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La Heredera Rechazada del Aullido Silenciado

La Heredera Rechazada del Aullido Silenciado

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance paranormal / Completas
Popularitas:113
Nilai: 5
nombre de autor: Afrodite 18

Andreia lo tenía todo: el amor de un futuro Rey Alfa, la promesa de un destino compartido y la certeza de que la luna los había elegido. Hasta la noche en que Máximo la rechazó frente a toda la manada para presentar a otra mujer como su Luna.

Humillada y con un secreto creciendo en su vientre, Andreia huyó. Lejos de las manadas, lejos de los tronos, construyó una vida en el silencio: una confitería pequeña, una casa rodeada de árboles y una hija llamada Kim que lo era todo para ella.

Pero Kim no es una niña común. A los cuatro años ya se transforma en loba, sus ojos brillan con un poder que no debería existir en alguien tan pequeña, y la luna parece responder cada vez que ella ríe o llora. Porque Kim es la verdadera heredera de una profecía que todos creyeron pertenecía a otra.

Cuando el pasado toca a la puerta y Máximo descubre lo que perdió, nada volverá a ser igual. Entre secretos de sangre, conspiraciones familiares y un poder ancestral que despierta con cada latido, Andreia deberá decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para proteger a su hija.

Porque en el mundo de las manadas, el amor puede ser la fuerza más peligrosa de todas.

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capítulo 14

Aquella mañana, el castillo despertó diferente. No era el bullicio habitual de armas entrenándose en el patio ni el ir y venir constante de criados.

Había una tensión suave en el aire, una expectativa casi reverente, como si todos supieran que algo raro estaba a punto de ocurrir. Algo que no involucraba guerra, tratados ni poder, sino confianza.

Con los primeros rayos de sol, ella cruzó los cielos sobre el castillo con alas amplias y silenciosas, trazando un círculo antes de posarse con precisión en el alféizar de la sala del trono. Sus plumas tenían tonos de plata y gris, y sus ojos dorados lo observaban todo con inteligencia antigua.

ALISTER— La lechuza de las brujas de la Luna... —murmuró al verla posarse en la ventana.

Alister, padre de Andreia, se puso de pie de inmediato al ver al ave en su ventana. Sus tres hijos estaban con él: altos, fuertes, demasiado orgullosos de sus títulos y linajes. Casi ni recordaban la existencia de Andreia, aunque jamás olvidarían lo que sucedería en el futuro. Se encontraban allí para negociar con el rey.

MARCOS— ¿Qué será eso?

ALISTER— Donde esa lechuza aparece, la Luna observa.

Montana se acercó y retiró el pequeño pergamino sujeto a la pata del ave. El sello azul indicaba magia lunar, delicada y precisa. Lo leyó en silencio y luego alzó la vista, sorprendido.

MONTANA— Andreia enviará a Kim al castillo —anunció—. Solo por un día.

Un murmullo recorrió el salón. Los hijos de Alister intercambiaron miradas recelosas.

GUILHERME— Confía demasiado —comentó con arrogancia—. Después de todo lo que pasó.

ALISTER— Cállate —lo cortó con tono duro—. No entiendes el peso de esto.

Máximo, que se hallaba junto a la ventana, sintió el corazón acelerarse. Pero, al contrario de lo que muchos esperaban, no hubo tensión en su rostro. Hubo algo inesperado.

Alegría. Una alegría contenida, profunda, que lo llevó a posar la mano sobre el pecho por instinto.

MÁXIMO— Va a mandar a nuestra hija... —dijo en voz baja, como si temiera quebrar el momento—. Confía en mí.

Verónica observaba a su hijo con atención. Vio el brillo en sus ojos, la emoción apenas disimulada, y le dedicó una sonrisa suave.

VERÓNICA— La confianza no se exige —declaró—. Se recibe. Creo que ella no quiere privar a la niña de su familia.

Máximo respiró hondo, visiblemente conmovido.

MÁXIMO— Andreia siempre fue sensata... —continuó—. Si permite esto, es porque cree que Kim estará segura aquí.

Montana asintió.

MONTANA— Y lo estará. Que preparen todo para el día de la pequeña.

El castillo entró en movimiento casi de inmediato. Alister observaba todo en silencio, absorbiendo cada detalle. Vio criados ser convocados, oyó órdenes para preparar un cuarto que no fuera imponente, sino acogedor. Ningún símbolo de guerra, ningún tapiz con batallas antiguas.

VERÓNICA— Es una niña, y debe ser tratada como tal.

MONTANA— Mandaré a buscar juguetes para ella.

En el ala noble, un cuarto fue preparado con luz natural, cortinas claras y flores sencillas. Una alfombra mullida fue colocada en el suelo, junto a pequeños objetos encantados de protección que Verónica había dispuesto, además de los juguetes que llegaron enseguida.

En la cocina, se prepararon dulces suaves, nada demasiado elaborado. Cosas que evocaran un hogar.

Máximo recorría el castillo, inquieto pero sonriendo. En determinado momento se detuvo en medio del salón principal y cerró los ojos un instante.

ALISTER— Pareces... feliz —observó.

MÁXIMO— Lo estoy —respondió con honestidad—. Durante años solo conocí la culpa y la pérdida. Hoy conozco la esperanza. Mi cachorra vendrá conmigo hoy.

Antes de que Alister pudiera responder, una pregunta resonó por el salón.

MONTANA— Pero ¿cómo exactamente llegará la niña? —cuestionó, frunciendo el ceño—. ¿En carro?

El aire cambió de golpe. Las antorchas temblaron al mismo tiempo. Un frío suave recorrió el suelo de piedra y un círculo azulado de luz comenzó a formarse en el centro del salón. Símbolos lunares giraban lentamente, silenciosos, antiguos.

Los tres hijos de Alister retrocedieron un paso, alarmados.

YURI— ¡Magia! —exclamó.

ALISTER— Magia conocida y protegida.

El portal se abrió con un sonido suave, casi gentil, y entonces apareció ella.

Kim salió del portal dando dos pasitos cuidadosos, como si estuviera cruzando un charco de agua. Llevaba un vestidito claro, una mochilita pequeña en la espalda y sostenía con fuerza un lobito de peluche, ya gastado de tanto cariño.

Parpadeó, mirando a su alrededor.

KIM— Guau... —dijo, impresionada—. Es grande de vedá.

El portal se cerró tras ella, dejando el salón en completo silencio.

Máximo sintió los ojos arderle. Era aún más parecida a Andreia de lo que había imaginado. El mismo aire curioso, la misma aura suave que hacía vibrar levemente el ambiente. Le brotó una sonrisa verdadera, llena de emoción.

MÁXIMO— Bienvenida, Kim —dijo, arrodillándose para quedar a su altura—. Llegaste perfecta.

Kim lo observó durante unos segundos, evaluándolo. Después le dedicó una sonrisa.

KIM— Sí, no es la pimera vez que ando por el pogtal.

El corazón de Máximo casi no resistió. Alister avanzó un paso, los ojos humedecidos sin que él mismo lo notara.

ALISTER— Ella... —murmuró—. Ella es...

Kim giró la cabeza hacia él, curiosa.

KIM— Tú te pareces a mi mami —soltó sin rodeos.

Alister tragó con dificultad.

ALISTER— Soy tu abuelo —respondió con la voz queda—. Si tú quieres.

Kim lo pensó un instante, abrazando al lobito.

KIM— Ta bien —decidió—. Pero solo si no eres enojón.

Algunos criados sonrieron con disimulo. Los tres hijos de Alister observaban la escena en silencio, desconcertados por la presencia de aquella niña que, sin esfuerzo alguno, parecía dominar el ambiente.

Máximo se incorporó despacio.

MÁXIMO— Tu madre confió en nosotros —declaró, emocionado—. Y yo prometo honrar eso.

Kim asintió con seriedad.

KIM— Mi mami dijo que si yo quería volver, nomás la llamaba —explicó—. Pero creo que hoy va a estar padre quedarse.

Verónica se acercó, arrodillándose también.

VERÓNICA— Va a estar muy lindo —le dijo con cariño—. Y nunca estarás sola aquí.

Kim no sabía exactamente lo que estaba sucediendo, pero se sentía segura y llena de ganas de conocer ese nuevo y desconocido mundo.

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