Greicy y Luis se odian desde el primer día. Ella es fuego, debate y no se deja. Él es calma fría, sarcasmo y siempre tiene la última palabra. En el salón son rivales. Fuera de él, son el chiste de sus amigos. Hasta que Luis, harto de discutir, la besa para callarla. Ese beso rompe todo. Desde entonces, descubre que es la única forma de desarmarla, y ella descubre que para desarmarlo tiene que ir más allá del beso. Pero una mentira de su ex los separa justo en graduación. Años después, ella sobrevive a una pandemia que le arrebata todo, él se vuelve cantante y le escribe su mayor éxito. Se reencuentran en Sinaloa, y Luis no está dispuesto a dejarla ir de nuevo.
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celos que no son celos
Después de la fiesta, algo cambió. Ya no eran "los que se odian". Eran "Greicy y Luis". Como si fueran una sola palabra.
Iban juntos a todos lados. Estudiaban juntos, comían juntos, se peleaban en clase solo por deporte y luego se reían. Luis empezó a llevar a Greicy a sus toquines chiquitos en bares de Barrio Antiguo. Ella era su fan número uno, la que gritaba más fuerte, la que le tomaba videos y los subía a su Instagram con captions como "el vato que me cae mal pero canta bonito".
Él, por su parte, la acompañaba a sus asesorías de debate con niñas de prepa. La veía hablar y se enamoraba más. Le decía: "Vas a ser una gran abogada, Reyes. Das miedo, pero del bueno."
Todo parecía ir bien, hasta que llegó el último mes de semestre y con él, el proyecto final más importante: un cortometraje documental. Robles los juntó con gente de Comunicación.
Y ahí estaba Iker.
Iker Martínez, 22 años, hijo de un productor de Monterrey, con camioneta del año, con contactos en la industria, con esa sonrisa de niño rico que cree que todo se compra. Era el director del corto. Alto, guapo de gimnasio, con cadena de oro y perfume caro. Acostumbrado a que le dijeran que sí.
Desde que vio a Greicy, la quiso.
"¿Tú eres la de los debates? Te vi en la final. Impones", le dijo el primer día, mirándola de una forma que a Luis no le gustó nada.
"Gracias", contestó Greicy cortante, porque ya había tratado con tipos como él.
Pero Iker era insistente. Le mandaba mensajes por el grupo del proyecto, luego por privado. "¿Te ayudo con tu parte?", "Te ves muy bonita hoy", "Si necesitas raite, dime". Greicy lo dejaba en visto. Luis no decía nada, pero se daba cuenta.
Una tarde, estaban grabando en el centro. Greicy tenía que hacer una entrevista en la calle y el sol estaba insoportable. Iker se acercó con una botella de agua fría y un sombrero.
"Toma, para mi estrella."
Greicy lo aceptó por educación. Luis, que estaba cargando tripiés, apretó la mandíbula.
Cuando terminaron, Iker dijo: "Oigan, los invito a cenar a todos por el buen trabajo. Yo pago."
Todos dijeron que sí. Greicy dudó, pero Mariana le susurró: "Ve, es gratis."
Fueron a un restaurante caro en San Pedro. Iker pidió todo lo más caro del menú, habló de sus viajes, de su papá, de que estaba produciendo un videoclip para un artista emergente. Todo para impresionar. Y todo mientras miraba a Greicy.
Luis, que normalmente era tranquilo, estaba callado. Demasiado callado. Tomaba agua, jugaba con el tenedor, no hablaba.
Greicy lo notó y le puso la mano en la pierna por debajo de la mesa. "¿Estás bien?"
"Sí", dijo él seco.
Iker vio ese gesto. Y no le gustó. Así que hizo lo que hacen los tipos como él: atacó donde dolía.
"¿Ustedes dos andan?", preguntó de repente, sonriendo.
Toda la mesa se quedó callada.
Greicy se puso roja. Luis se tensó.
"No... bueno, es complicado", dijo Greicy.
"No es complicado", dijo Luis, mirando fijo a Iker. "Sí andamos."
Era la primera vez que lo decía en voz alta frente a otros. Greicy lo miró sorprendida, con los ojos muy abiertos. Luis no la miró a ella, siguió mirando a Iker.
Iker se rió, pero era una risa sin gracia. "Ah, qué bien. Pues felicidades. Aunque, Greicy, tú puedes aspirar a más, eh. Sin ofender, Luis."
Ahí se acabó la paciencia de Luis. Se levantó. No para pelear, porque Luis no era de pelear a golpes. Se levantó con calma, sacó la cartera, dejó 200 pesos en la mesa.
"Gracias por la cena. Nosotros ya nos vamos. Tenemos que ensayar para algo que sí importa."
Tomó a Greicy de la mano y se la llevó. Ella lo siguió, un poco asustada, un poco emocionada por verlo así de celoso por primera vez.
Afuera, en el estacionamiento, Greicy lo detuvo.
"¿Estás celoso?"
"No."
"Luis Salinas celoso. Wow. Pensé que nunca vería eso."
"No estoy celoso, Reyes. Estoy enojado. Ese vato te ve como si fueras un premio. Y tú no eres un premio. Eres... eres todo."
Greicy sintió que se le aflojaba el pecho. Se acercó y le pasó las manos por la cara.
"¿Sabes qué me gusta? Que nunca me habías dicho 'andamos' frente a nadie. Me gustó cómo sonó."
"¿Sí?"
"Sí. Dilo otra vez."
Luis la pegó contra su camioneta vieja, sin importarle quién los viera. "Andamos, Greicy Reyes. Tú y yo andamos. Y si ese Iker te vuelve a molestar, le voy a tener que explicar con mi forma de debatir por qué se equivoca."
Greicy se rió y lo besó. Fue un beso largo, en medio del estacionamiento de un restaurante caro, con la gente pasando. No les importó.
Lo que no sabían era que Iker los estaba viendo desde la ventana del restaurante. Y no estaba acostumbrado a que le dijeran que no. Sacó su celular y le marcó a su papá.
"Papá, ¿te acuerdas que me dijiste que querías una modelo para el video del chavo que canta? Ya la tengo. Se llama Greicy Reyes. Y la quiero en exclusiva."
Esa llamada iba a cambiarles la vida. Porque el artista emergente del que hablaba Iker era Luis. Y el contrato que le iban a ofrecer a Greicy para ser modelo de su videoclip, tenía una cláusula escondida en la página 4 que ninguno de los dos iba a leer a tiempo: exclusividad de imagen por 12 meses y obligación de apariciones como pareja oficial del cantante.
Iker no quería a Greicy por amor. La quería por capricho. Y si no podía tenerla, se aseguraría de que Luis tampoco la pudiera tener tranquila.
Al día siguiente, Greicy recibió un correo: "¡Felicidades! Has sido seleccionada como protagonista del videoclip oficial de 'Tenías que ser tú' de Luis Salinas. Firma aquí."
Y ella, emocionada por apoyar a Luis, firmó sin leer la letra pequeña.