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CONTRATO DE LIBERTAD. EL SECRETO DEL MILLONARIO

CONTRATO DE LIBERTAD. EL SECRETO DEL MILLONARIO

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Matrimonio contratado / Amor tras matrimonio / Romance / Completas
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Valeria pensó que su vida se había terminado el día que su padre la obligó a casarse por negocios. El acuerdo familiar era absoluto: debía unirse a Ismael, el heredero de 24 años de la hacienda vecina, un hombre frío al que apenas conocía. Lo que Valeria no imagina es que Ismael odia esa tradición tanto como ella y esconde un secreto: ha construido una empresa millonaria en la ciudad y planea vender las tierras familiares para liberarlos a ambos.
Obligados a mudarse a la gran ciudad para mantener las apariencias, tendrán que convivir bajo el mismo techo compartiendo sábanas, mentiras y roces eléctricos. Pero cuando el juego de actuar como la pareja perfecta empieza a derretirse bajo el calor de las aguas termales de la costa y el asfalto urbano, las frías reglas de su sociedad financiera saltan por los aires. ¿Podrán conseguir la libertad sin perder el corazón en el intento? Una historia de amor forzado, secretos y superación.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 5. SONRISAS DE PORCELANA Y COPAS DE CRISTAL

El repique de las campanas de la iglesia de la comarca resonaba con una fuerza ensordecedora, como si cada golpe de metal quisiera recordarme que el tiempo de los lamentos se había agotado. El templo estaba abarrotado. Habían asistido terratenientes, exportadores, políticos de la capital y prácticamente todo el pueblo, todos ansiosos por presenciar la boda del año, la unión cinematográfica de los dos imperios vinícolas más grandes de la región. El olor a incienso se mezclaba con el aroma dulzón de los miles de azucenas blancas que mi madre había mandado a colocar por todo el pasillo principal.

Caminé del brazo de mi padre, Don Manuel, sintiendo que mis piernas eran de plomo. Él caminaba con la barbilla en alto, saludando a los lados como si estuviera desfilando tras ganar una guerra. Yo, en cambio, clavé la vista al frente, intentando que el velo de encaje ocultara el temblor de mis labios.

Y entonces, al final del pasillo, lo vi.

Ismael me esperaba de pie junto al altar. Llevaba un traje de etiqueta negro que le sentaba de forma impecable y el cabello oscuro perfectamente peinado hacia atrás. Al notar nuestra presencia, su espalda se tensó imperceptiblemente. Cuando mi padre se detuvo a su lado y depositó mi mano sobre la suya, nuestras pieles se rozaron por primera vez en el día. Su mano estaba firme y sorprendentemente cálida, un contraste absoluto con mis dedos congelados por el pánico. Por una milésima de segundo, Ismael me miró directo a los ojos. No había arrogancia en su rostro, ni tampoco lástima; había un respeto mudo, una especie de pacto silencioso entre dos soldados que marchaban hacia el mismo frente.

La ceremonia transcurrió como un susurro lejano. Las palabras del sacerdote sobre el matrimonio eterno, la fidelidad y el apoyo mutuo me sonaban a hueco, como si estuviera escuchando una conversación en un idioma extranjero. El momento crítico llegó con la pregunta final.

—Ismael, ¿aceptas a Valeria como tu esposa...?

—Acepto —su voz resonó clara, segura y sin un ápice de duda por toda la nave de la iglesia. Supuse que llevaba semanas ensayando esa palabra para que no le flaqueara el tono frente a sus padres.

—Valeria, ¿aceptas a Ismael como tu esposo...?

El silencio se prolongó un segundo de más. Sentí la mirada fija de mi padre clavándose en mi nuca como un cuchillo, y el rostro pálido de Don Alfonso, el padre de Ismael, que nos miraba desde la primera fila con una sonrisa de alivio. Pensé en Aarón, en su futuro y en lo que pasaría si yo daba la vuelta en ese instante. Tragué saliva, apretando los dedos de Ismael con suavidad.

—Acepto —susurré.

Cuando nos declararon marido y mujer, Ismael se inclinó hacia mí. Levantó el velo con dedos delicados y depositó un beso corto en mi mejilla, justo cerca de la comisura de los labios. Fue un roce casto, profesional, pero la cercanía de su respiración y su aroma a madera me aceleraron el pulso de una manera que no supe controlar.

El verdadero reto, sin embargo, comenzó dos horas después en el gran jardín de nuestra hacienda, donde se celebraba el banquete. El lugar se había transformado en un laberinto de mesas presididas por manteles de hilo y cubertería de plata. La música de una orquesta de cuerda flotaba en el aire mientras los camareros descorchaban una botella tras otra del vino familiar.

—¡Un brindis por los novios! —bramó mi padre, levantándose de su asiento en la mesa presidencial con la copa en alto—. ¡Por la prosperidad de nuestra tierra y la unión de nuestras familias!

Todos los invitados estallaron en aplausos y vítores. Ismael, que estaba sentado justo a mi lado, se puso de pie con elegancia y me ofreció su mano para que lo imitara. Me levanté, sosteniendo mi copa de champán.

—Sonríe, Valeria —me susurró Ismael al oído, inclinando la cabeza con afecto fingido mientras rozaba sutilmente mi cintura con su brazo—. Tu padre nos está observando desde el otro extremo de la mesa y mi madre está controlando cada uno de mis gestos. Si ven que parecemos dos extraños en nuestro propio banquete, las preguntas empezarán antes de que podamos salir de aquí.

Hice un esfuerzo sobrehumano y dibujé en mi rostro la sonrisa más radiante que pude gestionar, fingiendo una timidez de novia enamorada que pareció convencer a los invitados más cercanos. Chocamos nuestras copas con un tintineo limpio.

—Actúas muy bien —le respondí en voz baja, manteniendo la sonrisa fija mientras saludaba con la mano a una de mis tías a lo lejos—. Cualquiera diría que estás deseando retirarte a solas conmigo.

—Te sorprendería de lo que soy capaz cuando hay una estrategia de por medio —replicó él, dándole un sorbo a su copa sin perder su postura impecable—. Pero no te preocupes, el teatro terminará pronto. Mira a mi padre.

Desvié la vista hacia Don Alfonso. El hombre sonreía con sinceridad, brindando con mi padre, pero se le notaba el cansancio extremo en las facciones y el color grisáceo de la piel. Su esposa le retiraba discretamente la copa de vino para cambiarla por agua. Entendí por qué Ismael estaba siendo tan cooperativo; un escándalo o una discusión en mitad de la fiesta podría haber sido fatal para el debilitado corazón de su progenitor.

Durante el resto de la tarde, tuvimos que bailar el vals nupcial en el centro de la pista, dejándonos fotografiar por los reporteros locales. Ismael me guio con total seguridad por la pista, demostrando que sus clases de protocolo en la ciudad no habían sido en vano. Sus manos en mi espalda eran firmes, manteniéndome a una distancia prudencial pero lo suficientemente cerca como para que ante los ojos de los demás pareciéramos una pareja idílica.

—Todo está listo —me comentó mientras dábamos un giro lento al compás de los violines—. El coche está aparcado detrás de la entrada principal. En cuanto termine el brindis final de la noche, nos marcharemos directamente a mi hacienda. Pasaremos allí el fin de semana para que mis padres nos vean instalados y el lunes por la mañana nos mudamos definitivamente al piso de la ciudad. Mi madre ya se encargó de enviar mis pertenencias allí en secreto.

—¿Y las mías? —pregunté, un tanto preocupada.

—Héctor las recibió ayer en la oficina —me aseguró, mirándome a los ojos con total seriedad—. Tu hermano Aarón lo ayudó a cargar un par de maletas que sacaste de tu cuarto la semana pasada, ¿lo recuerdas? Todo está bajo control, Valeria. Solo aganta un par de horas más de este circo.

Al mirar su expresión decidida, sentí un extraño alivio que no me esperaba. En mitad de aquel desierto de hipocresía y conveniencias, Ismael se estaba convirtiendo en mi único aliado real. No nos amábamos, ni siquiera nos conocíamos del todo, pero compartíamos el mismo billete hacia la libertad.

Cuando la noche por fin cayó y los invitados, ya ebrios por el vino, empezaron a dispersarse por los jardines, Ismael me tomó de la mano de manera firme, entrelazando sus dedos con los míos. Nos despedimos de nuestros respectivos padres con abrazos cordiales y sonrisas calculadas. Caminamos juntos hacia el coche oscuro que nos esperaba en la entrada, dejando atrás el ruido de la fiesta, las luces de los viñedos y la vida que ambos habíamos odiado desde niños. El viaje hacia nuestro destino común acababa de comenzar.

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Blanca Montero Angulo
Excelente capítulo. ♥️♥️
Blanca Montero Angulo
Ojalá puedan rescatar rápido a su hermanito 😭😭😭😭😭😭😭🤔🤔🤔🤔🤔🤔🤔🤔🤔
Graciela Calcaterra
Muy buena historia,corta,concisa. Demostraste que en pocos capítulos se puede hacer una hermosa historia!!! Felicitaciones!!!
Hiradia Cohen
Que cuando ella se vaya con Ismael a la ciudad se lleve Aaron de ese infierno y lo ayude a salir adelante
Hiradia Cohen
Parece que estas historias fueran de la época de la colonia que obligaban a casarse con los hijos de los reyes
Blanca Montero Angulo
pobresito el hermanito tan bello 😭😭😭😭😭😭😭😍😍😍😍😍😍
Blanca Montero Angulo
Pobres 😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡💔💔💔💔💔💔💔💔
Blanca Montero Angulo
Viejos desgraciados, como hacen negocios con la vida de sus hijos 😡😡😡😡😡😡😡😡😡
Perla Arbos
Me encanta esta historia!!!. Felicitaciones!!!
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