no estaba buscando amor cuando descargó una app de citas.
Solo quería escapar de la vida asfixiante que tenía en Londres.
Sin trabajo y desesperada por irse de casa de sus padres, acepta la extraña propuesta de , un hombre frío, reservado y marcado por un divorcio escandaloso.
Él le ofrece ayudarla.
A cambio, solo debe acompañarlo a Emiratos Árabes Unidos.
Sin sentimientos.
Sin preguntas.
Sin involucrarse demasiado.
Pero entre el lujo, los silencios y la distancia que Nael impone entre ambos, Liora descubre que algunas personas esconden más dolor del que dejan ver.
Y que enamorarse de alguien como Nael Al-Hadid nunca fue parte del plan.
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Capitulo 18
Nael
Caminamos de regreso a la casa en silencio.
El teléfono de Liora no dejaba de sonar y uno de los empleados terminó acercándose para entregárselo mientras cruzábamos los jardines iluminados.
Ella agradeció en voz baja y revisó la pantalla con evidente tensión.
Yo apenas miré el dispositivo.
Porque mi problema no era ese teléfono.
Mi problema era ella.
Lo que había pasado minutos antes entre nosotros no podía volver a repetirse.
No debía.
Liora era demasiado joven. Demasiado emocionalmente vulnerable. Y yo… yo ya había destruido suficiente en mi vida como para arrastrarla también a mis propios conflictos.
La dejé descansar y me encerré en mi habitación.
Pero dormir fue imposible.
Cada vez que cerraba los ojos recordaba la manera en que había levantado la mirada hacia mí aquella noche.
Su respiración inestable.
La tensión entre nosotros.
Y lo cerca que estuve de cruzar un límite que jamás planeé cruzar.
A la mañana siguiente tenía una reunión importante con mis hermanos.
Nos encontramos a las diez de la mañana en At.mosphere, uno de los restaurantes más exclusivos del Burj Khalifa.
Dubái se extendía gigantesca bajo los ventanales.
El café árabe recién servido llenaba el ambiente mientras revisábamos documentos y contratos.
Youssef, mi hermano mayor, dejó varios informes sobre la mesa.
—Debemos decidir qué haremos con la explotación de petróleo y gas los próximos años. Europa está cambiando demasiado rápido.
Asentí mientras revisaba las cifras.
—La construcción sigue siendo una buena opción. También las energías sostenibles.
Karim intervino inmediatamente.
—Y los proyectos filantrópicos. Los equipos de fútbol también generan muchísimo movimiento económico.
La conversación continuó durante casi una hora.
Debatimos inversiones, proyectos inmobiliarios y nuevas alianzas internacionales.
Hasta que finalmente hicimos una pausa.
Karim tomó un sorbo de café y me observó con una sonrisa sospechosa.
—La miras mucho.
Levanté apenas la vista.
—¿A quién?
Youssef soltó una pequeña risa.
—A Liora.
Me acomodé ligeramente en la silla.
—La miro lo normal.
Ambos se miraron antes de reír.
—No —dijo Karim divertido—. Eso no es lo normal.
Fruncí ligeramente el ceño.
—Entonces explícame qué es normal para ti.
Youssef habló con tranquilidad.
—Normal es que ignores a la persona cuando estás pensando en negocios. Tú no has dejado de revisar tu teléfono desde que llegaste.
Bajé automáticamente la mirada hacia el celular que sostenía.
Maldita sea.
Karim sonrió ampliamente.
—Además, jamás llevas a nadie a la propiedad privada del desierto.
—Eso no significa nada.
—Claro que significa algo —respondió Youssef con calma—. Tú no compartes lugares importantes con personas que no te importan.
Guardé silencio.
Porque no tenía una respuesta real.
Karim se inclinó ligeramente hacia adelante.
—Solo ten cuidado, hermano.
Levanté la mirada hacia él.
Y por primera vez dejó de bromear.
—Ella se ve buena chica.
Sus palabras quedaron resonando en mi cabeza incluso después de salir del restaurante.
Cuando regresé a la propiedad, todo seguía demasiado silencioso.
Y demasiado peligroso.
Porque ahora era imposible mentirme a mí mismo.
Me gustaba estar cerca de Liora.
Demasiado.
Su olor. Su voz. La manera en que sonreía cuando se relajaba.
Todo eso comenzaba a quedarse conmigo incluso cuando ella no estaba cerca.
Y eso era exactamente lo que debía evitar.
Por eso decidí mantener cierta distancia.
Porque lo último que quería era terminar lastimándola.
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Liora.
Cada vez que veía a Nael, mi corazón golpeaba con fuerza.
Y eso era un problema enorme.
Después de aquella noche en el jardín no podía dejar de pensar en él.
En su cercanía. En su calor. En cómo me había mirado.
Pero ahora estaba distante.
Más serio. Más reservado.
Y eso me confundía muchísimo.
Porque aquella noche había sentido claramente que algo estaba cambiando entre nosotros.
Algo importante.
Sin embargo, ahora parecía querer volver a levantar barreras.
Eso hizo que las palabras de Evelyn regresaran a mi cabeza una y otra vez.
Y para empeorar las cosas, esa tarde Samira terminó hablando conmigo sobre el antiguo matrimonio de Nael.
Estábamos tomando té en una de las terrazas cuando mencionó a Evelyn casualmente.
—Ellos se amaron muchísimo.
Sentí algo incómodo en el pecho.
Samira continuó hablando con naturalidad.
—Nael era diferente con ella. Más impulsivo. Más emocional.
Intenté mantenerme tranquila.
—¿En serio?
Ella asintió.
—Sí. Evelyn fue la única mujer capaz de hacerlo salir de control emocionalmente.
Eso dolió más de lo que esperaba.
Samira siguió hablando sin notar mi expresión.
—Durante años fueron inseparables. Viajaban juntos todo el tiempo, tenían proyectos juntos… incluso cuando peleaban se notaba cuánto se querían.
Bajé lentamente la mirada hacia mi taza.
Porque de pronto entendí algo horrible.
Yo jamás podría competir contra diez años de historia.
Contra un amor profundo. Contra una esposa elegante, inteligente y hermosa que todavía parecía formar parte de la vida de Nael incluso después del divorcio.
Evelyn entraba a la casa sin problemas. Los empleados todavía la trataban con respeto. Su presencia seguía afectándolo.
Y quizás… quizás Nael todavía la amaba.
La idea me persiguió toda la tarde.
Y cuando finalmente lo vi entrar a la casa después de su reunión, vestido impecablemente con una kandura negra, sentí nuevamente ese estúpido nudo en el pecho.
Él levantó la mirada hacia mí apenas cruzó la entrada.
Y por un segundo todo volvió a sentirse igual que antes.
Intenso.
Peligrosamente íntimo.
Pero entonces Nael desvió la mirada primero.
Y eso terminó de romper algo dentro de mí.