¿Y si el mayor fracaso de tu vida fuera, en realidad, el comienzo de tu historia de amor?
Valeria creyó que reprobar una materia era el fin de su camino. Mientras veía a sus compañeros avanzar, ella tuvo que regresar a un salón que jamás imaginó volver a pisar.
Gabriel, un estudiante que apenas iniciaba su primer semestre de medicina, llegó con la ilusión de cumplir el sueño de convertirse en médico. Lo que no esperaba era encontrar a una joven de mirada melancólica que, sin proponérselo, cambiaría su vida para siempre.
Entre clases interminables, noches de estudio, guardias, cafés compartidos y el peso de una carrera que exige el corazón tanto como la mente, nacerá un amor capaz de demostrar que el destino nunca se equivoca.
Porque hay encuentros que no ocurren por casualidad.
Hay personas que llegan justo cuando creemos haberlo perdido todo.
Y, a veces, la materia que más duele repetir... es la misma que termina enseñándote la lección más importante de tu vida.
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Cuando el amor también se estudia
Capítulo 8
Cuando el amor también se estudia
Las semanas comenzaron a pasar con una rapidez que ninguno de los dos esperaba.
Entre clases, laboratorios, trabajos en grupo y largas horas en la biblioteca, Gabriel y Valeria habían encontrado una forma de equilibrar el amor con la exigente vida universitaria.
Ya no eran solo "la pareja de la facultad".
Ahora también eran conocidos por estudiar juntos, ayudarse en cada examen y aparecer siempre con un café en la mano.
Aquella mañana, la lluvia caía con fuerza sobre el campus.
Valeria llegó corriendo hasta el edificio principal intentando proteger sus cuadernos con la mochila.
—¡Qué día! —murmuró mientras se sacudía el agua del cabello.
—Sabía que ibas a llegar empapada.
Era Gabriel, apoyado contra una columna con un paraguas abierto y una sonrisa que parecía iluminar el día gris.
—¿Me estabas esperando?
—Desde hace quince minutos.
—¿Y si no venía?
Él se encogió de hombros.
—Te habría esperado media hora más.
Valeria sonrió con ternura.
—Estás loco.
—Por ti, sí.
Ella negó con la cabeza, riendo, y le dio un pequeño beso en la mejilla.
En ese momento aparecieron Daniel, Lucía, Camila, Sofía y Mariana.
—¡Ya empezaron con el romanticismo! —exclamó Daniel.
—Son las siete de la mañana —añadió Camila—. Denos tiempo para despertar.
Gabriel levantó una ceja.
—Los celos son malos.
—No son celos —respondió Lucía riendo—. Es que ustedes parecen sacados de una novela.
Valeria se sonrojó.
—No exageren.
—¿Exagerar? —dijo Sofía—. Gabriel lleva quince minutos bajo la lluvia solo para esperarte.
Todos miraron a Gabriel.
Él sonrió con naturalidad.
—Valió la pena.
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La primera clase del día fue particularmente difícil.
El profesor anunció un trabajo en equipos que representaría gran parte de la nota final.
—Quiero grupos de cuatro personas.
Daniel levantó la mano de inmediato.
—Profesor, nosotros ya tenemos grupo.
—¿Quiénes son "nosotros"?
—Gabriel, Valeria, Lucía y yo.
Lucía abrió los ojos.
—¿Y desde cuándo decidiste eso?
—Desde hace cinco segundos.
Las risas llenaron el salón.
Finalmente, el profesor aceptó la propuesta y cada grupo comenzó a organizarse.
—Nos reunimos esta tarde en la biblioteca —dijo Gabriel.
—A las cuatro —respondió Valeria.
—Con café obligatorio —añadió Daniel.
—Y sin distracciones románticas —intervino Lucía.
Gabriel fingió indignarse.
—Qué poca confianza me tienen.
Lucía comenzó a contar con los dedos.
—La última vez que estudiamos juntos terminaron viendo el atardecer.
Daniel añadió:
—Y la anterior se quedaron hablando dos horas.
Valeria escondió el rostro entre las manos.
—Nunca me van a dejar en paz.
—Jamás —respondieron todos al mismo tiempo.
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La biblioteca estaba casi llena cuando comenzaron el trabajo.
Por primera vez en varios días, Gabriel y Valeria estaban completamente concentrados.
Daniel observó la escena.
—No puedo creerlo.
Lucía levantó la vista.
—¿Qué cosa?
—Llevan una hora sin hablar de lo mucho que se quieren.
Gabriel respondió sin despegar la vista del libro.
—Estamos madurando.
Cinco segundos después, Valeria le pasó un chocolate.
—Toma.
—Gracias, amor.
Daniel golpeó la mesa.
—¡Duró exactamente cinco segundos!
Las carcajadas hicieron que la bibliotecaria levantara la mirada.
—Silencio, por favor.
Todos se llevaron un dedo a los labios.
Apenas la mujer se alejó, volvieron a reír en voz baja.
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Al terminar el trabajo, el grupo decidió caminar hasta el parque.
La lluvia había cesado y el aire olía a tierra mojada.
Mientras los demás caminaban unos metros adelante, Gabriel tomó la mano de Valeria.
—¿En qué piensas?
Ella observó las hojas mojadas caer de los árboles.
—En que hace unos meses este lugar me parecía triste.
—¿Y ahora?
—Ahora cada rincón tiene un recuerdo contigo.
Gabriel sonrió.
—Entonces tendremos que seguir creando muchos más.
Ella apoyó la cabeza en su hombro.
—Prométeme algo.
—Lo que sea.
—Cuando la carrera se ponga difícil...
Cuando lleguen los días malos...
Cuando sintamos que ya no podemos más...
No me sueltes la mano.
Gabriel detuvo el paso.
La miró directamente a los ojos.
—Escúchame bien, Valeria.
Habrá exámenes que nos harán llorar.
Habrá noches sin dormir.
Habrá momentos en los que querremos rendirnos.
Pero mientras tú quieras que camine a tu lado...
Nunca voy a soltarte.
Los ojos de Valeria comenzaron a llenarse de lágrimas.
Sin importar que sus amigos estuvieran cerca, lo abrazó con fuerza.
Daniel los vio desde unos metros de distancia y sonrió.
—¿Saben?
Todos voltearon.
—Creo que algún día vamos a contarles a nuestros hijos que conocimos a la pareja más bonita de toda la facultad.
Camila comenzó a reír.
—Todavía ni se gradúan y tú ya les inventaste hijos.
—Déjenme soñar.
Lucía abrazó a Sofía por los hombros.
—La verdad... hacen muy bonita pareja.
Mariana asintió.
—Y lo más bonito es que se ayudan a crecer.
Gabriel y Valeria escucharon aquellas palabras y se miraron en silencio.
No hacía falta decir nada.
Porque ambos sabían que el amor que estaban construyendo no solo nacía de los besos o de los abrazos.
Nacía de la admiración.
Del respeto.
De la paciencia.
Y de la decisión de caminar juntos, incluso cuando el camino se volviera difícil.
Mientras el sol comenzaba a esconderse detrás de los edificios de la facultad de medicina, los ocho amigos continuaron su camino entre risas, bromas y sueños compartidos.
Sin imaginar que la vida todavía tenía preparados nuevos desafíos para ellos.
Y que el amor, igual que la medicina, también pondría a prueba su fortaleza.