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Debajo De Tus Sábanas

Debajo De Tus Sábanas

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Traiciones y engaños
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

Todos sabían que Víctor Moreira se había convertido en un hombre solitario tras su reciente y complicado divorcio con Ángela. Desde entonces, se había concentrado exclusivamente en una sola cosa: ser un padre intachable, enfocado en su trabajo y, sobre todo, en proteger el bienestar de su hija Angélica, una adolescente de quince años.
Pero nadie sabía sobre esos deseos sexuales que se encendieron con cada mirada recibida por Cecilia Morales, su nueva secretaria de veinte años. Una joven que fingía ser tímida, discreta y sumamente profesional ante el mundo, cuando en realidad ocultaba fantasías intensas y deseaba a ese hombre mayor y con autoridad solo para ella.

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Capitulo 7

El martes parecía una extensión de la misma neblina eléctrica de los días anteriores, pero el silencio en el piso corporativo ya no era incómodo; ahora era el cómplice perfecto. Cecilia llegó temprano, antes de que el sol terminara de calentar los enormes ventanales. Llevaba un vestido de punto color café que se adhería a su silueta como una segunda piel, con un escote sutil pero un corte en la espalda que quedaba completamente al descubierto cuando se quitaba el saco. Sabía perfectamente el efecto que causaba. En la oficina seguía siendo la secretaria impecable, la que bajaba la mirada cuando pasaban otros empleados, pero en cuanto se quedaba a solas con Víctor, esa timidez se transformaba en pura provocación.

Víctor llegó a las ocho en punto. No traía el saco puesto; solo la camisa azul claro con las mangas dobladas y el pantalón de vestir gris. Tenía esa expresión seria, de hombre maduro que lleva el peso de mil responsabilidades sobre los hombros, pero en cuanto sus ojos cruzaron la recepción y se fijaron en Cecilia, la rigidez de su mandíbula se acentuó.

—A mi oficina, señorita Morales. Traiga el informe de gastos trimestrales —dijo con esa voz profunda, áspera, que a ella le vibraba directo en el pecho.

—En seguida, señor Moreira —respondió ella con un hilo de voz sumiso.

Cecilia tomó la carpeta y caminó hacia el despacho. Al entrar, escuchó el sonido del pestillo de la puerta al cerrarse. Víctor no estaba detrás del escritorio; la esperaba de pie junto al ventanal, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, observando la ciudad desde el piso doce. El sol de la mañana perfilaba su espalda ancha y esos hombros que delataban la imponente presencia física de un hombre de treinta años.

—Déjalos ahí, Cecilia —ordenó, sin girarse.

Ella se acercó despacio. Sus tacones apenas hacían ruido sobre la alfombra. En lugar de dejar la carpeta y retirarse, caminó hasta quedar justo detrás de él, lo suficientemente cerca como para que el calor de su cuerpo la alcanzara y el perfume dulce con toques de vainilla y madera que ella usaba inundara el espacio.

—Aquí están los documentos, señor —susurró, inclinándose sutilmente hacia el ventanal, exponiendo la línea desnuda de su espalda justo al lado de él.

Víctor se giró lentamente. La distancia entre ambos desapareció en un parpadeo. Sus ojos oscuros, inyectados de una tensión contenida, recorrieron la piel expuesta de la espalda de Cecilia, deteniéndose en la curva de sus hombros. Había un conflicto andante en su mirada: el padre divorciado que debía mantener la compostura contra el hombre hambriento que llevaba meses sepultado bajo el deber.

—Te estás volviendo experta en desobedecerme, Cecilia —le dijo con la voz peligrosamente baja, un murmuljo ronco que le erizó la piel.

—Yo solo sigo sus órdenes, señor —desafió ella, levantando la vista para sostenerle una mirada cargada de un atrevimiento salvaje—. Usted me dijo que fuera eficiente, y estoy asegurándome de tener toda su atención.

Víctor soltó un suspiro pesado, una mezcla de frustración y deseo puro. Dejó caer las manos a los costados y, rompiendo la última barrera de su preciado autocontrol, la tomó firmemente de la cintura, pegando el cuerpo de ella contra el suyo. El contraste de la textura suave del vestido de Cecilia con la firmeza de los músculos de Víctor la hizo soltar un jadeo ahogado.

—Tienes toda mi atención. Toda —sentenció él, con una posesividad que hizo que a Cecilia se le acelerara el pulso—. Me tienes pensando en ti cuando estoy en casa, cuando reviso los contratos, cuando intento ser el maldito hombre correcto que todos esperan que sea. Me estás desarmando, Cecilia.

—Eso es exactamente lo que quiero —confesó ella en un susurro, deslizando sus manos por el pecho de Víctor, desabrochando con lentitud insoportable el primer botón de su camisa—. Quiero que se olvide del mundo exterior cuando está conmigo. Que solo sea usted.

Víctor no aguantó más. La tomó de la nuca con una mano, enredando los dedos en su cabello rubio, y la atrajo hacia él con brusquedad, atrapando sus labios en un beso ardiente, profundo y lleno de una urgencia contenida. Cecilia correspondió con la misma intensidad, rodeando su cuello con los brazos, entregándose por completo a la fuerza con la que él la dominaba. Las manos de Víctor bajaron por la curva de su espalda desnuda, quemando la piel con su tacto, antes de afianzarse en sus caderas para levantarla y sentarla sobre el borde del mueble de madera que adornaba el ventanal.

El beso se volvió más lento, más pesado, saboreando la prohibición de estar en pleno horario laboral, a metros de un pasillo donde cualquiera podría pasar. Pero en ese despacho, con los vidrios polarizados y el pestillo echado, las reglas no existían. Víctor bajó los labios por su mandíbula, besando la línea de su cuello con una devoción dominante que encendía cada una de las fantasías sumisas de Cecilia. Ella echó la cabeza hacia atrás, aferrándose a los hombros anchos de su jefe, dejando escapar un gemido ahogado que se perdió en la inmensidad de la oficina vacía.

—Vas a ser mi ruina, Cecilia —le murmuró él contra la piel, con la respiración agitada, mientras sus manos delineaban los muslos de ella bajo la tela del vestido.

—No es una ruina, señor... es un secreto —le contestó ella, abriendo los ojos para encontrarse con la mirada oscura y posesiva de Víctor.

Él la miró desde arriba, con la camisa entreabierta y el aire de superioridad natural que tanto la volvía loca, pero esta vez suavizado por una adoración cruda. Le acarició la mejilla con el pulgar, dictando las nuevas condiciones del juego que ambos habían aceptado jugar debajo de las sábanas de la discreción corporativa.

1
Kookie
ojalá subas capitulos muchos
Kookie
tuvieron un bebé
Kookie
ya se la ganó
Kookie
tanto tiempo pasó
Kookie
entiendo a Ceci
Kookie
ya empezó el juego
Kookie
la odiosa de su ex esposa
Kookie
se está poniendo bueno
Kookie
la niña le dió su merecido a esa bruja
Kookie
no tenía que irse
Kookie
más trasfondo de la madre
Kookie
uffffff
Kookie
Ya le confesó 🤭🤭
Kookie
Más capitulos plis
SAQ
Red
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