Anna creyó que era huérfana y pobre, pero en realidad es Leah, la heredera perdida del imperio mafioso de León. El día que su propio hermano Theo la encuentra, su pasado empieza a cobrarle factura.
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Capítulo 10: No tenés escapatoria
Capítulo 10: No tenés escapatoria
Las semanas pasaron y Anna se mantuvo lo más lejos posible de Emanuel y de Camile.
Cada vez que podía, buscaba refugio en la biblioteca.
Hasta que una tarde, mientras estaba sentada leyendo, Félix apareció.
Se acercó tranquilamente y se sentó junto a ella.
—Hola, princesa.
Anna se tensó.
Era la primera vez que alguien la llamaba así.
No levantó la mirada. Siguió fingiendo que estaba concentrada en el libro, aunque hacía varios minutos que ya no leía una sola palabra.
En realidad, su cabeza estaba en otra parte.
Pensaba en lo hermoso que era Félix .
En lo que Camile le había dicho.
En su abuela.
Y, sobre todo, en la casa donde vivían, que pertenecía al padre de Camile.
*No vas a caer, Anna.*
*Es solo un chico.*
*No tiene nada de especial.*
Pero, por más que intentaba convencerse, cada vez le resultaba más difícil.
Pasaron los meses.
no se rendía.
Cada vez que lograba alejarse de Camile, buscaba a Anna.
Muchas veces la encontraba en la biblioteca.
Se sentaba frente a ella, abría un libro y permanecía allí en silencio.
A veces leía.
Otras veces simplemente la observaba.
Para Félix , había algo fascinante en aquella muchacha.
Era hermosa, pero no era solo eso.
Había una ternura en sus gestos, una inocencia en su mirada y una tranquilidad que lo atraía cada vez más.
No podía entender cómo una persona podía cautivarlo de aquella manera.
Camile, por su parte, se había encargado de contarle todo lo que pensaba sobre Anna.
Que era pobre.
Que era huérfana.
Que no tenía familia.
Que era una cualquiera.
Y muchas otras cosas que intentaban hacerla quedar mal ante sus ojos.
Pero Felix no le creía.
Había visto a Anna con sus propios ojos.
Sabía que no era la persona que Camile describía.
Había conocido su timidez, su inocencia y la manera en que se había comportado desde el primer día.
Y eso era precisamente lo que más lo atraía.
Felix comenzó a observarla cada vez más.
Buscaba cualquier oportunidad para estar cerca de ella.
Anna lo notaba.
Y aunque una parte de ella quería acercarse, otra le repetía constantemente que debía mantenerse alejada.
No podía arriesgarse.
No podía provocar a Camile.
No podía poner en peligro el único hogar que tenía junto a su abuela.
Hasta que un día, Felix se acercó a ella con una expresión diferente.
Parecía triste.
—Anna, tengo que contarte algo.
Ella levantó la mirada.
—¿Qué pasó?
—Me voy de viaje.
Anna sintió un extraño vacío en el pecho.
—¿De viaje?
—Sí. Al extranjero.
Hizo una pausa.
—Mi padre me encargó que me ocupe de algunos negocios y voy a estar fuera durante bastante tiempo. No sé exactamente cuánto. Quizás algunos años.
Anna intentó mantener la calma.
—Ah...
No sabía qué decir.
Felix continuó:
—Probablemente no vuelva a verte durante mucho tiempo.
Aquellas palabras le dolieron más de lo que esperaba.
Anna bajó la mirada.
Intentó contener las lágrimas, pero no pudo.
Una lágrima recorrió lentamente su mejilla.
Felix la vio.
Se acercó y, con suavidad, atrapó aquella lágrima con la punta de su dedo.
—No llores, mi princesa.
Anna lo miró.
—Voy a volver.
—¿De verdad?
Felix sonrió.
—Sí. Y cuando vuelva, voy a buscarte.
Anna no respondió.
Solo lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—Tené paciencia —le dijo él—. Esperame.
Aquellas fueron sus últimas palabras antes de marcharse.
Anna no sabía cuánto tiempo iba a pasar.
No sabía si Félix realmente volvería.
Pero, por primera vez en su vida, alguien le había dicho que iba a regresar por ella.
Y esa promesa quedó guardada en lo más profundo de su corazón.
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Mientras tanto, Camile también se había enterado de la partida de Felix.
Su padre, que recientemente se había convertido en socio del padre del muchacho, le había contado la noticia.
Camile no tardó en pensar en una solución.
Una solución que cambiaría el futuro de todos.
—Papá, quiero casarme con Félix .
Su padre la miró sorprendido.
—¿Casarte?
—Sí. Quiero que hables con sus padres. Quiero que nuestras familias hagan un pacto de matrimonio.
La propuesta no tardó en llegar a la familia de Felix.
Y, para sorpresa de Camile, sus padres aceptaron con entusiasmo.
Para ellos, Camile parecía ser la candidata perfecta.
Era una joven de buena reputación, pertenecía a una familia con estabilidad económica, tenía educación y, además, ya conocía a Félix .
Las familias consideraron que aquella unión sería beneficiosa para todos.
Nadie se detuvo a preguntarle qué quería Felix.
Nadie pensó en Anna.
Y mucho menos imaginaron que el corazón del joven ya había elegido a otra persona.
Así, mientras Felix se marchaba al extranjero pensando en la promesa que le había hecho a Anna...
sus padres ya habían comenzado a decidir con quién debía casarse.
Felix se fue sin saberlo.
Sin saber que su destino acababa de ser trazado por otras personas.
Y sin imaginar que, cuando regresara, nada sería como lo había dejado.