"Él fue mi primer amor y yo el suyo, estuvimos juntos en nuestros peores y mejores momentos, sin embargo ahora me estaba cambiando por alguien más joven."
Karla nunca estuvo preparada para descubrir la infidelidad del hombre que consideraba el amor de su vida, y mucho menos para ser echada a la calle tras una vida entera de entrega. Por si fuera poco, el desprecio de sus propios hijos —al no encajar en su ideal de madre— termina de destrozar su mundo. Con el corazón roto y la vida en ruinas, Karla se encuentra en un punto de no retorno: dejar que el dolor la consuma o reunir las fuerzas para sanar y reconstruirse desde cero.
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¿Eres feliz mi niña?
Después de que Johan se fue, dejándome hecha un mar de dudas, los chicos me rodearon sin un gramo de discreción para bombardearme a preguntas.
— ¿Quién es él? —preguntó Marcus.
— ¿De dónde lo conoces? —siguió Jhon.
— ¿Y cuántos años tiene? —cuestionó Regina con una sonrisa pícara.
Puse los ojos en blanco ante la ráfaga de cuestionamientos.
— Solo es un amigo de por ahí.
Marcus entornó los ojos como un gato sospechoso. Ante su gesto, di un paso hacia atrás instintivamente.
— No me digas que es una especie de pretendiente... —insistió.
— No, claro que no. Solo es un amigo —le dije con premura.
Técnicamente era la verdad: Johan y yo solo éramos amigos. O al menos eso era lo que intentaba convencerme a mí misma.
— Por favor, Karla. Ese hombre está interesado en ti, vi cómo te miraba —aseguró Marcus—. Te veía con ojos de corazón. Si yo fuera tú, no desaprovecharía la oportunidad. Es alto, guapo y tiene dinero de sobra. Te apuesto a que Armando se moriría de la rabia si los viera juntos.
Jhon carraspeó con exageración ante el comentario, haciendo que Marcus soltara una carcajada.
— Bueno, como no soy tú, estoy más que satisfecho con mi macho mecánico. Pero el tipo es un partido increíble.
— No me siento preparada para iniciar una relación —suspiré—. Mi vida entera está en el limbo. Además, no puedo simplemente salir con alguien para vengarme de mi ex; no sería justo para nadie.
— Karla tiene toda la razón, Marcus —intervino Regina, poniéndome una mano cariñosa en el hombro—. Si ese caballero es el hombre indicado para nuestra Karlita, solo el tiempo lo dirá. No hay que presionar las cosas.
Sonreí con alivio ante las palabras de Regina, sintiendo que al menos en este taller tenía un refugio seguro.
***
Por la tarde, tal vez por curiosidad o quizás porque Regina había sembrado la semilla de la duda en mi mente, decidí acercarme a la escuela de los niños. Solo quería verlos de lejos, observar sus semblantes y descubrir si se veían tristes o felices. Y, si tenía suerte, hablar con ellos.
Así que esperé con paciencia en una tiendita frente al colegio. No tuve que aguardar mucho tiempo; de inmediato comenzaron a salir los alumnos. Con cuidado, busqué a mis hijos entre la multitud. Encontré primero a Karina, quien llevaba una coleta alta que encendió una alarma instantánea en mi cabeza: a ella jamás le había gustado ese tipo de peinado. Podía recordar las mañanas enteras que había dedicado a hacerle sus peinados de princesa.
Al fijarme en su rostro, me invadió una profunda tristeza al notar que no sonreía como solía hacerlo. Es más, sus pasos eran tan lentos que daba la impresión de no querer salir de la escuela.
— Karina… —susurré con un nudo en la garganta—. ¿Eres feliz, mi niña?
Instantes después, busqué a Kian. Tampoco me fue difícil dar con él: estaba junto a un grupo de compañeros. Kian siempre había sido un niño reservado, de los que no demuestran mucho sus emociones, por lo que resultaba complicado descifrar si había un cambio en su actitud. Sin embargo, su cabello mal recortado y su ropa desprolija me dejaron claro que toda esta situación estaba siendo demasiado pesada para ellos.
Armando no los estaba cuidando; Cristel no podía ser una madre para ellos.
Al darme cuenta de que no estaba el auto de Armando ni tampoco había ningún atisbo de esa mujer, decidí hablar con ellos.
Respiré hondo mientras me levantaba de mi asiento. Ya no albergaba grandes esperanzas ni falsas ilusiones; solo quería verlos de cerca y darles algo de dinero para que se compraran lo que quisieran. Y si me rechazaban de nuevo, al menos me aseguraría de decirles que, pase lo que pase, siempre podrían regresar a mí.
Ellos seguían siendo mis hijos, sangre de mi sangre, eran mi vida entera. Los amaba con el alma y no me gustaba verlos desanimados, como si hubieran pasado por muchas penurias.
Fruncí los labios mientras pensaba que tal vez sería buena idea demandar a Armando y luchar por la custodia de los niños aunque ellos me rechazaran; quizás con el tiempo se darían cuenta de que yo nunca fui la mala del cuento.
Cuando estaba a punto de llegar a donde se encontraban, caí en la cuenta de que ni siquiera me había bañado para quitarme un poco el olor a grasa. Mientras dudaba si debía acercarme o no, Karina se dio cuenta de mi presencia.
La forma en que sus ojos cambiaron de expresión fue tan extraña y maravillosa: sus ojitos verdes, que se veían cabizbajos y denotaban tristeza, en un parpadeo se volvieron redondos por la sorpresa; luego se curvaron como dos medias lunas para después llenarse de lágrimas, haciendo que los míos también lo hicieran.
— ¡Mamá! ¡Es mi mamá! ¡Mamita! ¡Mamita! ¡Te amo! — gritó con una emoción aue me encogió el corazón.
Karina corrió hasta mis brazos. No le importó que mi ropa estuviera llena de grasa y me rodeó con sus pequeños brazos mientras lloraba a mares.
— Mamá también te ama, mi pequeña —le susurré, abrazándola con todas mis fuerzas mientras mis propias lágrimas rodaban sin control.
Armando y Cristel que quieren ahora 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Ahora llegará acompañada de Johan y Armando se agarrará de allí veremos qué pasará en la fiscalía.
Karla lo mejor que te ha pasado es haber salido de ese parásito bueno para nada tienes ahora a tus hijos, a Johan que te está conquistando y de paso te ganas la lotería mejor imposible.
Karla se acaba de ganar la lotería ya tiene el dinero para montar su propio taller, comprar una casa y darle una buena vida a sus hijos.