Clara es una joven valiente que, tras la muerte de su padre y frente a las dificultades económicas de su familia, ve en un trabajo como niñera la oportunidad de cambiar la vida de todos. Es contratada para cuidar de Pedro, un niño pequeño y frágil, en la lujosa e imponente mansión de Enrico, un hombre rico, autoritario y enigmático.
Al principio, Enrico impresiona a Clara con su mirada intensa, sus reglas estrictas y su actitud distante, transmitiendo poder y control en cada gesto. Pero, a medida que Clara se acerca a Pedro, ganándose su confianza y demostrando dedicación y cariño, surge una tensión silenciosa entre ella y Enrico. Entre enfrentamientos y momentos de vulnerabilidad, nace la semilla de un sentimiento inesperado, delicado y peligroso, pues Enrico es tan intenso como misterioso.
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Capítulo 5
La hoja que el Sr. Enrico me entregó aún está en mis manos. Papel blanco, letras impresas en negrita, marcando cada línea como si fueran órdenes militares.
Me siento en el sofá y empiezo a leer, ya que tengo que seguir esta rutina... pero siento que puede haber sorpresas.
Respiro hondo antes de empezar a leer.
07h00 – Despertar.
“Pedro debe ser despertado puntualmente. Nada de dejarlo dormir más del horario estipulado. Retirar el chupete inmediatamente, abrir las cortinas e incentivarlo a iniciar el día.”
Frunzo el ceño. ¿Incentivar? Tiene solo dos años. ¿Qué esperan? ¿Que se despierte recitando poesía?
07h15 – Higiene.
“Cepillar los dientes con crema dental sin flúor, lavar el rostro tres veces, peinar el cabello. No permitir reclamaciones.”
Dios mío. Ni mis hermanos que son mayores que el niño hacen las cosas con tanta exquisitez.
07h30 – Desayuno.
“Una rebanada de pan integral sin gluten, una fruta orgánica (variar entre manzana, pera, papaya), 200 ml de leche sin lactosa calentada a 37 grados.”
- Ja Ja Ja. Empiezo a reír a carcajadas, Pedro me mira intentando entender.
- Lo siento. Digo y él vuelve la atención a la tv.
¿37 grados? ¿Quién mide la temperatura de la leche así?
08h00 – Sesión de flashcards.
“Presentar figuras y palabras, entrenar memoria visual y repetición. Cada sesión debe durar 20 minutos con intervalos de cinco minutos.”
Cierro los ojos y suspiro. ¿Flashcards?
09h00 – Música clásica.
“Poner Mozart, Beethoven o Vivaldi. Pedro debe quedarse sentado por quince minutos en posición erguida, oyendo.”
- ¡Dios mío!
¿Es en serio esto?
09h30 – Actividad motora.
“Juegos guiados con bloques de montar, laberintos o piezas de encaje. Estimular concentración y resolución de problemas.”
10h30 – Merienda.
“Galleta integral sin azúcar y zumo natural (naranja o manzana).”
11h00 – Clase de idiomas.
“Cada día, una palabra en inglés, español y francés. Registrar en el diario.”
Paso la mano en el rostro, incrédula. ¿Una palabra en tres lenguas diferentes? ¿Para un bebé? ¿Que ni habla?
12h00 – Almuerzo.
“Arroz integral, proteína magra, legumbres cocidas al vapor. Nada de frituras, nada de sal. Agua filtrada en vaso de vidrio. Enseñar a sujetar los cubiertos correctamente.”
13h00 – Siesta.
“Máximo de 1 hora y 15 minutos. Si duerme más del tiempo estipulado, debe ser despertado inmediatamente.”
Miro a Pedro, sentado en la alfombra con la ranita de ganchillo pegada al pecho. El chupete se balancea despacio en la boca de él. No parece un pequeño genio en formación. Parece apenas… cansado. Un bebé crecidito que solo quiere mimos.
14h30 – Sesión de lectura.
“Leer libros infantiles cortos, mostrar imágenes, estimular la repetición de palabras.”
15h00 – Merienda.
“Yogur natural sin azúcar. Una fruta orgánica.”
15h30 – Clase de coordinación.
“Dibujo guiado, pintura con dedos. Corregir posturas inadecuadas.”
16h30 – Sesión de razonamiento.
“Juegos de memoria, rompecabezas con piezas grandes.”
17h30 – Baño.
“Agua tibia a 36 grados. Jabón neutro. Usar toalla blanca solo.”
Toalla blanca. Cielos, tiene manía hasta de la toalla.
18h00 – Cena.
“Sopa de legumbres. Pequeña rebanada de pan integral.”
19h00 – Sesión musical.
“Cantar canciones infantiles con acompañamiento instrumental. Prohibido músicas de televisión.”
19h45 – Preparar para dormir.
“Cambiar pijama, higienizar los dientes, lectura breve. Poner a dormir a las 20h00 en punto. Nada de luz encendida, nada de conversación después de las buenas noches.”
La hoja termina con letras mayores:
“IMPORTANTE: Cualquier desvío en la rutina debe ser comunicado inmediatamente al Sr. Enrico.”
Dejo el papel sobre la mesita y muevo la cabeza. ¿Quién trata a un niño de dos años como si fuera un robot programado?
Miro a Pedro nuevamente. Está con los ojos fijos en la televisión, chupete firme, abrazando la ranita como si fuera su ancla en el mundo. No mira para mí, no le importa mi presencia. Solo existe el dibujo en la pantalla.
Muerdo el labio, sintiendo una punzada en el pecho.
Para el Sr. Enrico, Pedro es un proyecto.
Para mí… es solo un niño que necesita ser amado.
Me acerco despacio, me siento en el suelo al lado de él. Él no me mira, pero siento su respiración calma. Tan pequeño, tan preso dentro de un cronograma que sofocaría hasta a un adulto.
Cojo el papel de nuevo, enfrento aquella lista absurda y casi tengo una crisis de risa de nervios.
Si el Sr. Enrico cree que voy a transformar a este niño en un mini Einstein, está engañado.
Yo solo quiero darle a él algo que no está escrito en ninguna de esas líneas: cariño.
Ningún niño de dos años necesita de tanta cosa así. Él solo necesita de protección, cuidado y cariño... nada más.
Intento interactuar con él, miro la droga de la rutina, son casi las 10h30. Está en la hora del café.
- Pedro está en la hora del café. Estoy con hambre, ¿tú también?
Él me mira atento, pero no dice nada.
Extiendo mi mano para que él sujete. Él extiende la mano y sujeta la mía. Entonces vamos hasta la cocina. Así que entro en la cocina encuentro dos mujeres, una de mediana edad y otra una señora.
- Hola Srta. Clara. Ya vamos a servir la merienda en el comedor. Dice la más joven.
- Ok. Gracias.
- En las comidas del niño usted debe aguardar allá. Cocina no es lugar de niño. Habló la Sra. con arrogancia.
Por lo visto no es solo el Sr. Enrico que es así.
Sigo con Pedro para el comedor. Coloco al niño en la trona de madera y me siento al lado. Empiezo a cantar una canción sobre comer.
- Come, come, come para que mamá quede feliz. Come, come...
- ¡¡¡Psiu!!! Dice la mujer más joven entrando en el comedor.
Yo paro de cantar.
- No salga de la rutina. A la hora de comer no se canta ni se conversa. Ella dice.
- Yo... yo no sabía.
- Mira, solo sigue las reglas. Si quieres continuar necesitas seguir las reglas. Ella dice colocando el potito sobre la mesa.
- Placer. Yo soy Rosa. La vieja cascarrabias de la cocina es Matilda. Ella dice y guiña el ojo para mí.
- ¡Placer! Soy Clara.
Las galletas son sin color y por la recusa de Pedro deben ser sin gusto.
- Come Pedro. ¡Es sabroso! Yo digo y la mujer da una risita.
- ¿Él siempre come eso?
- Siempre servimos. Ahora que él coma es otra conversación. Ella susurra.
- ¿Entonces por qué no ofrecemos otra cosa?
- ¡Siga la rutina! Ella dice.
Ella va saliendo cuando se gira nuevamente para mí.
- ¡Ah! Sea bienvenida. Ella dice y sale.
Pedro se recusa a comer. Yo pruebo un pedazo y veo lo cuánto es malo. Sin sabor... nadie comería eso.
Salimos del comedor y volvemos al salón de tv. Nos quedamos las demás horas viendo dibujo, hasta que él se aproxima y se sienta en mi colo. Yo acaricio sus cabellos mientras continuamos a asistir…