como si fuera sagrado.

—Lo eres para mí —le aseguró, mirándolo a los ojos con toda la verdad del mundo—. Para mí lo eres todo.

Damian se inclinó y recogió su boca con un beso lento, profundo, lleno de emoción desbordante. Ya no había prisa. Se tomaron su tiempo para aprenderse: cada zona sensible, cada gemido, cada suspiro que se escapaba cuando encontraban el punto exacto. Él la veneraba y la devoraba a la vez, y ella se entregaba sin reservas, sin preguntas, sin miedos. Solo existían ellos dos, en ese instante robado al resto del universo.

—Eres mi secreto más hermoso —le susurró contra los labios mientras sus manos recorrían su cintura con posesión absoluta—. Y mi condena. Porque no puedo tenerte como merezco. No puedo gritarle al mundo que eres mía.

—No importa —respondió ella, acunando su rostro entre las manos—. Tu abrazo es suficiente. Tu verdad. Tu tiempo. Eso es todo lo que pido.

Damian cerró los ojos y apoyó su frente contra la suya, respirando agitado, con lágrimas contenidas brillando en las pestañas. —¿Qué hice para merecerte? Dímelo. Porque no lo sé. Pero te agradeceré cada segundo el resto de mi vida.

Se quedaron así, abrazados, escuchándose el corazón latir. Las horas pasaron como minutos. Nadie llamó a la puerta. Nadie supo. Era su paraíso secreto, construido entre paredes de libros y promesas susurradas al oído.

—Tengo que irme —susurró ella a la larga, aunque no se movió ni un milímetro—. Pronto anochecerá. Si salimos juntos… nos verán.

Damian asintió con pesadez, aunque no la soltó. Al contrario: la estrechó más fuerte, enterrando el rostro en su cuello y aspirando profundamente su aroma como si quisiera guardarlo para siempre.

—Lo sé —murmuró con pena infinita—. Pero te llevaré conmigo. En cada pensamiento. En cada respiración. No te soltaré nunca, Elena. Aunque no te tenga aquí entre mis brazos… te llevaré en mi alma.

Se separaron lentamente, recomponiéndose la ropa con manos torpes y temblorosas. Damian le acomodó un mechón rebelde tras la oreja y la miró como si quisiera memorizarla hasta el próximo encuentro.

—Mañana —dijo, con voz suave pero firme—. A la misma hora. Y no llegues tarde. Porque si no vienes… iré a buscarte. No me importa quién nos vea. No me importa nada ya. Solo tú.

Elena asintió con lágrimas en los ojos y una sonrisa que le dolía de tan perfecta. Se acercó y le besó la comisura de los labios, suavemente, como una promesa.

—Mañana —repitió ella en un susurro—. Y cada día después de eso. Para siempre.

Salió del despacho con el corazón rebosante y la piel encendida, caminando sobre nubes que nadie más podía ver. Y mientras se alejaba por el pasillo, llevaba la mano al pecho y sonreía: ya no era solo suya en secreto. Era suya en verdad. Y el mundo podía esperar.

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Yolanda Vaca
Este es una mentira total🤬🤬
Cliente anónimo
El hombre tiene mucha fuerza de voluntad
Cliente anónimo
Cuál será ese juego
Eliana Angulo
Elena porque lo esperaste con los brazos abiertos, lo hubieras dejado sufrir su rato por desaparecer
Eliana Angulo
yo no me aguantaría eso🤣🤣🤣 solo Elena
Eliana Angulo
se la van a pasar escondido🤔 porque no enfrentan todo lo que se vaya venir juntos
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