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LAZOS DE NEBLINA

LAZOS DE NEBLINA

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Malentendidos / Completas
Popularitas:10.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

dónde estés siempre serás tu

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

8

El camino de regreso a casa en el auto transcurrió en un silencio absoluto, pesado y denso. Por el espejo retrovisor, miraba de reojo a mi pequeña, que iba sentada en su silla de seguridad con los brazos cruzados y la mirada fija en la ventana. En mi mente se libraba una batalla campal de contradicciones maternales: por un lado, una parte muy oculta de mí quería celebrar el espectacular gancho de izquierda y el impecable tino de mi hija ante las ofensas familiares; por el otro, la madre responsable sabían que debía reprenderla severamente por actuar con la ferocidad de un oso ruso indomable en pleno patio escolar.

—Mami… ¿estás enojada? —preguntó Camila con un hilo de voz, rompiendo la tensión táctica justo cuando nos estacionamos.

Apagué el motor, respiré hondo para no perder los estribos y abrí su puerta con total seriedad.

—Camila, sube a tu cuarto de inmediato y no salgas de ahí hasta que yo te llame —le ordené, usando mi tono más firme .

—Mami, pero…

—Pero nada, Camila. Sube ahora mismo —sentencié, señalando las escaleras mientras cruzábamos el umbral de la casa.

La niña soltó un bufido dramático, arrastrando los tenis por la madera del suelo antes de empezar a subir los escalones.

—¡Ash! Yo solo defendí a mi papi, no sé por qué te enojas —rezongó en voz alta, subiendo tan rápido como sus pequeños pies se lo permitían. El portazo de su habitación retumbó en la planta baja.

Me dejé caer en el sofá de la sala, hundiéndome el rostro entre las manos. «Dios, dame paciencia, solo tiene cinco años», imploré al techo en un susurro desesperado.

Ya entrada la tarde, el tintineo de las llaves anunció la llegada de Roberta. Obviamente, no podía ocultarle lo que había pasado; la escuela nos había impuesto una suspensión de una semana y el caos apenas comenzaba. En cuanto entramos a la cocina, le solté toda la historia de corrido, desde la llamada de la Miss hasta el monumental ojo morado de Jaimito.

—O sea, ¿que le puso un ojo morado? —reaccionó Roberta, deteniendo a mitad de camino el vaso de agua que se iba a tomar—. ¡Qué bueno! ¡A huevo! Ese mugroso no volverá a meterse con Cami jamás.

Me quedé estática a mitad de la cocina, fulminándola con la mirada.

—Oye, oye, espera… ¿Qué dijiste? —le pregunté, entornando los ojos.

—Que no volverá a meterse con Cami —respondió ella, parpadeando con inocencia.

—No, no. Eso no. Lo otro.

—¿Mmm… mugroso? —aventuró Roberta, ladeando la cabeza.

—¡Ah, mira nada más! Ya sé perfectamente de dónde aprendió Camila ese vocabulario —exclamé, cruzándome de brazos mientras unía los puntos en mi mente.

—Jaja, cosas que pasan, azul —Roberta soltó una carcajada nerviosa, restándole importancia con un ademán de la mano—. El lenguaje de la calle, ya sabes.

—Roberta, se supone que eres la adulta de esta casa y no deberías enseñarle malas palabras a una niña de cinco años. ¡Está repitiendo todo lo que dices!

—Ay, por favor, «mugroso» no es una mala palabra —se defendió, indignada—. Es un adjetivo calificativo muy bien aplicado para la gente que se mete con mi sobrina.

—Para una niña de cinco años en un jardín de niños privado, ¡sí es una mala palabra! —le reviré, frotándome las sienes por el dolor de cabeza que me estaba dando la situación.

—Ya, está bien, exagera de las leyes. No volveré a decirlo frente a ella. Ahora vamos a cenar, anda, que el ambiente está muy denso.

Minutos después, nos sentamos a la mesa. El aroma a comida casera usualmente calmaba las aguas, pero esta vez el protocolo dictaba que la disciplina debía imponerse. Camila bajó de su habitación con la cabeza un poco más baja, pero manteniendo esa chispa de orgullo en los ojos azules.

—Camila, estás castigada —anuncié formalmente mientras le servía su plato.

—Mami, ¿por qué? —reclamó la pequeña, arrugando la nariz.

—Camila, ¿te parece poco? Le pusiste el ojo morado a tu compañero y te suspendieron una semana completa del colegio. Eso no es un comportamiento correcto.

—El mugroso me molestó —soltó la niña con total naturalidad, usando la palabra prohibida sin filtros—, y yo solo le enseñé a respetarme.

Desde el otro lado de la mesa, Roberta no pudo contenerse y soltó un puñetazo leve en la mesa, emocionada.

—¡Eso es, Cami! ¡Así se hace, no te dejes de nadie! —exclamó con orgullo.

—¡Roberta! —le grité, lanzándole una mirada que prometía demandarla por complicidad en rebeldía infantil.

—¿Qué? Yo solo digo que está bien que se defienda —murmuró mi amiga, metiéndose rápidamente un bocado a la boca para evadir mi furia.

Volví a concentrar mi atención en la pequeña jueza de cinco años que me desafiaba con la mirada de su padre . Tenía que aplicar una sanción que le doliera, algo que cortara de tajo esa conducta violenta antes de que se convirtiera en una costumbre.

—Ok. Como las cosas no se resuelven a golpes en esta familia, Camila, este año no habrá regalos de cumpleaños —sentencié, sabiendo que su cumpleaños número seis estaba a la vuelta de la esquina.

Esperaba un mar de lágrimas, un berrinche monumental o súplicas de clemencia. Pero mi hija, con una madurez que me congeló la sangre, simplemente me miró fija y serenamente.

—Ok, mami —respondió con calma.

La miré descolocada. El castigo no estaba surtiendo el efecto esperado.

—¿Segura que está bien? ¿No vas a llorar ni a pedirme disculpas?

—Sí, mami. Yo no quiero regalos —insistió, picando su comida con el tenedor.

Roberta, que no aguantaba el suspenso y adoraba malcriar a la dueña de sus galletas de chocolate, se inclinó hacia el frente de la mesa, rompiendo mi línea de autoridad de forma flagrante.

—A ver, entonces, campeona… ¿Qué quieres, princesa? Si no quieres juguetes, ¿qué es lo que realmente deseas?

—¡Roberta, está castigada! No le des ideas —le advertí, pero ya era demasiado tarde. El daño estaba hecho.

Camila dejó el tenedor sobre el plato, levantó sus enormes ojos azules, idénticos a los del hombre que me había destrozado el corazón hacía cinco años, y pronunció las palabras que derrumbaron todo el castillo de naipes que yo había construido para protegernos.

—Yo no quiero juguetes, mami. Yo lo que quiero es ir con mi papá a Rusia a ver a mis abuelos.

Un silencio glacial se apoderó del comedor. Roberta se quedó paralizada con el vaso a medio camino, mirándome con una mezcla de horror y culpa. La mentira piadosa que inventé en la cocina para salvar el momento se había transformado en el mayor anhelo de mi hija, y el día de enfrentar las consecuencias de mis propias ficciones había llegado de la forma más dolorosa, inesperada y contundente posible.

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Graciela Saiz
Taras no mereció ese final , al final Roberta no lo amo realmente 😏
Eliette Maldondo Velazquez: si se amaron pero no siempre te quedas con el primer amor
total 1 replies
Graciela Saiz
Deja Taras, que se vaya a la mier--😏,
Graciela Saiz
que va a pasar cuando le diga que es el Don de la mafia 🤔
Graciela Saiz
interesante, pero ya debería verse que paso con los príncipes rusos 😏
Graciela Saiz
pero que paso , el de verdad estaba enamorado, Tara también , que pudo pasar 🤔, y además pasar ya tantos años 🥹
Elba Rosa Quintero
me gustó mucho la historia, pero me hubiese gustado que Roberto y taras quedarán juntos.
Eliette Maldondo Velazquez: a mí también y lo pensé peroooo siempre en algún lugar hubo alguien a quien amaste con locura pero sabías que no podrías estar con esa persona así que les toco😞
total 1 replies
Nancy Mujica
En verdad no entiendo xq ponen una novela q no tiene final terminenlas y luego las colocan da rabia q uno se cala la novela y luego no tiene final novel toon no debería permitirlo
Eliette Maldondo Velazquez: esta todavía no termina
total 1 replies
Elsa Hurtado
Que emocionante nos los separes puede que tuvieron que salir urgente
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