Jessica estaba a punto de casarse con el hombre que creía amar… hasta que descubrió que Cedric la engañaba con su propia hermana.
Destrozada por la traición, Jessica se cruza con Cristóbal, el padre de Cedric, un poderoso empresario que guarda sus propios secretos. Cuando la madre de Jessica muere inesperadamente, una serie de misterios familiares salen a la luz.
Mientras Cedric, Julieta y la exesposa de Cristóbal conspiran para destruirla y quedarse con una fortuna, Jessica descubre que la persona que menos esperaba podría convertirse en su mayor aliado… y en el amor que jamás imaginó.
Una traición. Una familia llena de secretos. Una fortuna en peligro. Y un amor prohibido que nadie vio venir.
¿Jessica descubrirá la verdad antes de perderlo todo
NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 12 — Una herencia inesperada
A la mañana siguiente, el sol apenas empezaba a iluminar los jardines cuando el timbre de la mansión sonó con insistencia. Me encontraba en la biblioteca, revisando unos viejos archivos que Cristóbal me había traído de la empresa, cuando el mayordomo entró con una tarjeta en la mano.
—Es un abogado, señorita Jessica. Dice que es urgente y que necesita verla. Es sobre el testamento de su madre.
El corazón me dio un vuelco. Había estado tan absorbida por los secretos, las amenazas y la desaparición de Leonardo que aún no había pensado en nada de eso.
—Que pase —dije, levantándome de inmediato.
Minutos después entraba un hombre de mediana edad, aspecto serio y portafolio de cuero en la mano. Tras los saludos, Cristóbal se unió a nosotros en la sala, sin decir nada, solo tomando asiento a mi lado, como recordatorio silencioso de que no estaba sola.
—Señorita Jessica —empezó el abogado, abriendo su carpeta—. Su madre, María Elena Márquez, redactó su testamento hace apenas seis meses. Me pidió que, en caso de su fallecimiento, se lo entregara a usted personalmente y sin demora. Tengo que decirle que contiene disposiciones… bastante inesperadas.
—¿Qué hay? —pregunté, con la garganta seca—. ¿De qué se trata?
El abogado tomó un documento y comenzó a leer. Lo primero eran las cosas habituales: la casa, los ahorros, objetos personales. Nada que sorprendiera. Pero entonces su voz cambió de tono, y levantó la vista hacia mí.
—A continuación, dice textualmente: «Dejo a mi hija Jessica la totalidad de las acciones, derechos y propiedades que corresponden a la sociedad Leonardo & Alarcón, así como todos los bienes que a nombre de Leonardo me fueron entregados en custodia, con la expresa condición de que nadie más tenga acceso a ellos hasta que ella tenga conocimiento de la verdad.»
Me quedé helada. Miré a Cristóbal, que estaba pálido, con los ojos muy abiertos.
—¿Leonardo & Alarcón? —repetí—. ¿Esa sociedad… existió de verdad?
—No solo existió —respondió Cristóbal, con voz tensa—. Fue la sociedad original. La que mi padre y Leonardo fundaron juntos. Mi padre siempre dijo que se disolvió cuando Leonardo se fue. Pero si las acciones siguen existiendo…
—Y son suyas —completó el abogado, mirándome—. Su madre las mantuvo vivas todos estos años. Las protegió, las renovó, las mantuvo al margen de todo lo que pasó dentro de la empresa principal. Y ahora, señorita Jessica, usted es la única dueña.
—¿Qué significa eso? —pregunté, sintiendo que el suelo se movía—. ¿Qué valor tienen?
—Es difícil de calcular sin una auditoría completa —respondió el abogado—. Pero según los registros, esa sociedad posee terrenos, propiedades y derechos de participación que el señor Alarcón padre nunca pudo apropiarse. Estimamos que su valor es… considerable. Millones, sin duda. Y lo más importante: usted tiene derecho a voz y voto dentro de la empresa actual. Porque esas acciones nunca fueron retiradas. Solo fueron ocultas.
Las lágrimas me llenaron los ojos, pero no de tristeza. Mi madre no solo había guardado el secreto. Había luchado. Había protegido lo que era de Leonardo. Lo había mantenido a salvo para mí, durante décadas, sin que nadie sospechara. Incluso arriesgándose.
—Ella lo sabía —susurré, mirando a Cristóbal—. Sabía que algún día necesitaría esto. Me preparó.
—Te dio mucho más que dinero —dijo él, con voz grave, mirándome con una mezcla de asombro y respeto—. Te dio poder. Las armas que necesitas para enfrentarlos. Porque si Cedric y Valeria descubren que tienes derechos sobre el imperio… no te verán como una víctima. Te verán como una amenaza real.
—¿Y lo soy? —pregunté—. ¿Puedo detenerlos?
—Sí —respondió él con firmeza—. Pero también te has convertido en un objetivo mucho más peligroso. Si antes querían callarte, ahora harán cualquier cosa para quitarte eso. Cualquier cosa.
El abogado me entregó la carpeta con todos los documentos. La sostuve entre mis manos, pesada, cálida, como si el espíritu de mi madre estuviera ahí, diciéndome «esto es para ti, hija. Úsalo bien.»
Cuando el abogado se marchó, me quedé mirando los papeles sin saber qué decir. Todo había cambiado en cuestión de minutos. Ya no era la chica a la que habían traicionado y abandonado. Era la heredera de una verdad que podía destruir el imperio entero. Y Cedric, Julieta y Valeria no podrían permitirlo.
—Tienes que tener mucho cuidado —dijo Cristóbal, acercándose a mí—. No puedes contárselo a nadie. Nadie. Ni siquiera a quienes crees cercanos. Si se enteran, intentarán quitártelo. Con engaños, con amenazas… o peor.
—Lo sé —respondí, y por primera vez mi voz sonó segura—. Pero no voy a esconderme. Mi madre guardó esto toda su vida para que yo pudiera luchar. Y no voy a fallarle.
Cristóbal posó una mano sobre la carpeta, cubriendo mis dedos con los suyos.
—No lo harás. Y yo estaré contigo. Juntos podemos protegerlo. Y descubrir todo lo que hay detrás. Pero debes saber algo, Jessica: desde este momento, la guerra ya no es solo por la verdad. Es por el control de todo. Y ellos no se detendrán.
Miré los papeles, luego lo miré a él. Mi madre me había dejado una herencia que pesaba más que oro. Me había dejado la verdad, el poder… y una responsabilidad enorme. Y mientras sostenía esos documentos, comprendí que el camino por recorrer sería mucho más difícil y peligroso de lo que imaginaba. Pero ya no volvería a caminar sola.