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Amor Dos Vidas

Amor Dos Vidas

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda G

Tras un trágico accidente que le arrebató la memoria y su identidad, Estefanía despierta en una vida de opulencia que no reconoce, casada con José, un hombre poderoso cuya devoción raya en la obsesión. Aunque él le asegura que su amor es eterno, las noches de Estefanía están pobladas por sueños fragmentados de un rostro cargado de dolor y promesas rotas.

La estabilidad de su nueva existencia se resquebraja cuando aparece Andrés, un rival empresarial de José decidido a destruir su imperio. Al encontrarse, Estefanía descubre que su corazón late con una fuerza desconocida por ambos hombres. Mientras intenta reconstruir su pasado, se enfrentará a una verdad aterradora: uno de ellos no solo es el dueño de su presente, sino el arquitecto del secreto detrás de su "muerte" anterior.

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capitulo 10

La noche posterior a la gala se sentía más densa, como si el aire dentro de la suite se hubiera vuelto sólido, asfixiando cualquier intento de respiración natural. Al lado de Estefanía, el cuerpo de José subía y bajaba con una regularidad exasperante. Dormía de lado, dándole la espalda, pero su brazo izquierdo yacía sobre la cintura de ella, pesado como un grillete de carne y hueso. El calor que emanaba de su piel, impregnado de ese aroma omnipresente a sándalo y tabaco, la envolvía en una atmósfera que para ella ya no significaba seguridad, sino cautiverio.

​Con una lentitud milimétrica, Estefanía comenzó a deslizarse fuera de las sábanas de seda negra. Sabía que cada movimiento debía ser calculado; las nuevas lentes oscuras en las esquinas del techo vigilaban el dormitorio en la penumbra. El segundero del monitor de seguridad, si es que alguien lo observaba en ese instante, no debía registrar ninguna anomalía. Deslizó el brazo de José con extrema suavidad sobre el colchón, sintiendo la tensión de los músculos de él incluso en su estado de reposo. Él emitió un leve gruñido, pero no despertó.

​Puso los pies descalzos sobre la alfombra esmeralda. El frío del suelo fue un golpe de realidad que la espabiló por completo. Vestida únicamente con un camisón de seda que se adhería a sus curvas con una suavidad casi dolorosa, caminó hacia el tocador de madera noble que se alzaba en un lateral de la estancia, fuera del ángulo de visión directo de la cámara principal debido a la sombra que proyectaba el dosel de la cama.

​El espejo de su tocador, enmarcado en un laborioso labrado de oro pulido y querubines barrocos, reflejaba la pálida silueta de una mujer que seguía sintiéndose una extraña para sí misma. Se sentó en el taburete aterciopelado y apoyó las manos en la superficie fría de la madera. El recuerdo del encuentro con Andrés en el balcón seguía quemándole la piel; la descarga eléctrica de su tacto y el sonido de su propia risa recuperada eran lo único real a lo que aferrarse en medio de la mentira.

​«¿Cuánto te pagó para que finjas que no me conoces, Valentina?»

​La pregunta de Andrés resonaba en su cabeza, agrietando cada rincón de la vida que José había diseñado para ella. Si ella no era Estefanía, si su nombre era Valentina, entonces toda la mansión, las fotos de la boda y el amor de su supuesto esposo eran una elaborada puesta en escena.

​Movida por una inquietud que no nacía de la razón, sino de una intuición profunda y animal, Estefanía —o Valentina, como su alma reclamaba— extendió la mano hacia el marco dorado del espejo. Pasó las yemas de sus dedos por las molduras, sintiendo las imperfecciones del metal pulido. Al llegar a la parte posterior, justo donde el panel de madera del espejo se unía con la pared, sus dedos tropezaron con algo que no pertenecía al mueble.

​Era un relieve sutil, una textura de papel que no encajaba con el barniz liso de la madera.

​El pulso se le aceleró de inmediato. El monitor cardíaco de su mente pareció dispararse, aunque obligó a su cuerpo a permanecer inmóvil para no alertar a las lentes de la habitación. Con un movimiento pausado, fingiendo que se peinaba el cabello oscuro frente al espejo, deslizó dos dedos detrás del panel. El roce de sus uñas extrajo un sobre pequeño, de papel kraft áspero y sin membrete, que había estado adherido con una fina cinta adhesiva al reverso del espejo.

​Ocultó el sobre bajo su muslo, sintiendo la fricción del papel contra su piel desnuda, un contraste cálido y prohibido. Miró de reojo hacia la cama. José seguía durmiendo, ajeno al sutil robo que acababa de ocurrir a pocos metros de su cuerpo.

​Con el corazón golpeándole las costillas con una fuerza brutal, Estefanía abrió el sobre con sumo cuidado, evitando el crujido del papel.

​Dentro no había cartas largas, ni explicaciones detalladas. Solo dos elementos que cayeron sobre su regazo con un tintineo sordo que le heló la sangre.

​Una llave de latón antigua, pequeña y pesada, de aspecto sencillo pero robusto. Y una pequeña tarjeta de cartulina blanca con una dirección escrita a mano:

​Calle de la Lluvia, No. 14. El ático.

​Estefanía tomó la tarjeta y la acercó a la tenue luz que se filtraba por la rendija de la cortina. Al observar los trazos de la tinta negra, una corriente de calor y dolor le recorrió el pecho. La caligrafía era enérgica, de líneas fluidas y decididas, con una ligera inclinación hacia la derecha que denotaba una pasión indomable en cada trazo. No era la letra simétrica, rígida y perfecta que utilizaba José para firmar sus documentos corporativos.

​Era la misma letra del libro antiguo que había encontrado en el despacho del Capítulo 4. La letra que le juraba fidelidad a "su pequeña flor". La caligrafía de Andrés.

​Un sollozo silencioso se atascó en su garganta, haciéndola temblar bajo la seda de su camisón. La última pieza del rompecabezas terminaba de encajar con una crueldad devastadora. No había margen para la duda. El hombre que dormía a pocos metros de ella, el protector que le juraba que la había salvado de la muerte, era el arquitecto de su prisión. José la había reconstruido a su imagen y semejanza, borrando su pasado, su nombre de Valentina, y su amor por Andrés, para confinarla en una existencia donde ella fuera únicamente su posesión más valiosa.

​Volvió a mirar a José a través del espejo. La luz de la luna iluminaba la mitad de su rostro sereno, el rostro de un hombre que controlaba imperios pero que necesitaba encerrar a la mujer que amaba para sentirse dueño de ella. Un profundo sentimiento de rechazo, mezclado con una sensualidad gélida y peligrosa, la invadió. Había dormido con su carcelero, se había entregado a sus labios y a sus manos calientes por puro instinto de supervivencia, mientras su verdadera vida aguardaba en un ático de la Calle de la Lluvia.

​Apretó la pequeña llave de latón en el puño de su mano, sintiendo los bordes afilados clavarse en su palma, un dolor real que la devolvía a la vida. Miró fijamente la lente de la cámara en la esquina del techo, y por primera vez en su despertar, sus ojos oscuros no reflejaron miedo. Reflejaron una promesa de libertad. La jaula de oro seguía cerrada, pero ahora ella tenía la llave para abrirla desde dentro.

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Celina Espinoza
me gusta buen capitulo 👏
Celina Espinoza
🤭👏
Lobelia ❣️
👍👍
Celina Espinoza
me gustó 👏
Celina Espinoza
💯me gusta
Lobelia ❣️
👍
Lobelia ❣️
💯👍💯
Lobelia ❣️
💯👍está buena
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