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EL AMOR NO SIEMPRE LLEGA CON PALABRAS BONITAS

EL AMOR NO SIEMPRE LLEGA CON PALABRAS BONITAS

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Amor de la infancia / Mafia
Popularitas:843
Nilai: 5
nombre de autor: miamartina

Soy Natalia Salazar. Tengo veintitrés años y jamás imaginé que una amistad de la infancia pudiera convertirse en algo más.

En Puerto Marina nadie pronunciaba el apellido Salazar sin bajar la voz. Mi padre era el hombre más temido de la ciudad, y crecer bajo su sombra significó vivir entre guardaespaldas, reglas y puertas cerradas. Mientras otros hacían amigos en la escuela o salían los fines de semana, yo aprendí a mirar el mundo desde lejos.

Pero no estaba completamente sola.

Tenía a Marcos y a Alex.

Nos conocíamos desde niños y, aunque rara vez podíamos vernos fuera de los eventos organizados por nuestras familias, ellos eran lo más parecido a una vida normal que había tenido.

Hasta aquella noche.

Lo vi entre la multitud y algo cambió.

No fue una mirada, ni una sonrisa, ni una palabra bonita. Fue algo peor: la sensación de que, por primera vez en mi vida, estaba a punto de desear algo que nunca debería haber querido.

NovelToon tiene autorización de miamartina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

lo que no debería sentir

alex

Más tarde, cuando llegué de trabajar, ya eran las cinco y media.

Pensé que no iba a encontrarla en casa, pero para mi sorpresa escuché su voz mientras bajaba las escaleras.

Llevaba una musculosa y unos shorts rojos.

Por unos segundos me quedé mirándola.

Era imposible no hacerlo.

Cada vez que la veía así, algo dentro de mí se descontrolaba.

Intentaba ignorar esos pensamientos.

Reprimirlos.

Porque era Natalia.

La conocía desde que éramos chicos.

No podía permitirme pensar o sentir cualquier tipo de cosa por ella.

Aparté la mirada y continué con lo que estaba haciendo.

Un rato después nos fuimos a Noctis.

Pero antes de salir descubrí que una de las ruedas del auto estaba pinchada, así que no tuvimos otra opción que ir en mi moto.

Ella no quería subir.

Era la primera vez que se subía a una y, por alguna razón, me alegraba un poco que fuera la mía.

—No sé si quiero hacer esto.

—No te va a pasar nada.

Le entregué el casco y esperé a que se lo pusiera.

Cuando finalmente subió, se quedó completamente quieta.

—¿Y ahora?

Tomé sus manos y las rodeé alrededor de mi cintura.

—Así. Solo agarrate fuerte.

Sentí una sensación extraña cuando sus brazos rodearon mi cuerpo.

Una sensación que jamás había experimentado.

Y que, por más que intentaba, no podía explicar.

Durante el viaje no dije nada.

Tampoco ella.

Cuando regresamos a la casa, el señor Alejandro ya estaba allí.

Para mi sorpresa, estaba preparando algunos documentos.

El jefe tenía que resolver un problema con la mercancía que debía llegar y yo sabía perfectamente lo complicado que podía ser ese asunto.

Supuse que iba a tardar bastante.

Lo que no esperaba era que me pidiera que cuidara a Natalia.

Sabía que ella era su tesoro más preciado.

Y que me confiara su seguridad significaba que confiaba demasiado en mí.

Al jefe jamás se le dice que no.

Así que acepté el favor.

Pero apenas lo hice, sentí la mirada de Natalia clavándose en mí.

Era evidente que no estaba demasiado feliz con la decisión.

Después de que Alejandro se fue, ella preparó un café y se dirigió directamente a la biblioteca.

No sabía por qué pasaba tanto tiempo ahí.

Antes leía mucho, pero no recordaba que pasara prácticamente todo el día encerrada en ese lugar.

Yo me fui a mi habitación.

Intenté no pensar en Natalia.

No pensar en nada.

Como eso no funcionaba, me puse a trabajar.

Las horas pasaron.

Cuando miré la hora, ya eran las tres de la mañana.

La casa estaba completamente en silencio.

No se escuchaba absolutamente nada.

Excepto por una pequeña luz que se filtraba por debajo de la puerta de la biblioteca.

Me acerqué y golpeé.

Nadie respondió.

Abrí lentamente la puerta.

Y ahí estaba.

En el sillón de siempre.

Se había quedado dormida con el libro entre sus brazos.

Hacía demasiado frío.

Me acerqué y, con mucho cuidado, la cargué.

No iba a entrar a su habitación sin su permiso.

Así que la llevé a la mía.

La acosté en mi cama y la tapé.

Después volví a mi escritorio para continuar trabajando.

Cada tanto levantaba la mirada.

Ella seguía dormida.

Se veía tranquila.

Como un ángel.

Cuando se hizo más tarde, agarré una frazada y me acosté en la alfombra.

No iba a despertarla.

Ni tampoco iba a ocupar su espacio.

natalia

Cuando me desperté, tardé unos segundos en darme cuenta de que no estaba en mi habitación.

Miré alrededor.

No reconocía el lugar.

Hasta que lo recordé.

Era la habitación de Alex.

Me incorporé rápidamente y empecé a buscarlo con la mirada.

Entonces miré hacia el suelo.

Él estaba ahí.

Dormido y tapado con una frazada sobre la alfombra.

Fruncí el ceño.

¿Por qué estaba durmiendo ahí?

Busqué mi celular.

Y fue entonces cuando vi una nota a mi lado.

La tomé y la leí.

Alex:

Te dejé en mi habitación porque no quería entrar a la tuya sin permiso. Espero que no te molestes.

Por favor, despertame para ir al trabajo. Gracias.

Por un segundo sentí un escalofrío.

Era extraño que alguien como Alex hiciera algo así.

Y, de alguna manera, me conmovió.

Dejé la nota sobre la mesa y me levanté con cuidado.

Preparé el desayuno.

Antes de irme a cambiar, me acerqué a él.

—Alex, bajá a desayunar.

Se despertó rápidamente y me miró directamente a los ojos.

—¿Dormiste bien?

—Yo sí, pero no creo que vos puedas decir lo mismo.

Sonreí apenas.

—No te preocupes. Estoy acostumbrado.

Hizo una pequeña pausa.

—Ya bajo. Gracias.

Me fui a mi habitación a cambiarme.

Cuando bajé, él ya estaba sentado en la mesa.

Y se veía mucho más guapo de lo normal.

Llevaba el pelo arreglado, una camisa, pantalones y zapatos negros.

Me quedé mirándolo unos segundos antes de hablar.

—Te ves muy bien. ¿Vas a algún lugar más tarde?

—Sí. Vamos a ir a un lugar después de salir del trabajo.

Fruncí el ceño.

—¿Perdón? ¿Vamos? ¿Dónde?

—Ya vas a ver. No te apures.

Rodé los ojos y me senté en el sillón a esperarlo.

Unos minutos después escuché su voz.

—Ya estoy. Nos vamos.

—Vamos.

Me levanté rápidamente del sillón y subí al auto.

Cuando llegamos a Atlas, fui directamente a la oficina.

Pero antes de entrar me crucé con Marcos.

Había estado tan ocupada durante los últimos días que me había olvidado por completo de mandarle algún mensaje.

—Hola, Marcos. ¿Cómo estás?

—Bien. Pensé que ya no existías. Estuviste desaparecida.

Sonreí.

—Lo siento. Estuve muy ocupada estos días.

Hice una pequeña pausa.

—¿Podés venir un momento? Necesito hablar de algo con vos.

Entramos a mi oficina.

Lo miré directamente a los ojos.

—Vos ya sabías que era él, ¿no?

Marcos bajó la mirada.

—Me enteré hace poco.

—¿Por qué no me dijiste nada?

Se quedó en silencio unos segundos.

—Quería que se reencontraran solos.

Lo miré sin decir nada.

Él tampoco agregó nada más.

Después de unos segundos decidí cambiar de tema.

—Bueno… ¿mañana venís a comer a casa?

—Claro.

Hizo una pequeña pausa.

—Oye, ¿estás bien estando sola en tu casa? Porque si querés…

—Se está quedando Alex en casa por el momento.

Marcos dejó de hablar.

Su expresión cambió por completo.

—¿Alex está contigo?

—Sí. Papá lo invitó y le pidió que me cuidara. No puedo ir a ningún lado si él no está conmigo.

—Ah…

Forzó una pequeña sonrisa.

—Qué bien entonces. Así no estás sola.

Se levantó del sillón.

—Oye, tengo algo muy importante y urgente que terminar.

Se dio vuelta y salió rápidamente del despacho.

Lo miré confundida.

No entendía qué le había pasado.

Pero decidí no darle más vueltas y continué con mi trabajo.

Más tarde, cuando terminé, Alex apareció en la puerta.

—¿Nos vamos?

Guardé mis cosas.

—¿A dónde?

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Ya te vas a enterar.

Abrió la puerta y esperó a que saliera.

—Tranquila. No es nada malo.

Hizo una pequeña pausa.

—Aunque creo que no te vas a querer ir de ahí.

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