Luciana Sandoval dio sus ojos para que Kael no perdiera el trono el reino y este prometió amarla. Pero, con la llegada de Eloisa al palacio, la vida de Luciana cambia y Kael siempre esta de lado de Eloisa.
Y lo peor de todo, es cuando Luciana, es abandonada en el bosque por Kael despues de ser inculpada por Eloisa y encuentra su final al caer por un acantilado, pero, no todo acaba ahí, porque, otra alma posee el cuerpo de Luciana y aunque no pueda ver, logra salir del bosque, siendo salvada por una bruja quien la lleva a la mansión del rey Vampiro, Ceres Valentine, el cual, siente una curiosidad por Luciana, al notar que su ceguera, no la vuelve una mujer débil, y justo por esto, le propone casarse con él, así, su abuela no lo seguirá presionando y él, la ayudará a obtener la venganza que ella busca en nombre de la verdadera Luciana.
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Capitulo 22- ataque...
Dos días después de la fiesta, Olivia Soleil, le envío una invitación a Luciana para recibirla en una casa de campo a las afueras de Rose. Esto lo supo el marqués Duval, lo qué le hizo pensar que era su oportunidad de actuar. Si Luciana moría, su hija tendría la oportunidad de entrar al palacio como reina y su familia finalmente podría acender.
El carruaje donde iba Luciana, salió en la mañana, acompañada de solo diez escoltas, lo que para el marqués Duval representa una ventaja, y ni siquiera se toma la molestia de preguntarse porque el rey dejaría salir a su esposa con tan poca escolta.
Al alejarse lo suficiente, el carruaje se vio rodeado de hombres cubiertos de con una máscara, pidiendo a los guardias que se entreguen a la mujer que iba en el carruaje. Por supuesto, los guardias estaban por pelear, cuando la puerta se abre, bajando Luciana.
—puedo encargarme de esto.— ordeno la pelirroja.
De repente, dos sombras se forman a sus costados que terminan tomando la forma de los perros. Onix y Nox, dieron un paso hacía adelante, mientras los atacantes volteaban a verse entre ellos, no esperaban que la mujer que tenían que matar fuese en realidad una usuaria de magia.
—parece qué...no les avisaron a quien venían a atacar.— comenta Luciana.
—lo sabemos...eres la mujer que trajo el rey...— responde uno.
—y si soy la mujer del rey...¿por qué creen que saldría sin tanta escolta?— sonríe.
Antes de poder responder, los perros fueron los primeros en lanzase a atacar, Onix agarró el brazo de uno, rompiendo carne y huesos hasta arrancar el brazo.
Nox fue directamente al cuello de otro. Ante esto, los otros intentan atacar a los perros, pero, Luciana deja salir sus garras y ataca, sus garras fácilmente desgarrar la piel, causando heridas profundas. Los atacantes, al ser de distintas especies, unos usan magia para atacar, dos que eran licantropos se transforman.
Los guardias que acompañan a Luciana se unen a la pelea. Los asesinos, no esperaban que Luciana pudiese defenderse, quien los envío, aseguro que era objetivo fácil, una mujer ciega que no les daría problemas. Sin embargo, ahí estaban, cayendo todos.
Al final, los guardias hirieron y capturaron a tres, mientras que Luciana y sus perros, no dejaron ni uno vivo.
—majestad, los llevaremos para interrogar, el rey querrá saber quien los envío.— menciona uno de los guardias.
—trae a uno aquí.— ordena Luciana.
Dos guardias arrastran a uno de los asesinos y con las manos atadas lo hacen arrodillarse ante la pelirroja.
—habla...tal vez esta sea tu oportunidad de salir vivo.— ofrece la pelirroja.
—adelante, matame, de una u otra forma no sabrás nada.— se burla el hombre.
—de acuerdo. Llévenlo al calabozo, averigüen si tiene familia, y si la tiene, corten sus cabezas y tirenlas en su celda para que tenga compañía.— ordena Luciana.
—¡no!, no puedes hacer eso...ellos no saben nada...¿con que excusa los matarás?— se defiende el hombre.
—soy la reina...a nadie le va a importar que una familia de plebeyos sea ejecutada por mí.— se burla la pelirroja.
—las personas solo pensarán que hicieron algo mal y por eso los ejecutaron.— agrega uno de los guardias.
—exacto. ¿Y crees que alguien pedirá clemencia por ellos?, los iguales a ti, solo miraran a otro lado.— sonríe Luciana.
El hombre aprieta los dientes. Sabe qué, aunque no hable, ellos lograrán averiguar quien es su familia, sabe bien, que ella dice la verdad, a nadie le va importar si los ejecutan con cualquier excusa.
—si hablo...los dejas ir...—
—les daré dinero para que se vayan, así tu contratista no podrá hacerles nada.— promete la pelirroja.
—el marqués Duval...dijo que si mueres el pacto de sangre se rompe y su hija podrá ser reina.— responde aquel hombre.
—bien.—
Luciana ordena que se haga lo que prometió, en cuanto a los otros, y el que hablo, serán llevados a los calabozos y no dirán nada sobre el ataque. Ella seguirá su camino hacía la villa de la princesa Olivia.
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En la villa, Celia estaba presente y escucho que Luciana aun no llegaba. Eso significa que el plan de su padre funcionó, así que, estaba feliz mientras platica con algunas jóvenes.
Pero, de repente, se anuncia la llegada de Luciana y Olivia va personalmente a recibirla. Celia se sobresalta y al asomarse, ve a la pelirroja bajar del carruaje.
—me disculpo por la tardanza, ocurrió un pequeño percance en el camino.— comenta Luciana.
—no se preocupe, lo importante es que llego a salvo majestad.— responde Olivia.
Ambas pasan al jardín, donde se han puesto mesas y las doncellas ya sirven el té y bocadillos. Olivia toma asiento junto a Luciana para poder hablar con ella.
—su majestad el rey siempre ha sido conocido por no fijarse en ninguna mujer del reino. Realmente me sorprendió saber que se había casado con usted.— comenta otra chica.
—es verdad, cuéntenos majestad, ¿como fue usted y el rey se enamoraron?— pregunta Olivia.
—no fue gran cosa, después de lo que ocurrió en Holwin, la bruja Eirene me salvo. Al principio, cuando llego su majestad a la mansión, ni él, ni yo, nos agradamos al inicio.— cuenta Luciana.
—así que primero fue odio y después amor, que emocionante.— habla Olivia con emoción.
—algo así, pero, aceptar la confesión de su majestad, fue lo mejor que me paso. Su majestad es un hombre sincero, me trata bien y como ustedes vieron en la fiesta, cuida de mí.— las palabras de Luciana se escuchan sinceras y como las de una mujer que estima mucho a su esposo.
Las demás escuchan las palabras de Luciana y no podían evitar suspirar. Celia, y las pocas que la apoyaban, escuchaban mientras se aguantaban la rabia y la envidia al saber que el rey trata bien a Luciana.
Durante toda la tarde, no solo bebieron té, la princesa también las llevó a conocer aquella villa, las guió por los huertos de manzanas y fresas, permitiendo que cada una cosechará lo que quisiera, también las llevo a probar una colección de vinos, y en la noche, sirvió una cena lujosa.
Al terminar de cenar, justo cuando estaban por retirarse a dormir, llegó un carruaje, y quien bajo de este, era Ceres. El albino se acerco a Luciana y la abrazo dejando un beso en su frente.
—lamento llegar así, pero, no podía dormir sabiendo que mi esposa estaba lejos.— comento con total dulzura.
Las chicas suspiraron ante las palabras de Ceres. Todas veían a un hombre totalmente enamorado de su esposa.
—los guardias que llevaron a esos hombres al calabozo me avisaron.
Le dijo Ceres cuando ya estaban en su habitación.
—el marqués Duval...creo que ya no aprecia su libertad...o su vida.— responde Luciana.
—ya mande a Elias a investigar, necesito pruebas para que la corte no cuestione mi decisión.— comenta Ceres.
—para evitar todas esas formalidades, sería mejor si el marqués sufre un accidente...—
Nadie investigara si se dice que el carruaje del marqués cayó a un acantilado, o fue atacado por bandidos.
—tu manera de pensar, me hace saber, que prefiero tenerte de aliada.— bromea el vampiro.
—por supuesto, recuerda, los accidentes pasan.— se burla la pelirroja.
Ceres se acerco a ella y la sujeto de la cintura para hacerla sentar en su regazo.
—lo recordaré...mi manzanita.— le da un beso en el cuello.
—basta de ese apodo...— le da un leve golpe en el pecho.
—pero te queda bien, ya te lo dije...— responde.
Ceres aprovecha esta vez para darle un beso en los labios, así evita que ella se siga quejando por el apodo que le puso.
...