Ignorada por años , viví en la sombra de mi hermana mayor desde que tengo memoria, solamente porque creían que ella sería la luna de la Manada.
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23
El territorio de la Sombra Plateada amaneció cubierto por un manto de bruma densa y pesada, como si la misma naturaleza se negara a bendecir los acontecimientos que estaban por desatarse en el corazón del clan. A lo largo y ancho de los dominios, los preparativos para la gran ceremonia de unión entre Selene y el heredero avanzaban con una frenética urgencia que rozaba la desesperación. Los criados corrían de un lado a otro cargando guirnaldas de flores blancas y plateadas, tapices ceremoniales con el emblema de la luna menguante y barriles de vino añejo destinados al banquete nupcial que se celebraría esa misma noche.
Sin embargo, detrás de la fastuosidad y del despliegue de lujo forzado, el ambiente en la mansión principal era denso, agrio y profundamente tóxico.
En la sala del consejo de ancianos, ubicada en las profundidades de la estructura de piedra, la atmósfera era de abierta hostilidad. Los patriarcas del clan, hombres y mujeres de cabello blanco y miradas curtidas por décadas de tradición, se encontraban reunidos alrededor de la mesa circular de roble oscuro. Sus rostros reflejaban una desaprobación unánime y absoluta. Sobre la mesa reposaban los reportes y los anales históricos que estipulaban, línea por línea, cómo la ruptura de un vínculo destinado con la loba elegida por la Diosa Luna traería inevitablemente la ruina espiritual sobre el linaje de los Alfas.
—Es una locura absoluta —estalló uno de los ancianos más veteranos, golpeando la mesa con el puño cerrado, haciendo que las copas de plata vibraran—. Permitir que este matrimonio se lleve a cabo es una bofetada directa a las leyes ancestrales. La Diosa eligió a Brenda. El lazo fue trazado en el firmamento. Pasar por alto ese mandato sólo para complacer la soberbia de Selene y los berrinches del heredero es cavar nuestra propia tumba colectiva.
—Coincido plenamente —apoyó otra anciana, con los labios apretados en una línea fina de desprecio—. El muchacho ha perdido el juicio arrastrado por su debilidad, y el Alfa gobernante ha cedido ante la presión de su esposa por puro orgullo familiar. Están sacrificando el equilibrio de la manada entera por una fachada de poder que no se sostiene sobre nada legítimo.
Las voces de protesta se multiplicaron, convirtiéndose en un murmullo airado y constante que llenaba la cámara. Sabían perfectamente que la decisión era un error catastrófico. Sabían que el lazo falso que el heredero pretendía forjar con Selene carecía de la bendición sagrada, y que tarde o temprano las consecuencias de desafiar a la divinidad se cobrarían un precio muy alto en sangre y poder.
Las pesadas puertas de madera de la cámara del consejo se abrieron de golpe con un estruendo seco.
El Alfa gobernante de la Sombra Plateada cruzó el umbral. Su figura imponente estaba rígida, y en sus ojos marrones oscuros brillaba una furia contenida y el agotamiento acumulado de semanas de crisis ininterrumpidas. Detrás de él, los guardaespaldas de la guardia real mantuvieron distancia, dejando claro que el líder no venía a debatir, sino a imponer su voluntad.
El silencio se adueñó de la sala al instante. Los ancianos se giraron para mirarlo, manteniendo sus posturas desafiantes pero guardando la prudencia debida ante el Alfa supremo de la comunidad.
—Guarden sus advertencias apocalípticas y sus discursos sobre la pureza celestial, ancianos —espetó el Alfa con una voz ronca, cortante como el filo de una daga, mientras avanzaba hasta situarse al cabecera de la mesa—. Vengo a dejar zanjado este asunto de una vez por todas. La ceremonia de unión se llevará a cabo esta noche, tal como está planeada. No habrá cancelaciones, no habrá retrasos y no habrá más debates sobre el asunto.
El patriarca principal del consejo, un lobo anciano de mirada afilada, se puso de pie lentamente apoyándose en su bastón tallado, negando con la cabeza con profunda decepción.
—¿Comprendes lo que estás haciendo, Alfa? —inquirió el anciano con un tono gélido y solemne—. Estás obligando a la manada a presenciar una farsa. Un matrimonio construido sobre el rechazo de una compañera destinada y sobre la soberbia de una loba que jamás debió ocupar ese trono. Las leyes de los ancianos dictan que...
—¡Las leyes de los ancianos se adaptan a la supervivencia de este clan! —interrumpió el Alfa con un rugido sordo que hizo temblar los candelabros del techo—. ¿Qué se supone que haga? ¿Destituir a mi propio hijo frente a los clanes vecinos? ¿Anunciar a todo el continente que nuestra sangre gobernante es incapaz de mantener el orden? El escándalo del rechazo a Brenda ya ha corrido como la pólvora entre los territorios vecinos. Si ahora cancelamos la boda con Selene, la Sombra Plateada quedará reducida al hazmerreír de las Tierras del Norte. ¡Seremos considerados débiles!
—¿Y crees que aceptar una unión falsa nos hará fuertes? —replicó el anciano con una calma aterradora—. La debilidad no se oculta con coronas de mentira, Alfa. Se paga con la desintegración del alma de tu hijo y con la ira silenciosa de la naturaleza.
El Alfa gobernante apretó los dientes con tanta fuerza que los músculos de su mandíbula se marcaron violentamente. Sabía, en lo más recóndito de su conciencia, que los ancianos tenían razón. Cada palabra que pronunciaban era un recordatorio implacable de la condena que estaban comprando. Pero el orgullo, la política y la presión de mantener el estatus familiar pesaban más en su balanza que las advertencias divinas.
—Soy el Alfa de esta manada —sentenció el líder con una fría y absoluta determinación, imponiendo su jerarquía por encima de cualquier objeción moral—. Y aunque ustedes no estén de acuerdo, son los ancianos del consejo y deben aceptar las decisiones que aseguran la estabilidad política del clan. La ceremonia se hará. Y aquel que se atreva a entorpecerla o a alzar la voz en contra durante el ritual, será considerado un traidor a la manada y enfrentará el destierro inmediato.
Un silencio sepulcral, cargado de una tensión irrespirable, se crio en la cámara. Los ancianos se miraron entre sí. Comprendían perfectamente la tiranía de la situación: por mucho que sus códigos morales y sus sabias tradiciones abogaran por el respeto a la Diosa Luna, en la jerarquía brutal de los cambiaformas, la palabra del Alfa gobernante, por más equivocada que estuviera, era ley indiscutible dentro de los límites del territorio.
—Que la luna tenga piedad de las almas de ustedes y de este clan —murmuró finalmente el anciano principal, volviendo a sentarse con lentitud y dándole la espalda al líder en señal de profundo desprecio silencioso.
El Alfa gobernante no perdió su tiempo en réplicas. Dio media vuelta sobre sus talones y abandonó la cámara del consejo con pasos pesados, cerrando las puertas con un golpe sordo que resonó como una sentencia de muerte anticipada.
Mientras tanto, en las habitaciones del ala este de la mansión, Selene se contemplaba frente al enorme espejo de cuerpo entero. Vestía un deslumbrante traje de novia confeccionado en gasa plateada y bordado con hilos de oro blanco, diseñado exclusivamente para la futura Luna de la manada. Su reflejo mostraba una sonrisa triunfante, un brillo de absoluta soberbia en sus ojos claros. Creía que con esa boda estaba recuperando el trono que por derecho de cuna le pertenecía, coronándose como la reina indiscutible de la Sombra Plateada.
Ignoraba por completo que el vestido que llevaba puesto no era más que un sudario de oropel, y que el hombre al que estaba a punto de unir su vida estaba roto por dentro, albergando en su mente el fantasma de una loba a la que había herido de muerte y el recuerdo inalcanzable de otra presencia que ya no pertenecía a ese mundo.
Lejos de allí, al otro lado del mar, en la imponente y lluviosa Inglaterra, Valerie ni siquiera sospechaba el circo trágico que sus antiguos familiares estaban a punto de protagonizar. Mientras el sol terminaba de ocultarse y la noche cubría los rascacielos de la ciudad, ella se encontraba en su habitación del campus, preparándose mentalmente para las exigencias físicas y académicas del día siguiente. Las cadenas de la Sombra Plateada ardían en el pasado, consumidas por su propia arrogancia, mientras los primeros cimientos de un imperio propio comenzaban a levantarse con la fuerza inquebrantable de una loba libre.
como que su apellido es BETUCCI , si en el capítulo 8 en email que recibió de la universidad dice textualmente:
"Estimana Valerie Petrov"
🙄🙄🙄🤔🤔🤔
"LA VIDA TE DA SORPRESAS, SORPRESAS TE DA LA VIDA...AYYYY DIOS!"