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El Secreto Del Faro De Las Sombras

El Secreto Del Faro De Las Sombras

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Amor prohibido / Mitos y leyendas
Popularitas:298
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Nadie debía entrar al Faro de las Sombras.
Elena lo hizo.
Allí encontró a Dante, el último guardián… y descubrió que su llegada estaba relacionada con un secreto que llevaba treinta años oculto.
- Una leyenda.
- Dos familias enfrentadas.
-Un amor que podría cambiarlo todo.
Pero… ¿por qué el faro parecía estar esperándola?

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: El hombre de la sombra

A pesada puerta de roble se abrió antes de que Elena pudiera siquiera alzar la mano para llamar. No hubo ruido de pasos, ni voz que anunciara entrada; simplemente se deslizó hacia adentro, como si la casa misma hubiera estado esperando su llegada desde mucho antes. El aire que salió fue frío, cargado de olor a madera vieja, cera quemada y sal marina, una mezcla que le recordó de inmediato a los armarios cerrados de la casa de su abuela, aquellos donde guardaba objetos que nunca explicaba.

Cruzó el umbral despacio, apretando el asa de su maleta hasta blanquear los nudos. El vestíbulo era inmenso, con techos altos sostenidos por columnas de piedra oscura, paredes cubiertas por retratos de hombres y mujeres de mirada severa, y un suelo de baldosas negras y grises que parecían absorber cada rastro de luz que entraba por las pocas ventanas. Al fondo, una escalera ancha subía en espiral hacia pisos superiores perdidos en penumbra, y a los lados se abrían pasillos estrechos que se perdían en sombras profundas. Todo respiraba silencio: un silencio denso, pesado, como si detrás de cada pared hubiera alguien escuchando.

—Entra. No te quedes en la puerta —dijo una voz grave, profunda, que resonó contra las paredes como el eco del mar golpeando rocas lejanas.

Elena giró de golpe. En el arco de una puerta lateral, en una zona donde la luz apenas llegaba, apareció una figura alta, inmóvil, casi fundida con las sombras. Al dar un paso hacia adelante, la claridad que entraba por un ventanal cercano cayó sobre él, y ella pudo verlo bien por primera vez.

Dante Montalvo era un hombre que parecía hecho de la misma piedra y bruma que sostenían su hogar. Alto, de hombros anchos y postura rígida, vestía ropa oscura, sencilla pero impecable, como si no tuviera tiempo ni ganas de buscar adornos. Su cabello era negro como la noche sobre el océano, cayendo desordenado sobre una frente marcada por líneas de seriedad y cansancio. Pero lo que más llamaba la atención eran sus ojos: de un gris pálido, intenso, que parecían ver más allá de lo que se mostraba, como si pudiera leer cada pensamiento, cada miedo y cada secreto que ella llevaba guardado en el pecho. Su rostro no tenía expresión: ni amabilidad, ni rechazo, ni curiosidad. Solo una calma fría, inalterable, que daba la impresión de que nada en este mundo podía sorprenderlo.

Se detuvo a pocos pasos, sin acercarse demasiado, manteniendo una distancia que parecía una barrera invisible.

—Llegaste antes de lo que esperaba —dijo, sin perder el tono firme y bajo—. Supongo que traes lo necesario para cumplir lo pactado.

Elena alzó la barbilla, obligándose a no retroceder, a no mostrar lo inquieta que se sentía.

—No sé de qué pacto hablas, señor Montalvo. Solo sé que mi abuela, Beatriz Varela, dejó indicaciones de que viniera aquí si algún día necesitaba respuestas… y protección. Me dijeron que usted busca una esposa. Vengo por eso: un acuerdo, nada más. Yo doy lo que se pide, y usted me da lo que necesito: un lugar seguro, y la verdad sobre por qué nuestras familias están unidas desde hace siglos.

Dante la observó en silencio largo, escrutándola de arriba abajo, como si estuviera revisando si ella era realmente quien debía ser, si cumplía con algo que él mismo no terminaba de nombrar. Sus ojos se detuvieron un instante en el broche sencillo que ella llevaba en el cuello, un regalo de su abuela, y luego volvieron a su rostro.

—Tu abuela… —murmuró él, y por primera vez su voz perdió un poco su dureza, aunque apenas se notó—. Ella fue la última en intentar romper esto, y terminó huyendo. Ahora vienes tú, años después, como si el destino tuviera paciencia infinita.

Dio media vuelta y caminó hacia el salón contiguo, haciéndole señal de que lo siguiera. La habitación era amplia, con una gran chimenea apagada en el centro, estanterías llenas de libros de lomos gastados, y sobre la mesa central un documento abierto, listo para ser firmado.

—Escúchame bien, Elena —le dijo, girándose hacia ella, apoyando ambas manos sobre la madera oscura—. Esto no es un matrimonio como los demás. No habrá fiestas, no habrá presentaciones, no habrá vida en común fuera de estas paredes. Nos casamos por obligación, por un compromiso que nuestros antepasados sellaron mucho antes de que naciéramos tú ni yo. Tú vivirás aquí, tendrás todo lo que necesites: techo, alimento, seguridad, recursos. Nadie podrá hacerte daño mientras estés bajo mi protección. Pero hay reglas, y debes cumplirlas al pie de la letra, sin excepciones.

Hizo una pausa, y sus palabras cayeron claras y tajantes:

—No entrarás en el ala oeste de la casa. No subirás al faro sin mi permiso expreso. No preguntarás a los vecinos sobre lo que ocurre aquí, ni buscarás archivos o papeles antiguos sin que yo esté presente. Y lo más importante: nunca, bajo ninguna circunstancia, te alejarás de la mansión cuando haya tormenta o cuando la luna esté menguante. Si respetas esto, estarás a salvo. Si no… ni yo podré garantizar nada.

Elena sintió que el aire se le volvía pesado. Las prohibiciones no hacían más que confirmar lo que ya sospechaba: detrás de todo esto había algo mucho más grande, mucho más peligroso que un simple negocio o una vieja tradición. Pero tampoco podía dar marcha atrás. Ya no tenía adónde ir.

—¿Y las respuestas que busco? —preguntó con firmeza—. ¿Cuándo me dirá por qué su familia necesitaba a alguien de la mía? ¿Qué es lo que custodia aquí, encerrado entre estas piedras?

Dante la miró fijamente, y en su mirada ella vio algo que parecía pena, o quizás resignación.

—Te las daré… poco a poco, a medida que vayas demostrando que puedes cargar con ellas. Porque la verdad que buscas no es una respuesta sencilla. Es una cadena que ha atado a generaciones enteras, y que ahora te toca a ti llevar. No te engañes: no estás aquí por casualidad. Tu abuela lo sabía, yo lo sé… y tarde o temprano tú también lo entenderás.

Se acercó más, y ella notó por primera vez lo extraño que era su piel: pálida, y cuando sus dedos rozaron el papel para empujarlo hacia ella, parecían fríos como si hubiera estado tocando hielo. Al lado del documento, había un anillo de plata antigua, con un diseño grabado: una estrella rodeada de olas, exactamente el mismo símbolo que aparecía en el reverso de la carta de su abuela, el mismo que ella había visto tallado en la puerta de hierro al entrar.

—Firmas esto, y el trato queda cerrado —dijo él, su voz baja y segura—. A partir de ese momento, eres la señora de esta casa… y parte de todo lo que aquí se protege. No hay vuelta atrás.

Elena tomó la pluma. Sus dedos temblaban levemente, pero no por miedo, sino por la certeza de que estaba cruzando una línea que jamás podría volver a cruzar en sentido contrario. Pensó en la traición que sufrió, en las mentiras que le contaron toda su vida, en la promesa que su abuela le había dejado escrita. Firmó su nombre con trazo firme, claro, decidido.

Al terminar, alzó la vista y se encontró con los ojos grises de Dante fijos en ella.

—Bien —dijo él, tomando el documento y guardándolo en un cajón—. El juez vendrá mañana por la mañana para formalizar todo legalmente. Mientras tanto, Marisa, la encargada de la casa, te mostrará tus habitaciones y te explicará cómo funcionan las cosas aquí.

Justo en ese momento, una mujer mayor, de expresión seria y mirada atenta, apareció en el umbral. Pero antes de que ella hablara, un destello atrajo la atención de Elena: en el dedo índice de la mano derecha de Dante brillaba el mismo anillo que estaba sobre la mesa, idéntico al símbolo que ya había visto tres veces en un solo día. Entonces comprendió: el trato no era solo papel. Era sangre, historia y algo más, algo que latía en esas marcas grabadas desde tiempos inmemoriales.

Cuando se quedó sola unos instantes, antes de seguir a la criada, volvió a mirar hacia la ventana, hacia la torre alta y solitaria del faro. Y otra vez, fugaz, rápida como un parpadeo, vio esa luz tenue encenderse arriba, girar despacio y apagarse. Nadie más parecía haberlo notado.

Cerró los ojos un segundo, respiró hondo, y se dijo a sí misma: Esto es solo el principio. No te detengas. Busca hasta encontrar todo.

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Eliana Angulo
El consejo de Elena cambia todo el tono.. no es una invasión, es una petición sabia decisión
Eliana Angulo
el secreto más grande no estaba escondido… estaba en ellos mismos. Qué revelación tan perfecta, nadie puede quitarles lo que llevan dentro… esa fuerza es invencible.
Eliana Angulo
siempre ahí, siempre callada… hasta que todo encaja de golpe, siempre el más cercano traiciona 😡
Eliana Angulo
Lo que esperaban que se rompiera… salió más fuerte que nunca🤭 llegaron tarde, pensaron ganar fácil… y se encontraron con algo imparable. 👏
Eliana Angulo
no están solos… siempre hay ojos y oídos escondidos. Qué tensión, me pongo tensa solo de leer y por fin se abren hay peligro acechandolos
Eliana Angulo
Cada vez que ella indaga, él se cierra… pero también se rompe un poquito más por dentro.
Eliana Angulo
Lo que se hereda no siempre se elige… pero sí se puede decidir cómo llevarlo.
Eliana Angulo
Se cierra, se protege… pero ella ya le está tocando la fibra sensible🔥
Eliana Angulo
Pasos, ruidos, puertas… pero nadie aparece, yo hace rato me hubiera ido
Eliana Angulo
Sabe cosas, calla más… y advierte por lealtad.
Eliana Angulo
Es solo el principio… y ya se siente que nada volverá a ser igual. Valiente y decidida
Eliana Angulo
En su mirada hay pena… es prisionero también él..todo es mucho más grande de lo que parece
Eliana Angulo
Valentía y miedo al mismo tiempo… buena forma de empezar el cuestro de ambos protagonistas 🫶
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: La valentía no significa no tener miedo… sino avanzar a pesar de él.. Gracias por verlo así
total 1 replies
Eliana Angulo
Nadie sale bien de ahí… qué se esconde de verdad en esa mansión
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Exacto! Esa mansión guarda secretos oscuros… Nadie sale igual de ahí ... te invito a que sigas leyendo para descubrirlo 😉
total 1 replies
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