A mis veinticinco años, mi mundo se reduce a una sola persona: mi hija, Ana Sofía. Como madre soltera, he aprendido a defenderme de hombres que confunden mi situación con vulnerabilidad; piensan que soy una mujer fácil, pero ese es su grave error.
He luchado sola para darnos un futuro, jurando que solo dejaría entrar a mi vida a alguien que realmente valiera la pena. O eso creía. Un hecho inesperado destrozó mis planes y me acorraló, obligándome a tomar una decisión que me avergüenza, pero que fue la única salida para salvar lo que más amo.
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Una oportunidad
Después de las duras palabras que Giselle le arrojó a Javier, este no tardó en demostrar que su despecho era tan grande como su crueldad. Movió todas sus influencias para arruinar el futuro de la joven. En menos de cuarenta y ocho horas, Giselle recibió la notificación oficial: su beca, la que se había ganado con noches en vela y promedios perfectos, le había sido retirada bajo argumentos falsos de "conducta inapropiada". Con su familia dándole la espalda y favoreciendo siempre a su hermana mayor, Camila, Giselle se encontró en un abismo absoluto.
—No sé qué voy a hacer ahora. Sin la beca, el sueño de ser cirujana se apaga para siempre —dijo Giselle, dejándose caer en el sillón con el alma rota.
—Javier es un poco hombre. ¿Cómo pudo caer tan bajo? —Alicia caminaba de un lado a otro, furiosa—. Esto no se quedará así. Llamaré a mi hermano para que te ayude; él odia a los Vargas y no dudará en hundirlos.
—No lo hagas —suplicó Giselle—. No quiero ser una carga para nadie más.
Antes de que Alicia pudiera replicar, una violenta oleada de náuseas golpeó a Giselle. Salió corriendo hacia el baño para devolver lo poco que tenía en el estómago. Alicia, que conocía a su amiga mejor que nadie, la siguió en silencio, con el corazón apretado por la sospecha que llevaba días rondándole la cabeza.
—¿Cuánto tiempo de retraso tienes, Giselle? —preguntó directamente cuando el silencio volvió al baño.
—¿De qué hablas? No te entiendo… —intentó evadirla Giselle, limpiándose los labios con manos temblorosas.
—Sabes bien a lo que me refiero. Ha pasado un mes desde aquella noche y esta mañana vi que tus toallas íntimas siguen en el empaque cerrado.
Giselle se hundió. La realidad, cruda y pesada, la aplastó contra el piso de baldosas frías.
—No sé qué voy a hacer, Alicia. Mi vida es un caos y si estoy embarazada... no creo poder resistir tanto —sollozó, abrazándose a sus rodillas como una niña desamparada.
Alicia no dijo nada; solo se sentó a su lado y la rodeó con sus brazos hasta que el llanto de Giselle se convirtió en un sueño profundo por el agotamiento. Esa misma noche, Alicia tomó una decisión: llamaría a su abuelo. El hombre llevaba meses insistiendo en que ella se fuera a Nueva York a estudiar Administración de Empresas, y aunque Alicia siempre se había negado por miedo a perder su libertad, ahora su abuelo era la única salida.
—Es un milagro que mi ingrata nieta me llame —respondió el anciano apenas se conectó la llamada.
—Estoy dispuesta a irme a Nueva York, pero con una condición —dijo Alicia, omitiendo los saludos. Sabía que con su abuelo todo era una transacción.
Le planteó su propuesta: él financiaría los estudios de Giselle y su estancia allá a cambio de que Alicia se convirtiera en la administradora que él tanto deseaba. El abuelo, viendo el beneficio a largo plazo de tener a su heredera formada, aceptó. Después de todo, invertir en "la amiga" era un precio bajo para asegurar el legado familiar.
Al día siguiente, Alicia le planteó el plan a una Giselle que, por orgullo y dignidad, se negó de inmediato.
—Amiga, ya me has dado demasiado. No puedo aceptar que tu abuelo pague mi vida, es un abuso.
—Entonces no iré —sentenció Alicia con una determinación de acero—. No pienso dejarte sola a ti, ni a mi sobrina.
—Es tu futuro, Alicia. No lo eches a perder por mí. Prefiero desaparecer antes de ser tu ancla.
—Hagamos algo —propuso Alicia, tomando las manos de su amiga—. Tómalo como un préstamo. Estudiaremos juntas allá, lejos de Javier, lejos de tus padres y de este pasado. Cuando seas la mejor cirujana de Nueva York, me pagas cada centavo. ¿Trato?
Giselle miró a Alicia y luego bajó la vista hacia su vientre, donde un pequeño latido empezaba a dictar las reglas de su nueva existencia. Por primera vez en semanas, el miedo fue reemplazado por una chispa de esperanza.
—Trato —susurró Giselle—. Pero juro que te devolveré hasta el último aliento de esta ayuda.
A miles de kilómetros de allí, en un edificio de cristal, Diego Alcázar cerraba una carpeta con frustración. Sus investigadores no habían encontrado rastro de la mujer del anillo. No sabía que la joven que buscaba estaba a punto de cruzar el océano, llevando consigo su secreto más grande y la joya que un día los volvería a unir.
—¡Esto es inaudito! Estoy pagando una fortuna para que la encuentren y ustedes se atreven a volver con las manos vacías —los gritos de Diego retumbaron en las paredes de cristal de su oficina, silenciando el bullicio habitual de la empresa.
—Señor, entienda que sin un nombre o un apellido es como buscar una aguja en un pajar. El único dato que tenemos es el nombre de su amiga, "Alicia", y es extremadamente común —explicó el investigador, tratando de mantener la compostura ante la furia del heredero.
Diego se desplomó en su silla de cuero, sintiendo por primera vez el peso de la derrota. El investigador tenía razón y la ironía le quemaba en la garganta: el nombre de la amiga de su desconocida era tan común que incluso su propia hermana se llamaba así. "Alicia", un nombre que ahora odiaba y amaba a partes iguales.
—No me den excusas. Sigan investigando —ordenó Diego, con una voz baja que era mucho más amenazante que sus gritos—. Sé que es difícil, pero esa mujer no se evaporó. Alguien tiene que haberla visto salir de ese hotel.
El investigador asintió y se retiró en silencio, dejando a Diego sumergido en la penumbra de su despacho. Las esperanzas de encontrar a su desconocida se desvanecían como el humo de un cigarrillo, y lo peor era la presión constante que sentía en la nuca. Su abuelo no le daría tregua; Valerio Alcázar seguía obsesionado con un matrimonio de conveniencia y un bisnieto que asegurara el linaje familiar.
Diego miró por el ventanal hacia las luces de la ciudad, ignorando que, a pocos kilómetros, la mujer que buscaba estaba empacando una maleta con el corazón destrozado. No sabía que el "bisnieto" que su abuelo tanto le exigía ya existía y latía con fuerza bajo el vientre de una joven que estaba a punto de desaparecer de su mapa por mucho tiempo.
El destino les había jugado una carta extraña: mientras él iniciaba una cacería desesperada, ella iniciaba una huida hacia la libertad. Nueva York los separaría, pero el hilo invisible del anillo de diamantes y la sangre que los unía, tarde o temprano, los obligaría a encontrarse de nuevo.
pudiendo salir violada y incluso con una enfermedad veneria y incluso hasta ser grabadas y montado en redes sociales. no usan la cabeza sino la estupidez
tenías que aclarar de una vez la situación.😖😤
ganas de ahogarse en un vaso con agua🤔
algo se deschabetó aquí 🤷🏼♀️