Ella amaba dibujar, su sueño era poder dedicarse a eso.. pero, sufre un accidente.. aun así, la vida la oportunidad de reencarnar en una nueva vida.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Despertar
Cuando finalmente abrió los ojos, no entendió absolutamente nada.
Parpadeó varias veces.
Miró hacia el techo.
Después hacia las paredes.
Luego hacia la cama.
Y finalmente volvió a mirar el techo.
Todo era…
Demasiado elegante.
La habitación era enorme. Las cortinas eran de una tela fina que jamás había visto en su vida, los muebles tenían detalles cuidadosamente tallados y hasta la cama parecía pertenecer a algún palacio.
Se incorporó lentamente.
[¿Dónde estoy?]
Miró sus manos.
Eran mas pequeñas.
Delicadas.
Y definitivamente no eran sus manos.
—¿Qué...?
Su voz también era diferente.
Más suave.
Más tranquila.
Se quedó completamente quieta.
[Esto no puede ser.]
Intentó recordar.
La montaña.
La nieve.
La caja de lápices.
La caída.
El golpe.
Después, oscuridad.
[Quizás alguien me encontró.]
Sí.
Eso tenía sentido.
Quizás había caído por el cerro y alguna persona la había encontrado inconsciente.
Tal vez la habían llevado a una mansión.
Aunque...
[¿Qué clase de persona lleva a alguien herido a una mansión así?]
Miró alrededor otra vez.
Todo parecía sacado de una película.
La decoración.
Los vestidos.
Los muebles.
Las lámparas de aceite.
Hasta los pequeños objetos brillantes sobre la mesa parecían pertenecer a otra época.
Entonces una idea apareció en su cabeza.
[Quizás están grabando una película.]
Eso tenía que ser.
Sí.
Probablemente era una producción histórica.
Tal vez había caído cerca de un lugar donde estaban grabando.
Y alguien la había confundido con una actriz o con una asistente.
[Claro.]
Asintió lentamente.
[Es eso.]
Intentó convencerse.
[Definitivamente es eso.]
Se levantó de la cama.
Sus piernas eran más pequeñas de lo que recordaba y tuvo que apoyarse en la cama para no perder el equilibrio.
Caminó unos pasos.
Entonces vio un enorme espejo.
Se detuvo.
Y se quedó mirando.
En el espejo había una hermosa adolescente.
Cabello castaño claro.
De un tono parecido a la miel.
Ojos grandes claros.
Rostro delicado.
Piel suave.
Un pequeño vestido elegante.
La niña la miraba exactamente como ella la miraba.
Ella levantó una mano.
La niña del espejo hizo lo mismo.
Abrió los ojos.
La niña también.
Se tocó el cabello.
La niña se tocó el cabello.
No dijo nada.
Simplemente siguió mirándose.
[¿Quién es esta muchacha?]
Bajó la mirada hacia sus manos.
Volvió a levantarla.
Se tocó el rostro.
Era real.
No era maquillaje.
No era un disfraz.
No era una peluca.
[Esto no es una película.]
Sintió que el corazón comenzaba a latir con fuerza.
—No...
Retrocedió un paso.
Miró nuevamente el espejo.
—No, no, no...
Se llevó ambas manos al cabello.
El cabello castaño claro.
El mismo cabello que había visto en aquellas imágenes.
El mismo rostro.
La misma niña.
[Es ella.]
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo.
Entonces corrió hacia la ventana.
Abrió las cortinas.
Y se quedó completamente inmóvil.
Frente a ella se extendía un enorme jardín.
Más allá había fuentes, árboles perfectamente cuidados y caminos de piedra.
La mansión.
Una construcción gigantesca y elegante que reconoció inmediatamente.
La había visto.
No una vez.
Sino cientos de veces dentro de aquellas imágenes.
La mansión Lothian.
Sus recuerdos comenzaron a regresar.
El anciano.
Los jardines.
La biblioteca.
Las comidas silenciosas.
La niña de cabello color miel.
La sonrisa vacía.
La soledad.
Todo comenzó a encajar.
Su respiración se volvió más rápida.
—No puede ser...
Retrocedió lentamente.
[La mansión Lothian...]
Miró sus manos.
Luego el espejo.
Después volvió a mirar por la ventana.
[La muchacha...]
Su corazón comenzó a golpear con fuerza.
[La muchacha era...]
Sintió que las piezas finalmente encajaban.
[Olivia.]
El nombre apareció en su mente.
Olivia Lothian.
La niña que había visto en aquellos recuerdos.
La niña que vivía en aquella enorme mansión.
La niña que tenía todo, excepto aquello que realmente parecía necesitar.
Una vida.
Una ilusión.
Un sueño.
Ella se quedó completamente quieta.
Durante varios segundos no pudo reaccionar.
Después negó con la cabeza.
—No.
Volvió a negar.
—No puede ser.
Se sentó en el borde de la cama.
[Quizás estoy soñando.]
Cerró los ojos.
Los abrió.
Seguía allí.
Se pellizcó suavemente el brazo.
—Ay...
Seguía allí.
[Quizás estoy alucinando.]
Miró sus manos otra vez.
[Quizás el golpe en la cabeza me hizo perder la memoria.]
Pero entonces recordó perfectamente.
Su vida anterior.
Sus lápices.
Su cuaderno.
Las horas dibujando.
La montaña.
La caída.
El golpe.
Y aquel último pensamiento.
[Me habría gustado mucho haber seguido pintando...]
Sus ojos se abrieron lentamente.
[Entonces...]
Miró el espejo.
La muchacha del reflejo también la miraba.
[¿Morí?]
La idea era absurda.
Completamente absurda.
Pero no había otra explicación.
Había muerto.
Y ahora estaba allí.
En otro cuerpo.
En otra familia.
En otra vida.
Después de negarlo durante varios minutos, después de buscar cualquier explicación posible y después de intentar convencerse de que aquello debía ser un sueño...
Finalmente tuvo que aceptar la realidad.
Tragó saliva.
Miró su reflejo.
Y susurró..
—Soy Olivia Lothian...
Silencio.
La pequeña habitación permaneció completamente quieta.
Entonces ella se llevó una mano a la frente.
[¡Reencarné!]
Por alguna razón, lo primero que pensó no fue en riquezas.
Ni en títulos.
Ni en la mansión.
Ni siquiera en su nueva familia.
Pensó en sus lápices.
En su cuaderno.
En todas las pinturas que había dejado atrás.
Y su expresión cambió lentamente.
[¿Y ahora qué voy a hacer?]
Miró alrededor de aquella habitación enorme.
Después volvió a mirar sus pequeñas manos.
Y finalmente sonrió.
Era una sonrisa tímida.
Pero esta vez…
Había algo diferente en ella.
Una pequeña chispa.
Una posibilidad.
Porque aunque había perdido su antigua vida...
Quizás aquella nueva vida le permitiría hacer algo que siempre había deseado.
Quizás, finalmente...
Podría dibujar para siempre.