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Renacida Como La Capitana Rival

Renacida Como La Capitana Rival

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Venganza / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Tras ser traicionada por su mejor amiga y su entrenador, la prodigiosa animadora Emma es asesinada. Al renacer dos años antes, se une al equipo rival para reconstruirlo y reunir pruebas con las que desenmascarar a quienes la destruyeron.

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Capítulo 18: El escenario final

El sol del domingo entró por la ventana de la habitación del hotel con una luz blanca y fría, como si el cielo mismo supiera que ese día no sería uno cualquiera. Me desperté antes de que sonara la alarma, con el corazón latiéndome en la garganta, y lo primero que hice fue tocar la carpeta negra que descansaba sobre la mesa de noche. Ahí estaban todas las pruebas: firmas, registros, el testimonio de Mara, copias guardadas en tres memorias USB distintas, repartidas entre nosotras para que nadie pudiera destruirlas todas. Nadie podía arrebatar nos la verdad. No esta vez.

El equipo se reunió en el pasillo, todos con el uniforme azul y blanco impecable, el cabello recogido, los pompones brillando bajo las luces del techo. Zoe, Lucas, Mara, Julián y las demás: seis personas que habían dejado de ser compañeras para convertirse en familia. Nadie hablaba mucho, pero cuando nos mirábamos, no necesitábamos palabras. Nos entendíamos. Sabíamos el peso que cada una cargaba.

—¿Estás lista? —me preguntó Zoe, ajustándome el lazo del uniforme con manos suaves.

—No lo sé —respondí con sinceridad—. Pero estoy aquí. Y eso es lo que importa.

El gimnasio de la universidad estaba abarrotado cuando llegamos. Miles de personas llenaban las gradas, el murmullo de voces se mezclaba con la música que sonaba de fondo, y en el centro, el escenario brillaba con luces cegadoras, el mismo escenario que en mi vida anterior había sido el último lugar que vi antes de caer al vacío. Sentí un mareo repentino, un destello de recuerdo: el frío del metal, el empujón, la caída infinita. Pero entonces sentí la mano de Mara sobre mi hombro, cálida y firme, y el miedo se desvaneció. No estaba sola.

Vimos entrar al equipo de Westford. Liderados por el entrenador Márquez, con su traje oscuro y su mirada de hielo, y al frente, Lila, con el uniforme rojo y dorado, la cabeza alta, la expresión impasible. Caminaba como si nada hubiera pasado, como si no hubiera amenazas, ni secretos, ni vidas rotas. Pero cuando sus ojos se cruzaron con los míos, vi algo que me heló la sangre: resignación. Como si ya supiera cómo iba a terminar todo, y no pudiera hacer nada por evitarlo.

Las actuaciones empezaron. Equipos de toda la competencia desfilaban, llenando el escenario de color y energía, y cada minuto que pasaba sentía que el nudo en mi estómago se apretaba más. Faltábamos nosotras. Y luego Westford. Y después… la verdad.

—Equipo Riverside —anunció el locutor—. ¡Sube al escenario!

Subimos los escalones juntos, paso a paso, contando cada movimiento como si fuera lo más importante de nuestras vidas. La música empezó, y nos movimos al unísono, no con la perfección mecánica de Westford, sino con algo más poderoso: el alma. Cada salto, cada giro, cada movimiento llevaba el peso de todo lo que habíamos vivido: el miedo, la traición, la esperanza, la lealtad. Mientras bailaba, miraba a mi equipo, a mis amigas, y supe que incluso si no ganábamos la competencia, ya habíamos ganado algo mucho más grande. Nos habíamos encontrado a nosotras mismas.

Cuando terminamos, el aplauso estalló en las gradas, fuerte y sincero, y vi a mucha gente de pie, aplaudiendo con lágrimas en los ojos. Bajamos del escenario con las manos entrelazadas, temblando de emoción.

—Fue increíble —susurró Mara, con la voz rota—. Nunca pensé que podría sentir algo así.

Llegó el turno de Westford. Subieron al escenario con su precisión habitual, cada movimiento milimétrico, cada salto idéntico al anterior. Eran perfectas. Pero faltaba algo. No había luz en sus ojos. Bailaban por obligación, por miedo, por el peso de las expectativas que las aplastaba. Y en el centro, Lila bailaba con una intensidad dolorosa, como si estuviera luchando contra el mundo entero, como si cada movimiento fuera su última oportunidad de escapar.

La rutina llegó a su final. La música se detuvo. Se quedaron en su posición final, en silencio, bajo el aplauso de la mitad del público. Y entonces, sucedió.

Antes de que pudieran bajar, Lila dio un paso al frente. Se giró hacia el jurado, hacia el público, hacia todos nosotros. Y con la voz clara y firme, que resonó por todo el estadio, habló:

—Tengo algo que decir. Algo que todos necesitan escuchar.

El entrenador Márquez subió de un salto al escenario, pálido de furia.

—¡Lila, bájate de ahí! ¡Ahora mismo!

—No —respondió ella, sin apartar la mirada del jurado—. Ya no más. No voy a callarme más. No voy a mentir más. Mi padre… él ha estado robando dinero, falsificando calificaciones, chantajeando a estudiantes, amenazando a familias. Y yo… yo lo ayudé. Lo hice porque tenía miedo. Porque me dijo que era la única forma de ganar. Pero me equivoqué. Y no puedo seguir callada.

El estadio quedó en silencio absoluto. Nadie se movía. Nadie respiraba. El entrenador se abalanzó hacia ella, pero dos miembros del comité se interpusieron, deteniéndolo.

—¡Está loca! —gritó él—. ¡No saben lo que dice! ¡Es una mentira!

—No es mentira —dijo Lila, y sacó un sobre del bolsillo de su chaqueta—. Aquí están los registros originales. Todo. Las cuentas bancarias, los pagos, las órdenes que me dio. Yo misma lo copié todo esta noche. Porque… porque alguien me dijo que todavía podía elegir ser yo. —Me miró, y por primera vez vi lágrimas de alivio en sus ojos—. Lo siento, Emma. Por todo.

En ese instante, el caos estalló. Los periodistas se abalanzaron hacia el escenario, los miembros del comité se acercaron a Lila, el entrenador Márquez fue escoltado fuera por seguridad, gritando y luchando contra los guardias. Las gradas eran un mar de murmullos, gente de pie, señalando, preguntando. Yo me quedé inmóvil, con el corazón desbocado. No esperaba esto. No esperaba que ella misma lo confesara. Que eligiera la verdad aunque le costara todo.

Lila bajó del escenario y caminó hacia mí. Estaba temblando, pero no de miedo. De liberación.

—No me perdono por lo que hice —dijo, con voz suave—. Pero espero que algún día tú sí. Voy a tener que rendir cuentas, Emma. Voy a tener que responder por todo. Pero al menos… al menos ya no llevo la mentira encima.

—Gracias —le dije, y mi voz se quebró—. Gracias por tener el valor que yo no pude darte.

—No fue valor —susurró ella—. Fue recordar lo que tú me enseñaste. Que la verdad duele, pero libera. Y yo estaba tan encadenada que ya no podía respirar.

Se apartó cuando llegaron los oficiales del comité para escoltarla. No se resistió. Caminó con la cabeza alta, dejando atrás el peso de años de secretos y miedo. Yo la vi irse, y sentí dolor, sí, pero también esperanza. Porque al final, no todo estaba perdido. Ella había encontrado el camino de vuelta.

El jurado se reunió rápidamente. Anunciaron que la competición quedaba suspendida temporalmente, que se revisarían todos los resultados, y que se haría justicia. Pero en ese momento, lo que importaba no era el trofeo. Lo que importaba era que la verdad había salido a la luz, brillante y dolorosa, y ya nadie podía apagarla.

Nos abrazamos, el equipo todo junto, llorando de emoción y de alivio. Habíamos sobrevivido. Habíamos ganado algo mucho más grande que una medalla. Habíamos recuperado la verdad. Y aunque el camino sería largo, y las consecuencias pesadas, sabía que al final, todo estaría bien.

Miré hacia el cielo del gimnasio, hacia donde estaba Lila, y supe que esto no era un adiós. Era un hasta luego. Porque las personas que eligen la verdad, aunque sea tarde, siempre encuentran la forma de volver a empezar. Y yo… yo estaba lista para empezar de nuevo. No como la chica que murió. Sino como la chica que renació para decir la verdad. Como la capitana que no lideraba con miedo, sino con el corazón.

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Patty Molina
sin jóvenes,no entiendo por qué los papás no aparecen ellos deberían apoyarlos o los profesores, solos no pueden
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: los papás la apoyan, más no intervienen, porque la que busca justicia y venganza es la protagonista
total 1 replies
Eliana Angulo
te felicito 👏🏽👏🏽
Eliana Angulo
muy interesante, te felicito 👏
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