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Finalmente Te Encontré

Finalmente Te Encontré

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Transmigración antigua a moderna / Traiciones y engaños / Reencuentro / Amor eterno / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

En este mundo, la muerte no borra el pasado; lo tatúa en la piel como una cicatriz de nacimiento: el Registro
Ian es un Rastreador, un hombre que caza almas con deudas pendientes. Durante un siglo, ha vivido atormentado por la marca en su pecho, justo donde el acero le atravesó el corazón, y por el recuerdo de la mujer que le arrebató el aliento con aroma a jazmín.
Él no busca amor, busca justicia. Pero hoy, en el pasillo de un hospital, su herida ha vuelto a arder. Ella está allí, con las manos manchadas de sangre, pero esta vez para salvar una vida.
Tras cien años de sombras, Ian finalmente puede pronunciar su sentencia:
—Finalmente te encontré.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Destino

​A kilómetros de distancia, en la penumbra de un despacho que olía a incienso y papel viejo, Marcus se enderezó de golpe. Un espasmo recorrió sus dedos y sus ojos, negros como pozos de petróleo, se dilataron. Había sentido una onda de choque, una vibración en el tejido del Registro que solo podía significar una cosa: las dos marcas se habían tocado.

​La energía que emanó de los cuerpos de Anya e Ian fue tan intensa que Marcus pudo saborear el jazmín y la pólvora en el aire. Un rugido de rabia contenida escapó de su garganta. Esa cercanía no era solo una traición a las reglas; era un peligro latente que podía desestabilizar el equilibrio que él tanto se esmeraba en proteger. Si ellos se unían antes del castigo, el ciclo podría romperse a favor de ella.

​—Te estás dejando seducir por el mismo veneno, Ian —susurró Marcus para sí mismo, mientras sus uñas se clavaban en el borde del escritorio—. Si tú no cierras su expediente, yo mismo quemaré el libro con ambos dentro.

Mientras tanto, en la habitación ​Anya se quedó de pie en medio de esta, con la respiración aún agitada y el rastro del dolor punzante en su mano. Miró a Ian mientras él se abotonaba la camisa, ocultando esa marca que la había quemado.

​—No tiene sentido... —susurró ella, más para sí misma que para él—. Soy médico, Ian. Entiendo de fisiología, de sinapsis, de hormonas. Sé lo que es la atracción física, pero esto... esto fue como si mis células reconocieran las tuyas a un nivel que no debería existir.

​Ian se detuvo y la miró, pero no se acercó. Había una distancia de seguridad que ahora ambos temían romper.

​—Tu cerebro busca una explicación lógica porque es tu mecanismo de defensa —dijo Ian en voz baja—. Pero tu sangre no necesita explicaciones. Ella sabe quién soy.

​—¡Eso es precisamente lo que no entiendo! —exclamó Anya, empezando a caminar de un lado a otro por el cuarto—. Según tú, eres un hombre al que yo asesiné. Debería sentir repulsión, debería sentir miedo o una culpa paralizante. Pero cuando me tocas... —se detuvo y lo miró con una mezcla de odio y deseo—, cuando me besas, siento que finalmente he vuelto a casa después de un viaje de cien años. Es una locura. Es una enfermedad.

​Ian apretó la mandíbula. Sus palabras le dolieron más que el choque de las cicatrices.

—Quizás el castigo no es solo que yo te persiga, Anya. Quizás el verdadero castigo es que estemos condenados a desearnos en cada vida, sabiendo que el final siempre será la traición.

​Anya sintió una punzada en el pecho. Salió de la habitación de Ian casi huyendo y se encerró en el baño. Se apoyó contra el lavabo y abrió el grifo de agua fría, mojándose la cara y las manos. Miró su reflejo en el espejo empañado.

​"¿Quién eres?", se preguntó en silencio. "¿Eres la doctora Linares, la mujer que estudió por años para salvar vidas, o eres la sombra de una mujer que amó tanto a este hombre que terminó matándolo?".

​No podía entender por qué su cuerpo reaccionaba así ante alguien que era, en teoría, su verdugo. Su racionalidad estaba librando una guerra contra su instinto. Si Ian era un peligro, ¿por qué sus manos no dejaban de buscar las suyas? ¿Por qué el dolor del roce le pareció, por un segundo, un precio justo a pagar por su cercanía?

​Se miró la marca de la mano. Estaba roja, irritada, como si el trauma de 1926 hubiera ocurrido ayer mismo. De repente, una idea cruzó su mente. Ian había dicho que Marcus era el "guardián de las deudas". Si ella podía entender qué fue exactamente lo que pasó —no a través de las palabras de Ian, sino a través de sus propios medios— quizás podría recuperar el control de su vida.

​Salió del baño y regresó a su habitación. Ian estaba sentado en la sala, mirando hacia la nada con una expresión de profunda soledad. Anya no le habló. Buscó en su bolso y sacó su cuaderno de notas del hospital. Empezó a escribir cada detalle de lo que recordaba de sus sueños, de la sensación del beso y de la descarga eléctrica.

​Necesitaba un diagnóstico. Necesitaba encontrar el patrón. Pero mientras escribía, una palabra se repetía en su mente una y otra vez, una palabra que no tenía nada que ver con la medicina: Destino.

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Elizabeth Medina
ya me perdí,,,
Alexandra Ortiz Posada
Muy buena tu novela, gracias por compartir, bendiciones
Alexandra Ortiz Posada
Gracias por compartir, me gusta mucho tu novela
Alexandra Ortiz Posada
Muy buena novela, te sumerge en una película futurista, excelente
Alexandra Ortiz Posada
Me encanta tu novela, gracias por compartir, bendiciones
Martha Divas Delgado
dios estoy atrapada k impactante será k aniya es o fue mala e Ian se equivoca. hayyyyy esta historia está de infarto
Alexandra Ortiz Posada
Me gusta tu novela, ese toque de misterio la hace muy interesante, gracias por compartir , bendiciones
Marcela Lopez
excelente
Martha Divas Delgado
me gusta más capítulos y paso a paso se arma el camino ☺️
Ysabel Correa: Gracias 🫂... estaré escribiendo y actualizando todos los días
total 1 replies
Marie Beleño
pas historias así no me gustan demoran mucho para subir capitulos😡
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