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Mi Misión Es Eliminar A La Heroína

Mi Misión Es Eliminar A La Heroína

Status: En proceso
Genre:Romance / Fantasía / Timetravel / Aventura
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Luz de luma

Morir por un golpe en la cabeza no estaba en los planes de Elysia. Despertar en La Sangre de la Corona, el mahwa que leía en secreto, tampoco.

El problema es que no reencarnó como la protagonista. Reencarnó como la comandante del villano. Del hombre destinado a perder la guerra por el trono.

Aster es letal, frío y no malgasta palabras. También es, para su desgracia, exactamente su tipo, al menos hablando de su fisico.

Pero todo se complica cuando recibe una orden imposible: eliminar a Athena, la heroína de la historia, la chica que el guion protege.

Atrapada entre su lealtad, su instinto de supervivencia y un jefe que empieza a mirarla como ningún villano debería, Elysia deberá decidir si acepta el destino... o lo reescribe ella misma.

Porque si va a morir como villana, al menos lo hará peleando.

NovelToon tiene autorización de Luz de luma para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 12 — INSOMNIO

La cena fue un campo de batalla.

No de espadas. No de sangre. De palabras. De silencios. De miradas que decían más que cualquier discurso.

El comedor principal se había dispuesto para la ocasión. La mesa larga de roble estaba iluminada por candelabros de plata, y los sirvientes habían sacado la vajilla buena: platos de porcelana, copas de cristal tallado, cubiertos con el emblema de la casa real grabado en los mangos. Todo brillaba. Todo era perfecto. Y sin embargo, el ambiente era tenso como la cuerda de un arco a punto de dispararse.

Elysia ocupó su lugar junto a Aster, a su derecha, como correspondía a su rango. Athena se sentó frente a ellos, acompañada por la mujer mayor de cabello cano, que resultó llamarse Lady Mirren y ser su tutora. Lian estaba de pie junto a la puerta, con las dagas visibles y el gesto inexpresivo. Los guardias flanqueaban las entradas.

—Su castillo es imponente, alteza —dijo Athena, mientras servían el primer plato—. Tiene una belleza severa.

—Es funcional —respondió Aster—. No fue construido para ser bello.

—A veces la funcionalidad es su propia forma de belleza.

Aster no respondió. Bebió un sorbo de vino y observó a Athena por encima del borde de la copa. Elysia lo conocía lo suficiente para saber que estaba evaluando cada palabra, cada gesto, cada inflexión de voz. No confiaba en ella. Pero estaba dispuesto a escuchar. Por ahora.

—Cuénteme, lady Athena —dijo Aster, dejando la copa—. ¿Cómo consigue una mujer sin título, sin ejército y sin tierras convertirse en la voz de las casas menores del este?

Athena sonrió. Una sonrisa tranquila, sin orgullo.

—Escuchando, alteza. La gente quiere ser escuchada. Los señores menores, los campesinos, los comerciantes. Nadie les pregunta qué piensan. Yo lo hice.

—¿Y qué piensan?

—Que están cansados. Cansados de los impuestos que suben cada año. Cansados de enviar a sus hijos a una guerra que no han elegido. Cansados de tener miedo.

—El miedo es inevitable en tiempos revueltos.

—Sí. Pero el miedo también puede ser el motor de algo peor. —Athena lo miró directamente—. El miedo puede convertirse en odio. Y el odio, en rebelión.

Elysia sintió un escalofrío. La palabra «rebelión» resonó en el comedor como un eco incómodo. Recordó los puestos abandonados, los símbolos tachados, los rumores de soldados que se pasaban al bando de Aslan. Athena no lo sabía —o quizá sí— pero estaba tocando justo la herida abierta.

—¿Está amenazándome? —preguntó Aster, con una calma peligrosa.

—No, alteza. Le estoy explicando por qué estoy aquí. Si el miedo se convierte en odio, todos perderemos. Usted. Su hermano. El reino entero. Yo quiero evitar eso.

—¿Y cómo?

—Con el consejo conjunto que le propuse. Un lugar donde las voces del este y del oeste puedan hablarse sin intermediarios. Sin espadas. Sin miedo.

Aster apoyó los codos en la mesa y entrelazó los dedos. Sus ojos grises no se apartaban de Athena.

—Hablemos claro, lady Athena. Usted es cercana a mi hermano.

—Conozco al príncipe Aslan, sí.

—Se dice que es más que una conocida.

Athena no se inmutó.

—Somos aliados. Compartimos ideas. Nada más.

—¿Nada más?

—Nada más. —Sostuvo la mirada de Aster—. Y aunque fuera algo más, no cambiaría mi propósito. No estoy aquí para defender a Aslan. Estoy aquí para defender al reino.

El silencio se instaló entre ellos. Elysia observaba la escena como quien mira una partida de ajedrez. Cada palabra era un movimiento. Cada pausa, una estrategia. Aster atacaba. Athena esquivaba. Y ninguno de los dos cedía.

—Mañana le daré mi respuesta —dijo Aster al fin—. Disfrute de la cena.

El resto de la velada transcurrió con una ligereza forzada. Athena habló de las tierras del este, de los cultivos, de las costumbres. Aster respondió con monosílabos. Lady Mirren apenas intervino, pero sus ojos severos no perdían detalle. Elysia comió en silencio, sintiéndose fuera de lugar en aquella mesa de porcelana y cristal.

Cuando la cena terminó, Athena se retiró a sus aposentos con una reverencia. Aster se quedó sentado, mirando la mesa vacía.

—¿Qué opinas? —preguntó, sin preámbulos.

Elysia se sorprendió. Normalmente le pedía el informe al día siguiente. No tan pronto. No tan a quemarropa.

—Opino que es inteligente —dijo, con cautela—. Sabe lo que dice. Sabe cómo decirlo. Y no se deja intimidar.

—Eso ya lo sé. Quiero saber si confías en ella.

Elysia dudó. ¿Confiaba en Athena? No. No podía confiar en alguien que estaba destinada a destruir a Aster. Pero tampoco podía decirle eso.

—Confío en que cree en su propia causa —respondió al fin—. Pero eso no significa que su causa sea la nuestra.

Aster asintió lentamente.

—Exacto. —Se levantó—. Mañana le daré mi respuesta. Descansa.

Elysia no descansó.

Se retiró a su habitación, pero no pudo dormir. La conversación con Athena le daba vueltas en la cabeza como un remolino. Había algo en ella que no encajaba. No era falsa. No era malvada. Pero tampoco era inocente. Era una mujer con un propósito. Y los propósitos, cuando son lo bastante fuertes, pueden mover montañas.

O destruir reinos.

Se levantó de la cama y salió al pasillo. El castillo estaba en silencio, iluminado solo por las antorchas de guardia. Caminó sin rumbo, dejando que sus pies la llevaran, hasta que se encontró en el patio interior. La luna brillaba en lo alto, redonda y blanca, bañando las piedras con una luz fría.

No estaba sola.

Athena estaba allí, sentada en uno de los bancos de piedra, con un chal sobre los hombros y la mirada perdida en las estrellas. Al oír los pasos de Elysia, se giró. Sus ojos rojos brillaron bajo la luna.

—Comandante —dijo, con una sonrisa suave—. ¿No puede dormir?

—No. —Elysia se detuvo a unos pasos de distancia—. ¿Usted tampoco?

—Nunca duermo bien en lugares extraños. Las camas ajenas me resultan... incómodas.

Elysia asintió. Sabía exactamente a qué se refería. Llevaba semanas durmiendo en una cama ajena, en un cuerpo ajeno, en un mundo ajeno.

—¿Puedo sentarme? —preguntó, sin saber por qué lo hacía.

—Por supuesto.

Elysia se sentó en el otro extremo del banco. El silencio entre ellas no era hostil. Era el silencio de dos personas que no se conocen pero que comparten la misma noche.

—Lleva seis años sirviendo al príncipe Aster —dijo Athena, sin mirarla—. Debe de serle muy leal.

—Lo soy.

—¿Por qué?

La pregunta era simple. La respuesta no lo era.

—Porque me ha dado un lugar —dijo Elysia, eligiendo las palabras con cuidado—. Porque confía en mí. Porque... es el único que no me ha tratado como una pieza desechable.

Athena asintió lentamente.

—Es extraño, ¿verdad? Cómo encontramos lealtad en los lugares más inesperados.

—¿Usted también?

—Yo también. —Athena sonrió, pero era una sonrisa triste—. Yo crecí en una aldea pequeña. Sin nombre. Sin familia. Sin nada. Las casas menores me acogieron. Me dieron una oportunidad. Les debo todo.

—¿Y por eso hace esto? ¿Por deuda?

—No. Por convicción. Porque creo que podemos ser mejores. Que este reino puede ser mejor.

Elysia la miró. Bajo la luz de la luna, Athena parecía casi frágil. Casi humana. Casi alguien en quien se podía confiar.

Pero la Elysia lectora de mahwas sabía que las apariencias engañaban.

—¿Qué hará si el príncipe Aster rechaza su propuesta? —preguntó.

Athena suspiró.

—Seguir intentándolo. Buscar otra forma. No pienso rendirme.

—¿Y si no hay otra forma?

—Siempre hay otra forma. Solo hay que encontrarla.

Se miraron en silencio. Dos mujeres bajo la luna. Dos almas que no deberían estar allí. Una heroína destinada a ganar. Una villana destinada a perder.

Pero en ese momento, ninguna de las dos parecía un personaje de novela. Solo dos personas intentando sobrevivir.

—Debería descansar —dijo Elysia, levantándose—. Mañana será un día largo.

—Sí. —Athena también se levantó—. Comandante.

—¿Sí?

—Me alegra que el príncipe Aster tenga a alguien como usted. No todos los gobernantes tienen esa suerte.

Elysia no supo qué responder. Inclinó la cabeza y se fue.

Mientras caminaba de vuelta a su habitación, una pregunta le rondaba la mente: ¿era Athena realmente una heroína? ¿O era solo otra pieza en el tablero de alguien más?

No lo sabía. Pero algo le decía que pronto lo averiguaría.

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Noé sanchez
me muero por saber que pasa a continuación autora por favor continúe la historia!!
Elysia: muchas gracias 😭 hoy justo subi este cap, el prox es el domingo, peroooo a lo mejor sin confirmar nada, talvez subo otro antes
total 1 replies
Elysia
Me voy a autopuntear porque es mi creación favorita
Cliente anónimo
NECESITO MAAAAAAS
Cliente anónimo
y si tiene hambre?
Cliente anónimo
owwww
Cliente anónimo
soy yo
Cliente anónimo
lei pelon 😭
Cliente anónimo
Toco decirle chachorro
Cliente anónimo
aja
Cliente anónimo
curioso
Cliente anónimo
padres en común nomas
Cliente anónimo
se pueden ambas?
Cliente anónimo
ni los muertos andan en paz creo
Cliente anónimo
nah, la vecina
Cliente anónimo
como habrá crecido una comandante así?
Cliente anónimo
tons no era de los ovnis?
Cliente anónimo
bueno, al menos le sirve
Cliente anónimo
Detallitos....
Cliente anónimo
me robare el decir "no era un cumplido, era una observación"
Cliente anónimo
de chivo o como?
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