PARALELOS
Una beca le abrió las puertas de la preparatoria más prestigiosa del país. Pero también despertó un antiguo misterio.
Cada noche sueña con un estudiante que murió hace más de cien años. Ahora ese mismo joven camina por los pasillos de su escuela... aunque nadie más parece verlo.
¿Son solo sueños, o el pasado y el presente están avanzando en paralelo?
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Capítulo 4 La chica que habla sola
"A veces el verdadero miedo no es ver algo que nadie más ve... sino que los demás empiecen a creer que has perdido la razón."
Akari no dejó de pensar en la vieja puerta durante todo el camino a casa.
Incluso después de cenar.
Incluso después de intentar estudiar.
Cada vez que cerraba los ojos, volvía a sentir aquella tibieza en la madera y escuchaba, una y otra vez, aquella voz pronunciando su nombre.
—...Akari...
Sacudió la cabeza.
—No.
Tengo que dejar de pensar en eso.
Abrió el libro de matemáticas.
Leyó el primer ejercicio.
Lo volvió a leer.
Cinco minutos después seguía sin entender una sola línea.
Suspiró.
—Creo que hoy las matemáticas también decidieron perseguirme...
Su madre apareció con una taza de chocolate caliente.
—Cuando haces esa cara es porque algo no salió bien.
Akari sonrió.
—¿Tan evidente soy?
—Desde que tenías cinco años.
Las dos rieron.
—Solo estoy un poco cansada.
—Entonces no estudies más por hoy.
La Academia seguirá ahí mañana.
Akari miró por la ventana.
"Eso es justamente lo que me preocupa...", pensó.
Al día siguiente, el cielo estaba completamente despejado.
Una suave brisa hacía bailar las hojas del gran cerezo de la entrada.
Akari respiró profundamente antes de cruzar el portón principal.
—Hoy será un día tranquilo.
Nada extraño.
Nada de puertas misteriosas.
Nada de...
—¡Akari!
Yui apareció de repente por detrás.
La asustó tanto que casi dejó caer la mochila.
—¡Yui!
—¡Funcionó!
—¿Qué cosa?
—Llevo toda la mañana intentando sorprender a alguien.
Akari llevó una mano al pecho.
—Casi me da un infarto.
—Perfecto.
Entonces mi entrenamiento está funcionando.
—Por favor... cambia de pasatiempo.
—Lo pensaré.
Las dos comenzaron a caminar hacia el edificio principal.
Yui la observó de reojo.
—¿Dormiste mejor?
Akari dudó un instante.
—Un poco.
—¿Y soñaste?
—Solo fragmentos.
Yui sonrió.
—Eso ya es un progreso.
Akari quiso creer que tenía razón.
Durante los primeros minutos de clase logró concentrarse.
Tomó apuntes.
Respondió una pregunta del profesor.
Incluso olvidó por momentos todo lo ocurrido durante los días anteriores.
Cuando sonó la campana del recreo, soltó el lápiz con alivio.
—Necesitaba este descanso.
Yui cerró su cuaderno de golpe.
—Excelente.
Es hora de la misión del día.
Akari arqueó una ceja.
—¿Otra misión?
—Encontrar el mejor pan relleno de toda la Academia.
—Pensé que esa misión ya había terminado.
—Las verdaderas investigaciones nunca terminan.
Akari soltó una carcajada.
—Entonces vamos, detective gastronómica.
La cafetería estaba completamente llena.
Los alumnos hablaban animadamente mientras hacían fila.
Yui observaba cada bandeja con la misma concentración que tendría un científico frente a un descubrimiento histórico.
—Difícil decisión...
—Solo vas a elegir el almuerzo.
—No subestimes el poder de una buena croqueta.
Después de varios minutos consiguieron una mesa junto a una de las ventanas.
Mientras Yui comenzaba a comer con un entusiasmo admirable, Akari dejó que su mirada recorriera distraídamente el patio.
Todo parecía normal.
Los estudiantes conversaban.
Algunos practicaban deportes.
Otros estudiaban bajo el cerezo.
Entonces...
Lo vio.
Ren caminaba lentamente por la galería del edificio antiguo.
Vestía el mismo uniforme oscuro.
Llevaba varios libros bajo el brazo.
Y, como siempre...
Parecía pertenecer a otra época.
Akari sintió que el corazón le daba un vuelco.
No.
Esta vez no iba a dejar que desapareciera.
Se puso de pie tan deprisa que casi volcó el vaso de jugo.
—¿Akari?
Pero ella ya no escuchaba.
Salió de la cafetería.
Atravesó el patio.
Subió las escaleras.
Ren seguía caminando con absoluta tranquilidad.
Como si supiera exactamente hacia dónde se dirigía.
—¡Ren!
Por primera vez...
Akari pronunció su nombre en voz alta.
El muchacho se detuvo.
Muy lentamente.
Giró apenas la cabeza.
Y la miró.
No había sorpresa en su expresión.
Era como si hubiera estado esperando aquel momento desde hacía mucho tiempo.
Akari respiró hondo.
Por fin lo tenía frente a ella.
Y estaba decidida a no dejar escapar aquella oportunidad.
Akari sintió que el tiempo parecía detenerse.
Ren permanecía frente a ella.
Apenas a unos pasos de distancia.
El murmullo de los demás estudiantes comenzó a desvanecerse.
Como si el resto del mundo hubiera quedado muy lejos.
Respiró profundamente.
—¿De verdad te llamas Ren?
El muchacho no respondió.
Solo la observó con aquellos ojos tranquilos que ella conocía tan bien por sus sueños.
Akari dio un paso más.
—Te he visto en mis sueños.
Todos los días.
Desde hace años.
¿Por qué apareces?
¿Qué quieres decirme?
Ren continuó en silencio.
Su expresión no transmitía miedo ni sorpresa.
Solo una extraña serenidad.
Entonces bajó lentamente la mirada.
Akari siguió la dirección de sus ojos.
El borde de la vieja hoja amarillenta sobresalía ligeramente entre las páginas del cuaderno que llevaba bajo el brazo.
Cuando volvió a levantar la vista...
Ren seguía mirándola.
Por un instante, Akari tuvo la sensación de que estaba a punto de hablar.
Abrió ligeramente los labios.
Pero ninguna palabra llegó a salir.
—Por favor... —susurró ella—. Dime quién eres.
En ese momento, varias risas resonaron a sus espaldas.
Akari se giró.
Un grupo de estudiantes acababa de detenerse unos metros más atrás.
Uno de ellos preguntó con curiosidad:
—¿Está ensayando?
Otra chica respondió riendo:
—Debe ser para el club de teatro.
—Pues actúa bastante bien.
Akari volvió rápidamente la vista hacia Ren.
—No les hagas caso...
Pero los comentarios continuaban.
—¿Con quién está hablando?
—No hay nadie.
—Quizá lleva un auricular.
—¿Dónde?
—...Ahora que lo pienso...
No veo ninguno.
Las risas comenzaron a aumentar.
Akari sintió cómo el calor le subía al rostro.
—No...
No estoy hablando sola...
Un muchacho sonrió con simpatía.
—Tranquila.
Todos hablamos solos alguna vez.
Otro añadió entre risas:
—Sí...
Pero normalmente esperamos a llegar a casa.
Varias carcajadas recorrieron el pasillo.
En ese instante apareció Yui, corriendo con una bandeja todavía en la mano.
—¡Akari!
Se abrió paso entre los estudiantes hasta llegar junto a ella.
Miró a todos con expresión confundida.
—¿Qué pasó?
Una chica respondió divertida:
—Tu amiga está teniendo una conversación muy interesante...
Con nadie.
Yui miró a Akari.
Luego al lugar donde ella tenía fija la vista.
No había absolutamente nadie.
Por un segundo pareció comprender lo que estaba ocurriendo.
Se acercó a Akari y habló en voz baja.
—¿Es él?
Akari asintió muy despacio.
—Está justo aquí...
Frente a mí.
Yui tragó saliva.
No veía a nadie.
Pero conocía demasiado bien la expresión de su amiga.
No estaba fingiendo.
Ni bromeando.
De verdad estaba viendo algo.
Yui respiró hondo.
Luego levantó la voz con una enorme sonrisa.
—¡Claro que no está hablando sola!
Todos la miraron.
Akari sintió un pequeño alivio.
—Gracias...
Pensó.
Pero Yui continuó:
—¡Está practicando una obra de teatro!
Silencio.
Akari abrió mucho los ojos.
—¿Qué...?
Yui siguió improvisando.
—Sí.
Es una obra experimental.
Muy moderna.
El compañero invisible representa...
Eh...
¡Los problemas existenciales de la juventud!
Durante unos segundos nadie dijo nada.
Hasta que uno de los estudiantes comenzó a aplaudir.
—Pues está muy logrado.
Otro añadió:
—Yo no entendí nada.
—Precisamente por eso debe ser arte.
El pasillo entero estalló en carcajadas.
Akari se llevó una mano a la frente.
—Yui...
—Lo intenté...
—Lo sé.
Y casi lo empeoraste.
—¿Casi?
Akari no pudo evitar reír.
Justo en ese instante volvió la vista hacia donde estaba Ren.
Había desaparecido.
Como siempre.
Solo quedaba el pasillo lleno de estudiantes.
Sintió una pequeña punzada de decepción.
Había vuelto a escaparse.
Mientras caminaban hacia el salón, Akari comenzó a escuchar algunos murmullos.
—Es ella.
—La chica que habla sola.
—La nueva.
—Parece simpática.
Solo un poco rara.
Akari bajó la cabeza.
Yui caminó a su lado en silencio durante unos segundos.
Luego le dio un suave golpecito en el hombro.
—Oye.
Akari levantó la vista.
—Si algún día descubres que realmente estás loca...
Avísame.
—¿Para qué?
—Para volverme loca contigo.
Así al menos no estarás sola.
Akari permaneció en silencio.
Después comenzó a reír con tantas ganas que terminó limpiándose una lágrima del ojo.
—Gracias...
Yui sonrió.
—Para eso están las amigas.
Cuando sonó la campana anunciando el final del recreo, ambas regresaron al aula.
Pero Akari no dejó de pensar ni un solo instante en Ren.
Porque, justo antes de desaparecer...
Había tenido la extraña impresión de que él intentaba decirle algo.
Y por primera vez...
Sintió que el tiempo entre ambos comenzaba a acortarse.

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😅 ¿Y tú qué habrías hecho en el lugar de Akari? ¿Seguirías hablando con Ren aunque todos pensaran que estás hablando solo?
Si este capítulo te sacó una sonrisa y te dejó con más dudas, regálame un ❤️, sígueme para no perderte lo que viene y cuéntame en los comentarios: ¿crees que Ren realmente intenta comunicarse con Akari?
Nos vemos en el próximo capítulo... porque algunos encuentros parecen escritos por el destino.