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Tu Precio, Mi Deseo

Tu Precio, Mi Deseo

Status: Terminada
Genre:Romance / Autosuperación / Posesivo / Completas
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

A sus veintiocho años, Damiano Serrano lo tiene todo... o eso cree el mundo. Es el brillante y millonario fundador de una de las empresas automotrices más prestigiosas del mercado, un hombre hecho a sí mismo a base de sudor, rabia y un pasado oscuro que prefiere mantener bajo llave. Pero detrás de los motores de lujo y las portadas de revistas, Damiano arrastra las secuelas de una adolescencia perdida en las adicciones y un rencor asfixiante hacia su padre. Está solo, atormentado por una esterilidad que hiere su orgullo, y con un vacío en el pecho que ninguna cantidad de dinero puede llenar.
Scarlett Moreno tiene veintidós años, una meta clara y las reglas muy bien definidas. Para ella, trabajar en la aplicación más exclusiva de acompañantes íntimas es solo un negocio; un intercambio frío de tiempo por dinero que le permite asegurar su futuro. No hay espacio para los sentimientos en su agenda.

NovelToon tiene autorización de Miliarias para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 12

El aroma a café premium y el aire acondicionado a baja temperatura envolvían el piso ejecutivo de *Serrano Motors*. Era un miércoles por la mañana y Damiano Serrano estaba sumergido en los planos mecánicos del nuevo descapotable híbrido, esparcidos sobre su imponente escritorio de cristal y acero. Su mente, sin embargo, saboteaba constantemente sus cálculos de ingeniería; se descubría a sí mismo recordando la risa de Scarlett en la pizzería y el sabor a salsa y albahaca en sus labios carnosos.

El sonido de unos tacones de aguja repicando con fuerza sobre el suelo de porcelanato lo sacó de su letargo. La puerta de su oficina se abrió y Valeria Vance entró sin pedir permiso, desprendiendo un abrumador perfume floral que a Damiano le pareció excesivamente sintético comparado con el olor natural a vainilla que lo obsesionaba.

Valeria vestía un minivestido de punto color beige ultra ajustado que marcaba sus curvas operadas y unas botas altas de ante. Llevaba el cabello rubio perfectamente alisado y sus labios pintados de un rosa brillante.

—Hola, Damiano —dijo Valeria, modulando su voz para que sonara lo más sugerente posible. Se acercó al escritorio con paso felino y apoyó las manos sobre el cristal, inclinándose lo suficiente para que su escote quedara en primer plano—. Llevo días llamándote, pero parece que tu secretaria ha levantado un muro. ¿Así es como tratas a la imagen oficial de tus campañas de redes?

Damiano ni siquiera se molestó en cambiar su postura rígida. Se reclinó en su silla de cuero, clavando una mirada gris y helada en la modelo.

—Estoy ocupado, Valeria. Si tienes dudas sobre tu contrato de publicidad, habla con el departamento de marketing —respondió con su habitual voz ronca, cortante como el hielo.

—Oh, vamos. No seas tan aburrido —Valeria rodeó el escritorio con audacia juvenil, ignorando deliberadamente su tono distante. Se colocó justo al lado de su silla y se inclinó sobre él, apoyando una mano en el hombro musculoso de Damiano. Su cuerpo rozó el brazo del empresario—. Sé que el lanzamiento del prototipo te tiene estresado. Solo quería proponerte un almuerzo privado... para desestresarnos. A solas.

Damiano sintió una oleada de fastidio y un rechazo físico inmediato. Antes de que pudiera apartarla bruscamente, Valeria sacó su teléfono con una velocidad felina, activó la cámara frontal y se inclinó aún más, pegando su mejilla casi a la de él mientras regalaba su mejor sonrisa de Instagram a la pantalla. El flash parpadeó.

—¡Perfecto! Una foto para mis seguidores. «Trabajando con el jefe» —dijo Valeria con una risita de suficiencia, tecleando rápidamente en la pantalla antes de que Damiano se levantara de golpe, apartándola con un movimiento firme de su brazo.

—Basta, Valeria. Fuera de mi oficina. Ahora —sentenció Damiano, con los ojos grises centelleando de pura furia. La mandíbula se le apretó tanto que los músculos de su cuello se tensaron bajo la camisa negra.

Valeria, satisfecha por haber conseguido lo que quería, le lanzó un beso al aire y salió de la oficina contoneando las caderas. Dos minutos después, la foto ya estaba publicada en su cuenta de tres millones de seguidores con el texto: *«Mañanas de negocios y complicidad con el único e inigualable @DamianoSerrano 🏎️🖤 #SerranoMotors #VidasDeLujo #Juntos»*.

En el comedor de la facultad de Económicas, Scarlett Moreno estaba sentada junto a Camila, devorando un sándwich a medias mientras repasaba unos apuntes de contabilidad. Llevaba unos vaqueros ajustados de tiro alto y un top corto de tirantes color gris que revelaba un destello de su piel canela. Su teléfono, colocado sobre la mesa de madera, vibró con una notificación de una cuenta de cotilleos locales de la universidad que seguía el mundo de la moda y los millonarios de la ciudad.

Scarlett desbloqueó la pantalla casualmente. Al ver la imagen que encabezaba el artículo de chismes, sintió como si el suelo desapareciera bajo sus pies.

Era la foto de Valeria Vance en la oficina de Damiano. En la imagen, la modelo rubia parecía prácticamente sentada en el regazo de Damiano, sus pechos presionando contra su hombro y su rostro rozando la barba del empresario. Aunque la expresión de Damiano era seria, la proximidad física era innegable y el hashtag *#Juntos* brillaba como una burla directa en los ojos avellana de la joven de veintidós años.

Una punzada violenta, caliente y dolorosa le atravesó el estómago. Los celos, unos celos crudos, posesivos y juveniles que nunca antes había experimentado, le tiñeron las mejillas de rojo y le aceleraron el pulso a una velocidad de vértigo. Sentía que le faltaba el aire. La imagen de otra mujer tocando a *su* hombre, oliendo su perfume varonil y metiéndose en su espacio sagrado le revolvió las entrañas.

—Scar... ¿estás bien? Te has puesto pálida —preguntó Camila, estirando el cuello para mirar la pantalla del teléfono. Al ver la foto, Cami ahogó un grito—. Joder. Esa es la rubia plástica del evento.

Scarlett tiró el sándwich sobre el plato, con los ojos fijos en la imagen. Apretó el teléfono entre sus manos con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos.

—Está en su oficina. Tan cerca de él... —susurró Scarlett, con la voz temblando ligeramente por la rabia y el dolor.

—Scar, recuerda lo que hablamos —intervino Camila con suavidad, pero con la firmeza de una alarma—. Recuerda el precio de tus sentimientos. Él es un cliente. Un contrato de exclusividad de cincuenta mil dólares al mes en *Velvet*. Lo que haga en su oficina o con las modelos de su marca no es tu asunto. Las reglas, Scar. No rompas tus propias reglas.

Las palabras de su amiga cayeron como ácido sobre una herida abierta. Scarlett se puso de pie bruscamente, recogiendo sus apuntes con movimientos torpes y desesperados. Miró a Camila con los ojos avellana empañados por una mezcla de rabia y una epifanía aterradora.

—A la mierda el contrato, Cami —soltó Scarlett, con la voz rota pero cargada de una sensualidad salvaje y herida—. A la mierda los cincuenta mil dólares y a la mierda las reglas de la aplicación. Ese contrato ya no significa nada para mí.

—¿De qué estás hablando?

—De que estoy enamorada de él, Cami —confesó Scarlett en voz alta por primera vez, sintiendo el peso de la verdad aplastándole el pecho—. No puedo ver esa foto y pensar en términos de "negocios". Me arde la piel de solo pensar en ella tocándolo. No quiero ser su acompañante pagada mientras el mundo cree que esa estúpida es la que está a su nivel. Si no puedo tenerlo de verdad, si no puedo ser su mujer ante el mundo y no solo entre las sábanas de su penthouse, prefiero no tener nada.

Sin esperar la respuesta de su amiga, Scarlett se colgó la mochila al hombro y salió de la cafetería a paso rápido, con el corazón latiendo desbocado. La atracción juvenil por el peligro la había llevado al borde del abismo, y los celos acababan de empujarla al vacío. El dinero de la aplicación ya no era suficiente para mitigar el dolor de un corazón que exigía exclusividad real, una exclusividad que no se firmaba con billetes, sino con el alma. El juego íntimo se había vuelto demasiado real, y las ruedas del destino de Scarlett y Damiano acababan de perder por completo la tracción.

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Lau
comenzando me gusta 🤭
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