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EL PERDIÓ TODO, EXCEPTO MI AMOR

EL PERDIÓ TODO, EXCEPTO MI AMOR

Status: Terminada
Genre:Romance / Enfermizo / Completas
Popularitas:225.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Él nunca supo que ella lo amaba.
Ella nunca imaginó que terminaría viviendo con él.
Ninguno de los dos esperaba un milagro imposible.

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 17

Pasaron tres días.

Tres días en los que Ricardo no salió de su habitación. Tres días en los que apenas comió, apenas habló, apenas miró a Mariana. Se levantaba para ir al baño y nada más. El resto del tiempo lo pasaba en la cama, mirando el techo, dándole vueltas a las palabras de su padre como quien da vueltas a un cuchillo en una herida.

Sanguijuela.

Estorbo.

No quiero hijos así.

Mariana intentó todo. Le llevó comida. Le llevó té. Se sentó a su lado en silencio. Le habló suave, como se habla a un animal asustado. Pero él respondía con monosílabos, o no respondía. Sus ojos, antes brillantes, ahora eran dos pozos oscuros donde se ahogaba cualquier esperanza.

—Ricardo, por favor

dijo ella al segundo día, con la voz quebrada

—Háblame. Dime algo.

—No tengo nada que decir.

respondió él, dando la espalda.

—Eso no es cierto. Nunca es cierto.

—Déjame, Mariana.

—No voy a dejarte.

—Pues deberías.

Esa noche ella durmió en el sofá. No porque él se lo pidiera, sino porque el dolor de verlo así era más grande que el de la distancia.

El tercer día, Mariana llegó a un límite. Había estado yendo sola a la universidad, sola a sus prácticas, sola a comprar la comida. Llegaba a casa y encontraba la misma escena, Ricardo en la cama, la habitación a oscuras, el silencio denso como una pared.

—No vas a ir a terapia

dijo, entrando sin golpear.

—No.

—¿Por qué?

—Para qué. Si no voy a caminar nunca.

—Eso no lo sabes.

—Lo sé. Mi padre lo sabe. Todo el mundo lo sabe. Solo tú te niegas a verlo.

Mariana sintió que algo se rompía dentro de ella. No era rabia. Era algo peor. Era el miedo de estar perdiéndolo, no por el accidente, sino por su propia negativa a seguir adelante.

—No voy a rendirme contigo.

 dijo, con una calma que le costó mantener.

— Así que puedes seguir ahí tirado, sintiendo lástima de ti mismo, o puedes pelear. Pero yo no me voy. Nunca.

Él no respondió. Solo cerró los ojos.

Mariana salió de la habitación y se dejó caer en el sofá. Lloró. Lloró hasta que no le quedaron lágrimas. Y cuando el llanto se secó, algo en su interior cambió.

No iba a rendirse. No después de todo lo que habían pasado.

Ya era jueves. La luz de la tarde entraba por la ventana de la habitación, pintando las paredes de naranja. Mariana subió las escaleras en silencio, sin hacer ruido. Abrió la puerta despacio. Ricardo estaba en la cama, boca arriba, con los brazos cruzados sobre el pecho. No dormía. Solo miraba al techo.

Ella se quitó los tenis. Se acercó a la cama. Y sin pedir permiso, se acostó a su lado.

Ricardo no se movió. No dijo nada. Pero tampoco le pidió que se fuera.

Mariana se giró hacia él. Apoyó la cabeza en su hombro. Y comenzó a acariciarle el cabello. Dedos suaves, lentos, enredándose en los mechones oscuros. Peinándolo con una paciencia que no tenía prisa.

—¿Qué haces?

preguntó él, al cabo de un rato. Su voz era ronca, gastada.

—Te estoy cuidando

respondió ella.

—Es lo que hago.

—No necesito que me cuides.

—Pues yo necesito cuidarte.

Él no respondió. Pero no se apartó.

Ella siguió acariciándolo. Bajó los dedos a su frente, a sus mejillas, a la línea de su mandíbula. Le dibujó el rostro con la yema de los dedos, como si estuviera memorizando cada centímetro.

—¿Te acuerdas del primer día que nos conocimos?

preguntó ella, en un susurro.

—Sí

respondió él, y su voz sonó un poco menos rota.

—Me pediste una goma de borrar.

—Y tú me la prestaste.

—Fue el mejor día de mi vida.

Él giró la cabeza. La miró. Por primera vez en tres días, sus ojos se encontraron.

—¿En serio?

preguntó.

— ¿El mejor día de tu vida fue conocerme a mí?

—Sí

respondió ella, sin dudar.

— Y cada día desde entonces ha sido mejor. Incluso los malos.

Él no dijo nada. Pero algo en su expresión cambió. Como si una pequeña grieta se hubiera abierto en el muro que había construido alrededor de su corazón.

Mariana se inclinó. Besó sus labios.

Fue un beso suave al principio. Un roce, nada más. Luego otro. Luego otro. Él no respondía, pero tampoco se apartaba. Ella mordió su labio inferior con delicadeza, y entonces él suspiró. Un suspiro largo, contenido, como si hubiera estado conteniendo la respiración durante días.

—Mari

dijo, con la voz quebrada.

— ¿Qué haces?

—Te estoy besando

respondió ella, sonriendo contra su boca.

— ¿Te molesta?

—No

admitió él.

— Pero…

—No hay pero.

Lo besó otra vez. Y esta vez, él respondió. Sus labios se movieron con torpeza al principio, como si hubiera olvidado cómo se hacía. Pero pronto recuperó el ritmo. Su lengua encontró la de ella, y el beso se volvió húmedo, profundo, hambriento.

Cuando se separaron, estaban jadeando.

—Te extrañé

dijo ella.

— Estos días sin ti han sido un infierno.

—Yo también te extrañé

respondió él.

— Pero no sabía cómo volver.

—No necesitas saber. Solo déjame guiarte.

Ella se incorporó. Lo miró a los ojos. Y con una lentitud deliberada, se quitó la camiseta.

Debajo no había nada.

Sus pechos quedaron al aire, bañados por la luz naranja de la tarde. sus montículos rosados ya estaban erectos, no por frío, sino por deseo. Por él.

Ricardo la miró. Recorrió sus curvas con los ojos. Tragó saliva.

—Mari…

—¿Quieres?

preguntó ella, con una voz que era un susurro y una promesa.

—Sí

respondió él, y esta vez no hubo dudas en su voz.

Ella sonrió. Se recostó sobre la cama y lo atrajo hacia sí. Él se movió con dificultad, pero ella lo ayudó, lo guió, lo recibió. Sus cuerpos se encontraron como dos piezas de un rompecabezas que llevaban años esperando encajar, Ricardo lamía y se deleitaba en sus pechos hasta que no pudieron más.

Mariana se colocó a horcajadas sobre él, como tantas otras veces. Pero esta noche era diferente. No había prisa. No había agenda. Solo ellos, la penumbra y el deseo acumulado durante días de silencio y distancia.

Bajó las manos al borde de su camiseta. Se la quitó. Recorrió su pecho con los labios, besando cada cicatriz, cada marca que el accidente había dejado en su piel. Él gimió. Un sonido grave, ronco, que la incendió por dentro.

—Te quiero

susurró ella contra su cuello.

—Muéstramelo

respondió él.

Ella lo tomó entre sus manos. Él ya estaba duro, caliente, temblando. Lo alineó con su entrada y bajó despacio. Muy despacio. Sintió cómo él la llenaba centímetro a centímetro, cómo sus paredes se estiraban para recibirlo, cómo el placer se mezclaba con una ternura que dolía de lo hermosa que era.

—Mari

jadeó él, con los dedos clavados en sus caderas.

—Dime

respondió ella, comenzando a moverse.

—Te amo. Te he amado desde siempre. Y siento mucho…

—No

lo interrumpió, inclinándose para besarlo.

—No sientas nada ahora. Solo siénteme.

Él cerró los ojos. Se dejó llevar. El ritmo de ella era lento al principio, casi hipnótico. Arriba y abajo, como las olas del mar. Pero pronto se volvió más rápido, más urgente. Los gemidos de Ricardo se hicieron más fuertes, y los de ella también.

—Así

dijo él, guiando sus caderas con las manos.

— Más rápido. No pares.

Ella no paró. Sus pechos rozaban su pecho con cada movimiento. El sudor comenzaba a brotar en sus frentes, en sus espaldas, en los lugares donde sus pieles se encontraban.

—Mari, voy a…

jadeó él.

—Yo también

respondió ella.

— Juntos.

la liberación llegó como un relámpago. Él se tensó debajo de ella, con un gemido que era casi un grito. Ella sintió cómo él se derramaba dentro de ella, cálido, abundante, y eso la empujó al borde. Cayó sobre él, temblando, mientras las contracciones la recorrían de la cabeza a los pies.

Se quedaron así, enredados, pegajosos, sin poder moverse.

—No sabes cuánto te necesitaba

susurró él, contra su cabello.

—Sí lo sé, yo igual

respondió ella.

— Por eso vine.

No se durmieron. No aún.

Él le acarició la espalda con dedos lentos. Ella besó su pecho, sus hombros, sus brazos.

—¿Vas a volver a la terapia?

preguntó ella, después de un largo silencio.

—Sí

respondió él.

— Pero no por mi padre. No por nadie más. Por ti. Por nosotros.

—Eso es todo lo que necesito oír.

Él la atrajo hacia sí. La abrazó con una fuerza que le quitó el aire.

—No voy a rendirme

dijo.

—Te lo prometo. Nunca más.

Y esa noche, entre sábanas revueltas y cuerpos que se buscaban una y otra vez, Ricardo volvió a casa.

No a la casa de sus padres. No a la casa de piedra y silencio.

Sino a ella. A Mariana.

Que era, desde el primer día, su único hogar.

1
julietha galiano
que desesperante
julietha galiano
pero es que también fue irresponsable Ricardo, porque el sabía que Juancho estaba borracho y de hecho el también estaba tomado, entonces fue culpa de el tambien
Elena Cabrera
buenisimoooooooooooooo!!!
Isabella Varela
Que novela tan hermosa ,el amor puro y sincero fue la fuerza que los sostuvo que los levantó, el personaje de Mariana es maravilloso ,lo mismo el de Ricardo,felicitaciones a la autora ,una trama excelente, descripción de escenas de sexo pero muy limpias y llenas de amor
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
gracias de verdad Hermosa llena de resiliencia, empatía, amor y apoyo de una pareja que se amo por encima de toda dificultad 🥰🥰🥰🥰
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
maravillosa muy diferente y original. 🥰🥰🥰🥰
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
un capítulo muy tierno y muy hermoso lleno de amor y esperanza
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
Ya todo empezó a enderezarse que bueno
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
porque siempre repite la frase.

lo que nunca se había visto en su mirada después del accidente..esperanza.

que nunca había visto, esperanza está frase la a repetido mucho y se vuelve repetiriva
ʚ֟፝֟፝ɞ Ҡվօҟօ ට.φ ʚ֟፝֟፝ɞ: es que me gusta 🫣 la frase
total 1 replies
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
se les olvidó el cambio a los padres de Mariana..se les olvidó la mudanza y demás
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
enos mal Juancho no cargaba armas y todo resultó mejor para ellos
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
pues les cayó el frutero completo a esta pareja
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
ojalá vayan de día deberían poner a espiar que el este en la universidad y luego ir a buscarla.
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
Mariana
no pasa nada. y nunca pusieron la denuncia. por.confiada le pasó eso.
y por porfiada también
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
Mariana deja de ocultar las cosas mija Se va a perder algo muy importante la CONFIANZA y si fuera Ricardo el que oculta sería el malo
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
Ricardo está a la deriva sin apoyo ni de sus padres y mucho menos de sus suegros.🤨 y para rematar se sumo este loco
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
han pasado de todo Mariana monte dejes vencer. porque estás dudando. me da la impresión que va a pasar algo y callaras tu embarazo a Ricardo
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
Mariana se que tienes un peso enorme pero no ocultes las cosas.
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
para mí acá los padres tiene la cuchara metido. porque apareció de la nada el culpable y está cobrando una deuda.
🇻🇪❤️‍🔥Degne❤️😍
por lo menos así la carga es más liviana y más fácil de llevar dos personas rotas pueden hacer un puente firme y así al cruzarlo sería más bonito una amistad ayuda mucho en momentos difícil y el amor de tu vida de tu parte más y mientras el signo + sume más posibilidades hay de triunfar.🥳🥳🥳🥳🥳 vamos Ricardo Vamos Miguel. epa tengo una duda que paso con los amigos del accidente 🤨 desaparecieron

por eso digo en los momentos así se creen los que están contigo
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