Lucia despierta después de una noche de borrachera, dándose cuenta que estaba en la casa de su jefe, Mateo Alcázar, y que había pasado una noche de pasión.
Mateo, a consecuencia de esto, promete hacerse responsable, pero Lucía lo rechaza. Aunque eso no significa que sea el final, ya qué, con la presencia de su ex novio, quien intenta agredirla, Lucía finalmente acepta el matrimonio con Mateo, iniciando así, una relación en donde no existe amor, pero hay una evidente atracción entre ambos.
¿Podrá prosperas el amor, en este matrimonio que empezó como una necesidad de protección?
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Capítulo 13
A la mañana siguiente, Lucía encontró a Mateo en el sofá, con la notebook sobre las piernas y la manta doblada a un costado.
Tenía cara de haber dormido poco.
—Desayunás —dijo—, vamos al sanatorio y después al Registro Civil.
Lucía frenó en la escalera.
—¿Perdón?
—Dijiste que venías conmigo.
—No sabía que incluía documento y firma.
—Ahora sabés.
La señora de la casa, Marta, apareció con avena, tostadas y café. Lucía desayunó porque el estómago ya había aprendido a temerle a Mateo.
Mientras esperaba que él terminara una llamada, Simón le escribió:
Simón: Subí dieciséis pisos ayer.
Lucía: ¿El ascensor te ofendió?
Simón: Tu llamada entró cuando el ascensor acababa de subir. El jefe salió corriendo por escalera y yo atrás. Casi muero.
Lucía miró a Mateo.
Dieciséis pisos.
No dijo nada.
En el auto, iban separados por una distancia ridícula. Luis, el chofer de la casa, manejaba. Simón iba adelante revisando documentos. La división del auto subió y quedaron solos atrás.
—Si no estoy embarazada... —empezó Lucía.
—Entonces será la próxima.
Lucía giró la cabeza.
—¿La próxima?
Mateo la miró, serio.
—No fue presión.
—Sonó a amenaza reproductiva.
—Sonó mal.
Ella se rio por primera vez en la mañana.
—¿Trajiste mi DNI?
—Sí.
—Qué miedo lo organizado que sos.
—Necesario.
En el sanatorio no tuvieron que hacer fila. La tía de Mateo ya tenía todo listo.
La ecografía confirmó que no había embarazo.
Lucía soltó aire con tanta fuerza que casi le dio vergüenza.
La doctora Molina revisó los resultados.
—No hay bebé. Hay estrés, mala alimentación y una gastritis que se está quejando desde hace rato.
Después miró a Mateo.
—Y vos, si querés hijos algún día, primero asegurate de que coma y duerma.
—No estamos buscando hijos —dijo Lucía rápido.
La doctora sonrió.
—Todavía.
Lucía quiso meterse debajo de la silla.
Al salir, Mateo le tomó la mano. Ella intentó soltarse por reflejo. Él no apretó; solo la sostuvo.
—Bruno fue mi novio —dijo ella de golpe—. Lo de Valentina empezó cuando yo estaba afuera. Yo lo sabía, pero no lo enfrenté porque quería pruebas. Ayer no te llamé para usarte. Te llamé porque...
—Porque estabas en peligro.
—Sí. Pero también porque pensé en vos.
Mateo se detuvo.
Lucía no lo miró.
—No quiero empezar esto fingiendo que mi pasado no existe. Me dolió. Me sigue dando asco. Y no sé cuánto me va a costar sacármelo.
—No necesito una santa.
—Qué alivio, porque no tengo stock.
Mateo le acarició apenas la cabeza.
—Vamos a comer.
La llevó a La Cúpula, el mismo restaurante donde ella había cenado con Bruno y donde lo había visto a él con Sofía.
—¿Justo acá?
—Cocinan bien.
—También venden traumas.
Mateo pidió sin reírse. Le cortó el bife antes de tocar el propio. Lucía lo miró hacerlo.
—En la empresa no se sabe —dijo.
—No.
—Lo digo en serio. No quiero que mi trabajo pase a ser "la esposa de".
—No voy a decirlo.
—Y no me trates distinto delante de todos.
—Te trato distinto desde antes.
—Peor.
Mateo apoyó el cuchillo.
—¿Tu condición es esconderme?
La frase le pegó.
—Mi condición es no perder lo que me gané.
Él la miró durante varios segundos.
—Acepto.
—¿Vos tenés condiciones?
—No hagas delitos.
—Muy bajo el estándar.
—Después vemos.
El Registro Civil fue menos romántico y más absurdo de lo que Lucía esperaba. Ella llevaba ropa común y se quejó de que parecía que iban a hacer un trámite de patente.
Mateo la llevó a una casa de moda privada.
Dos horas después, peinada, maquillada y con una camisa blanca igual a la de él, Lucía estaba firmando su matrimonio.
Miró la libreta.
—Esto es una locura.
—Sí.
—Ni siquiera intentás convencerme.
—Ya firmaste.
Lucía le pegó con la libreta en el brazo.
Al volver a la casa de San Isidro, Mateo tenía una cena de trabajo. Se fue después de dejarla instalada.
Lucía ordenó sus cosas en el vestidor. Tenía poco: ropa, bocetos, libros, una caja de papeles. Después se sentó en la cama y llamó a Clara.
No se animó a llamar.
Mandó foto de la libreta.
Lucía: Mamá, me casé.
Clara respondió después de varios minutos.
Clara: Una avisa cuando se corta el pelo. Para casarse, se llama.
Lucía se rio sola.
Lucía: Es lindo.
Clara: Eso lo veo. ¿Es bueno?
Lucía miró la habitación, el vaso de agua en su mesa de luz, las vendas limpias en sus muñecas.
Lucía: Conmigo, sí.
Mateo volvió tarde. Lucía se había dormido con el celu en la mano. Él vio la conversación, dejó el celu a un costado y no la despertó.
Trabajó en el escritorio hasta que ella se levantó medio dormida para ir al baño.
Cuando volvió, lo encontró cerrando la notebook.
—¿No dormís?
—Ahora.
Se acostó del otro lado de la cama.
Lucía cerró los ojos y fingió dormir con una concentración ridícula.
—Buenas noches, Lucía —dijo Mateo.
Ella no contestó.
Pero apretó la sábana con los dedos.
A la mañana siguiente, Marta le entregó un termo rosa.
—El señor dijo que se lo lleve. Leche caliente.
Lucía lo tomó, todavía medio dormida.
Ayer era Lucía Salcedo.
Hoy era la señora Alcázar dentro de esa casa.
Y en Casa Alcázar nadie podía enterarse.
metiche la envidia ella siempre odiaba a Lucia por qué se casó con Mateo 😂😂😂💕