NovelToon NovelToon
Vínculo En La Tormenta

Vínculo En La Tormenta

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Omegaverse
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

⚠️ Contenido exclusivo para mayores de 18 años | Omegaverse

Liam es un omega humilde que lucha día y noche para pagar los tratamientos médicos de su hermana enferma, sin tiempo ni energías para nada más. Hasta que la desesperación lo lleva a cruzarse con Dante Ferrero: el alfa dominante, frío y poderoso CEO que jamás creyó en los vínculos ni en el amor.

Un encuentro intenso y prohibido cambia sus vidas para siempre. Al descubrir que lleva su hijo, Liam huye sin decir nada para no ser una carga y proteger a los suyos, luchando solo contra la pobreza, el miedo y la soledad hasta que nace su bebé y su hermana logra recuperarse.

Cuando el destino los vuelva a reunir, Dante tendrá que enfrentar todo lo que dejó escapar, luchar por su lugar en esa familia y demostrar que su fuerza solo sirve para cuidar, proteger y amar.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

VÍNCULO EN LA TORMENTA CAPÍTULO 24: LA NOCHE EN QUE BAJARON DE LA MONTAÑA

Empezó con el viento.

Nada más. Un cambio súbito, frío y cortante en la dirección del aire, que de soplar suave del valle pasó de golpe a bajar fuerte y recto desde la ladera norte, la misma que bajaba directo desde la cima más alta. Lo sentimos al mismo tiempo los cuatro, sin necesidad de decírnoslo: el aire traía ahora olores nuevos que no pertenecían al bosque. Olor a lona nueva, a aceite de metal, a tabaco, a ropa de abrigo gruesa y a personas que han caminado muchas horas seguidas. Eran ellos. Habían bajado. Justo como Lucía había dicho, justo en la tercera noche, justo cuando la luna empezaba a declinar y su luz se volvía más pálida y difusa entre las nubes altas.

Dante levantó una sola mano en el aire, despacio y con calma absoluta, y en el mismo instante todo movimiento cesó dentro de la cabaña. Se quedó pegado al marco de la puerta, todo el cuerpo tenso como acero, el oído pegado a la madera gruesa, los sentidos de alfa extendidos hasta el límite máximo de su capacidad, captando cada paso, cada susurro, cada roce de ropa contra la maleza allá afuera en la oscuridad. Yo estaba sentado en el banco más alejado, bien atrás cerca de la pared del fondo, con las dos manos aferradas con fuerza a la curva dura y abultada de mi vientre —todavía cuatro meses, todavía tan pequeño y tan nuestro—, la respiración corta y entrecortada por el miedo que apretaba el pecho. Mia estaba acurrucada entera entre mis piernas, la cara escondida contra mi camisa y el osito de peluche apretado con tanta fuerza contra sí que los nudillos se le pusieron blancos, sin hacer el menor sonido, sin gemir, sin llorar, cumpliendo lo que habíamos acordado tantas veces. Lucía estaba de pie junto a la ventana más pequeña, oculta tras la gruesa manta oscura, mirando por una rendija minúscula, con el bastón de roble macizo apretado fuerte en la mano buena y la cicatriz de la mejilla tensa bajo la piel pálida.

Pasaron los primeros minutos como si fueran horas enteras. Se oyeron primero muy lejos, luego más cerca, pasando muy despacio, probando el terreno. Y entonces sonó por primera vez, nítido y fuerte en el silencio de la noche: CRAC. Una rama grande y seca, colocada estratégicamente en la primera línea de defensa, se partió bajo una bota pesada. El sonido resonó largo y claro entre los árboles, y desde adentro vimos cómo Dante apretó los dientes con fuerza y cerró los puños a los costados. Habían entrado al perímetro. A partir de ahí todo empezó a suceder muy rápido y muy lento a la vez, en una mezcla terrible de tiempo que se aceleraba y se detenía al mismo tiempo.

Uno tras otro, en distintos puntos y a distintas distancias, fueron sonando una por una todas las alertas que habíamos colocado durante días y noches enteras. Ramas que chocaban unas contra otras con ruido metálico, piedras que caían golpeando el suelo, cuerdas que tensaban y soltaban ramajes enteros con estruendo, pasos que se desviaban confundidos, voces bajas y sorprendidas que empezaron a subir de tono entre la maleza. Estaban entrando sí, pero no avanzaban en línea recta ni con la seguridad con la que habían bajado de la montaña. Daban vueltas, chocaban con obstáculos, se perdían en los caminos falsos que giran sobre sí mismos, tropezaban, se separaban y volvían a juntarse confundidos, sin entender por qué un lugar que desde arriba se veía tan llano y sencillo resultaba ser un laberinto cerrado e impenetrable una vez que uno estaba adentro entre los árboles. Lucía movió los labios en silencio formando una sola palabra: soberbia. Creían que lo sabían todo. Y esa soberbia los estaba haciendo tropezar en cada paso.

Pero no todo salió perfecto, ni mucho menos. A la mitad de la noche, cuando la luna estaba ya muy baja y la oscuridad se hizo más espesa que nunca, una de las trampas más externas no sonó. Un hombre, más callado y más experto que los demás, pasó por encima de la cuerda sin tocarla, sorteó las ramas y cruzó dos líneas enteras casi sin hacer ruido, hasta que estuvo a menos de cuarenta metros de la puerta principal. Lo oímos respirar fuerte, lo oímos jurar bajito, lo oímos caminar derecho, muy derecho, viniendo hacia acá sin dar ya más vueltas. Sentí en ese preciso instante cómo todo mi cuerpo se heló de los pies a la cabeza, cómo se me cerró la garganta y cómo la pared del útero se endureció entera de golpe, mucho más fuerte y por mucho más tiempo que todas las veces anteriores, una contracción larga, tensa y dolorosa que me robó el aire y me hizo doblarme un poco hacia adelante con un gemido muy quedito ahogado en la boca. Dante se giró de golpe hacia mí en la penumbra, y aunque no dije nada, lo supo al instante. Vio cómo me apretaba la barriga con ambas manos, vio el dolor en mi cara y en una fracción de segundo pasó de la calma de piedra a una furia contenida tan grande que casi se podía ver saliendo de su cuerpo en ondas oscuras. Sacó el cuchillo grande de hoja ancha que siempre llevaba en la cintura, lo sostuvo firme y listo, y estaba a punto de correr la madera y salir afuera a ciegas contra cualquiera que estuviera ahí, cuando yo le lancé la mano al aire frenándolo con la mirada, moviendo la cabeza muy fuerte muy lento: no. No salgas. Si sales te ven. Si sales saben que estamos aquí exactamente. Se detuvo en seco, clavado en el suelo, luchando consigo mismo entre la necesidad de matar cualquier amenaza y la obligación más grande de todas: protegernos sin delatarnos.

Y en ese mismo segundo, justo afuera pegado a la madera de la pared, sonó la voz. Fría, cortante, dulce y venenosa a la vez, inconfundible, grabada en la memoria para siempre. Victoria Valente.

—Ya sé que están ahí dentro, Dante —habló muy clara y tranquila, como si estuviera charlando de clima en una sala de visitas, no rodeada de bosque oscuro y trampas a medianoche. No hizo falta que gritara. Su voz sonó nítida, atravesando la madera como si fuera papel delgado—. No hace falta que finjan silencio. He sabido que esta cabaña existía desde antes de que tú nacieras. Yo misma ayudé a marcar los primeros senderos. He visto el humo días atrás. He visto cómo te mueves de un lado a otro desde allá arriba, con mis propios ojos y con lentes que ven mucho más lejos de lo que tú crees. Lucía está con vosotros también, lo sé. La cicatriz que le hice en la cara le quedó muy bien para recordarle lo que pasa con quien me traiciona.

Me quedé sin aliento del todo. Todo este tiempo creyendo que nos camuflábamos perfectos, que no sabían el punto exacto… y ella lo supo desde el primer día. Solo jugó. Solo esperó. Solo nos dejó preparar defensas para demostrarse a sí misma que nada de eso servía contra ella. Sentí las lágrimas calientes saliendo solas por las comisuras de los ojos, rodando lento por las mejillas, de rabia, de impotencia, de miedo puro. Dante tembló entero de pies a cabeza delante de la puerta, de la rabia que lo consumía por dentro sin poder responder, sin poder saltar.

—Lo único que quiero —siguió ella muy suave, cada palabra como un cuchillo helado— es al niño. Nada más. Eso es todo. Me lo entregáis en cuanto nazca, y os dejo vivir en paz. Os doy dinero, os doy tierras, os doy lo que pidáis. Solo él me pertenece por derecho de sangre y por el pacto antiguo de la estirpe. Está escrito desde hace siglos. Es mío. Y lo que es mío… siempre termina volviendo conmigo. Podéis aguantaros aquí encerrados una semana, un mes, los cuatro meses que faltan… da igual. Al final siempre gano yo. Siempre ha sido así.

Se hizo entonces un silencio tan denso que dolía en los oídos. Mia apretó tan fuerte mi mano que me dolieron los huesos de los dedos. Lucía tenía los ojos llenos de lágrimas de culpa y de rabia contenida, mirando hacia la pared por donde hablaba su propia hermana. Y adentro de mí, el pequeño se movió desordenado, asustado, fuerte, como respondiendo también a esa voz que se atrevía a decir que le pertenecía sin haberlo visto ni una sola vez.

Pasaron unos minutos más. Se oyeron órdenes bajas, pasos alejándose poco a poco, volviendo hacia atrás, deshaciendo el camino entre las trampas y los senderos enredados. No entraron. No forzaron la puerta. No atacaron de verdad. Se fueron. Pero al irse nos dejaron algo mucho peor que cualquier golpe o cualquier herida: la certeza helada de que en cualquier momento, a cualquier hora, día o noche, pueden volver. Que saben dónde estamos. Que solo esperan el momento exacto, el descuido, el nacimiento, para llevárselo. Que Victoria no tiene prisa, porque está convencida de que el resultado final ya está escrito a su favor desde hace generaciones.

En cuanto el último ruido de pasos se perdió del todo en la distancia y solo volvimos a oír el viento y los grillos, Dante se dejó caer de rodillas de golpe contra el suelo de tierra, el cuchillo se le cayó de los dedos solito y se tapó la cara con ambas manos, y entonces fue cuando por fin se rompió. Lloró. Lloró fuerte, callado, temblando entero, con los hombros sacudiéndose sin control, todo el peso, todo el miedo, todo el cansancio de meses saliendo de golpe de una vez, después de haber sido la roca, la fortaleza y el escudo para todos durante tanto tiempo que ya ni recordaba cómo era sentirse frágil. Me arrastré hasta él lo más rápido que me dejó el peso grande de la barriga, me senté también en la tierra y lo atraje entero contra mi pecho, abrazándolo con toda mi alma, con los brazos alrededor de su cuello y su cara hundida en mi cuello mojado de llanto, y él me rodeó la cintura con fuerza desesperada poniendo las manos otra vez sobre el embarazo, temblando y repitiendo una y otra vez entre sollozos que lo sabía, que sabía que venían, que sabía que lo sabían, que no pudo hacer más, que lo siento, tanto, tanto que no se lo perdonaba nunca. Mia se vino también y se sentó encima de sus piernas, le pasó sus manitas pequeñas por el pelo mojado y le dio besos muy suaves en la frente sin decir nada, y Lucía se agachó a nuestro lado y puso una mano ligera sobre la espalda de él, llorando también en silencio por todo lo pasado y todo lo que aún venía.

Nos quedamos los cuatro abrazados todos juntos en el suelo sucio, en medio de la penumbra fría, mucho tiempo después de que la noche empezara a clarearse muy poquito al este. Habían bajado de la montaña. Habían hablado. Se habían ido. Pero la guerra, la verdadera, solo acababa de empezar de verdad.

FIN DEL CAPÍTULO 24

1
Teresa Castillo
creo que ya son muchos capítulos de lo mismo no avanza el tiempo siempre dicen que faltan 4 meses completos y se supone que llevan varios días ahí ojalá y avance luego
nezhan: Hola Teresa! Gracias de verdad por tomarte el tiempo de escribir esto, me ayuda mucho a mejorar ❤️
Tienes completamente la razón: en esa parte de la historia el tiempo se siente estancado, porque necesitaba cerrar todos los cabos y subir la tensión antes de que estalle todo.
Pero te adelanto que ya viene el cambio GRANDE: en muy pocos capítulos pasan de "faltan 4 meses" a la batalla final, el nacimiento de los tres bebés y un salto de tiempo de un año entero.
Sigue un poquito más, que lo mejor está por llegar! 😊
total 1 replies
Teresa Castillo
maldita vieja no merece perdón 😡😡
Teresa Castillo
maldita bruja porque no deja ser feliz. a su hijo que se quede con todo su dinero que es lo que más le importa 😡
Teresa Castillo
que alguien los ayude no merecen ese sufrimiento
Teresa Castillo
maldita vieja porque no los deja tranquilos 😡😡
Teresa Castillo
que esa vieja los deje tranquilos no merecen sufrir siempre huyendo
Teresa Castillo
😡😡😡
Teresa Castillo
vieja desgraciada merece quedar sola por idiota
Teresa Castillo
nooo😡😡😡
Teresa Castillo
me encanta historia Dante es un amor con su Omega merecen toda la felicidad del mundo 🥰🥰🥰
Teresa Castillo
lloré de emoción Dante es tan tierno 🥰🥰
Teresa Castillo
espero todo sea felicidad de aquí en adelante 👏🥰
Teresa Castillo
ay me encanta Dante es tan tierno con el chico👏👏👏
Teresa Castillo
que hermoso 🥰🥰
Teresa Castillo
🥰🥰🥰
Teresa Castillo
por fin el reencuentro 🥰🥰
Teresa Castillo
que lo encuentren luego y su vida pueda ser feliz 🥰🥰
Teresa Castillo
me encanta la historia 👏👏
Teresa Castillo
comenzando está historia espero sea buena 🥰
Oly-chan
Me gusta 💖
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play