El amor es un suspiro mortal; la obsesión es un hambre eterna.”
Francois es un joven florista cuya vida es un jardín de luz y serenidad. Su mundo gira en torno a Margaret, su prometida, una mujer cuya calidez es el único refugio que necesita. Pero la felicidad de los mortales siempre atrae a las sombras, y para Demon, un vampiro antiguo que ha olvidado lo que significa sentir, Francois no es solo una presa: es una obsesión.
Demon no busca simplemente la sangre de Francois; desea corromper su pureza, quebrar su voluntad y poseerlo como la joya más preciada de su colección macabra. Consumido por unos celos patológicos hacia Margaret, el vampiro inicia un asfixiante juego de manipulación psicológica. A través de visiones aterradoras, regalos envenenados y la seducción del poder prohibido, Demon comienza a aislar a Francois de la realidad, sembrando la desconfianza y la paranoia en la pareja.
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Capítulo 22: La Noche de las Tumbas Abiertas
El cementerio de San Jude siempre fue un lugar de respeto, un jardín de piedra donde Francois y Margaret descansaban bajo la sombra de un sauce centenario. Pero esa noche, el aire no olía a tierra húmeda, sino a ozono y azufre.
Malphas permanecía de pie sobre la tumba de los Miller. Era un hombre de facciones afiladas, vestido con túnicas hechas de vendas de momia y cuero humano. En sus manos, el Diario de Ébano emitía pulsos de una luz verde enfermiza. Las páginas, antes blancas, estaban ahora saturadas de una caligrafía que parecía moverse como gusanos.
—Exsurge, maledictum. Exsurge, tenebris —susurró Malphas.
El brujo no buscaba la resurrección de la vida, sino la animación de la voluntad. Hundió una daga de hueso en su propia palma y dejó que la sangre cayera sobre la tierra donde las cenizas de Demon habían sido esparcidas años atrás.
El suelo comenzó a convulsionar.
El Retorno del Parásito
De la tumba no emergió un hombre, sino una mano de puro humo negro y hueso astillado que se aferró al borde de la lápida. Lentamente, la figura de Demon se materializó. Su rostro estaba incompleto: una mitad conservaba su belleza de mármol, mientras que la otra era una calavera expuesta donde un fuego fatuo servía de ojo.
—¿Dónde... está... la niña? —la voz de Demon era un estertor, un sonido que hacía que las flores cercanas se volvieran polvo instantáneamente.
—La niña es ahora una mujer mortal, mi señor —dijo Malphas, arrodillándose—. Ella te arrebató tu reino. Ella te condenó al vacío. Pero el Libro de la Muerte te ha reclamado.
Demon miró sus manos. Ya no sentía el hambre de sangre; sentía el hambre de existencia. Alrededor de él, las tumbas de los antiguos recolectores de Julianis y de los soldados de Aegis-Lux empezaron a estallar. Los muertos no se levantaban como zombis lentos, sino como guerreros de sombra, sus cuerpos reanimados por la energía necrótica del libro.
La Alarma en la Casa de Madera
A kilómetros de allí, en su pequeña granja en los límites del bosque, Clara Miller se despertó gritando. Se llevó la mano al pecho, justo donde solía estar la raíz de fuego. El dolor era insoportable, como si un clavo de hielo estuviera atravesando su corazón.
Varg entró en la habitación de un salto, sus instintos de lobo (ahora más apagados, pero aún presentes) erizándole el vello de la nuca.
—¿Clara? ¿Qué pasa?
—Ha vuelto, Varg —jadeó ella, con los ojos desorbitados—. Puedo sentirlo. El equilibrio se ha roto. No es el Abismo... es algo peor. Es el pasado que se niega a morir.
Varg miró por la ventana. En el horizonte, hacia la ciudad, una neblina de color esmeralda oscuro estaba devorando las luces de San Jude. Los animales del establo empezaron a enloquecer, y el bosque, ese bosque que Fenris protegía, emitió un aullido de terror puro.
El Ataque a la Ciudad Esmeralda
San Jude, que se enorgullecía de su nueva paz, se convirtió en una trampa. Los no-muertos de Malphas no necesitaban armas; su solo contacto despojaba a los vivos de su calor vital. La policía intentó intervenir, pero sus balas atravesaban los cuerpos de sombra sin efecto.
En el centro de la ciudad, frente a la antigua florería, Demon se detuvo. Miró el letrero de "El Lirio de Francois" y, con un gesto de su mano, el edificio estalló en llamas verdes.
—Si no puedo tener el jardín —rugió Demon—, el mundo será un desierto de cenizas.
El Regreso al Sótano de las Sombras
Clara y Varg llegaron a la ciudad en su vieja camioneta, esquivando los coches abandonados y los cuerpos de ciudadanos que yacían en el suelo, pálidos y sin alma.
—Tenemos que ir al cementerio —dijo Clara, armándose con una vieja hoz de plata que Margaret le había dejado—. El brujo está usando el libro. Si no cerramos el libro, los muertos no dejarán de levantarse.
—No podrás acercarte a él, Clara —advirtió Varg, cuya transformación era dolorosa y lenta debido a la pérdida de la magia—. Estás sola en esto. Ya no tienes el fuego.
—Tengo algo que el brujo no tiene —respondió ella, con una mirada de acero—. Tengo la sangre de los que él intenta profanar.
El Enfrentamiento entre las Tumbas
Al llegar al cementerio, se encontraron con un ejército de sombras. Varg se lanzó al combate, luchando con una ferocidad suicida para abrirle paso a Clara. Ella corrió entre las lápidas, esquivando las garras de los no-muertos, hasta llegar al centro del ritual.
Malphas la esperaba, con el Libro de la Muerte abierto sobre el altar de los Miller. A su lado, la figura espectral de Demon la observaba con un odio infinito.
—Clara Miller —siseó el brujo—. Has venido a entregar lo que queda de tu linaje. El libro necesita una guardiana viva para estabilizar el portal. Tu madre está muerta, tu padre es ceniza... solo quedas tú.
—¡Devuélvele la paz a este lugar, Malphas! —gritó Clara, levantando su hoz.
Demon se adelantó, su sola presencia congelando el suelo bajo los pies de Clara.
—Pequeña... espina... —Demon extendió su mano de hueso—. ¿Recuerdas lo que me hiciste? Me diste una muerte humana. Pero yo no soy humano. Soy la noche. Y ahora la noche viene a reclamar su herencia.
Con un movimiento rápido, Malphas recitó una frase en una lengua muerta. Las raíces de los árboles cercanos, ahora imbuidas de energía necrótica, se lanzaron contra Clara, atrapándola. El Libro de la Muerte comenzó a succionar su energía vital, pero en lugar de matarla, estaba intentando reconvertirla.
—Si no quieres ser la jardinera de la vida —dijo Malphas, con una sonrisa demente—, serás la Reina de los Cadáveres.
Clara sintió que su piel se volvía gris. El dolor de la mortalidad estaba siendo reemplazado por la frialdad del sudario. Pero en medio de la oscuridad, algo brilló en el suelo, bajo el Libro de la Muerte. Era la tumba de Francois.
A pesar de que la magia había desaparecido, el amor de un padre no conoce dimensiones. Una pequeña flor blanca, un lirio que no debería estar vivo en invierno, brotó de la piedra de la tumba, tocando el borde del libro.
—La muerte no tiene poder sobre lo que fue entregado con amor —susurró Clara.
El Libro de la Muerte reaccionó violentamente al contacto con el lirio. La luz verde se volvió blanca, y un grito de agonía emanó de las páginas.
La Guerra de la Carne y el Espíritu
El Volumen 6 acababa de comenzar. Demon estaba de vuelta, Malphas tenía el poder de la nigromancia, y Clara estaba empezando a transformarse en algo que no era ni viva ni muerta. La Ciudad Esmeralda estaba cayendo, y la única esperanza residía en que Clara pudiera usar el Libro de la Muerte para controlar a los monstruos antes de que ellos la controlaran a ella.
—Varg... —gritó Clara, mientras sus ojos se tornaban de un color plateado fantasmal—. ¡Busca a Julianis! ¡Dile que su sirviente le ha traicionado!
La guerra por el alma de los difuntos había comenzado, y esta vez, el jardín iba a florecer con huesos.
ah y otra cosa que pasara cuando se le quite la obsesión y lo pruebe por que a parecer todo es un simple capricho el no esta enamorado de francois?!!!