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LA GRAVEDAD DEL PASADO Vs. PRESENTE.

LA GRAVEDAD DEL PASADO Vs. PRESENTE.

Status: Terminada
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Casos sin resolver / Completas
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

La gravedad del pasado vs. El presente:
Él vive atrapado en la órbita de la muerte de su esposa.
Clara Monasterio, luminosa y dedicada a salvar vidas infantiles, representa una fuerza opuesta que lo empuja a sanar, aunque su mente paranoica tema que acercarse a ella ponga en peligro a los que ama.

​El filtro del niño: El hijo de 6 años actúa como el "sensor" de la novela. Al aceptar inmediatamente a Clara, rompe las defensas del padre.

​El misterio de fondo: El asesinato de la exesposa no fue un simple asalto de compras. A medida que Clara y el magnate interactúan, la teniente Samantha Blake comienza a notar inconsistencias en el caso que la policía dio por cerrado, vinculando el peligro al estatus tecnológico del protagonista.
Clara es la hija de la doctora en eminencia en cardiología Diana Monasterio. De la novela "BAJO EL PULSO DE LA GRAVEDAD"

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

SOMBRAS EN LA RED Y CITAS INESPERADAS

​Mientras la residencia Monasterio continuaba resonando con las risas, las pullas familiares y el brindis continuo por las ironías del destino, a varios kilómetros de distancia, en el búnker tecnológico de Kaelen Vance, el ambiente era radicalmente opuesto. El silencio que reinaba en el despacho principal solo era roto por el parpadeo constante de los servidores y el suave zumbido de las pantallas holográficas que proyectaban complejos análisis financieros y códigos de seguridad internacional.

​Kaelen estaba de pie frente al ventanal de suelo a techo, con una copa de bourbon en la mano derecha que apenas había tocado. Su mirada gris, afilada y distante, escrutaba la cuadrícula infinita de luces de la ciudad. A sus espaldas, la inteligencia artificial de la mansión emitió un parpadeo sonoro antes de emitir su reporte sintetizado:

​—Señor Vance, se ha detectado un pico de actividad inusual en los cortafuegos secundarios de la corporación. Tres nodos de acceso externos intentaron rastrear la IP asociada a la consulta pediátrica privada de la red clínica Monasterio. La brecha fue neutralizada de inmediato, pero el origen del ataque apunta directamente a los servidores fantasma de la competencia asiática. Están buscando vulnerabilidades en su círculo personal.

​La mandíbula de Kaelen se contrajo con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos alrededor del cristal. Dejó la copa de golpe sobre la mesa auxiliar, haciendo que el líquido ámbar se agitara violentamente. El peligro no era una hipótesis; era una certeza implacable. Cada vez que permitía que su atención se desviara hacia el exterior, cada vez que su hijo Irai rompía el protocolo de aislamiento, el enemigo invisible que había acabado con la vida de su esposa parecía oler la debilidad y acercarse un paso más.

​—Intensifica el cifrado de nivel cero en todas las rutas de tránsito de la clínica Monasterio —ordenó Kaelen con una voz gélida, cortante como el filo de un diamante—. Y mantén bajo vigilancia satelital cualquier movimiento sospechoso en un radio de cinco kilómetros alrededor de su sede principal. Si alguien intenta acercarse a ellos para llegar a mí, quiero saberlo antes de que den el primer paso.

​—Entendido, señor Vance. Protocolo de sombra activado —respondió la máquina con su tono neutral y obediente.

​Kaelen cerró los ojos un instante, sintiendo el peso abrumador de la culpa. Sabía perfectamente lo que dictaba la lógica: debía cortar cualquier lazo, prohibirle a Irai volver a mencionar a la doctora de larga melena castaña y chaqueta verde esmeralda, y levantar un muro todavía más alto alrededor de su fortaleza. Sin embargo, al recordar la forma en que Clara lo había desafiado con la mirada en el consultorio, y cómo la doctora Diana y la Teniente Samantha habían cerrado filas para plantarle cara, una fuerza extraña, magnética y desafiante se opuso a la retirada.

​A la mañana siguiente, el sol matutino se filtraba con suavidad a través de los ventanales de la clínica pediátrica Monasterio. Las actividades transcurrían con la habitual eficiencia impecable. Clara se encontraba en su despacho revisando los resultados de unos análisis de laboratorio cuando un par de suaves golpes en la puerta interrumpieron su concentración.

​—Adelante —dijo Clara, sin levantar la vista de los expedientes digitales.

​La puerta se abrió con lentitud. En lugar de la enfermera Marta o alguno de sus hermanos, apareció la figura imponente de la Teniente Samantha Blake. La ex-militar vestía una impecable americana gris sobre una blusa negra, y llevaba en la mano una tableta táctil y un termo metálico con café. Cerró la puerta con cuidado y se recostó contra ella, cruzando los brazos con esa postura táctica y analítica que la caracterizaba.

​—Buenos días, doctora Clara —saludó Samantha con una media sonrisa socarrona, observando a la joven con detenimiento—. Veo que el café de la clínica sigue oliendo a gloria, aunque dudo que tenga la capacidad de despejar el torbellino mental que llevas desde ayer.

​Clara exhaló un suspiro resignado, dejó el lápiz sobre el escritorio y recostó la espalda en su silla ejecutiva, cruzando los brazos en un gesto de defensa cariñosa.

​—Tú tampoco te quedas atrás, Samantha. Si vienes a unirte al comité de burla familiar que mamá inauguró anoche en la cena, te advierto que tengo el alta médica para bloquear llamadas grupales —replicó Clara, aunque una sonrisa inevitable se dibujaba en las comisuras de sus labios.

​Samantha soltó una carcajada corta y grave, negando con la cabeza mientras se acercaba al escritorio para dejar el termo sobre la esquina de la mesa.

​—No vengo a burlarme, Clara. O al menos no del todo —aclaró la ex-teniente con un tono de voz que de pronto se volvió más serio y medido—. Anoche estuve revisando los reportes de seguridad que Diana archivó, y cruzando algunos datos con mis antiguos contactos de inteligencia. El hombre que vino ayer a tu consultorio, Kaelen Vance, no es un simple multimillonario excéntrico. Está en el ojo del huracán. Hay corporaciones internacionales y facciones en la sombra que darían cualquier cosa por descifrar los algoritmos cuánticos de sus empresas. Si te acercas a su órbita, te aseguro que el peligro dejará de ser una anécdota de pasillo.

​Clara sintió que el aire se volvía un poco más denso en la habitación. Las palabras de Samantha resonaron con la fría precisión de una advertencia militar, pero en lugar de infundirle miedo, despertaron en ella una curiosidad profunda y un extraño sentido de protección hacia el hombre de los ojos grises y su pequeño hijo.

​—¿Y qué sugieres, Samantha? ¿Que me encierre en el quirófano y finja que no vi la soledad en los ojos de ese niño ni la tormenta que arrastra su padre? —preguntó Clara con voz firme, sosteniendo la mirada analítica de la ex-militar sin parpadear.

​Antes de que Samantha pudiera replicar, un tono de llamada sutil y educado sonó en el teléfono corporativo del escritorio de Clara. La joven doctora parpadeó, frunció el ceño y deslizó el dedo para aceptar la comunicación de la recepción principal.

​—Doctora Monasterio, disculpe la interrupción —la voz de la recepcionista sonó ligeramente nerviosa a través del altavoz—. Hay... hay un mensajero en la entrada principal. Ha dejado un paquete exclusivo para usted. Viene con una tarjeta firmada directamente por el despacho del señor Kaelen Vance.

​Clara y Samantha intercambiaron una mirada fulminante. La gravedad, una vez más, acababa de hacer su jugada maestra.

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Miriam Perilla
mil felicitaciones excelente narración, diversión y suspenso gratis 👏👏👏👏👏👏
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